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Full text of "Selección de Escritos. Observaciones sobre Agricultura v2"

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OBSERVACIONES 

SOBRE 
AGRICULTURA 



MimTERIO DK CULTUIA 



BIBLIOTECA ARTIGAS 
Art. U de la Ley d« 10 de agoato de 1950 

COMISION EDITORA 

Dr« Federico García Cafurro 
Ministro de Cultura 

Juan E. Pivel Devoto 
Director del Museo Histórico Nacional 

Dionisio Trillo Pays 
Director de la Biblioteca Nacional 

Juan C. Gómez Alzóla 
Director del Archivo General de la Nacido 



Colección de Clásicos Uruguayos 
VoL 132 

Josi Manuel PénEz Castellano 
OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 
TOMO II 



Preparación del texto a cargo del Departamento de Investigaciones 
Históricas del Museo Histórico Nacional. Cuidado de la edición a 
cargo de las Srtas. Elisa Silva Cazbt y Maeía Angélica Lmsaedy. 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



SELECCION 
DE ESCRITOS 

OBSERVACIONES 
SOBRE AGRICULTURA 



Tomo II 

Instituto [Raciona! dei Libro 



MONTEVIDEO 
1968 



OBSERVACIONES 

SOBRE AGRICULTURA QUE HE PODIDO HACER EN EL 
ESPACIO DE MAS DE CUARENTA AÑOS QUE CULTIVO 
LA CHACARA QUE ACTUALMENTE POSEO SOBRE EL 
MIGÜELETE. DOY TAMBIEN RAZON DE ALGUNOS AR- 
TEFACTOS DE ECONOMU RUSTICA. 

GRANOS PAPILIONACEOS, AUTUMNALES, O DE 
OTOÑO 

399. — Llamo granos papilioriáceos todos aquéllos 
que se crían resguardados de una vaina, que cuando 
es muy tierna está encerrada en una flor, cuyos pé- 
talos tienen alguna semejanza con las mariposillas que 
en lengua latina se llaman papiliones - y por esta se- 
mejanza de la flor, las plantas que las echan suelen 
llamarse papilionáceas, y su fruto se puede clasificar 
con el mismo nombre y llamo autumnales a los que se 
siembran en el otoño, o muy poco antes. Entre estas 
plantas, que son innumerables, voy a hablar sólo de 
las que regularmente se cultivan aquí, o pueden cul- 
tivarse con facilidad; pero antes de todas trataré de 
la alfalfa; pues la veo aquí casi olvidada, o por mejor 
decir desconocida, y la considero por la planta más 
importante que entre las de esa clase pueden culti- 
varse en una chácara. Para recomendar a los labra- 
dores del Miguelete esta planta útilísima no tengo que 
hacer otra cosa que la relación de lo que me ha pa- 
sado con la que actualmente hay en mi chácara; pues 
ella sola es suficiente para que cualquiera se persusdn 
del aprecio que merece^ 



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JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



400. — Hay treinta y siete años que me vinieron 
de Buenos Airea dos libras de semilla de alfalfa. Para 
sembrarla hice labrar con arados un pedazo de tie- 
rra, como de setenta varas en cuadro, de esa tierra 
cercana a la casa, que he dicho estar aquí reputada 
por pobre: luego que estuvo compuesta sembré la 
semilla por junio o julio; pues yo no sabía entonces 
el tiempo en que se debía sembrar; que ahora juzgo 
debe ser por febrero, o, cuando más tarde, por marzo 
a fin de que nazca con las primeras lluvias del equi- 
noccio, y antes que se despidan los calores. Digo que 
la sembré en junio o julio, y como sobreviniesen aguas 
y fríos se perdió casi toda la semilla, sin salir más 
que muy tal cual mata. Yo no me acuerdo si en la pri- 
mavera inmediata sembré la tierra de otra cosa; pero 
sí me acuerdo, que en los años siguientes se estuvieron 
sembrando en ella varios granos y hortalizas, sin te- 
ner cuenta con las matas de alfalfa muy claras, que 
se veían, las que más bien que cuidarlas, se cortaban 
con las azadas cuando se carpía; pero esas pocas, 
lejos de perderse con el poco cuidado que de ellas se 
tenía, más bien se multiplicaban, y llegaron a multi- 
plicarse tanto que ya traté de no sembrar otra cosa en 
aquella tierra; porque las muchas matas que en ella 
había, me servían de grande alivio para dar haces de 
buen pasto a los caballos, particularmente en los in- 
viernos» 

401. — Así se conservó esa tierra sin tocarla por 
muchos años, hasta que el de 1810 me vinieron de 
Buenos Aires las estacas de olivo, según se dijo en 
su lugar, y no teniendo en mi corto cercado, tierra 
bastante que estuviere libre para ponerlas todas, hice 
por julio y agosto arar para ellas casi toda la tierra, 

[81 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



en que estaba la alfalfa. Por agosto se pusieron las 

estacas; y la alfalfa, que se había roto y cruzado tres 
o cuatro veces con los arados, sin recibir el más leve 
perjuicio; se vio en la primavera inmediata brotar 
con tanta fuerza que era menester cortar^ y aun arran- 
car de raíz, la inmediata a las estacas para que éstas 
no ae sofocasen. AI invierno siguiente del año de 11, 
viendo que era necesario sacar de raíz toda la alfalfa, 
que había con inmediación al contorno de las estacas, 
traté de no desperdiciar las plantas que se sacasen. 
Para trasponerlas hice cavar cerca de la casa un pe- 
dazo de tierra como de cuarenta varas en cuadro, y 
cuando la tuve cavada, arranqué las plantas de raíz 
en el mes de julio y agosto, y las fui poniendo en 
ella del mismo modo con que se ponen coles, aunque v&ntaja d 
con alguna mayor cercanía que la que se observa en alfalfa 
la plantación de las coles. Al fin de noviembre de 
aquel mismo año di un corte a mi nueva alfalfa, la 
que regalé seca a un sujeto que se iba a España, para 
que diese a bordo ese pasto bueno a un caballo que 
llevaba* Por el mes de enero di un segundo corte que 
guardé para tener ese pasto seco en el invierno: éste 
fue el del año de 12, en que por octubre llegó el ejér- 
cito de Buenos Aires, que actualmente sitia a la plaza: 
y como desde que llegó hasta el presente han corrido 
catorce meses^ y en todo ese largo tiempo no ha llo- 
vido, en todas las cortas lluvias que ha habido, lo que 
en años regulares llueve en sólo veinticuatro horas; 
me hubiera sido imposible mantener dos caballos, que 
son los que únicamente me han dejado, si no hubiese 
tenido ese tablón de alfalfa a la vista y cercano a la 
casa; porque de día se ataban y se atan los caballos 
encima del alfalfaríllo, que está libre de olivos^ y de 

[9] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



noche se encierran con llave, y se les echa alguna 
alfalfa fresca de la poca que ha quedado entre los 
olivos» Los caballos se mantienen gordos sm otro ali- 
mento, siendo notorio que en todos estos contornos 
arrasaron los soldados para los suyos todos los maiza- 
les, sin dejar ni mazorca ni chala a vida. De suerte 
que se puede asegurar que en catorce meses^ escasos 
de lluvias y de pasto, se han mantenido gordos los 
dos caballos sólo con el que les dio el nuevo alfalfa- 
rillo, y el que ha dado la poca alfalfa, que quedó 
entre los olivos, que toda junta llenará cuando más 
un cuadro de setenta varas por cada lado; pues mu- 
cha parte de la que había entre los olivos, la arranqué 
toda de cuajo. 

402. — Por esta caenta dos caballos se pueden man- 
tener cómodamente en un año con un alfalfar que 
ocupe un cuadro de setenta varas por cada lado, el 
que sólo contiene cuatro mil novecientas varas de 
superficie: y se deduce por consecuencia que un cuadro 
de cien varas por cada lado, que es lo que aquí 11a- 
geomé- mamos una cuadra; mantendría en un año cuatro ca* 
su ven- ballos cómodamente; porque un cuadro de cien varas 
por cada lado contiene diez mil varas de superficie, 
que es algo más de otro tanto que lo que contiene 
el cuadro de las setenta varas que hiantuvo mis dos 
caballos catorce meses. Añado que si a mi alfalfar le 
hubiera llovido oportunamente, y no lo hubiera atra- 
sado una seca tenaz y larga, como la que se ha dicho, 
estoy persuadido que era capaz de mantener cuatro 
caballos en vez de los dos que mantuvo buenos y gor- 
dos: por consiguiente que un cuadro de alfalfa de 
cien varas por cada lado, logrando aguas oportunas, 
es capaz de mantener ocho caballos con desahogo. 



[10] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



¿Qué prado artificial, que no sea de alfalfa, es capaz 
de mantener tantos animales en el discurso de un año? 

403» — Por lo que toca a prados naturales eg evi- 
dente que ninguno es capaz en cien varas de tierra de 
dar el pasto que necesitan ocho caballos en un año. 
Entre los hacendados de inteligencia se reputan ne- 
cesarias dos cuadras para cada cabeza grande, si el 
ganado en el discurso de un año se ha de mantener 
con desahogo y sin penuria. Esa extensión de campo 
está entre ellos recibida como un axioma inconcuso, 
enseñado por la experiencia, cuando se habla de los 
pastos naturales que espontáneamente se crían: y a 
mí me parece que acabo de piobar con mi experiencia 
y con las razones que de ella se deducen, que las dos 
cuadras que incluyen veinte mil varas de superficie, 
serian bastantes, sembradas de aUalía, para mante- 
ner dieciséis caballos en años regulares, y los caba- 
llos son loa que más comen entre los animales que 
aquí se crían. De uno a dieciséis es grande la dife- 
rencia, y tanta que todos los labradores, que tengan 
dentro de su cercado un campito baldío, deben adop- 
tar la sementera de la alfalfa, que a más de ser un 
excelente pasto, es generalmente apetecido de todos 
los animales, y no~ hay que sembrarlo más que una 
sola vez« 

404» ^ Cuando la alfalfa se advierte más débil que 
en su mayor auge, ya es cosa vista que para animarla, 
para que se tupa más y tome mucha más fuerza, basta 
ararla, cruzarla, y si se quiere, rastrearla por mayo 
o junio. Yo creo suficiente que esta diligencia se haga 
cada tres o cuatro años. Si la alfalfa se pone cercana 
a las casas, les da su prado muy hermosa vista y des- 
embarazada; porque la planta sin flor es hermosa» y 



[11] 



JOSE MANUEL PBSIEZ CASTEIXANO 



con ella lo es mucho más« En esa cercanía las gallinas 
logran un lugar a propósito para hacer sus nidos, y 
disfrutan el entretenimiento de su grano, golosina que 
ellas apetecen; pues aunque la alfalfa se siegue a me- 
die ani- nudo, siempre se escapan de la hoz muchas ramas que 
alfalfa, maduran y sazonan el grano. La planta echa las flo- 
res en corimbos o ramilletes pequeños, y los granos, 
que también son pequeños, están encerrados en mu- 
chas vainillas arracimadas que se enroscan lo mismo 
que la vaina del que aquí llamamos trébol, sin otra 
diferencia que no tener la de la alfalfa las barbas, 
o más bien uñas, que tiene la vaina espiral o carre- 
tilla del trébol, con las que se agarra a los vellones 
de las ovejas, y dan mucho que hacer a los que lim- 
pian su lana. 

405* — Entre los granos de que voy hablando^ unos 

se siembran a mediados o a fines del otoño, y oíros 
^}¡Q^ muy entrada ya la primavera. Entre los primeros se 
cuentan las habas, que se siembran por mayo o muy 
a principios de junio* Para sembrarlas se ara, o se 
cava la tierra y se siembran o a surco, ^egún se dijo del 
maíz en el número 390, o a golpe de azada. Yo tengo 
por más ventajoso este segundo modo de sembrarlas; 
porque con la azada se guarda mejor la distancia 
que debe haber entre planta y planta, la que conviene 
sea de una vara por lo menos; pues cuando se siem- 
bran en el tiempo que he dicho, macollan mucho si 
de a*m. al sembrarlas se fomentan con una embosada de es- 
tiércol menudo, o casi reducido a polvo. Para esto 
con las azadas se hacen primero las casillas, en que 
debe ir el grano, y antes de sembrarlo se echa en eUas 
la embosada de estiércol, y después que éste se ha 
puesto^ se siembran encima las habas, que siempre 

[12] 



OBSERVACIONES SOBBE AGRICULTURA 



suelen ser tres o cuatro escogidas, y se tapan echán- 
doles con el pie la tierra necesaria del borde de la 
casiOa* 

406. — Este fomento, cuando no sea necesario, es 
muy conveniente darlo a todos loa granos que se siem- 
bran en ese tiempo, cuales son los garbanzos, alver- 
jas y chícharos; porque con él la planta nace y crece 
vigorosa a pesar de las lluvias, de los fríos y de los 
hielos que sobrevienen en el invierno. Cualquiera de 
esas plantas que tenga en la raíz ese abrigo, que le Mítagro 
da el estiércol, crece otro tanto^ y tal vez dos tantos 
más, que crecería sin él, y su fruto es correspondiente 
al vigor de la planta. Yo tenía en mi chácara un ca- 
pataz, que cada vez que se le daba ese abono a las 
coleSf a las habas, o a cualquiera otra planta o ^rano, 
solía repetir que el estiércol no era santo; pero que, 
sin ser santo, hacía milagros: y tenía razón: porque 
efectivamente es un milagro en la naturaleza que un 
puñado de estiércol la disponga a una obra tan grande, 
como la de darle a una planta doble o triple aumento 
que el que tendría sin ese auxilio. En mi chácara 
cuando ha habido estiércol suficiente, se les ha echado 
a todos los granos que se sembraban poco antes del 
invierno; y cuando no alcanzaba para todos, se les 
ha echado constantemente a las habas: y de ese modo 
se ha conservado siempre la buena semilla, que com- 
pré desde que la cultivo. Esta es de las que llaman Habas t 
habas tarragonas, que tienen máa de una pulgada de 
largo, y cerca de una de ancho. Pero si a las habas 
no se Ies da ese fomento que he dicho» se degradan 
poco a poco, y vienen a parar en habas ruines, que 
llaman cochineras, porque sólo sirvén para alimentar 
puercos. 



[13] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



407, — Después del trigo y del maíz juzgo que el 
haba es el grano más útil que aquí se siembra, no 
sólo porque da un alimento sano; sino también porque 
se conserva algunos años sin endurecerse; cosa que 

ñejatíor. jjq tienen otros granos de los del género, de que voy 
°' hablando; pues en los demás, pasado un año, se nota 
que se ponen erapedemidog, y pasando por ellog más 
largo tiempo, llega a ser tanta su dureza que no hay 
fuego ni cochura bastante para enmollecerlos. El haba 
también tiene la ventaja de que siendo grande, se le 
quita fácilmente el hollejo después de sancochada; 
cosa que no es fácil practicar con el de otros granos. 
Yo atribuyo a ese hollejo que los cubre el que sean 
generalmente indigestos, a pesar de lo que a su favor 
preconizan los que nos recomiendan, como más sa> 
ludables, esos alimentos antediluvianos. Las razones 
especulativas en que se fundan, es cierto que son es- 
as indi, peciosas, y tienen todas las apariencias de verdaderas; 
pero como yo oigo generalmente quejarse a todos, o 
a casi todos los que los comen, de que los sienten 
pesados y que les gravan el estómago; sin meterme 
ahora a examinarlas, y mucho menos a calificarlas, 
sólo digo — que contra la experiencia no hay razones 
que valgan. 

408. — Cuando las habas han crecido lo suficiente 
se carpen con las azadas del mismo modo que se 
dijo del maíz; pero sin quitarles macolla ninguna; 
porque en todas las ramas echa buen grano. Después 
de carpidas se espera a que sazonen y se sequen para 
recogerlas; pero es menester no dejarlas resecar mu- 
cho, porque se saben desgranar; sino que luego que 
se advierten secas las vainas, se arrancan por la ma- 
ñana, cuando con la humedad de la noche están co- 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



rreosas, y se van haciendo en su mismo campo mon- 
toncillos. Cuando el día promete que habrá buen sol 
para trillarlas, se llevan a la era, si no se habían Ile< 
vado de antemano, y tendidas en ella se espera a que 
las recaliente bien el sol de mediodía, y se trillan con 
un par de caballos después de la siesta y antes que el 
sol caiga. Un par de caballos, que se montan, bastan 
^ara trillar en una hora cinco o seis fanegas. Des- 
pués de trilladas se amontonan y se avientan si hay 
viento algo fuerte; porque fuerte lo requieren las 
habas; y si no se tapan y se espera un día en que haya 
el suficiente para aventarlas. Si no se quiere emplear 
caballos en su trilla, se usa del mallo, cuya descrip- 
ción me parece conveniente el hacerla. 

409. — El mallo se compone de una vara de sauce, 
o de otra madera liviana, que tenga como de nueve 
a diez cuartas de largo, y un poco más de dos pulga- 
das de diámetro su grueso; y de otra pieza de madera 
pesada, que puede ser de olivo o de naranjo, que 
tenga de largo como de tres y media a cuatro cuartas, 
y poco más de tres pulgadas de diámetro su grueso, ^^^^^ 
A estas dos piezas, que deben ser derechas, se les cnpdón. 
hace con una barrena algo gruesa, un taladro, a la 
larga, en un extremo dos pulgadas más abajo de la 
punta: y a la corta en el extremo más delgado, asi- 
mismo dos pulgadas más abajo de su punta: y digo 
en el extremo más delgado; porque esta pieza debe 
ser más gruesa en un extremo que en otro. Hechos 
los dos taladros en las dos piezas se atraviesa por 
ellos una clavija de madera fuerte, que entre ajustada 
por el taladro y quede firme en él. La clavija se deja 
saliente por uno y otro lado poco más de media pul- 
gada con el fin que ahora se dirá. Puesta la clavija, 

[35] 



Modo de I 
garlas y tri 



JOSE MANUSL PEREZ CASTELLANO 



se toma una tira de cuero crudo^ que tenga como una 
tercia de largo y tres pulgadas de ancho: que sea de 
cuero fuerte, y que ae haya ablandado en el agua; y 
doblando sus dos puntas sobre el extremo de la vara 
que tiene la clavija, se cose fuertemente en ella una y 
otra punta con una huasquilla delgada <}e cuero, de 
modo que quede el extremo de la vara retobado con 
las dos puntas o extremidades de la cinta^ y que el 
retobo o costura que se hace con las dos hojas de la 
cinta empiece desde más abajo de la clavija, quedando 
encima de la punta de la vara un anillo salienle dos 
o tres pulgadas. Por lo que se ha dicho se echa de ver 
que la clavija atravesada sirve para que el anillo que 
forma la tira doblada y cosidas sus dos extremidades 
sobre la de la vara, no se escape de la vara en que 
está cosida, saliéndose de ella la misma tira. 

410. — Sobre la clavija de la otra pieza se cose 
del mismo modo otra tira de cuero igual a la primera, 
de suerte que también forme un anillo. Provistas las 
dos piezas de sus correspondientes anillos, se enlazan 
por ellos las dos piezas con una huasca suave y del* 
gada, pero fuerte, y se enlazan de modo que la pieza 
Je la des- corta tenga un juego libre. Cuando se han de trillar 
:ripct6n. granos, si son muchos, van dos hombrea a la era, 
provistos, cada uno de su mallo, para trillarlos breve; 
pero si son pocos baata un mallo solo. Para manejar 
el mallo se toma por el cabo, que es la vara larga, 
con las dos manos, una puesta en la extremidad del 
cabo, y la otra como media vara más arriba, o según 
le acomode al que lo maneja, y llamando la pieza 
corta hacia donde está el mismo que maneja el mallo, 
le hace dar una vuelta redonda sobre el anillo del 
cabo, y con la vuelta entera cae sobre el grano: vueL 

[16] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



ve a levantarla, y continuando el mismo movimiento 
primero va con la pieza corta sacudiendo los granos 
por donde conviene. 

41 L — Reputa por tan ventajoso ese rustico y sen- 
cillo instrumento, que me he detenido en hacer su 
descripción, deseando que lo adopten los que ignoran 
su utilidad, que son muchos; pues veo que cuando 
no trillan con caballos los granos, usan para sacudir- 
los de varas largas que fatigan mucho: y con ellas, 
si se da un golpe vago, como acontece, se siente en eIoqIo d 
los brazos una sensación dolorosa que incomoda; en lio. 
vez de que con el mallo nunca se da golpe en vano, 
y si alguno se da^ como la pieza que sacude los granos 
juega suelta del cabo, no siente el brazo jamás con- 
vulsión ni estremecimiento incómodo» El que sabe 
manejar el mallo, cosa que se aprende pronto y la 
enseña el uso, sin hacer jamás movimiento violento, 
da recios y apresurados golpes, y puede dar seguidos 
mil, o mil y quinientos sin fatigarse. En mi chácara 
lo introdujeron dos gallegos que yo tuve asalariados. 
Ellos me dijeron que en su país todos los granos, in- 
cluso el trigo, se trillaban con mallos. En una ocasión 
se me ofreció desgranar de golpe quince o veinte 
fanegas de maíz, y con dos mallos lo desgranaron dos 
hombres en un día, cosa que era imposible que dps 
hombres lo hiciesen en un día de otro modo. 

412. Llamo maUo a ese instrumento; porque así 
lo llamaban ellos. Yo me inclino a que es voz caste- 
llana, que puede tener au origen en el malleus de los 
latinos, que significa martillo, o que si no es del cas- de?* no., 
tellano moderno, lo será a lo menos del antiguo, que 
se conserva vivo en Galicia y en Portugal más que 

1171 

a' 



JOSS MANUEL PEREZ CAST2ZJJANO 



en ninguna otra parte de España. Pero si no es pa- 
labra castellana, ni antigua^ ni moderna, de cuya duda 
no puedo salir ahora por no tener a mano ninguno 
de los dos diccionarios de lengua castellana que tengo 
en la ciudad; por lo que a mí toca recibo con mucho 
gusto esa voz de los gallegos, como recibí con mucha 
utilidad el instrumento con que ellos tunden y sacu- 
den lo5 granos. Véase el número 719. 

413. — Las alverjas se siembran también a fines del 
otoño, y se tiene con ellas el mismo cuidado que con 
las habas; pero ninguno basta para libertarlas de las 
palomas caseras, que de todas partes acuden a co- 
mérselas cuando empiezan a granar. Advierto que se 
tenga mucho cuidado de arrancar las matas, en que 
se vea la flor morada; porque el grano que encierra 
y fecunda esa flor, es pequeño, negruzquillo, y lo 
reputo por un veneno verdadero. La alverja blanca, que 
echa la flor blanca, es la que sólo se puede sembrar; 
pero ha muchos años que no se cultiva en mi chácara, 
así por el daño que hacen en ella las palomas, como 
por el que ella suele hacer a los que las comen: y no 
sembrándolas se excusan algunas enfermedades en la 
familia; pues cuando las ha habido de cosecha propia, 
no han faltado en la casa arrepentidos de haberse de- 
jado engolosinar con ellas^ Por igual o más fuerte 
razón he desterrado los pepinos, y no permito que 
nadie los siembre en mi chácara* 

414, — El chícharo se siembra también en el mismo 
tiempo, y se cultiva del mismo modo que la alverja. 
También es perseguido de las palomas; pero éste, 
que eg un grano de figura irregular, es inocente y 
sabroso: es muy bueno para hacer con su caldo sopa 

[18] 



OBSSnVACIONES SOBRE AGIUCULTUBA 



gustosa en días de abstinencia» en la que también se 
suelen emplear otras menestras» como son las habas 
y Io9 porotos, teniendo cuidado de que en el caldo no 
vayan mezclados los hoUejog por la razón que se indicó 
en el número 407, Las lentejas, cuya sementera es 
del mismo tiempo, se siembran aquí muy poco; pero 
cuando se siembran van casi unidas en los surcos en j^rttelat 
que se ponen, guardando los surcos "entre sí la dis- 
tancia que comúnmente se observa con otros granos. 
Aquí también se siembran poco los garbanzos o por- 
que son muy expuestos al polvillo, y a que los aban- 
done la tierra, o porque muchas veces las matas echan 
las vainas yanas y sin fruto. Yo los be sembrado en 
varios años, y en ellos he experimentado de todo. Al- 
gunos años han correspondido bien al trabajo, y otros 
no. Juzgo conveniente sembrarlos claros como las 
habas, porque suelen extender muchos sus ramas; 
temprano, esto es por mayo, y en lugares altos y ven- Garbanxo 
tilados a fin de libertarlos del polvülo por la razón 
del número 355. Si no es un grano tan precioso como 
el trigo, está sujeto a que el polvillo lo arrebate., y a 
que se lo coma el gorgojo: y así es menester conser- 
varlo en lugar fresco y seco. Para .desgranarlo con- 
viene usar del mallo; porque su vaina es dura y no 
lo suelta fácilmente. 

GRANOS PAPIUONACEOS VERNOS, O PRIMA- 
VERALES 

415. — Uamo con este nombre a los granos, que 
se incluyen también en el genérico de los papilioná- 
ceos; y sólo tienen la diferencia del tiempo, en que ^ 
se siembran, que es el de la primavera, o muy cerca ^^n* 
de ella: por cuya sola razón Uamo a los que se siguen 



[19] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



vemos o primaverales; porque sólo el tiempo en que 
ge siembran me obliga a clasificarlos en artículo se- 
parado« El maní^ que es planta indígena de la Amé- 
rica, y se debe sembrar a fines de agosto, o princípioa 
de setiembre para que tenga tiempo de sazonar su 
fruto, corresponde a la familia de los que voy a ex- 
plicar ahora, y al género de los que ya quedan expli- 
cados en el artículo anterior; pues a más de que lo 
indican así sus flores, su grano en vaina y todos sus 
caracteres* me lo ha asegurado mi paisano y amigo 
don Dámaso Antonio Larrañaga^ a cuya observación, 
y no a la raía, debo el saber que el fruto lo echa la 
planta en las flores bajas, que se hallan inmediatas 
a la raíz; y luego que han recibido el polvo fecun- 
dante de las superiores, se doblan hacia la tierra, y 
esconden en ella el fruto tierno que se encierra en la 
vaina. Ha muchos años que sembré maní en mi chá- 
cara, y aunque no me fue mal con el que sembré, sin 
embargo de que en mi cercado no hay tierra de la que 
se busca para esa planta; nunca hice la observación 
sobre lo que se ha dicho* 

416. ^ Por esa propiedad particular del maní con- 
viene sembrarlo en tierras muy sueltas, y mucho me- 
jor en las que estén mezcladas con otro tanto de arena 
fina. En tina chácara, que se halla sobre el camino 
que va desde la mía a la ciudad^ vi sembrar el maní a 
unos paraguayos de uñ modo singular. Lo sembraban 
en surcos largos y tan derechos, que parecían tirados 
con cuerda: guardaban entre sí un paralelismo exacto, 
y sin hallarse muy distantes unos de otros, estaban 
puestos en tal disposición» que entraba por medio de 
dos surcos un arado, sin que los bueyes, que lo 
tiraban, pisasen ni las matas de los surcos entre los 



[201 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



cuales iba el arado, ni las de los otros, que se hallaban 
a la derecha y a la izquierda; porque sí el arado tra- 
bajaba por el claro de dos camellones sembrados^ por 
el claro de otros camellones pisaban los bueyes. Cuan- 
do las plantas estaban ya crecidas metía un labrador 
el arado, que estaba armado con orejales u orejeras^ 
coiDO aquí las llaman, y abriendo con surco profundo Moda sin 
la tierra arenisca del claro de los camellones sembra- orr\n 
dos, iba el mismo arado, que la abría a un lado y 
a otro, arrimando la tierra a los dos camellones de 
los lados. Concluido un surco entraba el arado por 
otro, y de este modo en poco tiempo arrimaban al 
maní, que tomaba mucho campo, la tierra y arena 
necesaria para que con ella abrigasen las plantas su 
fruto. £1 maní, que es por sí mismo planta hermosa 
por su hoja fina y brillante, por su hermoso verde, y 
por sus flores de un amarillo vivo se presentaba her- 
mosísimo en aquel cuadro. 

417. — Para que todo en el maní sea singular, voy 
a explicar el singular modo^ con que vi a esos para- 
guayos limpiar las hierbas malas que salían _en los 
sembrados así de maní como de otras plantas que te- 
nían; éste era — que usaban de unas azaditas peque- Modo sin 
ñas muy livianas, a las que les ponían un cabo, que de carpí 
tendría de largo dos varas, o muy cerca. Para limpiar 
las plantas o arrimarles tierra andaban derechos y 
con tan poca inclinación, que no parecía que trabaja- 
sen con azada* Vistos desde alguna distancia se repre- 
sentaban más bien como dos hombres que con báculos 
en las manos se estuviesen mutuamente mostrando o 
señalando en el suelo alguna cosa. Yo me hice el 
cargo que aquél sería el modo con que trabajaban en 
su país, y no pude menos que aprobarles su método, 



[21] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



porque yo decía para conmigo — si con él hallan 
esos hombres el resultado que buscan, hacen muy bien 
de no adoptar nuestro método, que es más laboiioso 
y pesado, el que no será necesario en aquella especie 
de tierra en que ellos trabajan; pues como se ha 
dicho era tierra mezclada de arena, o por mejor decir 
era una arena mezclada de tierra; porque en aquel 
terreno era menos la tierra que la arena» 

418. Esto que acabo de decir del método de los 

paraguayos es una nueva prueba sobre lo que he in- 
sinuado ya de lo expuesto y peligroso que es en ma- 
teria de agricultura prescribir métodos uniformes y 
dar reglas generales para países muy distantes y de 
calidades diferentes. Tal vez alguno me objetará con- 
tra el método de los paraguayos que yo he aprobado, 
el uso del mallo que he propuesto como más venta- 
joso y superior al de las varas, con que aquí común- 
do divino mente se sacuden los granos. A que satisfago que el 
líveriii lie- USO del mallo lo he propuesto, y aún lo he tirado a 
persuadir; porque con él se abrevia el trabajo, y éste 
es más ligero y menos incómodo que el que hay que 
tener con el uso de las varas, según me parece que 
probé con evidencia en el número 411: con que bien 
lejos de ser el uso del mallo, que he recomendado 
como ventajoso, una objeción contra el método que 
los paraguayos tienen en carpir y limpiar las plan- 
tas; más bien es un apoyo a favor de lo que ellos 
hacen; pues seria una necedad grande usar en las tie- 
rras que ellos trabajan de un método laborioso y 
pesado, si con otro que es más ligero y de menos fa- 
tiga consiguen el fruto que se proponen. 

419- ^ Sea de esto lo que fuere — los paraguayos 
cuando llegaba el tiempo de recoger el maní, que es 

[221 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



por el mes de abril^ lo arrancaban con toda la mata 
de la arena en que estaba, lo sacudían ligeramente 
de ella, y lo tendían en el miamo campo a que lo orea* 
ae y acabase de secar el soL Oreado — formaban al- 

miures con él cerca de la casa, poniendo la rama 
para fuera en toda la circunferencia exterior del al- 
miar, y para dentro el grano, que está todo agrupado Modo de 
hacia las raíces. Concluido el almiar lo tapaban por 
arriba con cueros, y de ese modo esperaban compra- 
dores del maní. Cuando se Ies presentaban, que eran 
siempre, o de los que aquí llamamos pulperos, que lo 
solicitan para venderlo por menudeo, tostándolo antes 
en el horno; o confiteros, que también lo solicitan 
para confites, turrones y otras pastas dulces; desta» 
paban el almiar, sacaban de las matas las vainas que 
encierran el grano, y despachaban a sus marchantes 
con el que vendían; y volviendo a tapar su almiar 
esperaban nuevos compradores, y eran tantos los que 
les acudían que los almiares no Ies duraban mucho 
tiempo. Esto lo veía yo con frecuencia; porque la 
chácara, como he dicho, estaba sobre el camino, que 
desde la mía me conducía al pueblo. 

420* — Los porotos que aquí se siembran regular- 
mente son de tres especies. Unos son blancos cumpli- 
dos con ojito negro que llaman de cuarenta. días: 
otros rojos también cumplidos, y otros blancos del 
todo y casi redondos, que llaman de España* Estas Porptc 
tres especies son de los mejores porotos que yo he 
conocido; por cuya razón aunque en diversos tiempos 
se han cultivado aquí otras muchas especies, que pue- 
den muy bien pasar de veinte, se ha ido abandonando 
su cultivo; y ahora los labradores no siembran por 
lo común más porotos que de las tres especies nom- 



[23] 




JOSE MANÜEL PEREZ CASTELLAi^O 



brada^, y de ellas voy a hablar brevemente. Les llamo 

porotos: porque aunque esle nombre en su origen no 
es español pues se ha tomado del nombre purutu que 
^Jel nom* j^g incisos del Perú dan a esos granos^ ae halla va tan 
castellanizado, y recibido no sólo en estas provincias; 
sino también en muchas de España* que es¡ más fácil 
darse a entender aquí con el nombre de porotos, que 
con el de pallares o frisóles, con que en España se 
significan los mismos granos, 

42 — El poroto blanco o^íto negro se llama de 

cuarenta día«, noraue fructifica pronto. Se siembra 
por el equinoccio de setiembre^ da pronto vainas' que 
'^•Ofo. son muy tiernas y buenas para ensalada cocida y 
para hacer guiso de ellas: se recoce él grano sazo- 
nado a íine^ de diciembre, y se vuelve a sembrar por 
ese tiempo o a principios de enero, y da segunda co- 
secha de vainas y grano seco, que ea tierno y de buen 
í^upto. El colorado se siembra también desde el equi- 
lorado. noccio de setiembre adelante, y se estima por su grano 
seco, que es tierno, mantecoso, y de un gusto que 
para muchos es superior al de las otras especies. De 
ese poroto se pueden también hacer dos cosechas, 
una por enero y otra por abril, 

477, — El blanco de España se siembra también 
pasado el equinoccio de setiembre, y se eliie nara sem- 
lanco. brarlo tierra baja y jugosa; porque en ella las matas 
crecen mucho y echan el poroto grande y lleno. Este 
se reputa generahnente por el mejor de todos; por- 
que con su color y buen gusto concurre el ser muy 
tierno y mantecoso. Cuando sazona es menester reco» 
ger su fruto vaina por vaina«.que echa pareadas; por 
no perder la mata, que estando en buena tierra va 
6uceaivamente dando nuevo fruto; en vez de que las 

[24] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



otras dos especies lo sazonan casi todo de golpe, y 
se pueden con él arrancar las matas, lo que en cierto 
modo es una ventaja. Cuando los porotos se siembran 

por el equinoccio, y cuando aún el tiempo es fresco 
suelen picarlo en el tallo tierno y perderlos algunos Sembrarlos 
gusanos u orugas: y así la sementera más segura es ** 
la que se hace en los días últimos de noviembre o 
principios de diciembre cuando con los soles fuertes 
han desaparecido o se han disminuido esos bichos da- 
ñinos, y los porotos prosperan mejor si el tiempo les 
favorece con algunas lluvias. Pero como en los de 
cuarenta días interesan las vainas tiernas, que aquí 
llamamos chauchas, nombre que por el sonido parece 
y debe ser de la lengua quichua del Perú, pueden 
ésos sembrarse en dos tiempos según se ha dicho* 

423* — Cuando los porotos se recogen con toda la 
rama se baten en la era con el mallo ; pero si se reco- 
gen sólo las vainas sazonadas y secas, éstas se ponen 
tendidas en un cuero grande^ a que les dé el sol, y 
después de siesta dos hombres con dos varitas de 
guindo, poco más gruesas que baquetas de fusil, las 
sacuden en el mismo cuero, que se levanta con dos Modo de 
horquillitas por los dos lados de su ancho a fin de geHoi 
que las vainas se recojan al medio, y no salten los 
granos cuando se sacuden: y en media hora quedan 
libres y limpios de la vaina. Este modo de recoger 
los porotos, que se puede practicar con todos si no es 
grande su cosecha y si hay manos que lo hagan, es 
más prolijo; pero sobre la ventaja de no perder las 
matas, si se espera de ellas más fruto, tiene también 
la de que el grano se recoge más limpio y selecto. 
Recogidos los porotos se guardan en sacos de cuero, 
o en bolsas de lienzo: y preservados de la humedad 



[28] 



JOSE MANUEL FEBKZ CASTEUjANO 



no hay que temer en elloa daño ninguno; poique se 
expenmenla aquí que no los pican jamás ni el gor- 
gojo, ni los ratoncillos, ni las hormigas ni otra suerte 
de animalejo. He dicho que en otro tiempo se han 
sembrado aquí otras muchas especies de porotos, y 
entre ellos los ojitos negros de varios colores, que 
llaman tapes, porque se siembran mucho en Misiones, 
y que generalmente se han- abandonado; pero si se 
qüiere renovar su sementera o de cualquiera otros, el 
método para sembrarlos y recogerlos es el mismo que 
se practica en loa de las tres especies, que quedan 
explicadas. 

PLANTAS DE TIERRA 

424. Llamo plantas de tierra a las batatas y a 
las papas, porque echan su fruto debajo de ellas. Las 
batatas que aquí suelen cultivarse unas son blancas 
Batatas. en la película que las cubre y otras rojizas; pero unas 
y otras tienen blanca la carne. Las blancas se crían 
algo más gruesas que las rojizas, aunque aquí nunca 
se crían tanto como en Buenos Aires* en Santa Fe y 
en otras partes. Unas y otras se siembran por el equi- 
noccio de setiembre, cuando ya no hay hielos, o no 
son fuertes si hay algunos. Para sembrarlas se eligen 
tierras muy sueltas y por eso aquí se siembran como 
el maní en las areniscas. Cuando crecen se limpian 
de las malas hierbas con la azada, y con ella se les 
ipe dfl sem- arrima tierra hacia la raíz. Cuando están sazonadas, 
brarlas. que es a fines de abril, se arrancan con toda la mata, 
y se separan las más gordas para comer cocidas, asa- 
das o de otro modo; y las pequeñas y delgadas se 
guardan para la sementera del setiemhre inmediato. 
Para conservar algún tiempo las grandes se orean al 

[26] 



OBSERVACZOK&S SOBRE AGRICULTURA 



sol, y después de oreadas he visto en Buenos Aires 

que las ponen en carnadas en un rincón de un cuarto. Tiempo ' 

y las van cubriendo con tierra seca muy suelta^ y de ''^*®*^' 

ese modo las conservan hasta el mes de diciembre. 

Las pequeñas destinadas para semilla las conservan Modo de 

del mismo modo; pero aquí he visto que las arrojan scrvorl 

sólo en un rincón enjuto y preservado de hmnedad. 

425. — Es menester sacar las batatas de la tierra 
antes que sobrevengan lluvias y hielos; porque si és- 
tos las cogen en la tierra se hielan y se pudren debajo 
de ella según lo he experimentado tanto en las que 
son grandes, como en las pequeñas; por cuya razón 
es necesario no perder tiempo en sacarlas y conser- 
varlas lo que se pueda resguardadas del frío y de la 
humedad: y digo lo que se pueda; porque es fruta s» pudr< 
que aguanta muy poco, a no ser que con ella se prac- cí'wtr 
tique el método de Buenos Aires, u otro que sea equi- 
valente, en lo que no tengo práctica; porque las pocas 

que se han recogido hasta aquí en mi casa, se han 
consumido pronto, y si algunas han quedado olvida- 
das por algunos días, cuando se han acordado de 
eltas, las han hallado, todas podridas. Se siembran las 
batatas como he dicho desde el equinoccio de setiem- 
bre; pero es menester no diferir su sementera a fin 
de que tengan lugar de crecer y fructificar con loa 
calores. 

426. — Aquí he visto tres especies de papas, unas 
rojizas en el cutis, otras moradas, y otras blancas. 
Las rojizas son las más comunes, y Ies llaman crio- 
llas: 90Ü generalmente pequeñas, y su guslo tiene algo Papat ■ 
de bronco y áspero; por cuyo motivo no se reputan 

por las mejores* Las moradas vinieron de Canarias 
ahora treinta años» y éstas-fion más grandes y de gusto 



[27] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



más fino que las anteriores; pero aunque al principio 
vinieron bien, me persuado que no pudieron climati- 
zarae o acomodarse a nuestro temperamento en vista 
de que siendo buenas, han desaparecido del todo, pues 
no las veo en parte ninguna. Las blancas, que son las 

radai, mayores que he visto, me inclino a que las trajeron 
aquí unas familias inglesas, que iban a establecerse en 
Tahití, una de las islas que hay en el mar Pacifico; 
pero habiendo apresado el buque en que iban esas 
familias un corsario francés, habrá quince o dieciséis 
años, trajo a este puerto el buque apresado, que me 
parece se llamaba la Elison y en él esas familias, muy 

ancai. diferentes en conducta a las que algún tiempo antes 
había apresado y conducido a este puerto otro corsa- 
rio francés^ y se iban a establecer en Bahía Botánica 
en la Nueva Holanda, grande isla del mismo mar Pa- 
cífico; porque las destinadas a Bahía Botánica eran 
todas criminales y salían desterradas por sus delitos 
de la Gran Bretaña; en vez de que las destinadas a 

lei troie- Tahití, eran todas honradas según lo manifestaron aquí 

* tílaneas. constantemente en su buena comportación. Creo que 
estas familias fueron las que nos trajeron esas papas; 
porque a más de que desde esa época es que se vie- 
ron aquí, concurre con esta circunstancia el que mu- 
chos las llaman papas inglesas. 

427, — Tengan aquí el principio que se quiera, es 
cierto que son buenas no sólo por su tamaño que es 
mayor que el de las otras especies que he nombrado; 
sino también por su gusto que es suave. Estas papas 
tienen también la excelencia de que se pueden cose- 
char dos veces. Sembradas por agosto se recogen en 
diciembre: y vueltas a sembrar a fines del año se 
recoge segunda cosecha por marzo o abril. A mí me 



[28] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



parece que las blancas son lag únicas papas que aquí 
se deben cultivar, mientras no se aparezca alguna otra 
especie mejor^ y que se dé bien en este país, como 
en II se dan las blancas* Las papas que quedan debajo 
de tierra no se hielan aquí como las batatas, y lo 
juzgo así porque he visto, tanto en laa criollas como 
en estas blancas, que donde han estado sembradas 
nacen a su tiempo todas las que se quedaron cubier- 
tas con la tierra;' y digo cubiertas con la tierra, por- 
que las que se quedan al descubierto se hielan cuando 
sobre ellas cae algún hielo que sea fuerte; lo que he 
visto muchas veces les sucede a las criollas, que des- 
pués de un hielo se queman pronto resolviéndose su E^celencí 
carne en un humor semejante al que en el cuerpo la bla 
humano despide una ampolla que se levanta con al- 
guna quemadura, y si esto sucede ^ las criollas que 
son bastas y perrunas, es de creer que lo mismo les 
sucederá a las blancas que son más finas y suaves. 
Pero lo más seguro y mejor es el recogerlas todas, 
orearlas, y puestas en un rincón tendidas irlas consu- 
miendo, después de haber separado y guardado para 
volver a sembrar la semiUa suficiente, que se conserva 
buena, sin necesidad de tantas precauciones como son 
necesarias para las batatas. Ya he dicho que para 
todas estas frutas de tierra son mejores que otras las 
tierras areniscas; pero en las que no lo son también 
se recogen buenas las papas blancas, según lo expe- 
rimento en mi chácara. 

PLANTAS REPTILES 

428. — Llamo plantas reptiles las que se tienden, _ 
serpean o se arrastran por la tierra, como son los me^ 



[29] 



JOSE UANUBL PlfiREZ CASTELLANO 



Iones, sandías^ etc. Los melones son de diversas es- 
pecies, y generalmente son buenos todos; porque hay 
de ellos redondos^ algo aplanados por la flor y pezón, 
que no son muy grandes, ni son escritos: que tienen 
la carne blanca sobre un fondo verde, y son muy 
dulces y de un gusto delicado,. Hay de ellos que son 
largos, escritog, unos con la carne blanca, y otros que 
la tienen roja; irnos y otros son buenos; pero gene- 
ralmente los de carne blanca suelen ser los más dulces ; 
y por eso conviene guardar la semilla de los que se 
reputan mejores. Yo creo que el origen de los buenoa 
melones lo tienen los de aquí en las semillas que se 
han traído del reino de Valencia en España; porque 
de aUá han venido las semillag de esos melones re- 
dondos, lisos y aplanados, que he dicho ser excelentes. 
De allá también han venido las de unos melones cum- 
plidos, muy carnudos, que llaman melones de invierno; 
pero aunque aquí a vuelta de pocos años se transfor- 
man en melones mayores, que maduran en el tiempo 
que los demás^ salen por medio de esa transformación 
esos melones grandes, escritos, excelentes y de gusto 
exquisito. 

429. — £1 tiempo de sembrarlos en el Miguelete es 
desde- 15 de setiembre hasta 15 de octubre. Doy en 
el Miguelete ese tiempo limitado de treinta días para 
la sementera de los melones; porque una experiencia 
constante me ha enseñado que los que se siembran 
más tarde suelen no alcanzar a dar buen fruto; por- 
que los rocíos y nieblas de marzo queman o abochor- 
nan las matas, y el fruto se pica de viruelas antes de 
sazonar. La semilla conviene ponerla en casillas gran- 
des con la profundidad como de un pie, en la que 
después de desmenuzada la tierra con la azada se 

[80] 



OBSSRVAdOmES 30BRK AGRICULTURA 



mezclan con ella misma dos o tres embosadas de es- 
tiércol de' vaca del más pulverizado que haya. Con 
este fomento crecen las plantas con vigor, y logran 
acasilladas de ese modo tener en sus raíces jugo su- 
ficiente, aunque las lluvias sean muy cortas; porque 
en las casillas loa melones las aprovechan, y les apro- 
vechan cuando crecen tanto como les perjudican cuan- Modo, 
do van a sazonar su fruto, si son repelidas; pues 
entonces los melones se ponen desabridos y no valen 
nada. Observando ese modo de sembrar los melones 
los he logrado regularmente muy buenos a no haber 
tenido o una seca absoluta, o el contratiempo de llu- 
vias excesivas. En cualquiera, tierra vienen bien si se 
siembran con el fomento que he explicado, y son más 
dulces y de gusto más delicado en los altos que en 
los bajos. 

430» — Las sandías, que según Molina en su Com*< 
pendió de la Historia de Chile, pág. 204, son oriundas 
de la Jamaica, de donde se llevaron al viejo contí* 
nente; las sembré al principio en mi chácara; pero 
viendo que en ella no se lograban buenas no las he 
vuelto a sembrar nunca. Para lograrse tales exigen 
aquí, pues así se experimenta^ tierras nuevas, esto es 
que sean vírgenes, y que se rompan sólo para sem- Sandtoi. 
brarlas: deben ser también las tierras de las que aquí 
llamamos ricas, cuales en lo general son las negras 
gruesaa muy vegetales, y para las sandías son mejores 
las que tienen mezcla de arena visible, y mucho me- 
jores las en que la arena es algo gruesa, como se ven 
de ellas en los ribazos y cercanías de los arroyos o 
ríos* En tierras de esa calidad se crían las matas muy 
lozanas y frescaa, dan un fruto grande, y lo sazonan 
perfectamente, 

[31] 



JOSE MAKUIIL PEREZ CASTELLANO 



431. Para que un fruto sea perfecto es menester 
que todo concurra a su favor: y así fuera de la buena 
calidad de las tierras, es necesario para las buenas 

sandías que concurra también la elección de las semi- 
llas. Las que vienen de Málaga, y dan sandías redon- 
das, grandes, tiernas y de un color muy encendido, es 

Jada» para cierto que hon buenas, si siempre se logran con el 
sandias, corazón tierno; pero eso lo he visto en muy pocas 
sandías de las que de esa casta se venden en la plaza 
de la ciudad, y se cogen en las tierras areniscas del 
Buceo; porque por lo general, aunque las sandias que 
allí se cogen son grandes; tienen el corazón blanque- 
cino y empedernido, y lo demás de su carne de nin- 
gún interés al gusto. Sandias de esa calidad son cru- 
das, indigestas y las repulo por muy perjudiciales a 
la salud: por esto que constantemente ha visto, juzgo 
que las tierras del Buceo, si alguna vez fueron buenas 

oía ueñai P^^* sandías, deben estar ya envejecidas cuando 
se advierte lo pronto que en ellas degeneran las semillas 
que vienen de Málaga; pues muy rara es la que a los 
dos o tres años mantiene la ternura en el corazón 
y buena calidad que de suyo tienen, cuando la semi- 
lla es recién llegada. Así juzgo que donde esas san- 
días se sostendrían siempre buenas, es si sembra- 
sen constantemente buenas semillas en las tierras más 
mezcladas de arena gruesa, que antes he dicho se ven 
cerca de las orillas de los ríos y de los arroyos. 

432. — Otras sandías he comido yo aquí que las 
reputo mejores aun que las de Málaga; éstas son unas 
largas, de ellas blanquecinas por fuera; y de ellas 
más oscuras de color, cuya semilla se ha traído en 
diversos tiempos de San Pedro en el Río Grande. Son 
generalmente encendidas de color por dentro; pero 

[32] 



OBSERVACION1ES SOBRE AGRICULTURA 



lo que las hace más apreciabks es lo dulce de su carne 
y su teinura« Cuando esas sandías se siembran en tie- 
rras de las que antes he dicho ser aptas para ellas, el 
corazón sale hendido y separado en tres o cuatro cas- 
cos, y es tan dulce y tierno que cuando se come, se Sandías 
resuelve todo en un jugo refrigerante y delicadísimo, 
sin que en la boca queden piltrafas que disgusten. En 
la estancia que fue de mis padres» y ahora es de un ~ 
hermano mío, se sembraron de ellas en varias ocasio- 
nes, y siempre salían dulces, sin que se hallase entre 
ellas una sola que fuese? de desecho; pero las tierras 
en que se sembraban eran de las calidades que les 
convienen. 

433. — En Buenos Aires he comido también san- 
dias cogidas en el partido que allí llaman pago de la 
Magdalena: y aunque aquéllas no eran tan grandes 
como las de Málaga, ni aun como las del Río Grande; 
porque generalmente eran de mediano porte; pero 
eran tiernas y dulces cuanto en las sandías se puede 
apetecen Y asi me he admirado muchas veces que de 
aquí se lleven a Buenos Airea sandías de Málaga de 

las que se cogen en el Buceo, que aunque grandes son sandías 
generalmente degeneradas y empedernidas, sabiendo Magdal 
yo que allá se cosechan mejores: y mucho más me 
he admirado de que allá las soliciten con ansia, pare- 
ciéndome que los que prefieren las del Buceo por 
grandes a las buenas de su propia cosecha^ incurren 
en la necedad del tordo nuevo de la fábula de Iriarte, 
que prefería las calabazas por grandes a las uvas por 
ser pequeñas* 

434. Cuando se siembran sandías en buena tie* 
rra suelen criarse a la par de ellas una planta gramí- 
nea, que cuando las sandias están por sazonar» ello 

3* 



JOSE MAKUEL PKRE2 CASTELLANO 



sazona también su espiga, en que echa brazos delgados 
y claros en cruz. Esa planta lejos de perjudicar a las 

matas de sandías, ks sirve de mucho alivio, porque 
sin asombrar las matas, tienen éstas en esa planta un 
asidero para agarrarse con los brazuelos que echan en 
las guías y hacerse firmes contra los vientos, que sin 
sramf* ese auxilio revolverian las matas; pues asi las sandias, 
como los melones y las cidras cayotes, de que se ha- 
blará luego, no echan más <^e una sola raíz, que es 
la principal; y no son como los zapallos y otras plan- 
tas reptiles, que por donde quieran que caminan, van 
echando sus guías nuevas raíces. Por lo dicho ya se 
deja entender que para las sandías no se necesita otro 
estiércol ni otro beneficio que labrar bien la tierra, 
y sembrarla en surcos, distantes unos de otros como 
un par de varas, y carpir las matas a su tiempo. El 
de sembrarlas es generalmente el mes de octubre, 

435. — Los zapallos son aquí de diferentes espe- 
cies: a unos llaman criollos, sin duda porque son in- 
dígenas de la América, como lo es el nombre zapallo, 
tomado del zapallú que le da la lengua quichua. En- 
tre los criollos hay dos especies: a unos llaman de 
illoi. tronquito; porque apenas tiene la mata como una 
vara de diámetro echa un grupo de flores en el medio, 
y hacia donde se halla el tronco, y en muchas de ellas 
cuajan temprano zapaUitos pequeños, que tiernos se 
comen en la olla y en otros guisos, y son buenos. 
Para recoger semilla fina en esos zapallos es menester 
dejar que se sazonen algunos de los primeros que las 
matas echan sobre el tronco. Cuando se siembran los 
zapallos dé tronco a fines de agosto o a principios 
de setiembre con el objeto de lograr temprano &u 
fruto, no sólo se abonan con estiércol las casillas, en 

t34] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTXJRA 



que se ponen las simientea, del mismo modo que se 
dijo tratando de los melones; sino que también ge cla- 
van por las dos puntas dos varitas^ que se cruzan en 
arco sobre cada casilla a fin de tapar con un poco de Tronquíf* 
hinojo, que se tiene a la mano y cerca de las casillas, 
las matas tiernas, cuando al ponerse el sol se teme 
que puede haber hielo; teniendo cuidado de desta- 
parlas al día siguiente cuando el sol ha subido. 

436. ^ Cuando el zapallo de tronco degenera, no 
sólo crecen más las plantas sino también su fruto, 
que en las de tronco siempre es pequeño; pero la ca- 
lidad de zapallos que echan esas matas, recién dege- 
neradas, regularmente es buena según lo que he ob- Tronquíto 
servado; porque regulannente los zapallos son por gín«ra, 
fuera de un color aplomado, indicante de ser ellos 
buenos. Por esta observación sospecho que todas las 
especies de zapallos criollos de diferentes figuras, ta- 
maños y colores que vemos, se pueden reducir a una 

sola especie radical y primitiva, que es la de tron- 
quito: Del mismo modo que en el número 428 atribuí 
el origen de los buenos melones que aquí hay de fi- 
guras, tamaños y colores diferentes, a los pequeños 
de buena calidad que se han traído de Valencia. 

437. — A los criollos que no son de tron quito les 
viene bien el estiércol, y siempre son de mejor gusto 

los que se siembran en terrenos altos, si el año favo- Zopallos an 
rece con aguas oportunas, que los sembrados en ba- meiorA 
jos. Pero como éstas suelen faltar en algunas prima- 
veras y en los estíos, y entonces salen buenos los sa- 
pallos sembrados en los bajos; conviene, habiendo 
posibilidad, sembrar algunas matas en bajos, y algu- 
nas otras en altos. 



[351 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



43B. Otros zapallos hay que llaman de Guinea, 
o bugangos, nombre que seguramente es africano, co- 
mo lo es el zapallo, traído de esa parte del Africa que 
se acaba de nombrar. Unos hay de corteza blanca, 
otros de corteza verdinegra, y otros de corteza amari- 
lla. Todos son buenoa como sean de primera flor, bien 
uaciftgo*- sazonados y de corteza muy dura. Entonces es menea* 
ter partirlos con un serrucho, y cuando se parten ex- 
halan una fragancia agradable, que sin probarlos, de- 
nota lo que ellos son* Yo he comido alguna tajada 
de uno de esos zapallos, sin más condimento que es- 
tar cocida sin sal en agua pura, y me pareció de gusto 
tan delicado, que no la hubiera trocado por el dulce 
más exquisito de cuantos he probado hasta ahora. To- 
dos los de la familia de mi chácara fueron de la misma 
opinión, y prueba de que no afectaban es, que te- 
niendo el zapallo más de una arroba de peso, no me 
dieron lugar a que lo probase segunda vez. No siendo 
esos zapallos bien sazonados son comúnmente desa- 
bridos, y así lo son cuando están tiernos; pero cuando 
en ellos concurren las circunstancias que he dicho, 
se puede fallar que son excelentes: entonces se con- 
servan todo el año sin perder nada de su bondad — 
cosa que no tienen los criollos; pues por buenos que 
sean, y por más guardados que estén debajo de techo, 
dienten mucho los fríos, se desmejoran y se pierden 
pronto* 

439. — Me parece haber leído en uno de los viajes 
del intrépido navegante Cook lo que aconseja de que 
para las largas navegaciones se embarquen calabazas 
de comer por ser su alimento saludable a la tripula- 
ción, y un preservativo contra el escorbuto. Siendo 
esto asi, como lo creo, yo aconsejaría a los capitanes 

[86] 



OBSERVACIOMSS SOBRE AGRICULTURA 



de las embarcaciones que hacen viajes largos, que 
embarcasen bugangos bien sazonados con preferencia 
a toda otra especie de zapallo; pues no conozco nin^ 
guna que se conserve más, ni que se conserve con 
todo su buen gusto y frescura. Estos zapallos para Bugongo bu 
lograrse bien exigen tierras frescas, nuevas y de fuerte «nbar 
vegetación como las sandias; y es menester sembrar- 
los poco antes del equinoccio de setiembre a fin de 
que logren la primera flor, que es en la que ecban el 
fruto, que alcanza a sazonar bien* Si las tierras en 
que se siembran son algo resecas, el sol les arrebata 
el fruto primero^ y el que se signe pocas veces tiene 
tiempo de llegar a su perfecta madurez, 

440« ^ De los andáis digo lo mismo que he dicho 
de los criollos, es a saber, que salen de mejor gusto 
los que se crían en terrenos altos que los que se crian 
en bajos; pero como no son calabazas que se comen 
tiernas, no hay necesidad de lograrlas temprano» ni Andaí. 
de abonar con estiércol sus casillas; aunque nunca 
les viene mal ese fomento; porque con él las matas 
se crían más fuerteg, y es mayor el fruto que dan* 
Tenemos aquí dos calidades: unos con pescuezo largo 
que vinieron del Brasil, y otros redondos, aplanados 
por el pezón, y aun más por la flor, que vinieron de 
La Habana, Unos y otros tienen la corteza fina y de 
un amarillo muy subido la carne» Los de pescuezo 
largo lo tienen macizo y se come todo; y sólo tienen 
simiente en la barriga, que crían inmediata a la flor» 
y es poco carnuda. Los redondos aplanados que no 
echan pescuezo tienen mucho más gruesa la carne 
que rodea la semilla: y esta diferencia que ae advierte 
entre estos dos andáis, me hace acordar, porque es 
muy consonante, de lo que se dijo en el número 124 



I37J 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



hablando de los toros que no tienen cuernos, es a 
saber — ■ que se les advertía mas doble el hueso de la 
frente, que el que tenían en ella los toios armados de 
cuernos: y que parecía que el hueso que en éstos servia 
de alma a los cuernos; se convertía en los mochos en 
hacerles más doble y reforzado el hueso de la frente: 
y aquí sucede una cosa igual en el fruto de esos dos 
andáis^ que por otra parte son muy semejantes en ho* 
jas y flores, esto es — que los que tienen e\ pescuezo 
largOj macizo y lleno de carne, tienen delgada la carne 
de la barriga que contiene la simiente; y que los re- 
dondos, aplanados y sin pescuezo^ tienen la barriga 
mucho más gruesa y carnuda. En aquel lugar di por 
una diferencia puramente accidental la del ganado 
mocho, asegurando como cosa cierta en la historia, 
que tanto el mocho como el armado de cuernos tenía 
un solo origen en el ganado que con cuernos se había 
traído de España a la América: y ahora digo lo mismo 
de estos dos andáis * — que su diferencia es puramente 
accidental» y que ambos deben tener un común y solo 
origen» 

441. — Sea lo que fuere de este raciocinio — unos 
y otros andáis son buenos; pero me parecen mejores 
y de mejor gusto los redondos» Ambos se conocen 
aquí con el nombre de andaí* que también les dan en 
araní lengua Brasil. Es nombre de la lengua guaraní, que aun- 
9eneraL que alterada en diversos dialectos, se puede llamar 
general y extendida por todo el vasto continente com- 
prendido entre el océano y los grandes ríos de Ama- 
zonas y de la Plata. En los pueblos de Misiones del 
Uruguay se recogen todas esas especies de calabaza, 
y otras muchas diferentes que se omiten; porque las 
que he nombrado son las que por lo común sólo se 

138] 



OBSBRVACtONlSS SOBBE AGRICVLTUBA 



eicmbran aquí. Cuando falten bugangos para embar- 
car, bueno es que sepan los navegantes que después 
de los bugangos los andáis son los mejores para eso; 
porque se conservan también con buen gusto por 
mucho tiempo. 

442. — Las cidras cayotes se siembran en el mismo 
tiempo, y del mismo modo que los andáis y zapallos: 
prueban mejor en los bajos que en los altos; pero 
suelen darse, también, como no falten algunas lluvias, 
en lugares altos: como su único destino es para hacer 
dulce es más conveniente ponerlas en bajos falten o 
sobren las lluvias. Yo he conocido aquí dos especies, C'dro» 
unas que daban el fruto más largo y grande que las 

que actualmente se ven« y otras que son las actuales 
que lo echan no tan grande y es casi redondo. Las 
largas eran de un color más verde oscuro, tanto en 
la corteza de la fruta como en el color de las hojas, 
que no eran tan manchadas de blanco, como lo son 
las de las matas que dan el fruto redondo que ea tam- 
bién casi blanco. Ya he dicho que las cayotes sólo se 
destinan para dulce, que se hace tan bueno con la? 
redondas, como se hacia con las largas, que si se han 
perdido del todo, o se han convertido en redondas, 
no se echan raenos. 

443. — Cuando las cidras están sazonadas y su cor- 
teza dura, se cortan en cuatro cascos, y sacando sólo 
la semilla, que está metida en una carnosidad algo 
hebrosa, se echan a sancochar con toda la carne y 
carnosidad que he dicho* Sancochados los cascos y tes. 
fríos, se separa con una concha de las muchas que 

cría el Miguelete toda la carne de la corteza, que es 
lo que únicamente se tira: se exprime bien su carne 
entre las manos, y estando toda bien exprimida» se 



[3&1 



JOSE BfANUEL PERES CASTELLANO 



pesa para arreglar d azúcar que debe llevar el dulce, 
que son dos libras, o dos libras y media por una de 
pasta. Con el azúcar correspondiente se hace el almí- 
bar del modo que se dijo en el número 257, y poco 
antes que tome punto se echa la pasta en el almíbar, 
se incorpora bien, y con fuego lento se le da al dulce 
la cochura suficiente basta su punto, que se prueba 
con el plato, según se dijo en el número 268. Este 
dulce por su color casi transparente, de un rubio do- 
radoj y por su gusto con algo de la frescura de la 
fruta, tiene muchos apasionados, y se estima, reco- 
mendándolo también el que es muy fácil de hacerse, 

444. — Los calabazos, que no son de comer; pero 
que son de mucho servicio en una casa de campo, para 
traer agua, para guardar semillas, y para mil menes- 
teres; son de muchas especies, y de todas las que 
haya a mano se deben sembrar en los bajos más bien 
que en los altos; pero en éstos se dan también cuan- 
do favorecen algo las aguas, y se deben sembrar por 
el equinoccio de setiembre. En ningún tiempo he echa- 
do yo menos tanto como en el presente estas pobres 
y útiles vasijas; porque no habiendo dónde comprar 
de loza las que se necesitan en una casa, o por 
lo menos apurados absolutamente los medios con que 
comprarlas por estar para nosotros cerrada la plaza 
con el largo sitio de catorce meses que lleva ya cum- 
plidos, he tenido yo por falta de calabazos que re- 
currir a los huampares para echar agua a las aran- 
delas. Nos hemos acogido en esta provincia al nombre 
huampar de los indios del Perú por evitar el de 
cuerno, que aunque muy decente, lo tira a evitar la 
gente rústica por la acepción maligna que se le suele 
dar: Digo que es voz de la lengua quichua, no sólo 



[40] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



porque su sonido lo denota asi, sino también porque 

no es voz castellana, ni lo es tampoco guaraní; pues 
los guaraníes llaman al cuerno rnatít y asi dicen va- 
camtUí — cuerno de vaca; giiazú rnatí — cuerno de 
piervo» Repito que se deben sembrar siempre las ca- 
labazas sufícientes en una chácara, y que se deben 
preferir para eso los bajos más bien que los altos; 
porque en los bajos se crían más grandes, y con más 
seguridad que en los altos. 

445, — Sólo se deben exceptuar de esta regla unos 
pequeños redondos que en el pezón echan un cuello 
encorvado, y se destinan para tomar mate con la hier- 
ba del Paraguay. Los indios del Perú llaman mati 
al calabazo, y nosotros castellanizando ese nombre le 
llamamos mate, y por la figura metonimia, tomando 
el contenido por lo que lo contiene, decimos que to** 
mamos mate cuando tomamos en el mate agua ca- Matt. 
líente, pasada por la hierba que en él se contiene. 

Estos calabacitos pequeños, que son de varias figuras, 
se deben sembrar en altos y en tierras pobres; por- 
que si no crecen mucho, y no acomodan al uso a que 
principalmente se Ies destina. Para tomar mate he 
visto yo piezas de plata, y aun de oro, hechas con la 
figura del calabacito; pero este lujo, perjudicial por 
todos respectos, se ha desterrado ya de las casas, hasta 
de las pudientes; porque en ellos la hierba se quema 
y se echa a perder con el demasiado calor que con- 
ciben los metales, y todos se atienen ya al calabacito 
por ser lo mejor para ese fin. 

446. — En las estancias se suelen criar por los cam- 
post particularmente en rodeos viejos de ganado, o 
en lugares de población dejada, que aquí llaman ta- 
peras, unos calabazos muy semejantes en hoja y fruto, 



[41] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



cuando está tierno, a los zapallos criollos. Algunos 

engañados de su semejanza los han echado alguna 
vez en la olla, y es tanta su amargura^ que una tajada 
pequeña ha sido bastante para viciar una olla grande 
de comida y ponerla de modo que ni los perros po- 
dían tocarla. Pues estos calabazos, a que llaman aquí 
porongos, cuando están sazonados son de una corteza 
muy dura^ y son los mejores de todos para toda suerte 
de vasijas, hasta para tener agua en ellos en lugar de 
cántaros; porque se dulcifican en poco tiempo sólo 
con echarles agua y mudarla por algunos días. Yo he 
deseado su semilla, que es pequeña» para ponerlos en 
mi chácara; pero me he olvidado siempre de pedirla 
a tiempo. Aconsejo a los labradores del Miguelete 
que la siembren en las suyas, poniendo las semillas 
detrás del corral de los caballos, por donde tienen 
alguna salida las aguas, y hallarán en ellos sin tra- 
bajo la utilidad que digo. 

HORTALIZAS 

AJOS Y CEBOLLAS 

447. — Yo quisiera clasificar todas las plantas de 
que trato con la exactitud que corresponde a su gé- 
nero y diferencias, no por ostentar la ciencia de na- 
turalista que no tengo; pues confieso ingenuamente 
que hasta ahora no he leído libro ninguno que trate 
esa materia por principios; sino por darles a mis ob- 
servaciones todo el orden y método conducente a que 
salieren claras y perceptibles. Pero ya que me faltan 
los conocimientos necesarios para una exactitud ri- 
gurosa, procuraré a lo menos unir debajo de un ar- 



[42] 



OBSERVACIONES SOBRE AGBTCULTURA 



tículo aquellas plantas sólo, que por la vista común 

a todos parecen entre sí más análogas y semejantes; 
y tales se me representan los ajos y cebollas. 

448. — Aquí he conocido tres especies de ajos: 
unos que tienen muy pocos dientes, pero grandes, y 
se llaman puerros. Otros que se llaman blancos, por- 
que es blanca la tónica, que cubre los muchos dien- 
tes que tienen unidos y fáciles a desgranarse: y en 
fin los ajos que llaman colorados; porque es roja la A¡ 
túnica que cubre los dientes, que tienen bien unidos 
en una cabeza redonda. Las dos primeras especies se 
han abandonado generalmente, y sólo se cultivan los 
colorados^ que están en reputación de ser los mejores. 
Para sembrarlos, después de compuestos y abonados 
los tablones en que se van- a sembrar, los que conviene 
que no tengan más ancho que el de seis varas, y que 
unos de otros vayan divididos por calles de media 
vara que se tiran con hilo: digo que después de com- 
puestos los tablones, y desgranados los ajos, de que 
sólo se desechan los dientes muy pequen os^ que tie- 
nen en lo interior de la cabeza; el que lleva la azada 
hace con ella un surco aplanado y somero en una ori- 
lla del tablón cortando su ancho: contra la pared o 
camelloncito exterior del surco, se ponen los dientes /i^odo 6 
distantes unos de otros poco más de media cuarta., y bror 
se ponen con la que debe ser raíz para abajo, y para 
arriba la punta o brote: el que lleva la azada abre 
nuevo surco inmediato al primero, dándole sólo la dis- 
tancia que señala la misma azada con su corte sin 
internarla en el primer surco, y tapa con la tierra que . 
saca del segundo surco los ajos que uno o dos hom- 
bres pusieron en el primero: se ponen ajea en el 
segundo, y se tapan con la tierra del tercero. De este 



[43] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



modo van continuando en abrir surcos, poner ajos y 
taparlos hasta que se concluyen los que se han de 
poner, 

449, — Si el tablón es por ejemplo de dieciocho o 
veinte varas de largo, en llegando con los ajos a las 
seis, se abre calle del ancho que se dijo arriba debía 
tener la que separase unos tablones de otros; porque 
con estas calles no se pierde terreno como a algunos 

útilii. les parece, y ofrecen mucha comodidad para refi;istrar 
los sembrados sin pisarlos, y para echar en ellas las 
hierbas malas que se arrancan de los tablones, des- 
pués de haber arrasado primero con la azada las que 
sa crían en la^ calles. Digo que no se pierde campo; 
porque las plantas que se crían a la orilla de las 
calles suelen ser mayores que las demás por el mayor 
desahogo que tienen en ellas; pero aun cuando se 
perdiese alguna cosa, nunca puede ser tanto como lo 
cfue se pierde con la necesidad de pisotear los sem- 
brados V apretar las tierras por falta de esos frecuen- 
tes senderos, que he dicho se deben siempre dejan 

450, — Cuando llega el tiempo de carpir los ajos 
se entra a ese trabajo con escardillos, el que es nece- 
sario a tiempo oportuno, y cuando las hierbas no ha- 

oportiH yan crecido mucho; porque si se detiene la carpida, 
int». el trabajo luego es tres o cuatro veces mayor. Si al- 
gunos dientes han echado dos o más brotes; porque 
llevaba el diente que se sembró alguno o algunos dien- 
tes más, encerrados en la misma túnica, se descarna 
algo la tierra por un lado del ajo, y tirando hacia ese 
lado por el brote o brotes superfluos, se arrancan de 
raíz y se arrojan fuera. 

144] 



OBSERVACIONES SOBBE AGRICULTURA 



451, — He observado que el tiempo mejor de sem- 
brar los ajos es el mes de julio; porque desde princi- 
pios o mediados de ese mes tienen suficiente y preciso 
tiempo para crecer y llenar la cabeza, y no se les deja tiempo 
sobrado para que se entallezcan y llenen sus ramas bror 
de loa palitroques duros del tallo, que los hace muy 
trabajosos para enristrar. Además de esto hallándose 
menos tiempo en la tierra hay menos que escardillar- 
los: y ese ahorro del escardillo ee de mucha conside- 
ración en esas plantas unidas, en que no puede entrar 

la azada y sólo se usa del escardillo, que se debe 
evitar cuanto se pueda por ser prolijo y engorroso. 
Cuando a los ajos empieza a agostárseles la hoja, que Sazón cí- 
es a principios de diciembre, se sacan antes que se y c- 
les seque mucho; porque reseca pierda la fuerza que "® 
debe tener para poderse enristrar: y se debe evitar 
también el que hallándose agostada le caiga Uuvia; 
porque se pudre al instante, y no pudiéndose enristrar 
por falta de hoja^ no hay modo de conservarlos y es 
cosecha perdida, 

452. — Si se sacan con la hoja verdeona se ponen 
un día tendidos al sol para que se marchite y suavice 
lo bastante, y luego se enristran haciendo con la rama 
de los ajos, auxiliada de algunas cañas suaves de la 
planta gramínea llamada acebén o cola de zorro, una ^^^^^ ^_ 
trenza de tres ramales, que es muy sabida, y se le frari 
da a la ristra el largo de vara y media poco más o 
menos, Al paso qne se van enristrando se van ponien- 
do al sol^ y antes que el sol se ponga se guardan a 
cubierto para sacarlos al sol del siguiente día, si lo 
necesitan; y si no se cuelgan ahorquetados en una vara 
gruesa, en que se deben conservar debajo de techo; 

pero en pieza en que corra algún aire. Los que hacen ' 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



profesión de caballeros leerán con disgusto el modo 
con que se debe cultivar y conservar una planta o 
fruto, que por sus estatutos no pueden comerlo, según 

he oído decir; pues yo no he leído libro ninguno de 
estatutos caballerescos; pero yo no escribo para caba- 
lleros, sino para los labradores del Miguelete, muy dis- 
tantes de profesar más caballería que la del cultivo 
de la tierra, a que fue destinado nuestro padre Adán, 
tronco y origen de todos los caballeros* 

453» — La semilla de cebolla ge siembra por el mes 
de mayo o junio, componiendo para eso unos cante- 
rillos cuadrilongos de una vara o poco más de ancho, 
y largos como cmco o seis varas: se desmenuza en 
ellos la tierra mezclada con estiércol suficiente; pues 
sí éste es un abono necesario para toda suerte de ab 
mácigo«, y en cualquiera tiempo que se siembren; lo 
ibror^c^ es mucho más para el cebollino que se siembra en 
llo« tiempo frío. Lo^ canterillos se guarnecen por los cuatro 
lados con un camelloncito de la misma tierra a fin 
de que cuando se ofrezca regar los alraácigos, el 
agua no se corra fuera; por cuyo motivo conviene 
tambiéii hacer los canteros horizonlalesj, o en terreno 
que naturalmente esté anivelado. Hechos los canteros 
divididos unos de otros con senderos, se siembra el 
cebollino, ni muy claro ni muy espeso, y sembrado se 
cubre o con tierra bien abonada, o con puro estiércol 
de vaca o de caballo bien desmenuzado* Yo prefiero 
cubrir el cebollino con estiércol puro; porque a más 
de darle mucho abrigo al grano, franquea salida más 
fácil a la plantita tierna que empieza a nacer. Luego 
que se ha cubierto la semilla con el estiércol, se tapa 
todo el almácigo con chala, o con otra pa|a que no 
lleve grano: por encima de ella se riega el ceboUino 

[46] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



si no llueve oportunamente, y se tiene cuidado de ver 
5Í apunta a salir para quitar entonces la paja al abná- 
cigo. A la par que nace el cebollino suelen nacer tam- 
bién hierbas por mucho cuidado que se tenga de ha* 
ccr los almácigos en el mismo lugar que otros años, 
y en tierra limpia de otras hierbas. Estas se arrancan 
de raíz cuando son tiernas, sin dejarlas tomar mucho 
cuerpo, so pena de que si no se hace a tiempo dan des- 
pués un trabajo largo y prolijo. 

454. — Cuando el cebollino se halla en estado de 
trasplantarse que suele ser por julio o agosto, se 
trasplanta en canteros preparados con abono de es- 
tiércol, pues tanto las cebollas como los ajos desús- 
tancian mucho la tierra y es menester todos los años 
o a lo menos a los dos años darle algún fomento, digo 
que se trasplanta del mismo modo que en el número 
448 se dijo se ponían los ajos, teniendo cuidado de 
no tapar con la tierra el ojo de la ceboUita que se ^^¿^ p. 
pone. Como la cabeza de ésta es mayor que la del ajo cebollas, 
se deben poner a mayor distancia, y la de una cuarta 
me parece la suficiente. A su tiempo, y sin perderlo, 
se carpen con escardillo; porque si hay descuido en 
carpirlas, cuesta después una semana de trabajo, lo 
que sm él sería obra de sólo un día. En estos dos 
últimos años faltaron las aguas en agosto, que fue 
cuando se trasplantó en mi chácara mucha parte de 
la cebolla, y para que no se perdiese me ocmrió arri- 
mar a los canteros que se habían de llenar de cebolla, 
una tina grande con agua, y que un hombre con una 
regadera echase el agua suficiente al surco que se ta- 
paba, y el pensamiento me salió feliz; porque no se 
me perdió la que puse, sin embargo de no haber llo- 
vido después en muchos días: y no se gastó mucha 



[47] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



agua en ese socorro; porque una regadera pequeña 
alcanzaba para un surco de seis varas. 

455. — La cebolla está sazonada a principioa de 

enero, lo que se conoce en que la rama se le adelgaza^ 
se marchita, y se dobla al suelo. Entonces y sin es- 
perar a que se seque del todo, se saca del mismo modo 
que se dijo de los ajos, y se enristra también del mis- 
mo modo, y con las . mismas condiciones. Sólo ad- 
vierto que lag blancas se enristren separadas de las 
coloradas, que son las únicas cebollas que en el día 
mpo d« lu se cultivan de cabeza redonda y aplanada; pues aun- 
•cha y mo- que yo he conocido especies de cebolla diferentes en 
<(• •nrli- hoja y figura de la cabeza, veo ahora que sólo se 
cultivan las dos que acabo de expresar: y conviene 
ponerlas en ristras separadas; porque algunos pre- 
fieren las coloradas a las blancas, y otros por el con- 
trarío. Yo estoy con los que prefieren las blancas, asi 
porque me parecen más suaves y más dulces, como 
por su color que tengo por más interesante. También 
se suelen preferir las blancas para algunos remedios: 
y no dejaré de referir uno» aunque parezca fuera de 
propósito, en que entra la cebolla blanca, por consi- 
derarlo de mucha importancia para la pobre gente de 
campo. Su noticia se la debo a mi amigo don José 
Raymundo Guerra, quien me refirió lo que se sigue: 

456. — Que en una ocasión hizo desde Montevideo 
viaje a Buenos Aires, y llevó consigo un criado, al 
que hallándose en aquella ciudad le acometió un fuerte 
dolor de costado. Una señora le aconsejó le pusiese 
un emplasto en la parte del dolor, hecho del modo 
siguiente: se toma un poco de jabón blanco de España 
y se pica menudo: se toman de cebolla blanca como 
dos o tres partes más, y también se pican, y mez- 

[48] 



OBSERVACIONES SOBRE AGitICULTUHA 



ciando el jabón y la cebolla se echa todo én una sar- 
tén, a la cual se le echa también un poco de aceite 
de linaza pioporcionado a lo que se va a ireír, y po- 
niendo la sartén al fuego se fríe la cebolla y jabón 
con el aceite hasta que todo quede bien suave y en 
estado de que aquella mezcla se pueda tender sobre demedio im 
unas lanaSj dispuesta» en forma de parche grande, tant» dign: 
correspondiente al dolor que aílije al enfermo. En laberse. 
ese estado y caliente,, cuanto el enfermo lo pueda su* 
fnr se le aplica a la parte del costado dolorida, su- 
jetando el emplasto con un ceñidor. Asi lo hizo, y 
me aseguró que al instante sintió alivio el enfermo, y 
sin otro remedio se puso bueno del todo, con la cir- 
cunstancia de que siendo antes de haber probado ese 
remedio muy perseguido de puntada de costado; desde 
que lo probó hasta el día en que me lo refería, no le 
había vuelto a acometer esa enfermedad. 

457. — Para confirmación de la eficacia de ese re- 
medio voy a referir lo que yo experimenté con él. El 
año de 4 me hallaba yo en la estancia que fue de mis 
padres con un criado que llevé conmigo* Una noche 
lo eché menos, y preguntando por él, me dijeron 
que estaba enfermo en la cama. M instante fui a ver- efíeocía 
lo, y lo hallé con mucha inquietud, quejándose de un firmado 
fuerte dolor de cabeza: le tomé el pulso, y advertí 
por él, que tenia un causón desesperado: hice que 
se abrigase y que se diese una naranjada caliente para 
ver si sudando se aliviaba: yo me acosté, y sin es- 
perar al dia me levanté tres horas antes que amane- 
ciese, pues era tiempo de noches largas, y me fui a 
ver al enfermo, a quien hallé muy fatigado, y ya con 
punta de costado manifiesta. A un criado de la están* 
cia te dije que apenas amaneciese;^ fuese al pueblo de 

[»] 



JOS£ MANUEL, P£H£Z CASTELLANO 



San José, distante de la estancia dos y media leguas, 
Y me llamase a un empírico sangrador que allí había. 
Entretanto el enfermo se hallaba cada vez más afligido, 
y yo deseaba darle un alivio pronto. Con este deseo, 
empecé a hacer reminiscencia del remedio que le había 
oído a mí amigo, y tuve la fortuna de acordarme, si no 
de la dosis, como tampoco me acuerdo ahora; por lo 
menos de los ingredientes que lo componían. Yo tenia 
jabón blanco, con que me afeitaba, tenía también ce- 
bolla blanca, y sólo me faltaba aceite de linaza; pero 
tenía aceite común de olivoj y dije: en caso de nece-- 
sidad un quid pro que puede ser bueno; y con el 
aceite común, el jabón y la cebolla, y ésta en más 
cantidad que el jabón, porque era de lo que más tenía, 
hice el emplasto que freí en una sartén, y tendí en un 
pellejito proporcionado de cordero, poniendo el em- 
plasto encima de la lana negra y suave que tenía el 
pellejo. Cuando me pareció que el emplasto se hallaba 
en estado de que lo pudiese sufrir el enfermo, fui a 
aplicárselo por mi mano en la parte dolorida del cos- 
tado; pero estaba tan sensible^ que con un movimiento 
violento e involuntario me separó buen trecho, dando 
un fuerte grito — de que no podía sufrir aquel em- 
plasto. Lo dejé enfriar un poco más, y exhortándolo a 
la paciencia se lo apliqué felizmente. 

458, ~ Mientras aplicaba el emplasto albeaba el 
día, y montó a caballo el destinado a llamar al enipí* 
fi6a Ifl na- ^^^^9 quien llegó a las dos o tres horas de haber salido 
racién. el sol. Cuando el sangrador llegó, el enfermo, que 
desde que se le puso el emplasto empezó a sentir ali- 
vio, se hallaba ya tan aliviado, que resolví el que no 
se sángrase, para lo cual referí al empírico lo que yo 
había hecho con el enfermo, y le~ repetí algunas veces 



[50] 



05SSRVACI0NES SOBRB AGRICULTURA 



toda la historia del remedio^ que queda expuesta, aña- 
diéndole que su visita se la había de gratificar como 
si sangrase al enfermo. Pero ni la historia, ni mis 
razones le satisfacían; porque me decía que ya él 
tenia noticias de ese remedio; pero que siempre era 
buena la sangría como su auxiliadora. En esta con- 
tienda nos llevamos toda la mañana, y parte de la 
tarde; porque el empírico comió comnigo, hasta que 
viendo que yo me mantenía inapeable, se rindió a lo 
que yo le persuadía amigablemente; pues me intere- 
saba no disgustarlo por lo que se me pudiera ofrecer. 
Yo le di un par de pesos por su visita, que no le fue 
infructuosa por la noticia que a ojos vistos adquirió 
del remedio, que tal vez habrá aplicado ya con buen 
suceso, y se despidió quedando conmigo en que vol- 
vería con la lanceta siempre que yo lo llamare. Por 
fortuna no tuve que üaniarlo; porque con el emplasto, 
que se le repetía al enfermo cada doce horas, se fue 
mejorando sucesivamente hasta que se puso bueno del 
todo: con la circunstancia de que el enfermo en diez 
años que van corriendo a fines del presente de 13, 
no ha vuelto a &er atacado de esa enfermedad; siendo 
asi que de ella había estado dos años antes sacramen- 
tado en mi casa» y años antes a ésos había estado muy 
gravemente enfermo en la de otro amo que tuvo» Los 
hombres de campo son los más expuestos a esta terrible 
enfermedad; porque a cada paso se mojan, tal vez sin 
mudarse ae les seca la ropa en el cuerpo; y otras veces 
hallándose acalorados después de alguna fatiga beben 
con ansia agua fresca, que les ocasiona ese mal pleu- 
rítico. Entre los criados que he tenido sucesivamente, 
cinco se me han enfermado de él; dos murieron asis- 
tidos de médico a tiempo oportuno, y tres escaparon, 



[511 



JO@E MANUEL PEREZ CASTELLANO 



entre los que cuento al del emplasto* Por cuyo motivo 
no he reparado en ser tal vez importuno por el interés 
de que se sepa un remedio fácil, que nunca puede cau- 
sar daño; y puede ser de mucho alivio a los que se 
hallan en paraje, que no pueden tener médico que los 
asista, o tal vez excusarlo. 

459. — Iba diciendo que las cebollas blancas se en- 
ristrasen separadas de las coloradas, y dicho se está 
que enristradas se deben poner al sol uno o dos días 
a fin de que se oreen; o se sequen sus ramas: y des- 
pués de secas se cuelgan del mismo modo y con las 
mismas condiciones que se dijo de los ajos en el nú- 
mero 452. Cuando se recogen las cebollas nuevas, que 
y modo segúu se ha dicho, a principios de enero, ya la 
r la M- semilla de las del año anterior que se pusieron de 
verdeo con el objeto de que la diesen, eslán muy cer- 
canas a sazonarla; pues la semilla sazona a mediados 
de enero, cuando más tarde. Entonces se recogen en 
tipas las alcachofas, o por mejor decir las borlas en 
que las echan» y puestas al sol encima de unos cueros 
se resecan bien. Los cueros de noche o se ponen unos 
sobre otros con la semilla que tienen, y se tapa el úl- 
timo con un cuero grande que los tapa a todos, o 
se doblan sobre sí mismos, esto es la mitad de un 
cuero sobre la otra mitad que contiene la semilla: y 
así doblados se sujeta la mitad que tapa a la otra con 
un par de piedras medianas hasta que al día siguiente 
se vuelven a desdoblar, o a separar los que están 
cargados unos sobre otros, extendiendo en todos la 
semilla a íin de que con el sol sei reseque bien. 

4ó0« — Luego que está bien reseca se desgrana so* 
bre un cuero, refregándola entre las manos hasta que 
salga del casullo en que está encerrada. Cuando se 

[62] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



ha desgranado bien o el todo o parte considerable 
se avienta can un aura ligera, porque siendo viento 
se la lleva, y se guarda sin mojaila dentro de calaba- 
zos, en frascos, que no se cierran herméticamente, o 
en una bolsa. Digo sin mojarla; porcpie pasada por 
agua, como hacen algunos para separar la fallida de 
la que no lo está, la granada se desvirtúa alguna cosa, 
y sólo se puede sembrar dentro del mismo año, por- 
que no alcanza a nacer en el siguiente; falta que no 
tiene la que se limpió sin mojarla; pues no sólo nace 
en el mismo año en que se recoge, sino también en el 
siguiente, lo que es de mucha ventaja; porque suce- 
diendo con frecuencia el que se pierda en un año la 
semilla de cebolla o por lad nieblas que la apolvillan, 
o por algún otro contratiempo, tiene el labrador en 
la semilla vieja que le sobró un recurso para con ella 
hacer almacigos en el año, en que mancó de dar se- 
milla la cebolla. He dicho también que si se guarda 
en frascos no se cierrerL herméticamente; porque ce- 
rradas las semillas, tanto <Íe cebolla como de coles o 
cualesquiera otras, sin dejarles respiradero; los mis- 
mos efluvios que despiden, por secas que se hayan 
recogido y guardado, revuelven sobre ellas mismas, 
las humedecen, las fermentan y las pierden: de lo 
cual tengo experiencia propia en semillas de estima- 
ción que he recogido^ y creyendo conservarla mejor, 
y menos desvirtuadas, no dejándole respiradero al 
frasco que las contenía; me las ha perdido ese cui- 
dado excesivo. Así reputo por vasijas más ventajosas 
que las de cristal para guardar semillas* los pobres 
calabazos de que nos provee con mano liberal la na- 
turaleza. 



[63] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



461. — Cuando se ponen tablones de cebolla de 
verdeo para semilla^ se pone un tablón de la blanca» y 
otro de la colorada, y cuando se recoge, se hace la 
cogecba sin confundir los colores; pues la separación 
no añade trabajo, y puede traer alguna utilidad. Dije 
en el numero 453 que la semilla se sembraba en el mes 
de mayo y junio; porque así se debe bacer para lo- 
grar cebolla de buena calidad, sana, y limpia de tallo ; 

o de loitt^ pVLts no lo echa la que se siembra tarde> porque no 
cebollino, tiene' tiempo para eso. Pero los que llevan o mandan 
hortalizas diaria a la plaza, consumiendo^ según se 
deja entender, mucha cebolla; para lograr abundancia 
de ella en todo el año, empiezan a sembrar alma- 
cigos desde el mes de enero, en que se recoge la se- 
milla; y siguen sembrándolos en todos los meses hasta 
el mes de jiilio inclusive, si tienen cómo regar la que 
sembrada en ese mes, se trasplanta a fines de setiem- 
bre. De ese modo con la cebolla que sembraron en 
los primeros meses hasta mayo, logran cebolla nueva 
que vender, cuando la que se puso a verdear de ca- 
beza, se entallece mucho: y logran asimismo cebolla 
de cabeza limpia y sana en las que sembraron de al- 
macigo en mayo, junio y julio. 

462. — Por bien acondicionada que esté la cebolla 
que se guarda, se empieza a grillar cuando la llama 
el tiempo, que es por abril, y entonces se pone en 
la tierra, a lo menos la que se ha grillado, para gastar 

d* wr ^ verdeo. Pero para recoger semilla con más se- 
lear, ' guridad conviene detenerse, si la cebolla no ejecuta 
mucho, hasta el mes de junio o julio: porque puestas 
las cabezas en esos meses se entallecen algo más tarde, 
y los tallos no se exponen tanto a los hielos, que los 
suelen perder cuando son fuertes. Se acaba de decir 

[54] 



OBSERVACIONES SOBRfi AGRICULTURA 



que las caberas que ae ponen en la tierra para semilla 
conviene ponerlas por junio o julio, y repito también 
lo que arriba dije de que la cebolla blanca se ponga 
en tablón separado del dq la colorada: así como 
se dijo que convenía recoger las semillas sin confun- 
dir los colores. Puesta la cebolla de cabeza se escar- 
dilla antes que la maleza la sofoque y se aumente más 
el trabajo; porque ese~ cuidado continuo en todas las 
cosas ,que se siembran es necesario tenerlo para lo- 
grarlas: y . ai después de logradas halla el labrador 
quien se las compre; y no quien se las quite, puede 
darse por contento y venturoso. 

COLES, COUNABOS, COLIFLORES, BROCULIS, 
NABOS Y RABANOS 

463. — Aquí he visto cultivadas, y aún se han cul- 
tivado en mi chácara, muchas especies de coles; por- 
que se han cultivado las que llamaban de Genova, 
que son unas coles de suyo, pequeñas, sencillas o de coíes varí 
pocas hojas, qu^ apenas crecían y echaban ocho o pecíes 
diez, se cerraban en un repollo pequeño, muy redondo 
y apretado, que las hacia apreciables para el estío; 
porque cuando en las otras coles no se veia repollo 
ninguno en ese tiempo, lo tenían las de Genova. Pero 
estas coles se desaparecieron, aunque a mí me parece 
más bien que se transformaron en coles y repollos 
-grandes que sólo cerraban desde abril hasta agosto, 
en que empezaban a subirse: se han, cultivado las ro- 
manas, que en el tallo de la hoja tenían en vez de 
tallo una penca ancha, bien semejante en eso a las 
acelgas, las que repollaban también a su tiempo, que 
era el común: se han cultivado unas crespas, finas, 

[56] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



tan dengueadas y tan plegadas, que sus hermosas ho- 
jas, a más de ser buenas para la olla, servían en los 
floreros para adornar las mesas y divertir la vista: 
se han cultivado unas grandes de hoja cumplida, que 
echaban el repollo grande y también cumplido: se 
han cultivado otras de hoja redonda, de un verde os- 
curo, con repollo grande y también redondo* En fin 
se han cultivado otras muchas y varias especies, que 
es difícil, y no es necesario nombran 

464* Hay poco más de treinta años, que empleé 
veinticinco pesos en varias semillas de Europa y en- 
tre ellas venían unas con el nombre de coles lombar- 
das, tal vez por ser oriundas de la Lomb ardía en 
Italia. Son de un verde más oscuro que el de las otras 
especies^ llenas sus hojas de desigualdades en la super- 
ficie. Estas han tenido aquí boga tan grande, que son 
las que en el día se cultivan generalmente; pues están 
mborda. reputadas por más tiernas, que las anteriormente nom- 
bradas. Un día que estuvo en mi chácara don Felipe 
Arguibel, y vio e<«as coles y unas lechugas blancas 
crespas con repollos grandes, que compré también con 
las coles, le parecieron tan extraordinarias así las co- 
les como las lechugas, que me pidió para Buenos Aires 
semillas de unas y de otras: y a loa pocos años des- 
pués las vi generalizadas en aquellas quintas tanto 
las coles como las lechugas. 

465. — Las semillas de coles se recogen por diciem- 
bre, que es cuando se hallan sazonadas y secas: y los 
■po de lo <V^^ mantienen hortaliza diaria en la plaza, las siem- 
temílla. bran de almacigo para su surtido en casi todos los 
meses del año; pero los que ponen coles para poco 
más que el gasto de su casa, sólo las siembran de al- 
macigo por julio o agosto para trasplantarlas por oc- 

[56] 



I 



OBSEBVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



tubre poco mág o menos. Cuando se trasplantan, si 
la tierra no es abonada, o de suyo no es de mucha 
vegetación, se hacen casillas, como se dijo se debían 
hacer para las habas en el número 408, y se echa en 
ellas una embosada de estiércol antes de trasplantar 
las coles. Esta es una planta que abona la tierra y la De su ü 
enriquece en vez de empobrecerla. El mecanismo con 
que eso se hace no es de mi instituto, ni me es fácil 
adivinarlo, cuando a primera vista más bien parece 
que debía empobrecerla; porque asombra con sus gran- 
des hojas la tierra, e impide que los meteoros obren 
tan libremente en ella, como en la sembrada de ajos 
v cebollas, que la empobrecen según se dijo en su 
lugar. Para recoger semilla de coles se eligen las más 
finas, y se clava a su lado una caña para conocerlas Modo d 
y recoger a su tiempo la que echan v sazonan. Pero plant 
lo más seguro es sacar los tronchos de lasi coles más 
finas, y ponerlas por separado lejos de la vista de 
otras coles; porque dicen los que todo lo especulan, 
y atiaban a la naturaleza en sus más misteriosos ca- 
minos, que vician a las flores finas y las hacen bas- 
tardear los polvos de las flores groseras^ que conduce 
el aire, o tal vez las mariposas, las moscas y abe- 
jones, que de flor en flor andan chupando su jugo. Precouci 
Aunque en una chácara no se gasten todas las coles ^ • 
que se ponen, conviene plantar un tablón regular; 
porque a más de que abonan la tierra según se ha 
dicho, en el invierno cuando escasean los pastos^ se 
entretienen los bueyes con las que ae les echan, y 
hacen parte de su alimento. 

466. — Colinabo es una col pequeña que echa po- 
cas hojas sobre un nabo limpio, redondo, bastante 
grande, que se cría a la flor de la tierra, y casi todo 

[57] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



al descubierto sobre una tbíz delgada; el nabo está 
vestido de una corteza en todo semejante a la que 
tiene un troncho de col. Aunque he tenido de estas 
fnabo. coles en mi chácara, no las he probado aún, ni he 
oído hablar de ellas ni bien ni mal. Como es planta 
que se ha tenido más por curiosidad que por otra 
cosa, después que ésta se ha satisfecho, ha desapare- 
cido de aquí, y creo que es« poco lo que se ha perdido, 

A67. — La coliflor es una col de hojas cumplidas 
y estrechas, que por mayo, junio y julio hasta agosto, 
en que se espiga, echa en el medio una pella grande 
de flores en embrión^ muy agrupadas, la que se cue- 
ce con agua para ensalada, y se suele también echar 
en la olla en vez de coles. Se hace también con ella, 
después de cocida y deshecha con una cuchara, al- 
guna tortilla con huevos batidos, echándole al todo 

Uflor. la azúcar correspondiente. Compuesta la coliflor de 
este modo es como a mí me gusta más, y creo que es 
de aceptación general; porque la tortilla sale blanca 
y tan tierna, que parece haberse hecho con leche, y 
haciéndola gruesa puede en una mesa hacer el papel 
de un budín, sin ser tan pesada ni tan costosa» como 
lo es éste. En este país degenera la coliflor, y es ne- 
cesario hacer venir de Europa la semilla con frecuen- 
cia, no sé de qué parte; porque en España se dice 
que la traen de Italia: y habiéndola yo por eso en- 

le^mra* cargado a la Italia, me respondió el sujeto a quien 
la pedí, y de quien estaba seguro que deseaba servir- 
me, que a Italia se llevaba de España. Tal vez en 
algunos pocos lugares de España se sostendrá y reco- 
gerá fina, y lo mismo puede suceder en algunos otros 
de Italia: y todos decir bien en lo que dicen. Pero 
de dondequiera que Tenga, ello et 'cierto que es nece- 

rsg] 



OBSERVACIONSS SOBBS AGRICULTURA 



Bario hacer Yenir con frecnencia la buena semilla de 
Eturopa. 

468. ^ Sólo en una ocasión compré semilla de co- 
líflor» y el que me la vendió me dijo que era cogida 
en Buenos Aires; pero me añadió que era buena, y 
efectivamente lo era, porque con ella me salieron co- 
liflores finas. Yo he procurado recoger buena gimiente 
no sólo eligiendo para eso l«s coliflores más finas, 
sino también poniéndolas fuera de la vista de plan- 
tas del mismo género; y no he podido recogerla nunca Modo de 
sino degenerada. Si hay en una huerta buenas coli- 
flores se pueden éstas propagar sin semilla del modo 
que voy a decir, no porque yo lo haya experimentado; 
sino porque me lo han asegurado los que lo han 
hecho, o los que lo han visto hacer: y yo lo creo 
porque es muy verosímil. Después que a una coliflor 
se le corla la pella-, el tronchoj que es alio, se inclina 
algo a la tierra, sin desarraigarlo, del todo, y se cubre 
con ella el extremo en que se corló, y con sólo ese 
cuidado brota por donde está descubierto, y echa re- 
nuevillos que se trasplantan en hallándose en aptitud 
para eso* Esos renueviUos arraigan, y de ellos se crian 
coliflores tan tinas como la que antes había dado 
el troncho de donde salieron. Se hace esa diligencia 
de inclinar el troncho y cubrir con tierra la parle cor- 
tada; porque sin ella casi siempre se pierden losi 
tronchos de coliflor, empezándose a podrir y secarse 
por el corle que se le hizo: lo que he experimentado 
yo generahnente con todos o casi todos los tronchos 
de coliflores; siendo así que no sucede lo mismo con 
esa generalidad a los tronchos de otras especies de 
coles que se descabezan. 



- 



JOSE BfANUSL PEREZ CASTELLANO 



r6eul?« 



469. — Después que me han dicho lo que queda 
expuesto, me ha ocurrido que se podrán también lograr 
renuevos, si dejando el troncho derecho como está, 
se cubre la parte cortada con tierra, y ésta se asegura 
sobre la cabeza con un tr^ipc que se ciña algo más 
abajo. Pero esta ocurrencia se puede poner en prác- 
tica con algunos tronchos, sin oTriitir el método que 
otros han probado ya ser bueno: porque si con la 
tierra puesta encima del corte y sujeta con un trapo 
86 consigue que el troncho no se pierda y que brote; 
se consigue la ventaja de que al troncho no se le 
hace violencia, y no desarraigándose en parte alguna, 
tal vez echará por eso renuevos más vigorosos. Ha- 
biendo buena semilla, se debe ésta sembrar, cuando 
más t^prano por setiembre; porque si se siembra 
antes y la coliflor crece mucho con los calores de la 
primavera, se espiga antes de tiempo, y no se logra 
en el que ya hace frío la pella tupida, en que consiste 
todo el mérito y fruto que se espera de esa planta. 

470« — El bróculi es una especie de col que tiene 
las hojas más recortadas que la coliflor, y su color 
es de un verde oscuro que tira a azul, y suele teñirse 
de morado el tallo de la hoja. Yo he experimentado 
que las plantas que lo tienen sin ese teñido, y son 
casi del mismo color que en las otras coles, son mejo- 
res y más tinas que las teñidas de morado; porque 
éstas echan los grupos de flores, pequeños y despa- 
rramados; en vez de que las plantas con el color 
común en el tallo de la hoja, pero siendo ésta de un 
verde azul, dan una pella tan grande y tan unida 
como las coliflores, a más de los grupíllos que echan 
desparramados en otras partes del cuerpo de la planta. 
Yo be tenido bróculis de esta especie, y de ellos he 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTtniA 



logrado semilla^ que en nada degeneró, mientras en 

mi chácara se cultivaban hortalizas, y se tenía con 

las semillas otro cuidado que el que ahora se tiene. 

Para mi gusto el bróculi es hortaliza más fina que la Tiempo de s 

coliflor; porque a ésta le he sentido siempre en las brarlo,, 

ensaladas, y aún en la olla, un amargor, que nunca 

le he percibido al bróculi. La semilla se siembra por 

setiembre como la de coliflor, y por la misma razón 

que se expuso al fin del número que antecede, 

471. — La semilla de nabos se suele traer de Gali- 
cia, en donde los de Lugo se han hecho famosos por 
su tamaño y ternura, y cuando es recién Segada se 
suelen lograr nabos finos y sostenerse por a]¿unos 
años. Se siembran por marzo o abril, no en almacigo, 
sino tirando la semilla muy clara en alguna tierra 
hecha y que se halle bien abonada, como suelen es- 
tarlo las de las cercanías de la casa, o las que están Noboi. 
más abajo e inmediatas a algún corral de animales^ 
a las que alcancen las aguas que de él salen. Esta 
planta si es de poco ménto, tampoco exige mucho 
cuidado; porque sólo con arrojar claras las semiUaa 
por noviembre o diciembre en tierras hechas y de 
las calidades expresadas, por mayo se ven ya nabos 
crecidos, y mucho más por junio y julio. Ni aun 
necesita esa semilla que para día sola se haga tierra, 
basta que cuando se carpen porotos u otra planta de 
verano, se arroje en la tierra que se carpe antes o 
después que ha pasado la azada. Digo que se ven 
luego nabos arrojando la semilla del modo que queda 
dicho; porque los nabos se ven descubiertos en la 
superficie de la misma manera que los colinabos, 
aunque algunas veces suelen también hallarse ciibier- 
tos. Los nabos para ser buenos deben ser redondos, 

[61] 



JOSE aiANUEE^ FERBE CAdTELLANO 



aplanados, límpíofi y sin otra raíz que una delgada 
que desciende recta de la parte inferior del nabo. 
Cuando la semilla está sazonada, lo que se conoce 
sólo con verla, se recoge, y se elige sólo la de los na- 
bos finos para sembrarla a su tiempo. Algunos la 
siembran también antes del tiempo que arriba se dijo; 
-npo de sem- V^^^ lo9 nabos que no se hacen con el tiempo frío no 
brarlos^ son tiernos y tienen más resabio a montecino. No sé 
si los nabos entran también en la prohibición caba- 
lleresca de los ajos; ni me acuerdo tampoco si alguna 
vez don Quijote le da en rostro a su escudero de 
ese grosero alimento, o sí el mismo Sancho Panza 
hace confesión ingenua de que lo usaba. Esto último 
me parece más propio de la discreción de don Qui- 
jote, o por mejor decir de la de Cervantes^ que en- 
gendró a aquel héroe en su cabeza fecunda. Sólo aé 
que loa nabos no son un alimento ni fino, ni delicado. 

472. — Los rábanos son de tres especies; los hay 
blancos que son muy bravos: morados que también 
lo son, y rojos que son los finos y buenos. Creo que 
las dos primeras especies son rábanos degenerados, 
que provienen de los buenos, y se hacen silvestres al 
menor descuido, como sucede en otras muchas plantas, 

ftxu P*^r no decir en todas, así de hortalizas como de árbo- 

Kabonoa, i j i i 

les, que se degradan poco a poco, y algunas con mu- 
cha rapidez. Los que mantienen hortaliza todo el año, 
siembran rábanos todos los meses en canterillos pe- 
queños, bien estercolados-, que suelen poner a riego; 
se siembran no tan claros coma los nabos, ni tan espe- 
sos como otx*os almacigos, sino en la proporción co- 
rrespondiente al grueso que se les deja tomar, que 
nunca debe ser mucho; porque los rábano» wc deben 
comer tiernos, y cuando no tienen más que una pul* 



[62] 



OBSSItVAClONXS flOBRB AGRICULTURA 



gada, o poco más de diámetro. Los que no los siem- 
bran sino para su consumo, claro está que no tienen 
que sembrarlos todos los meses, sino sólo en los de 
marzo y siguientes hasta la primavera; y aun entonces 
no siendo esa hortaliza necesaria como la cebolla, que 
después de la sal, se reputa aquí por indispensable para 
sazonar la comida, y tomándose sólo en ensalada, o 
por sí solos y en muy poca cantidad, no hay para qué 
apurarse en sembrar muchos ni en todos tiempos. La 
semilla de los más finos se recoge cuando se ve sazo- 
nada^ sin que sea necesario señalar tiempo, ni otra 
regla que la de la vista, 

SALUTACION OPTATIVA Y DEPRECATORIA 
POR EL PRIMERO DE ENERO DE 1814 

473. — Acaba de amanecer para nosotros el primer 
día del año de 1814. Yo os doy su bienvenida, labra* 
dores del Miguelete, que respiráis aún entre las comu- 
nes desgracias, con que nos oprime la guerra civil, y 
os mantenéis buenos y con ojos para llorarlas. Os la 
doy, hacendados habitantes de esta campaña: a unos y 
a otros deseo que tengáis larga vida para reparar, 
cuando cese el azote con que nos castiga el cielo, la 
aniquilación o el despojo que habéis sufrido en vues- 
tros bienes y fortunas. A vosotros, ejército de Buenos 
Aires, os la doy también, a vosotros que conducidos a 
esta banda con la errada idea de liacernos felices, nos 
habéis colmado de males; porque faltos de los medios^ 
con que sólo se puede hacer una guerra fructuosa, o 
por lo menos decente; la necesidad o la desesperación 
os ha precipitado a excesos, en que tal vez nunca pen- 
sasteis. ¡Ojalá — que este primer día del año sea prin- 

[63] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



cipio para todos de días más faustos y felices que los 
del pasado! [Ojalá que el niño Dios, cuyo nacimiento 
acabamos de celebrar, nos traiga a todos la paz, en 
Él anunciada a los hombres por el cielo! ¡Ojalá fuera 
yo tan feliz, quet pudiese pronto anunciar a todos esta 
buena nueva! ¡Ojalá que el nombre de JESUS^ que 
se le impuso en su dolofosa circuncisión, y el ángel lo 
había nombrado antes de ser concebido; ponga freno 
a las pasiones que nos ciegan, que cesen por este nom- 
bre admirable los odios y las discordias entre los que 
deben ser hermanos: que no haya entre nosotros dife- 
rencia de americanos y europeos: que todos nos estre^ 
chemos por el vínculo de la candad cristiana: que vi- 
vamos unidos en el gremio de la Iglesia Católica, y de 
la religión que en ella profesamos: que cumplamos 
religiosamente con la obligación sagrada del juramen- 
to, que por nuestra espontánea voluntad le hicimos a 
Dios a favor de Fernando Yll — que éste sea nuestro 
Rey mientras viva, y que lo sea sujeto a una decorosa 
y racional constitución] Estos son mis más ardientes 
votos, y el que se cumplan antes que yo cierre los ojos 
a la vida presente. Dios me lo conceda por su bondad 
infinita, y por los méritos de la infancia de nuestro 
Divino Salvador. Después de esta salutación*, optativa, 
correspondiente a las circimstancias del tiempo, del 
día, de mi estado y de mi edad voy a continuar la 
materia en que me hallaba. 

LECHUGAS Y ESCAROLAS 

474. ^ Se han cultivado aquí muchas especies de 
lechuga. La primera que yo conocí en Montevideo, 
pues la conocí desde lúoo y era U única que en aquel 

[MI 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



tiempo conocí, fue la flamenquilla blanca. Esta es una 
lechuga pequeña de un verde claro en la hoja, que es 
redonda y algo crespa: es luchuga fina, y para mi gua- 
to la mejor- entre cuantas he conocido después. Desde 
que empieza a crecer, que es por el equinoccio de 
marzo, se puede usar de ella con gusto en ensalada, 
que se llama de lechuguino. Por mayo empieza ya a Negra, 
repollarse, y se sostiene con repollo hasta mediados de 
octubre, en que se espiga. Esta semilla, que, como he 
dicho, es de la mejor lechuga que he conocido, se ha 
perdido en Montevideo ; pues a cuantos he preguntado 
por ella me han dicho que ya no la hay. La flamen- 
quilla negra es la única que la puede sustituir^ y se 
llama asi, porque en todo conviene con la flamenquilla 
blanca, sin más diferencia que la del color en semilla 
y hoja; pues en la negra no sólo es negra la semilla, 
sino también la hoja que es de un verde oscuro. 

475* — Aquí hubo otra especie de lechuga, que se 
llamaba colorada, u oreja de muía; porque tenia las 
hojas largas, que remataban en punta con alguna se* 
mejanza a las orejas de una muía. Tenia la semilla 
negra: se sembraba por marzo, y cuando estaba cre- 
cida, en las inmediaciones de la primavera, se ataban 
sus hojas para que blanqueasen, y como en el tallo de 
ellas se viesen listas rojas, le Mamaban también coló- ^^^^^ , 
rada. Era tierna y dulce hallándose blanqueada, pero 
siendo necesario para eso el cuidado de atarle las ho- 
jas, esa incomodidad, que no era poca, la hÍ2o olvidar; 
y se ha perdido aquí su semilla» Otra especie de le- 
chuga se ha cultivado, y se cultiva aún, que llaman 
blanca grande, porque su semilla es blanca y la le- 
chuga grande con hojas redondas hacia la punta; pero 
más largas que las de una y otra flamenquilla: aun- 

[65] 



JOSE MAKUEL PEREZ CASTELLANO 



que no llega a U finura y delicadeza de éstas, es le- 
chuga bastante apreciable porque se sostiene sin espi* 
garse por lo menos un roes mis que todas las que se 
cultivan. No fomia verdadero repollo; pero sus hojas, 
ica grande, gjjj^ q^^ ¡ag aten, se blanquean suficientemente, porque 
las echa espesas y unidas. Estas calidades la han hecho 
preferida para el verano a todas las otras, que sólo 
se comen en todo su crecimiento desde mayo hasta oc- 
tubre; en vez de que la blanca grande suele aun estar 
buena por diciembre, en que se espiga* 

476. — Por último se cultivaron lechugas blancas 
escaroladas, cuya semilla compré con las de las coles 
lombardas según ge dijo en su lugar. Tenía la sencilla 
blanca, y la lechuga era apreciable porque por todo 
octubre y parte de noviembre se conservaba en repollo 
grande muy tierno. No sé de qué parte de Europa vino 
esa semilla; porque si aquí causó novedad cuando se 
vio por la primera vez, la misma advertí que les cau- 
saba no sólo a los españoles europeos que la vieron, 
sino también a muchos italianos a quienes oí no ha- 
berla visto jamás ni en España ni en Italia. En mi 
chácara hubo descuido con esa semilla» como lo hubo 
carolada. también con la de la flamenquilla blanca: y así se me 
desapareció una y otra lechuga. De ninguna siento 
tanto la pérdida como la de la flamenquilla blanca. 
Hay tres años que uno rae dijo tenía en su huerta le- 
chugas escaroladas, y de ellas me envió semilla: cuando 
vi que era negra juzgué desde luego que me había 
enviado lo que yo no deseaba. No obstante sembré la 
semilla, y me salió lechuga escarolada; pero no de tan 
buena calidad como la que yo había tenido de semilla 
blanca; porque ésta formaba repollo grande, apretado 

[66] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTtTRA 



Y más sostenido, que el de la negra que es pequeño, 
flojo y que en pocos días se espiga. 

477, — De todo lo dicho juzgo por conclusión, que 
las lechugas que echan la semilla negra son degenera- 
das de las semejantes que la echan blanca: y que para 
conservar en una huerta buenas lechugas» conviene 
ceñirse sólo a tener pocas especies y buenas; porque 
- habiendo muchas especies cercanas, se cruzan^ se ba- Espe 
rajan y confunden las especies, sacando en esta lucha poca» y 
el peor partido las finas y delicadas; pues por natu- 
raleza las plantas tiran a hacerse silvestres según lo 
acredita la experiencia en muchas que se cultivan : veri- 
ficándose la sentencia de Virgilio expuesta en el nú- 
mero 213^ y que por abarcar^ un hortelano muchas es^ 
pecies diferentes, llega por fin a no tener ninguna bue- 
na. Ello es cierto que mientras la flamenquilla blanca 
estuvo sola en Montevideo, se mantuvo fina y sin alte- 
ración por muchos años; y que se ha desaparecido o 
confundido con otras no tan buenas, cuando se han ji^mp 
introducido aquí nuevas especiea. Si volviese a apare- wrnfa 
cer la flamenquilla blanca, sola ésta tendría yo para 
los meses fríos ¡ y para los que no lo son tanto tendría 
sólo la blanca grande. Los que mantienen hortaliza 
diaria ponen almacigos en todos tiempos; pero los que 
no» a los principios de marzo ya indicados. £1 tiempo 
de recoger las semillas de todas la» especies es a prin.'< 
cipios de enero, días más, días menos. 

478« — He conocido aqui tres especies de escarolas: 
una de hoja ancha y larga: otra de hoja muy rizada 

no tan larga; y otra en fin de hojas delgadas muy 
recortadas, que llaman endivias. Todas tres son bue- 
nas. Se siembran de almácigo por octubre a fin de que 
no fie espiguen antes de tiempo si los calores las toman 

[07] 



JOSB MANUEL FSREZ CASTELLAKO 



ya muy crecidas, sin haber cesado aun. Por abril o 
npo dm mayo se empiezan a atar las más crecidas para que 
brarloi. blanqueen sus hojas, y se comen cuando se han puesto 
blancas. La semilla se recoge cuando la de las lechu- 
gas, o cuando se ve que está sazonada, que es la regla 
más segura. 

REMOLACHAS, ACELGAS, ESPINACAS, 
SE TRATA TAMBIEN DEL CIGOÑAL. 

479. ^ La semilla de buenas remolachas viene de 
Europa. A mí me vino de Italia en una ocasión, y eran 
finas las remolachas que me nacieron; pero creo que 
por lo común vienen de la Gran Bretaña; pues a más 
de haber oído que los ingleses son aficionados a la 
ensalada de remolachas, me han asegurado que de allá 

rochat. vienen muy finas. La remolacha es una especie de 
acelga que tiene las hojas de un verde oscuro, teñido 
su tallo y todas las ramificaciones, que de él proceden, 
de un morado subido: A la flor de la tierra hecha un 
nabo, grande más o menos, limpio, redondo y tierno, 
que cuando se parte, sea crudo sea cocido, presenta 
un color muy hermoso de púrpura, que hace a esa en- 
salada muy vistosa para una mesa. Su gusto es bueno 
y suave, y tiene por él y por su color muchos apasio- 

rcjean ^^dos. Todo el mérito de esa planta consiste en el nabo, 
siendo limpio da otras raíces, a no ser la que del medio 
por la parte inferior desciende recta para abajo. Siem- 
pre que el nabo tenga más raices es porque empieza a 
bastardear y bastardea aquí del todo a los pocos años 
por mucho cuidado que se tenga en la elección de la 
planta para semilla, y por eso es menester hacerla 
venir de Europa con frecuencia. Cuando bastardea 



[68] 



OBSERVACIONES SOBBS AGRICULTURA 



del todo, en vez de nabo redondo y tierno, echa uno 
largo, leñoso y lleno de raíces laterales, y en ese estado 
nada vale la planta; pues no sé que se apliquen sus 
hojas para cosa ninguna. Las remolachas se siembran 
de almácigo por el equinoccio de setiembre a fin de Tiempo 
que no se suban con los calores inmediatos, que se »«mbra 
siguen, si las hallan muy crecidas. Se hace el ahná- 
cigo donde esté el agua a mano, y se trasponen en 
tierras de mucho jugo y bien abonadas a fin de que 
el nabo halle facilidad a extenderse en con tomo. Sue- 
len dar nabo tan grande que de él cortado en rebana- 
das delgadas se hace ensalada capaz de satisfacer a 
cuatro que sean golosos de ella. 

480. — Las acelgas se crian buenas aquí sin cui- 
dado; porque dondequiera que se planten se reprodu- 
cen del raigón, que es permanente y dura muchos años, 
y de la mucha semilla que arrojan. Por esto si se han 
sembrado una vez en tierras gordas, no es menester Ac^ig 
más para lograr buenas pencas cuando las noches son 
ya largas y en todo el invierno. No obstante eso veo 
que algunos hortelanos eligiendo semilla de las que 
echan el tallo más ancho, la siembran de almácigo por 
enero o febrero, y las trasplantan para lograr a mano 
buenas acelgas. De ellas se componen muchos guisos 
que saben los cocineros, y pasan por una verdura salu- 
dable. Las espinacas, que parecen también de esa fa- 
milia, exigen el que se siembren todos los años; por- Eiptna 
que su raíz no es permanente como la de las acelgas. 
Se siembran o en almacigo para trasplantar después, 
o en donde deben quedar para aprovecharse de sus 
hojas, que es lo que sólo se gasta en los guisos. Si se 
ponen donde deben quedar^ que es lo que más fre- 
cuentemente se usa, se siembran más claras. 



[09] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



481. — Me ha parecido conveniente tratar en este 
artículo, y antes de pasar adelante, de los cigoñales; 
porque siendo solamente do» las chácaras que en el 
Miguelete tienen riego de agua viva corriente; todas 
las demás tienen que acogerse a los cigoñales para 
extraer con ellos o de laguna natural que haya en lu- 
gar oportuno, o de algún pozo que se hace a las ori- 
llas del arroyo, el agua necesaria para regar las plan- 

ofiol, tas que lo exigen. Con este sencillo instrumento se 
extrae agua tan copiosa, cuando trabajan dos cigo- 
ñales a la par, que es necesario que se hallen muy bien 
dispuestas las eras en que entra el agua, y que el que 
la conduce esté muy pronto para cerrar las que se rie* 
gan, y abrir las en que debe entrar el agua; porque 
de lo contrario ésta reboza breve, y descompone las 
era3« Todo esto es tan sabido al que lo ha visto alguna 
vez que no tengo que detenerme en esa descripción, 
que sería larga e inútil. Sólo se me ofrecen decir sobre 
la materia las condiciones que deben tener los cigo- 
ñales para que faciliten el trabajo: pues he visto que 
algunas veces es mayor do lo que debía ser por fal- 
tarles alguna de las condiciones que requieren, y son — 

482. ^ Primera — que el pilar, sea de madera o 
sea hecho con cal y ladrillo, en que se pone el eje so- 
bre que se apoya y juega la palanca, esté distante del 

eionet saque o del lugar donde pone los pies el que la maneja, 
Mal de cinco a seis varas. La razón es porque si el pilar 
está cerca, al que saca el agua trabaja con una palanca 
corta, y todos saben por experiencia, y sin recurrir a 
principios de maquinaria, que la palanca corta no au- 
xilia tanto al que con ella mueve un peso, como la que 
es larga y en una justa proporción. £1 mayor trabajo 
que tiene el que maneja el cigoñal es de bajar el balde 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



hasta el agua, venciendo el obstáculo del contrapeso, 
que, en el extremo opuesto al en que está el balde^ le 
resiste el bajarlo; pero si la palanca con que lo baja 
es larga desde el punto en que la palanca se apoya 
sobre el eje hasta en el que está de pie el que la ma- 
neja, con facilidad lo baja, cargando algo el cuerpo 
sobre la caña en que el balde está enganchado* En 
efecto así sucede; porque cualquiera hombre sin fuer- 
■ * zas ejercitadas lo baja facilísimamente en la disposi- 
ción en que está; pues si el contrapeso, que equilibra 
al balde lleno de agua, pesa por ejemplo dos arrobas, 
y el balde vacío con la armazón de hierro que tiene, 
junto con la caña y su gancho también de hierro pesa 
una arroba, como ésta se halla a favor del que baja el 
balde, no tiene que levantar en el contrapeso más que 
una arroba solamente; y una ^ola arroba de peso, es 
claro que sin cansancio la levanta el que para eso no 
hace otra cosa que cargar el cuerpo sobre la caña en 
que está el balde. Lleno éste de agua se pone en equi- 
librio con el contrapeso^ y para hacerlo perder y que 
el balde suba, basta cualquiera leve acción: y ésta es 
la que pone de su parte el que levanta el balde lleno, 
tirando levemente la caña para arriba. 

483, — Otra ventaja más real y verdadera tiene la 
palanca larga en el cigoñal, y es — que si desde el 
punto de apoyo sobre el eje hasta donde está la caña 
hay seis varas por ejemplo, la punta de la palanca, en Venta¡a de 
que está la caña, describe al bajar una parte de circulo palanca lai 
grande: y por consiguiente hace bajar mucha caña, y 
que el balde enganchado en ella alcance al agua aun- 
que esté profunda: al subir la palanca describe su 
punta la misma parte del mismo circulo grande; pero 
como lo describe en sentido contrario, hace subir toda 



[71] 



JOSE liCANUSL FSRBZ CASTELLANO 



la caña que bajó primero, y con ella hace subir cl 
balde. Esto no sucede ni puede suceder con igual ven- 
taja, hallándose la caña por ejemplo sólo a tres varas 
distante del mismo punto de apoyo: porque entonces 
aunque la palanca al subir y bajar describa una parte 
de circulo de los mismos grados qjie el primero; esa 
parte del círculo segundo es mucho más pequeña que 
la del primero; porque los círculos concéntricos son 
tanto más pequeños cuanto más se acercan a su cen- 
tro común^ que en el cigoñal es el punto de apoyo: y 
lo mismo digo de sus partes respectivas; pues éstas 
son siempre proporcionadas al círculo a que corres- 
ponden. Yo no puedo demostrar mejor a los labrado- 
res la verdad de lo que digo, que remitiéndolos a que 
ellos mismos lo experimenten, poniendo un cigoñal, 
cuyo eje esté distante sólo tres varas de donde está el 
que maneja el balde; y otro que esté distante seis va- 
ras, y palparán con experiencia propia ser cierta la 
mayor ventaja del que está más distante sobre el que 
no lo está tanto. 

484. — Cuando el pilar es de madera conviene que 
sea de madera incorruptible, como lo es el ñandubay, 

y es necesario que el pilar se entierro perpendicular y 
muy a plomo, a fin de que el eje que se cruza encima, 
y debe sentarse horizontal perfectamente, no se incline 
a una parte más que a otra, y ésta es la segunda con* 
dición. La tercera es — que el pilar tenga tres varas 
y media de altura sobre cl nivel del lugar donde pone 
los pies el que maneja la palanca; pues esa altura es 
suficiente y proporcionada para que la palanca se ma- 
neje cómodamente y sin embarazo; porque si el pilar 
fuese muy alto* junta su altura con lo que después 
levanta la palanca, que puesta sobre él vieno a ser 



[72] 



OBSEBVACIQNISS SOBRE AGRICULTURA 



como una entena de la» que en las embarcaciones de 
vela latina se ponen sobie un palo, que no es muy alto; 
la punta de la palanca, que se supone sentada sobre un 
eje o punto de apoyo, distante seis varas del saque; 3«» cond 
levantaría demasiado, e inútilmente, lo que también se 
debe evitar como un exceso* Observadas las condicio- 
nes dichas, el cigoñal será bueno y muy expedito. Pero 
dobre él voy a hacer una advertencia que puede ser 
de utilidad — y es: 

485. — Que cuando la vara que se ata sobre el eje 
del cigoñal para poner en un extremo el contrapeso, 
no tiene de largo más que ocho varas por ejemplo, y 
se necesitan algo más de seis varas del extremo más 
delgado para atar en él la caña del balde; no es nece- 
Bario empalmar en el resto que de cerca de dos varas, 
queda en el extremo más grueso para colgar el contra* 
peso, digo que no es necesario empalmar ni añadir 
madera ninguna; pues para suplir la falta de madera Advertí 
basta añadir en el extremo grueso que queda el con- 
trapeso suficiente a equilibrar el balde lleno de agua 
en el extremo opuesto. Esto se lo dije a un sujeto que 
había puesto una cola muy larga al extremo del con- 
trapeso en un cigoñal que tenía, el que en todo lo de- 
más estaba perfectamente bien hecho, y sólo tenía la 
falta de tener la cola muy larga; porque cuando jugaba 
el cigoñal era menester darle resguardo a la cola, que 
al menor descuido podía lastimar a alguno de los que 
con frecuencia pasaban por donde ella se movía. Ella 
tendría de cinco a seis varas de largo, y la mitad se 
componía de una empalmadura que se le había aña- 
dido. Le dije pues que quitando la empalmadura, y 
añadiendo al contrapeso otro tanto más de carga esta- 
ba todo remediado. Recibió mi proposición con despre- 

[73] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTEUjANO 



cío, diciéndozne que «in la empalmadura ni un monte 

sería capaz de equilibrar el balde lleno. Si he de decir 
la verdad mi proposición no la había yo fundado más 
que en razón especulativa; porque nunca la había 
puesto en práctica. 

486. — Así cuando vine a mi casa al instante hice 
un pilarcíto de un pedazo de caña de Castilla, al cual 
en tin extremo le hice un corte, de modo que en dos 
muescas pudiese jugar un ejecito proporcionado que 
le puse. Después tomando una varita como de una ter- 
cia de largo, y poco más gruesa que un hilo de aca- 
rreto, la alé por el medio, medido con un compás, en 
el ejecito. Clavé a plomo el pilar de caña en el suelo, 
■eba. y teniendo preparados cuatro pesos fuertes con unos 
hilos, puse en un extremo de la palanquita un peso 
fuerte colgado por la presilla que el hilo tenía: puse 
después en el extremo opuesto otro peso fuerte, y se 
quedaron los dos pesos fuertes perfectamente equilibra- 
dos. En uno de los dos extremos había yo medido con 
un compás la mitad de la distancia que había del eje 
al peso, y la tenia señalada, y quitando el peso fuerte 
de ese extremo puse los dos pesos fuertes que había 
unido con un hilo, colgándolos en el punto señalado 
en la milad, y salió lo mismo que yo pensaba; porque 
los dos pesos fuertes en aquel punto equilibraron al 
peso que se hallaba en el otro extremo. Con esto co- 
nocí por práctica evidencia ser cierta la proposición 
que sólo había fundado en razón especulativa. Advierto 
también que conviene que el balde sea ancho de boca 
como de media vara de diámetro, y que sólo tenga 
de siete a ocho pulgadas de profundidad para que se 
llene y se derrame más fácilmente; 



[74] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



APIOS, CHIRIVIAS, ZANAHORIAS, PEREJIL Y 
MISCELANEA DE OTRAS HIERBAS O PLANTAS 
AROMATICAS. 



487. ^ Los apios se siembran por setiembre en al- 
mácigo; porque si se siembran antes se espigan con 

los calores, que los toman algo crecidos. Se trasplan- 
tan en tierra buena y jugosa, y se^onen tan distantes 
unos de otros, que puedan cómodamente aporcarse 
con la tierra de su contorno a fin de que blanqueen y 
puedan usarse en ensalada, o cocidos en la olla, cuando 
el tiempo es ya frío y con el aporcamiento se han 
puesto ya tiernos. Para aporcarlos es menester el cui- 
dado de no doblar ni maltratar sus ramas; porque si no 
se pudren fácilmente. Se recoge su semilla cuando está 
sazonada» lo que se conoce a la vista. Chírivía es una 
planta de un olor aromático, que echa una raíz o nabo 
blanco largo de olor agradable, que se pone en la olla, 
y a algunoa les agrada; aunque no goza de una acep- 
tación general: y es prueba <ie ello el que ya nadie 
la cultiva; y aóla se cria silvestre, de las que alguna 
vez fueron hortenses, por algunos parajes del Migue- 
lete. 

488« — Más uso se hace de las zanahorias* que dan 
nabos largos, delgados y amarillos, que se suelen po- 
ner en la olla, y de ellos se hacen algunos guisos. Su 
semilla se recoge cuando se ve que está sazonada, y se 
siembra con arreglo a su poco consumo en canteriUos 
pequeños del mismo modo que se siembran los rábanos 
según se dijo en el número 472. El perejil es planta 
de más uso en los muchos guisos, que con él se sazo- 
nan. Se recoge la semilla cuando está madura y se 
siembra de ahnácigo en canteriUos pequeños y en di* 

[W] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



versos tiempos para mantener perejil en todos: de los 
Pmjil. mismos almacigos se va cortando para usar de él; pues 
a la cebolla que se vende en la plaza la acompañan 
si^pre con perejil por lo mucho que éste se busca. 

489. — Ahora entro con la miscelánea de hierbas o 
plantas aromáticas, en que no observaré otro método 
que aquél con que me fueren ocurriendo, y la primera 
que me ocurre es el orégano, que es planta aromática 
y se mantiene muchos años sin necesidad de sembrar- 
la; pues no sé que se siembre de semilla, que nunca 
le he visto, si he de decir la verdad; porque aunque al 

>r¿gano. fin de la primavera echa en la punta de sus ramas 
unos grupos en espiga, que pueden ser flores, no sé 
si lo son en efecto, y mucho menos si contienen semi- 
lla; pues nunca los he examinado. El orégano se siega 
por enero cuando está en flor, o con la espiga que ha 
dicho, y algo oreado, pues en ese tiempo sus ramas 
tienen muy poco jugo, se guarda seco en hacecitos pe* 
queños para satisfacer al deseo de los que matan puer- 
cos, que suelen buscarlo para sus adobos y longanizas. 
Para plantarlo no hay más que arrancar de algún gru- 
po de orégano con raíz las plantas necesarias, las que 
se ponen a distancia de medía vara unas de otras, y se 
suele con ellas, que son de hoja menuda y vistosa, 
guarnecer los caminos de algún jardín. La hierba bue- 

ba buena., na, que algunos pulcros llaman menta, del nombre la- 
tino, es también planta aromática, con que se suele 
dar gusto a la comida, y aplicarse para algunos reme- 
dios. Con una vez que se planten algunas matas de 
raíz a orillas de algún charco, o del arroyo, basta para 
tenerla siempre y para que ella misma se propague de 
sus propias raices. Conozco aquí dos especies una con 
la hoja velluda y de un verde claro; y otra que la tiene 



OBSEKVACIONSS SOBBE AGRICULTUBA 



niás limpia de vello, y es de; un verde más oscuro» Una 
y otra es de igual calidad. 

490. El cilantro, o culantro es hierba también 
aromática, que cuando la hay se echa en los guisos 
como el perejil para darles buen gusto. Era de mucha 
aceptación entre los canarios pobladores de Montevi- 
deo, y tal vez por eso le tengo inclinación más que a 
otc^s hierbas que se usan más, sin ser para mi gusto 
tan buenas. Echa semilla en unos granos redondos como 
perdigones gruesos, y se siembran en marzo o abril, 
arrojándolos sin cuidado. He visto otra especie de cU 
lantro silvestre que se cría por sí en las tierras que han 
sido labradas, particularmente en las que han tenido 
trigo, que cuando se arrastra en cueros para llevarlo 
a la era, se estruja el cilantro que se ve en el rastrojo, 
y se embalsama con esa acción todo el aire inmediato 
de una fragancia muy agradable que fortifica la cabe- 
za. £1 romero es un arbusto leñoso, aromático, muy 
conocido que se tiene y se debe tener en ima chácara 5 
porque sirve no sólo para remedios ; sino también para 
zahumar y purificar el aire de las piezas, quemándolo 
dentro de ellas cuando está seco. Aunque en la prima- 
vera sus ramas se llenan de innumerables flores, con 
que se hermosean los romerales, nunca les he visto se- 
milla, ni he visto tampoco jamás que nazca al pie plan- 
ta alguna de semilla. Por esto el único modo que hay 
de propagar el romero es cortando ramitas nuevas y 
delgadas, y clavarlas en tierra hecha por las orillas de 
algún camino ancho desde el equinoccio de marzo haS' 
ta fin de mayo. Señalo ese tiempo porque he experi- 
mentado que en él se logran mejor las ramitas que se 
clavan; como he experimentado también que se pierden 
casi todas las que se clavan desde la mitad, de junio 
adelante. 



[77] 



JOSE MAirOEL PEREZ CASTELLANO 



491, — La alhucema o espliego es también planta 
aromática, que dura muchos años y se multiplica arran- 
cando de raíz cuantas plantas se quieran de las plantas 
viejas, como se dijo del orégano, las que se ponen a 
distancia de una vara unas de otras a orillas de algún 
camino. Todo su mérito consiste en la flor que echa 
en espiga en las puntas de las ramas, la que se recoge 

Mhucema. P*^^ zahumerios, y para sacar de ella un agua olorosa 
que del nombre francés llaman comúnmente de lavan- 
da. Esta planta en hoja y flores tiene mucha seme- 
janza con el romero; pero el romero por su verde ale- 
~gre es planta más hermosa, y más útil por su leña; 
pues creo que quien en su casa tuviese un romeral me- 
diano, tendría leña de excelente calidad para el consu- 
mo de ella. Por lo que veo juzgo también que en la 
estimación general tiene el romero la preferencia so- 
bre la alhucema; porque aunque cuando aquí llegó 
ésta del Cerro Largo habrá doce o catorce años, todos 
se afanaron en guarnecer con ella las entradas y ca- 
minos 3. SUS arboledas; al presente se han entibiado 
tan generalmente en la afición que le tuvieron, que se 
halla muy expuesta a desaparecer del todo. 

492. — La ruda nace de semilla, y se cría un arbus- 
to que dura muchos años. Conviene tener para reme- 
dios dos o tres plantas. Para lo mismo conviene tener 
alguna planta de ajenjo que se multiplica de las que 
se arrancan de una vieja, pues dura muchos años au- 
mentándose a los lados, sm salir de mata baja como el 
orégano. La manzanilla fina, que tiene cortos los péta- 
los de la flor, y recogidos los estambres en un botón 

Ajenio. amarillo elevado, que guarnecen en contorno los pé- 
talos blancos; es de un olor muy agradable en hojas y 
flores, y se aplica para muchos remedios. Se repro- 

[78] 



OBSERVACIONES SOBBS AGRICULTiniA 



duce de su semilla todos los año& sia cuidado, si algu- 
na vez ae tuvo de sembrarla en algún lugar cercano a 
la casa. A esta fina se le suele también llamar de Cas- 
tilla: de lo que infiero que fue traída de España; y 
que la silvestre, de que en la primavera se ven man- Manzai 
chones grandes en los campos vertientes al Miguelete 
y en otras partes, es indígena de la América. Se parece 
bastante a la fina; pero difiere en las hojas que tiene 
más bastas, en el botón amarillo de la flor que lo tiene 
más aplanado, en los pétalos que son más grandes, y 
sobre todo en el olor fuerte y desagradable que des* Santo 
pide. La hierba de Santa María se parece bastante a las 
manzanillas; pero difiere en que su olor no es tan 
bueno como el de la fina, ni tan malo como el de la 
silvestre, y en que se conserva de raíz por muchos años 
reproduciéndose también de su semilla. Yo nunca la 
sembré en mi chácara, y siempre la he tenido en ella. Toron 
Lo mismo me ha sucedido con el toronjil, que se con- 
serva como la hierbabuena por las orillas del Migue- 
lete, Pasa por una planta cordial, y que bebida alegra 
el ánimo como el buen vino; peiro lo cierto es que su 
olor es muy agradable y confortativo de la cabeza. La 
que aquí llamamos salvia es también planta aromática SaM 
y medicinal. Con poner alguna postura de raíz en algún 
lugar cercano a la casa, en que no estorbe, se puede 
contar con tenerla siempre en ella, sin hacerle caso, 
sino cuando llega el de necesitarla para algún remedio, 

493, — Después de haber nombrado las hierbas y. 
plantas aromáticas que se acostumbran tener aquí en ^^^^ ^ 

las chácaras, me parece oportuno dar noticia del sebo remed 
verde que con muchas de ellas se- hace, por ser útil 
para mitigar^ y aun desvanecer, los dolores de huesos, 
que provienen del frío que los ha penetrado. Se toma 



t79] 



JOSE MANTHCL PEREZ CASTEIXANO 



im poco de sebo nuevo de riñonada de vaca o novillo, 
y picándola menudo* según se dijo en el número 341 
se había de picar y pisar para f reírlo, se deja separa- 
do» Después se toman algunas hojas de naranjo chino, 
proporcionadas al sebo que se va a freír: en la misma 
proporción se toman algunos cogollos de romero, de 
ajenjo, de hierba de Santa María, de manzanilla fina, 
algunas hojas de salvia, algunos cogollos de artemisia 
llamada vulgarmente altamisa por corrupción del nom- 
bre. Esta es una hierba muy conocida aquí y muy co- 
mún en todas partes; y pisando bien en un mortero 
todas esas hierbas juntas, y también algunos cogollos 
de ruda; porque la ruda debe también entrar en esa 
colada; después de bien pisadas se mezclan todas con 
el sebOg el que se echa a freír en una olla, poniéndole 
un poco de agua proporcionada a que el sebo no se 
queme. Después que todo está bien frito^ se aparta del 
fuego y dejándolo enfriar un poco ae cuela por un 
lienzo a fin de que en el sebo no vayan chicharrones, 
ni los orujos de las hierbas. Luego que el sebo colado 
se enfría, se guarda para cuando se ha menester, y se 
conserva envuelto en papeles bueno y fragante por 
muchos años. Yo tuve una criada, y aún vive, que des- 
pués de un parto le penetró frío en los cuadriles, y la 
puso en estado de no poder dar un paso en tres meses: 
la que frotándose por las noches con ese febo, que ae 
calentaba un poco al amor de unas brasas, se fue ali- 
viando y se puso buena del todo. Yo también lo ex- 
perimenté bueno en mí mismo para un dolor interior 
que tuve en la pantorriUa izquierda, el que se me disipó 
del todo, frotándome suavemente de noche al acos- 
tarme con el mismo sebo» 

[80 3 



OBSERVACIONES SOBRE AGHICULTUHA 



TOMATES, BERENJENAS, PIMIENTOS 
Y ESPARRAGOS 

494« — No sé si los tomates eon indigenaa de la Amé- 
rica, o si a ella se trajeron de España; porque no me 
acuerdo haber leído cosa alguna sobre ellos. Sólo sé 
que en Europa no los conocieron los romanos; porque 
no se halla en la lengua latina que ellos hablaban pa- Tomate 
labra ninguna que los signifique; y la habría sin duda 
si los hubiesen conocido. Los tomates se siembran en 
almacigo a fines de julio componiendo para sembrar- 
los algún canterillo con mucho estiércol; porque ne- 
cesitan ese fomento para nacer con vigor. Se tiene 
cuidado después que nacen de tapar el ahnácigo con 
uno^ dos o más cueros, y pard que no se estropeen las 
plantitas tiernas se clavan unas varitas de guindo por ^ 
una punta en un lado del almácigo, que no debe tener «nibrarle 
más ancho que de tres a cuatro cuartas, y doblando en 
arco la varita, clavar la otra punta en el lado opuesto: 
de este modo se van poniendo arcos por todo el alma- 
cigo a la distancia conveniente, y se conservan puestos 
hasta que las plantas se sacan de él. Con esa preven- 
ción cuando se teme hielo se encapillan los cueros so- 
bre los arcos, y quedan resguardados de él los tomates, 
que se destapan después que el sol calienta. Cuando se 
hallan en estado de trasplantarse, que suele ser pasado Trai|ilont 
el equinoccio de setiembre, se trasplantan, llevándolos, 
si se puede a las casillas estercoladas en que se ponen, 
con algún terroncillo pegado a las raíces, y en cada 
casilla, que deben estar distantes unas de otras un par 
de varas, se ponen tres o cuatro plajititas a fin de que 
quede alguna viva, aun cuando unos gusanos pardos, 
que aquí llaman rosquillas, les piquen el pie y pierdan 
los nlá& Cuando se trasplantan se debe tener la pre- 

[81] 

6* 



JOSE MAmTSL PEBEZ CASTELLANO 



vención de clavar en arco en cada casilla dos varitas 
cruzadas para taparlos por la noche en que se teme 
hielo del modo que se dijo debía hacerse con los zapa- 
llos tempranos en el número 435. 

495. — Los tomates se deben poner en lugares ba- 
jos de buena tierra jugosa; -porque en los altos se ha- 
llan más expuestos a que las secas los atrasen; y deben 
ponerse distantes unos de otros un par de varas se- 
gún se acaba de decir, no sólo porque tienden mucho 
sus' ramas en el suelo, con las que también arraigan 
como los zapallos, sino también para poderlos limpiar 
de la vaquilla, que aquí suele infestarlos, devorándoles 
en pocos días toda la hoja. La vaquilla, que es un in- 
secto con alaa encerradas en estuches de color gris o 
de ceniza^ se mata por las mañanas o a -puestas de sol, 
pues entonces no vuela, y para matarla se sacuden las 
ramas, en que están pegadas, recogiéndolas uno o dos 
hombres hacia el medio de la planta y teniéndolas le- 
vantadas mientras que otros dos hombres con azadas 
las arrastran como con rastrillo y las sepultan en los 
hoyos que se practican entre mata y mata: se cubren 
con la tierra que salió del hoyo, y dando algunos gol- 
pes encima con las mismas azadas quedan sepultadas 
para no volver a salir. El matarlas con los dedos suele 
hacerse cuando son pocas; pero a más de no ser posi- 
ble cuando son muchas, quedan de su matanza los de- 
dos doloridos por el humor cáustico que tienen, y los 
desollarían sin duda si los pobres que eso hacen no 
tuviesen las manos encallecidas del trabajo. A mí me 
ha sucedido sacudirme con la mano un bicho que sen- 
tía me andaba por debajo de la barba, y con la acción 
estrujar una vaquilla que era la que me causaba la 
molestia, y a las pocas horas senEir un escozor como 



[82] 



OBSERVACIONliS SOBRE AGHICULTURA 



de quemadura en toda la parte que tocó el humor 
fuerte de la vaquilla estrujada, y efectivamente me 
quemó levantándose ampolla» y teniendo que criar 
costra para curarme de ella; de suerte que todos los 
que me veían, me preguntaban cómo me había que- 
mado; pues la quemadura se extendió por donde tocó 
el humor que fueron siempre dos pulgadas o más. Asi 
juzgo que al que le suceda otro tanto conviene que 
pronto se unte con aceite o se lave con agua fresca 
antes que el humor queme* Ni las gallinas, ni los pes- 
cadiUos que hay en el arroyo, y son voraces, se atre- 
ven a tocar en e^as vaquillas cuando se les arrojan al 
agua, como lo he observado muchas veces» Algunos 
años es tan grande y tan repelida en diversas ocasio- 
nes, la abundancia de vaquilla, que no hay cómo aca- 
barla, y es necesario cederle el campo de batalla; del 
mismo moda que hemos tenido que ceder nuestras pro- 
piedades a los continuos, e incesantes ataques de la 
soldadesca en la época triste en que estamos, 

Á96* — Yo no conozco más que una especie de to- 
mates; pero ésa que hay es de buena calidad, y son 
buenos los tomates desde enero en que empiezan a sa- 
zonar hasta el equinoooio de marzo. Del equinoccio 
adelante se ponen agrios, y no le dan a la. comida Una lol 
un gusto tan bueno, que seguramente se lo dan deli* #speci*. 
cado: lo que ha dado lugar al proverbio de que con 
tomates no hay mal cocinero. La semilla se recoge de 
los tomates que están maduros, exprimiéndolos en un 
trapo, y después de secar guardándola o en el mismo 
trapo en que está pegada, o despegándola envuelta en 
un papel. De los tomates pintones se hace dulce, que 
logra general aceptación* Se sancochan los tomates en- 
teros» y después de fríos ae Ies quita la película que 

[83] 



JOSE MAinTEL PEREZ CASTELLANO 



los cubre: se abren en dos cascos: se les saca sólo la 

vk9 ¿9 semilla, y se echan en el almíbar, hecho con do» libras 
de azúcar por libra de tomate del modo que se explicó 
suficientemente en los números 257 y 258. 

497. — Habrá cuarenta años o muy cerca que conocí 
yo en Montevideo en algunos patios un arboliUo de 
dos a dos y media varas de alto, al que llamaban árbol 
de tomate; porque echaba un fruto que en la semilla 
y en el gusto decían los que lo gustaron que se parecía 
al tomate» El fruto era de un amarillo naranjado cuan- 

oniate. do Cataba en sazón, y en el tamaño y figura se parecía 
a una perilla de las medianas, que son cumplidas o 
acalabazadas. Lo echaba, según me acuerdo, de dos y 
de a tres juntos, y distribuidos así por todas las ra- 
mas. Yo nunca lo gusté; pero creo que no sería cosa 
que mereciese la pena de cultivarlo, cuando ha des- 
aparecido del todo; pues no lo veo en parte ninguna. 

498. — La semilla de las berenjenas regularmente 
viene de España, en especial de Cataluña, y se siem- 
bra en ahnácigo por el equinoccio de setiembre, y cuan-» 
do las plantitas se hallan en buen estado se trasponen 
en tierra buena, dándoles a unas de otras la distancia 
de tres cuartas. Se recoge la semilla cuajido el fruto es- 

nplTde ^ sazonado; pero aquí las más veces se malogra, no 
brarigs. tanto porque no sazone bien, como porque engolosina- 
dos los que las tienen usan de todo el primer fruto, del 
que sólo pueden esperar buena semilla, y cuando acuer- 
dan por la semilla para el año siguiente, el fruto se- 
gundo o tercero no tiene ya tiempo de llegar a sazón y 
dar buena semilla. Yo nunca cultivé esa planta y sólo 
hablo de ella por el informe que he recibido de los 
que algunas veces la han cultivado. La planta no se 
arrastra por el suelo como el tomate; sino que man* 



Í84] 



OBSERVACIONES SOBXUS AGRICULTURA 



tiene sus ramas claras sobre un pie, en las que echa 
seis, ocho y hasla diez piezas no simultánea, sino su- 
cesivamente y al paso que se le quitan las primeras, 
al modo que los pimientos echan su fruto. Yo no las 
he comido más que una sola vez en mi vida, en que un 
sujeto me mandó a casa dos berenjenas de las que ha- 
bía recogido en su chácara; una sería tan grande como 
una bala de a dieciocho, y la otra la mitad menos. A 
mí me pareció que se podrían guisar rellenas, como 
quien rellena pepinos o calabacitas tiernas^» y así se 
compusieron sin más condimento que el sencillo y muy 
común a todos, que es el que siempre se ha gastado en 
mi casa: y por cierto que me gustaron mucho; porque 
hallé en ellas una puntita de ácido que las hace gratas 
al paladar. Tampoco he leído nada sobre berenjenas» 
sino lo que por comparación dice de ellas Cervantes 
en su inmortal poema de Don Quijote con ocasión de 
pintar las extraordinarias narices de Tomé Ceciai ami- 
go de Sancho Panza; y lo muy poco que de ellas dice 
el Inca Garcilaso en el capítulo 46 del tomo 5 de su His- 
toria del Perú» en donde asegura que no las había an- 
tes de la entrada de los españoles. 

499. — Allí mismo dice también que en el Perú no 
había manzanilla hortense ni campestre: y esto último 
en cierto modo es contrario a lo que yo aseguré por 
inferencia de la manzanilla silvestre en el numero 492. 
No obstante me ratifico en lo que afirmé; porque el 
Inca sólo habla del Perú; y yo hablo de la América, 
de la que dije y digo que la manzanilla silvestre la 
reputaba y reputo indígena de la América por la con- 
tradistinción con que aquí se habla de ella, llamándola 
cimarrona al mismo tiempo que a la fina la llaman 
de CasiiÜa. Este modo de hablar está fundado a mi 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



parecer en la tradición que de padres a hijos se ha 
sostenido, de que ésta vino de España; y no la otra. 
Se podrá decir que a la silvestre la llaman cimarrona 

por los diversos caracteres de que está vestida, y que 
por ellos se llamaría así, aun cuando hubiese venido 
de España» Digo — que si a la silvestre se le llamase 
cimarrona, y na se llamase de Castilla a la fina, ten- 
dría entonces fuerza la objeción; pero no la tiene cuan- 
do a la fina se le Uama siempre de Castilla; porque 
esa contradistinción fundat regulam in opposiutm^ esto 
es, da a entender que la silvestre no vino de allá; pues 
si hubiese venido la llamarían también de Castilla, co- 
mo vemos que constantemente llaman de Castilla a los 
cardos, que por los campos se crían aquí bravos y 
llenos de espinas. Cuando los trajeron no serían bravos; 
- sino cardos mansos como los blancor hortenses; pero 
degenerando con el tiempo se hicieron bravos, y con 
todo siempre los llaman cardos de Castilla, sin duda 
porque vmieron de España; y sólo llaman cimarrones 
a los asnales, que reputo por esa razón indígenas de la 
América. La tradición en una materia como la pre^ 
senté me parece de mucha fuerza cuando por otra parte 
no consta lo contrario de la historia. 

500. — Se replicará — que al ganado vacuno, que 
se alza y se cría por los campos se le llama aquí ci- 
marrón, y que se llaman también cimarrones los pe- 
rros que viven por los campos sin reconocer a nadie 
por dueño; y con todo se sabe que no son indígenas 
de la América; pues consta de la historia que se tra- 
jeron de España: luego aunque a la manzanilla silves- 
tre se le llame cimarrona, no prueba esto que no haya 
venido de España, Respondo — que esto sólo no lo 
prueba; pero lo prueba cuando a la fina se le llama 



[86] 



OBSBBVAdQHEg SOBRE AGBIGULTtJTlA 



siempre de Castilla; y nunca se le llama de Castilla, a 
la cimarrona. Así la réplica más bien es a favor que en 
contra de lo que digo de la manzanilla silvestre; por- 
que ni al ganado vacuno, que se cría doméstico o su- 
jeto a rodeo, ni a los perros que viven en las casas y 
reconocen amo, jamás les llaman aquí de Castilla, y 
como por otra parte consta de la historia que todos 
esos animales, y otros muchos que no se nombran, sean 
domésticos o sean alzados, tienen su origen en los que 
vinieron de España» no los tenemos por .indígenas de 
la América, aunque en el estado de vida salvaje sean 
y se llamen cimarrones. 

501, — Si alguno desea saber por qué se llaman ci- 
marrones estos y otros animales que viven sin sujeción 
alguna por los campos, diré lo que sobre eso he re* 
flexionado, sujetando mi reflexión a mejor parecer. En 
el capítulo 16 del Lcvílico mandaba Dios que el pue- 
blo de Israel presentase al sacerdote dos cabrones, 
sobre los cuales se echaban suertes: al que le caía la orígtn < 
de ser ofrecido a Dios -por el . pecado del pueblo, se voz cim 
ofrecía en sacrificio y se mataba; y al que le caía la 
de ser arrojado a la soledad del desierto, se llevaba por 
un hombre destinado para eso y se arrojaba a la so- 
ledad, cargado primero por el sacerdote de los delitos 
y pecados del pueblo. A este cabrón arrojado al de- 
sierto, que llama emissario nuestra Vulgata, le llaman 
los 70 cymarrón con esa palabra griega que significa 
lo mismo que la de emissario en la latina, o la de 
arro]ےdo en la castellana. Asi juzgo que este nombre 
cimarrón con que aquí significamos a los anima- 
les que viven sin sujeción alguna por los campos, ni 
es nombre español, ni es de la lengua guaraní, ni de 
la del Perú; sino de la griega, y que tiene su principio 
en lo que acabo de decir. 



[873 



JOSE MANCTL FBRE2 CASTELLANO 



502. — El Inca en el mismo capítulo de su historia 
dice también que los espárragos se llevaron de España 
al Perú; y no tengo que decir sobre ellos, sino que 
para cultivarlos y lograr por inuclio& años una buena 
esparraguera, se hace en algún lugar que sea bastante 
húmedo una zanja como la que se practica para el 
cimiento de una casa, y cuando tiene dos o tres pies 
de profundidad se echa en ella una carnada de estiércol 
de dos o tres pulgadas de grueso, y encima &e pone 
otra de tierra de más espesor: sobre la de tierra se 
pone otra de estiércol, y después otra más gruesa de 
tierra, y se van alternando carnadas de estiércol y de 
tierra hasta que la zanja se rellena bien. Cuando está 
rellena se siembran las semillas del espárrago por fe- 
brero o marzo, que es cuando sazonan, y se siembran 
algo claras; pues no se han de sacar las plantas de 
aquel lugar. Cuando han nacido se limpian de las ma- 
las hierbas, y con sola esa diligencia, y la de cortar 
y quemar las ramas cuando están duras y agostadas, 
ce logra una esparraguera por muchas años. La que yo 
tengo la puse de ese modo hará veinte años arreglado 
a un directorio que me remitieron de Galicia; y si ya 
no se hallase muy asombrada por unos naranjos, me 
parece que aún se hallaría con mucho vigor en medio 
de que la tierra en que la puse no es de la más ven- 
tajosa para ellos. 

503. — La semilla de los pimientos dulces que lla- 
man de hocico de buey, se trae de Valencia y suele 
durar sin degenerar algunos años, como haya cuidado 
en dejar de los primeros y principales pimientos que 
echan las plantas, los suficientes para la semilla, cor- 
tando los pimientos de que se debe recoger cuando se 
hallan enteramente rojos. Juzgo que los más finos son 



[88] 



OBSERVACIOKES SOBRE AGRICULTXTRA 



los que tienen el pezón derecho; porque cuando el 
pimiento está pegado a un pezón que se encorba como 
un anzuelo, empieza a bastardear y a los pocos años 
bastardea, haciéndose largo y agudo en la punta, y P'"'»»»* 
entonces es ya muy picante. Esos pimientos largos, 
agudos y picantes se suelen estimar cuando después de 
maduros se secan para sazonar con ellos muchos gui- 
sos, y principalmente para los adobos de carne de 
puerco^ con que se hacen las longanizas* y en las que 
el gusto general está porque piquen. También se es- 
timan para la olla, y cuando se usa de ellos con mo- 
deración los reputo saludables; pero no cuando el que 
cocina se alarga un poco y con frecuencia; pues en- 
tonces causan enfermedades cutáneas, como son loa 
empeines; aunque nunca creo que son tan dañinos co* 
mo la pimienta negra y el clavo, que vienen de las 
islas de la especería en el Asia, y siendo más caros son 
incomparablemente más perjudiciales a la salud que 
nuestro pimiento* A éste lo reputo muchas veces salu- 
dable, como sucede cuando alguno sin estar enfenno 
se halla inapetente y con desconsuelo en el estómago. 
Entonces el pimiento en la comida lo entona, aviva el 
apetito, y es sensiblemente saludable* Así lo he expe- 
rimentado yo mismo algunas veces, y lo han experi- 
mentado otros a quienes lo he oído. 

504. — Para lograr buenos pimientos sean de ho- 
cico de buey, o sean de los largos picantes, los más 
de los años se necesita riego al pie cuando faltan las 
lluvias oportunas. Todas las plantas que se ponen a p\on\ai a 
riego deben fomentarse con estiércol sin escasez; por- necesít 
que el agua de riego resfría mucho la tierra, y no me- ««tíérc 
drarian, antes se enfermarían las plantas, faltándoles 
ese fomento. Los pimientos se ponen de ahnácígo a 

[80] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTBUíANO 



principios de agosto; pero naciendo cuando hay toda^ 
~ vía hielos, se tiene la precaución de cubrir el almácigo 
en la- forma que para los tomates se dijo en el núme- 
do 494. Añado aquí, que tanto a los pimientos, como 
\oáo de a las lechugas y tomates los persiguen al nacer los go- 
spantar rrioHcs, que aquí llamamos chingolitos, y suelen, si 
rnones. descuida, 2X0 dejar ni una sola plantita a vida. 

Para espantarlo» se clavan varitas derechas alrededor 
de los almácigos con algunas tirillas de lienzo de color, 
atadas en la punta de modo que flameen como bande- 
rillas. Pero no hay espantajo más eficaz contra ellos 
que un halcón o gavilán muerto, puesto con unas va- 
ritas en la altitud con que estas aves se arrojan sobre 
la presa. 

CARDOS BL.\NCOS. ALCABUCILES 
Y CARDILLOS 

505. — Los cardos blancos vinieron de España se- 
gún dijo por incidencia en el número 499, También 
los llaman aquí mansos, contradihtinguiéndolos de los 
mismos cuando se hacen bravos y espinosos; porque 
no echan espinas en las hojas, y se pueden tratar sin - 
ardoi i^elo. Yo los he cultivado en mi chácara, y el modo 
ansos. ^® cultivarlos es poniéndolos de semilla en almácigo 
por el mea de enero o febrero, y trasplantarlos cuando 
se hallan en estado de eso, dándoles a unos de otros 
la distancia de vara y media o algo más; porque a 
más de criarse grandes, se necesita aporcarlos para 
que blanqueen; pero no es necesario aporcarlos con el 
cuidado que a los apios; pues los cardos se doblan a 
un lado contra la tierra, -de que se les hace un medio 
colchón en la parte a que se doblan, y así se aporcan 
Gon más facilidad. Cuando se han blanqueado se usa 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



de SUS pencas o para ensaladas o para los guisos. Los 
cardos vuelven de la raíz vieja y sobre ella se conser- 
van siempre mansos; porque de semilla, por mucho 
cuidado que se tenga, tiran aquí siempre a hacerse 
silvestres y a llenarse de espinas, pasando de man- 
sos a bravos. Si los caballos y bueyes comiesen 
sus hojas con el mismo gusto con que comen 
las de los mismos en el estado de salvajes; se 
debían poner muchos de esos cardos en una chá- 
cara para dar ese alimento en el invierno a los anima- 
les de servicio. Pero en el estado de mansos no les 
gustan como cuando son silvestres y bravos; pues he 
observado que los caballos que saben amortiguar las 
pencas de los cardos bravo» dándoles manotadas para 
comerlas^ si se les echan de las de los mansos las dejan 
casi sin tocarlas: y lo mismo digo de los bueyes, que, 
comen con mucho trabajo las pencas bravas, y dejan 
las que no lo son aun en las noches largas de invierno. 
Los cardos mansos se multiplican de los chuponcillos 
o macollas que echan al pie, y éste es el modo seguro 
de logrados siempre mansos; pues ya he dlícho que 
de semilla por lo común aquí degeneran en bravos. 

506. — Los alcabuciies se ponen también de la se- 
milla que viene de España, la que siendo' fina los pro- 
duce finos y buenos: y 6e siembra en ahiaácigo lo mis- 
mo que se acaba de decir de la de los cardos blancos. 
Cuando se hallan ya en buen estado se trasplantan, 
poniéndolos unos de otros a distancia de una vara o 
muy poco más; porque a éstos no hay que aporcarlos, 
no usándose de ellos más que la alcachofa» Necesitan 
tierra jugosa y abonada a fin de que se conserven vivos 
en las grandes secas; porque si no se hallan en tierra 
jugosa suelen las secas perderlos, y entonces no hay 



JOSE MANÜEL PEREZ CASTELLANO 



cómo propagarlo» con seguridad de tenerlos finos; 
pnes para conservarlos tales es necesario ponerlos no 
de semilla, que por lo común degenera en cardos blan- 
cos ; sino de los brotecillos que echan al pie. Las hoj as 
de los alcabuciles tampoco son del agrado de los caba- 
Dos y bueyes, a lo menos si se las cortan y se las echan; 
porque si por casualidad entran caballos o bueyes en 
jcnes de una huerta saben ellos mismos segarlas con los dien- 
;abucit. tes y comérselas con gusto; pero si se- las siegan y se 
las echan en el pesebre, es ya olra cosa, y debe serlo; 
porque los bueyes y caballos no son capaces de afec- 
tación ni de melindres. He oído que se hacen orejones 
de la base de la alcachofa del alcabucil, pelando las 
bases y echándolas a secar al sol;, y de que esos ore- 
jones son sabrosos y buenos para cuando no hay al- 
cabuciles frescos. Hago memoria de lo que he oído; 
porque es bueno que se sepa una cosa que en todo me 
parece verosímil y hacedera; aunque yo ni he visto 
hacer ni he hecho jamás de esos orejones. 

507. — No di en el artículo el nombre de tagarninas 
a los cardillos que voy a explicar; porque ese nombre 
diferencial que tienen se suele tomar vulgarmente en 
una acepción metafórica, que tiene más de burlesca 
rdillos. ^ue de otra cosa. Digo pues que a esos cardillos yo 
no los he cultivado nunca, y sólo voy a hablar de ellos 
por el informe que me ha dado uno que los tiene en 
su casa, y por lo que en ella acabo yo de ver. En el 
mes de enero sazonan la semilla, encerrada en alca- 
chofillas pequeñas, tan guarnecidas de hojas bravas, 
llenas de espinas que es imposible sacar las semillas 
sin lastimarse. Yo fui a ver las plantas ya agostadas a 
casa del qpe las tiene, y conocí la razón que tuvo en 
no traerme « la capilla, en que yo celebro los días fes- 

[dS] 



OBSERVACIONES SOBRB AGRICULTURA 



tivoB y él oye misa, unas semillas en un papel. El per- 
sistía en que yo mandase un criado con alguna tipiUa 
en que traerlas porque me decía que no era ne- 
gocio de traerlas en papel: y efectivamente tenía 
razón; porque los tallos que son altos hasta cinco 
o seis cuartag con muchas ramas subalternas a to- 
dos lados, tienen las alcachofiUas distribuidas por 
todas ellas; pero tan guarnecidas de hojas grandes y~ 
pequeñas, llenas de espinas sutiles y penetrantes, que 
es imposible no lastimarse si se van a sacar sólo las 
semillas. Así dije al que iba conmigo que cortase con 
ramas cortas las alcachoíillas, y que con el mismo pe- 
dazo de rama en que salían las acomodase en una cesta 
que llevaba. Cuando llegué a mi casa mandé componer 
un canlerillo de tierra en un rincón, en que no se 
suelen criar sino espinas, y después de haber hecho 
que mi gente, con cuchillos separase las alcachofiUas 
de las ramas en que iban pegadas, las hice arrojar en- 
cima de la tierra que se había dispuesto para el al- 
mácigo, tapándolas con tierra suelta. Si nacen, bien; 
y si no, me ha dicho el que los cultiva, que o de se- 
milla que cae nacen muchas plantas, que se pueden 
trasplantar a su tiempo, o se pueden trasplantar de las 
que brotan al pie de la planta vieja; pues estos cardos 
son como los otros que mantienen la raíz viva por mu- 
chos años^ y de ella se reproducen: y que entonces, 
que será de aquí a un par de meses, puedo traer cuan- 
tas plantas yo quiera» 

508. — El uso que se hace de esos cardillos antes 

que se entallescan, es tomar giis pencas, quitarles la 
túnica que las cubre, la que sale con facilidad tirán- 
dola desde la parte inferior hacia la punta, y limpias 
ae ^chaxK en la olla y en otros guisos, o se hacen de 



[93] 



mSE MANUISL PEREZ CASTELLANO 



ellas ensaladas después que se sancochan. De todos 
modos me han dicho muchos que es hortaliza fina^ de 
buen gusto y saludable: y que aunque las pencas echan 
también espinillas, éstas no ofenden, y que todas salen 
fácilmente cuando la penca se desnuda de la túnica 
del modo que se ha explicado. Si eso no fuera así 
creo que no habría hombre racional en el mundo, que 
cultivase una planta tan erizada de espinas después 
que se ha entallecido, aunque prestase un alimento 
más grato y suave que la fingida ambrosía, con que 
se nxantietten los dioses fingidos de la fábula. 

FRESAS, VIOLETAS. ROSAS 
Y ALGUNAS OTRAS FLORES. QUE CONVIENE 
HAYA EN NUESTRAS HUERTAS 

509. — Las fresas que aquí llamamos frutillas se 
me habían olvidado; pero creo que no se ha perdido 
nada; porque con la autoridad del pastor Dametas, in- 
terlocutor en la Egloga 3^ de Virgilio, puedo colo- 
carlas entre las pocas flores de que voy a hablar. Vir- 
gilio pone en boca de cae pastor los siguientes veraos: 

Qui legitig flores et humi nascentia fraga, 
Fngidus, 6 puen, fugite hinc, latet atiguia in herba. 

Que un amigo mío tradujo de este modo: 

Los que incautos las flores y frutillafl 
Recogéis» que se arrastran por la tierra» 
Huid, muchachos, pues sierpe venenosa 
Se agazapa y oculta entre las hierbas. 

Yo bien sé que no se convienen todos en la signifi- 
cación de la palabra fraga de Virgilio, y pienso que 



[94] 



OBSERVACIONES SOBRS AGRICULTURA 



con esa V02 se significan las fnititas pequeñas, que se 
crian en matas bajas silvestres, y duelen ser entrete- 
nimiento de los muchachos, como son, por ejemplo, los 
arazás que aquí se crían en tierras areniscas, y las 
f nititas de la hierba de la perdiz, que se cría aquí por 
muchas partes, y es muy conocida de los del campo 
por una vulneraría excelente. £1 fruto de que se llena 
esa plantita es del color y tamaño de una perla media- 
na, y suele ser pasto de las perdices, que acuden a co- 
merlo donde lo hay, y por eso la llaman hierba de la 
perdiz. Estas fnititas y otras semejantes, que como he 
dicho SQ3X de entretenimiento para los muchachos, me 
parece que es lo que rigurosamente se significa por la 
palabra plural fraga de Virgilio. Y si esto es asú no se 
les hace deshonor a nuestras frutillas de colocarlas 
entre las que se comprenden en la voz fraga; pues a 
más de ser pequeñas, criarse en Europa silvestres, y 
criarse en plantas rastreras, que es lo que parece signi- 
fica Virgilio por el humi nasceruia fraga; el diminü- 
tivo despreciativo de friUiUas con que aquí las llaman 
geuerahnente, parece que las ha sacado del orden y 
clase de las otras frutas. 

510. Sea de esto lo que fuere; pues no tengo em- 
peño en que mi parecer prevalezca, voy sólo a exponer 
el modo con que aquí se cultivan. Para las frutillas se Modo d 
elige tierra de la que aquí llamamos buena y jugosa, ponerlas 
en la que cavada y bien compuesta se ponen de raíz, 
sacando las plantas de algún frutillar; porque ni les 
he visto jamás semilla, ni sé que de ella nazcan, y se 
■ponen por marzo o abril, distantes unas de otras como 
tres cuartas. Conviene ponerlas en Hneas rectas para 
no pisar las plantas, o pisarlas lo menos que se pueda, 
así cuando se carpen y limpian, como cuando sazonan 

E9d] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELUUf O 



y se recoge el fruto, que es a fines de noviembre y 
principios de diciembre. El primer año a loa ocho o 
^ diez meses de puesta» dan por lo común fruto grande 
y bueno, y continúan dándolo así y en más abundancia, 
mientras pueden limpiarse y se limpian bien; pues esas 
plantas hallándose en tierra de buena calidad en que 
ni las secas las agosten, ni las resfrien las aguas dete- 
nidas sobre ellas» duran por muchos años. 

511, — Cuando el frutillar se ha cerrado mucho; 
porque las matas echan nuevas plantas, que arraigan 
por donde caminan sus guías, se limpia con mucho tra- 
bajo si se llena de gramilla blanca, de la verdolaguilla 
l« Itm- de raíz colorada, o de otras hierbas malas y vivaces, 
frvtillcir En ese estado reputo por más ventajoso poner de las 
lucio. plantas que le sobran nuevo frutillar en tierra limpia, 
que empeñarse en limpiar con escardillo un frutillar 
muy sucio; porque lleva mucho tiempo, y es moral- 
mente imposible limpiarlo bien. Así después de haber 
sacado de él las plantas necesarias para un nuevo fru- 
tillar« se limpia ligeramente, y se recoge el fruto que 
da aquel año mientras el nuevo frutillar puesto en otra 
parte sustituye al viejo con ventaja. Este, después de 
recogido el fruto, y asegurado el nuevo, se puede cavar, 
y poner en aquel terreno otras plantas que acomoden 
y permitan descriarlo con azadas de las malas hier* 
bas. Un frutillar suele pagar el trabajo que en él se 
impende por ser su fruta la más temprana que aquí 
se recoge; pero repito que se debe poner en tierra 
buena y fresca, y añado — que se ponga lejos de ár- 
boles, que puedan impedirle el aire libre; pues de lo 
contrario se abochornan y ahogan las plantas con loa 
calores. 



[96] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



51 2« ^ Las violetas sor florea que conviene poner 
en una chácara o bien de planta con raíz, o bien de la 
semilla que tienen encerrada en unos saquillos, algo 
mayores que un garbanzo^ y conviene ponerlas no tanto 
porque no dan trabajo alguno, como por el suave olor 
que despiden» y por su utilidad para remedios. Las pri- 
meras violetas que tuve las puse de plantitas hace trein- 
ta y nueve años en las orillas de los caminos que había 
en mi primer naranjal: después me vi en la necesidad 
de quitarlas de allí por la razón que se dio en su lugar, 
y se arrojaron sin plantarlas, bajo de otros árboles: y 
hasta ahora se conservan de ellas manchoncillos bas- 
tantes a pesar de las muchas secas que han sobrevenido 
en tan largo tiempo. Por julio y agosto, cuando los 
árboles las han cubierto con las hojas que soltaron 
sobre ellas, empiezan a descubrirse más bien por la 
fragancia de sug flores que por el verde alegre de sus 
hojas; y mis criados tienen en ellas, en las flores de 
naranjo, en las raíces de la achicoria y en la fumaria, 
que se crían silvestres, algunos gajeciUos, si los boti- 
carios les pagan el trabajo de recogerlas; porque si 
no les ofrecen lo que les parece justo, tampoco suelen 
prodigar sus fatigas a favor de los que ellos no reputan 
por los más pobres e indigentes del pueblo, 

513. — La azucena es también flor que se debe te- 
ner, no por su olor que es muy fuerte aun al aire libre ; 
sino porque su cebolla se busca muchas veces para re- 
medio. Con este objeto desde que tengo chácara puse 
algunas cebollas, que se conservan sin tener de ellas 
cuidado. Por el mismo motivo conviene tener lirios o 
blancos o morados grandes, y de los más finos de Flo- 
rencia. Todas esas flores y otras varias que proceden 
de cebolla son en lo general de un olor fuerte que tras- 

[«1 



JOSE MAOTBL PEREZ CASTELLANO 



torna y debilita la cabeza: y así sólo las tengo o por- 
que se conservan sin cuidado por entre los árboles, o 
porque para algún remedio se buscan a veces sus raices 
o cebollas. 

514. — Las rosas son flores que se deben tener, no 

sólo por su belleza, por su fragancia suave y general- 
mente benéfica; sino también porque de los pétalos 
u hojas de la flor, que se guardan secas, se hacen re- 
medios, en particular para los niños recién nacidos. 
De las mismas hojas, cuando están frescas, se hace un 
dulce, que es laxante y saludable, a más de ser de muy 
buen gusto» Yo lo he hecho en mi casa del modo que 
se dijo suficientemente en el número 270, y con cuatro 
libras de azúcar por libra de pasta me ha salido un 
dulce excelente y de mucha duración, para lo que 
conviene que el almíbar se embeba bien en la pasta. Se 
guarda en cajas de madera, de que se dio razón en el 
número 269, y de ellas se saca seco y azurronado, de 
suerte que se come con la mano lo mismo que los dul- 
ces secos que se venden en las confiturerías. 

515. — Aquí hay muchas especies de rosas; pero laa 
que comúnmente se tienen sin cultivo y sin cuidado en 
una chácara, son las que llaman de Alejandría, que for- 
man un arbusto muy lleno de espinas corvas. Estas 
son muy finas y de mucha fragancia. Los arbustos de 
estas rosas, que son altos de dos a tres varas, conviene - 
cortarlos cuando se notan viejos, y sin más diligencia 
se renuevan las plantas por sí mismas de sus. propias 
raíces. Hay otras, que llaman de cien hojas y se crían 
en lugares húmedos sin salir jamás de matas bajas: 
de ellas hay muy dobles de un botón arrepollado, y de 
ellas que no lo son tanto. Entre las altas de Alejandría 
y las bajas de cien hojas, hay otras que ni son tan 

[88] 



OBSEBVAdOKES SOBRE AGRICTTLTOBA 



bajas como éstas, ni tan altas como aquéllas; y aunqua 
aus flores no tienen mucha fragancia, se deben tener 
en buen terreno por ser flores las más airosas y las De cíen ! 

más bien torneadas entre cuantas flores conozco. Tie- 
nen un pie alto y derecho, y a la que abre sólo la 
acompañan uno o dos botones para darle más gracia 
y hermosura* A todas las que he nombrado basta po- 
nerlas una sola vez para que las haya siempre; porque 
ellas mismas se reproducen y renuevan. No hago me- 
moria de otras muchas flores que hay, y que aquí se 
cultivan en algunas partes; porque ni son medicinaleSt 
ni su cultivo es general, ni puedo detenerme en ellas, AfroBai 
sin hacer más voluminosas mis observaciones de lo que 
van saliendo, cuando aun falta que tratar de cosas, que 
a mi parecer son más importantes para la agricultura. 

HABITACION Y DEPENDENCIAS DE UNA 
CASA DE CAMPO 

516. — Entro ahora a tratar de la habitación y de- 
pendencias que son necesarias» o por lo menos conve- 
nientes, en una chácara: y aunque la habitación parece 
que debía haber sido lo primero de que se tratase ; por- 
que es lo primero que se echa menos en el campo para 
vivir y resguardarse de las intemperies los que se des- 
tinan a su trabajo; lo dejé para el fin, porque una ha- 
bitación suele ser lo último que se ejecuta, cuando es Habitad 
con alguna comodidad y con las dependencias necesa- 
rias no sólo para abrigo de la gente, sino también para 
guardar frutas, granos y todos los artefactos o pro*- 
ductosi^e economía rural Al principio se empieza por 
alguna choza: después se pasa a hacer algún rancho, 
7 por último cuando ya la tierra misma con sus pro- 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



ducciones ayuda al labrador, éste se anima a empren- 
der alguna casa más cómoda y más permanente, que 
si no la disfruta por mucho tiempo el mismo que la 
ha labrado, la disfrutan sus hijos, herederos u otros, 
a cuyas manos pasa la posesión según la instabilidad 
y mudanza de las cosas humanas. 

517. — Para cualquiera cosa que se haga, aunque 
sea para una pobre choza, se elige cerca del terreno 
que se pretende labrar, un sitio elevado y exento de 
las aguas detenidas, y de las humedades del arroyo; 
que no se halle muy sujeto a la esfera de las nieblas y 
gruesos rocíos que caen o se levantan en los valles y 

tío pora lugares bajos. En estos lugares abatidos, en que no se 
btfocTón, respira un aire tan libre y puro, el temperamento suele 
ser húmedo, malsano, expuesto a mosquitos y a otras 
sabandijas que incomodan. Elegido el terreno que sea 
alto, sano y con vista despejada a las arboledas y sem^ 
brados que se trabajan, cada uno hace la habitación 
arreglado a la posibilidad con que se lialla: y así no 
me detendré de ningún modo en persuadir a nadie que 
en su propiedad no haga chozas ni ranchos de paja; 
porque ¿de qué servirían mis consejos, ni cuanto pu- 
diera yo decirles, a los que no tienen medios ni facul- 
tades para otra cosa? El pobre que se ciñe a no tener 
más que un rancho de paja, es sólo porque no puede 
labrar una casa de materiales más firmes. A éstos sólo 
les diré lo que por mi experiencia sé que les conviene 
saber para gastar menos, y es que: 

518. ^ Cuando se hallen en la necesidad de cubrir 
^pg^.^^ SUS casas con paja procuren evitar que las aguas de 
'el techo. la casa caigan al norte y al aur, y que la armazón de 

eQa la hagan de modo que caigan siempre las aguas al 
oriente y al poniente; porque a la parte del techo que 

[1001 



OBSERVACIONES SOKRE AGBICULTURA 



mira al sur la penetra mucho la humedad que sobre 
ella se detiene, y la hace criar hierbas que la detienen 
mucho más y hacen que la paja se pudra muy pronto: 
a la parte que mira al norte la hiere el sol con mucha 
fuerza, la paja que en ella cubre el techo se retuesta 
mucho, se eriza y se qnebrajea, y en poco tiempo se 
adelgaza tanto que las aguas la penetran y se llueve 
la casa. De uno y otro inconveniente, esto es — del 
sol fuerte del norte, y de la humedad excesiva del sur 
se libertan los techos, que presentan sus vertientes al 
oriente y al poniente; porque a esos rumbos ni los so- 
les las hieren con tanta fuerza, ni en ellas se detiene 
mucho la humedad: de lo cual tengo experiencia por 
techos que he tenido de paja mirando a todos esos rum- 
bos: y de mi experiencia he concluido con certidumbre, 
y asi lo he visto, que la misma paja con aspecto al 
oriente y al poniente dura otro tanto más tiempo que 
cuando lo tiene al norte y al sur. Una duración doble 
en un techo de paja no es cosa de tan poco momento 
que se pueda despreciar en techos, que pueden ponerse 
libremente con aspecto a los rumbos que les sean más 
ventajosos^ como sucede siempre en las chácaras en 
que el desahogo del terreno no obliga nunca a lo con- 
trario» 

519» — La paja que aquí se acostumbra poner en 
lo general, es una especie de espadaña larga y delgada 
que se cria en tierra fértil y baja a que alcanzan, las 
crecientes de los arroyos. Vulgarmente la llaman cor- 
taderCi y a mí me parece que al principio debió lla- 
marse cortadora, porque al menor descuido corta con 
la sierra fina que tiene en sus dos orillas; y que sólo 
por corrupción del nombre la llaman cortadera; pues 
no es tan fácil de cortar como las otras que suelen 



[101] 



JOSG MANUEL P£R£Z CASTELI^ANO 



usarse cuando ésa falta, cuales son la totora, que se 
cría en bañados de agua viva, la paja mansa que se 
cría por los campos, y el espartiUo que aquí se cria en 
las marismas cenagosas, a que alcanzan las crecientes 
del agua salada. La cortadora es la mejor de todas pa- 
ra los techos así por su duración como por su largura. 
Yo la he comprado para el techo de un almacén muy 
fina y tan larga, que cada paja tenía cuatro varas cum- 
plidas, Al que me la trajo, y de ella me trajo veinte 
carradas, le pregunté — que en dónde había hallado 
paja tan hermosa — y me respondió — que aquella 
paja la traía del cielo, porque en la tierra no la había. 
Era un hombre de campo, pero de ideas originales y 
algunas veces poéticas con que entretenía inocente- 
mente a los que le escuchaban. Como la paja eran tan 
larga la puse en el techo con los cabos gruesos para 
abajo, que es como dura más, y fue necesario coser las 
empleitas con agujas largas que se hicieron de caña de 
tacuara. El techo me duró sin Üoverse dieciséis años, 
y hubiera durado más de treinta si yo lo hubiera pues- 
to con las vertientes a los rumbos más ventajosos, que 
he tirado a persuadir después del error en que yo in- 
currí; pues lo puse con las vertientes al sur y al norte, 
en que observé lo que arriba queda explicado, 

520. — La& maderas sobre que se pone la paja a 
esos techos regularmente suele ser de sauce, y ahora 
•a ara álamos me parece que para lo mismo también 

d« pala. buenos ; pero sea la madera que se fuere, 

se debe cortar siempre desde que el árbol empieza a 
soltar la hoja hasta que empieza a subir la savia y se 
acerca la nueva vegetación, según se dijo largamente 
en el número 313 y siguientes, de cuyas reglas importa 
mucho no separarse jamás so pena de poner en loi 

[102] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTUBA 



techos madera mala y de coiia duración; en vez de que 
observándolas se pondría buena y de tan larga vida 
que pudiera sobrepujar a la de un hombre que viviese 
tanto como naturalmente puede vivir. Lo que algunos 
dicen que la madera que se corla en menguante, y 
mucho más si el corte se hace en día viernes, es buena 
y de larga duración, aunque no se tenga cuenta con 
la estación en que se corta; es tan notoriamente ri- 
diculo y despreciable, que no sólo no merece refutarse 
con razones; pero ni aun que se haga memoria de eso. 

521. — Los horcones tanto del medio sobre que 
carga la cumbrera, como los laderos en que ge sientan 
las soleras, convendría que fuesen de ñandubay, ma- 
dera incorruptible de la familia de los espiniUos, que 
se cría de esta banda en la confluencia del Llruguay 
con el río Negro y en la de otros ríos; pero como no 
todos tienen facultades para comprarlos, acuden a lo 
que les parece más fácil y que remedia su necesidad. Sauce do 
Así suelen poner horcones de coronilla, o de moUe si *• 
los hallan en los bosques más inmediatos; y si no re- 
curren al sauce. Cuando por no tener otra cosa ponen 
horcones de sauce, soy de opinión que no los descor- 
tecen; porque descortezados así como duran mucho al 
aire libre y mucho más debajo de techo, no duran casi 
nada cuando se entierran; porque todo lo que se en» 
tierra se pasma en muy poco tiempo si está descorte- 
zado; pero dura algún tiempo más cuando se clava con 
la corteza; pues ésta los hace brotar y los mantiene 
con alguna vida; y mientras un vegetal vive, aunque 
esté moribundo, no da lugar a la total corrupción de 
su madera. £n fin sea por lo que se fuere yo he experi- 
mentado que el sauce que se clava descortezado por 
grueso que sea, apenas dura tres años, pudriéndose en 



[103] 



JOSIB MANUEL PEREZ CASTEIXANO 



ese tíempo todo lo que está clavado en el suelo; pero 
se puede asegurar que con la corteza dura por lo menos 
otro tanto más. Algunos tuestan al fuego el cabo que 
entierran, y creen que entonces es de más duración: 
de lo que no tengo experiencia, porque nunca la he 
hecho: pero por reflexión juzgo que esa diligencia es 
de muy poco auxilio ; porque o reducen a carbón todo 
el tronco que entierran, o sólo queman la superficie 
exterior. Si lo primero — quitan la fuerza al palo, y 
viene a ser lo mismo que si lo pusieran podrido; y si 
lo segundo — no adelantan nada, porque la quema- 
dura superficial que le hacen no puede libertarlo de 
que la humedad penetre a lo interior de la madera y la 
pudra, cuando se ve que el carbón es un absorbente 
que se atrae toda la humedad que está a su alcance. Con 
todo si hay una experiencia segura de lo contrario, no 
digo nada; porque ya alguna vez he dicho que contra 
la experiencia no hay razones que valgan. 

522. — Cuando hacen la cocina suelen ponerla se* 
parada de la casa por temor del fuego; pero este te- 
mor lo tengo por vano para que por él se expongan 
diariamente a infinita» incomodidades, cuando rarí- 
sima vez se ve ni se oye que se haya quemado una co- 
cina en el campo, siendo así que no es muy diligente 
el cuidado que se tiene con el fuego. Convengo en que 
la cocina esté separada de la casa en que se vive por 
evitar la molestia del humo ; pero no convendré nunca 
en que esté aislada como regularmente veo las cocinas 
en el campo. De la casa a la cocina puede haber un 
tránsito cubierto, que sirva como de enramada o co- 
rredor de cinco o seis varas de largo, el que preservará 
a los que van y vienen de mojarse cuando llueve, y de 
que un viento frío, recibido cuando acaban de salir 



[1041 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICtTLTURA 



del fuego, lea ocasione una enfermedad muy grave: 
para lo que conviene que el corredor no esté abierto 
más que por un lado; pues puede y debe estar quin- 
chado por el otro, o reparado con cueros o con otra 
cosa movible, que pueda mudarse a la parte de donde 
viene el viento: y esto sin dada sería lo más ventajoso. 

523. — Tampoco convendré jamás en que el horno 
en que se cuece el pan esté aislado y tan separado de 
la casa, que suele verse distante de ella un buen tiro 
de pistola. Es indecible el trabajo que con esos hornos 
ermitaños tiene las pobres mujeres, que son las que 
por lo común andan con el trabajo del pan, Y yo no 
sé por qué; pues el que tiene facultades para hacer un 
horno en mitad del campo, no es fácil concebir cómo 
no las tenga para hacerlo en el mojinete de la cocina; Horno sol 
porque sólo con cavar al lado de un charco alguna malo 
tierra negra de la superficie, echarle agua» y pisar con 
un par de caballos barro, al que cuando se pisa^ se le 
echa un poco de paja de trigo de la que hay en las 
eras, está hecho en pocas horas el barro necesario para 
cortar mil y quinientos adobes de media vara de largo, 
que serán los que podrá llevar la pared del mojinete, 
en cuyo medio a cinco cuartas de ahura se deja la boca 
que debe ser la del homo. Para ese trabajo y hacer la 
pared que remate en triángulo, sobre cuyo vértice des- 
cansa la cumbrera de la cocina, no se necesitan más 
facultades que las que veo empleadas en esos hornos 
distantes, que lea aumentan un trabajo muy duro a las 
pobres mujeres que lidian con dios, cuando tienen 
que cocer pan, o alguna otra cosa en el horno. Si hay 
sol fuerte las abrasa el sol por las espaldas al mismo 
tiempo que el calor del homo les abrasa la cara: si 
hace frío tienen al hielo la mitad del cuerpo, y la otra 



[105] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



mitad en el fuego ¿y «i hace viento?, ¿y si llueve? 
Digo con ingenuidad que no sé cómo pueden mane- 
jarse para calentar esos hornos y cocer pan en medio 
de tantos obstáculos como se presentan; prescindiendo 
del mucho fuego que se gasta en ellos, y no se gastaría 
si estuviesen con otro abrigo. 

524. — Me dirán tal vez que la llama que sale por 
la boca del horno quemaría él techo, que es de paja, 
y abrasaría la cocina y toda la casa. A eso respondo 
que la llama del horno nunca se levanta tan alta por 
la boca que pueda quemar el techo, que por lo menos 
está tres varas más arriba de ella; pero si todavía se 
concibe peligro, que puede haberlo, déjese sin cubierta 
de paja una claraboya como de una vara en cuadro en 
aquel lugar del techo a que se dirige la llama, y al 
que puede alcanzar un calor vivo. Esa abertura o cla- 
raboya libertará de todo peligro al techo, y dará salida 
franca al humo* Voy hablando en la suposición de que 
las facuhades no alcancen para hacer una chiminea 
con adobes, como supongo hecha con ellos la pared 
del mojinete, en que debe ponerse la boca del horno; 
porque sí hay facultades para hacerla, entonces no es 
necesario dejar sin cubierta de paja ninguna parte 
de la cocina; pues con la chiminea no sólo se liberta 
del fuego la cocina y la casa, sino también del humo, 
que creo es el que obliga a los del campo a poner los 
hornos del pan en una distancia que les hace sufrir 
incomodidades de tanto bulto, que por lo menos es 
problemático si son mayores que las del humo; te- 
niendo que sufrirlo en la cocina sin chiminea diaria- 
mente, a no ser que se sujeten a un ayuno perpetuo de 
pan y agua fría. No tardaré mucho en hablar del modo 
con que las chimíneas se deben hacer para que el humo 



[IM] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



ee enfile y salga por ellas con franqueza, y no se abata 
anegando en una nube densa la cocina, y tal vez una 
casa entera* 

525, ^ Cuando el labrador, ayudado de las produc- 
ciones de la tierra, se anima a hacer techos de más du- 
ración y firmeza, debe elegir el sitio con más cuidado 
y previsión que cuando no se animaba a hacer más 
que chozas o ranchos; porque el error que se comete 
en una cosa que dura pocos años se siente menos, sien- Elección 
do más fácil el corregirlo, que cuando se comete en P^^^ 
la que puede durar siglos enteros. Elegido pues el sitio 
con esa previsión, se debe tener la misma para no ha- 
cer hoy una pieza que haya que desbaratar mañana. 
Yo bien sé que no es para todos el disponer bien una 
casa; pero aquél que no sabe disponerla puede pre- 
guntar al que lo sabe; pues en un pueblo grande nunca 
faltan quienes puedan dar ideas, y aun pianitos, sin 
más interés que el que tienen muchos de hacer bien a 
sus semejantes, y lo harían con más gusto a los labra* 
dores por la consideración que todos deben tener a 
favor de unos hombres entregados a un trabajo penoso 
y el más necesario a la vida social. Una escuela de 
dibujo y diseño, en que se hiciesen planos y alzados ^^^^^[a 
de edificios rurales y urbanos para introducir por ellos bulo • 
con economía y ahorro el buen gusto y la comodidad 
en todas las casas que- se hacen tanto en la ciudad co- 
mo en el campo; tengo para mí que sería un estable- 
cimiento, digno de un gobierno paternal e ilustrado, y 
que llegaría en poco tiempo a producir efectos mara- 
villosos. Pero mientras no lo hay, no faltan según 
acabo de decir, en un pueblo grande quienes puedan 
dar ideas y buenos consejos. La dificultad mayor está 
CD que xm» wiadoe labradores del Miguelete los quie- 



[107] 



JOSE MANUEL PISREZ CASTELLANO 



ran recibir; porque es muy común salir con el dispa- 
rate de que consejos no ayudan a pagar: y yo les digo 
— que sí ayudan; porque ayudan a no gastar tanto, y . 
a gastar bien lo que se gasta* 

526. — Por esto los que se determinen a hacer al- 
guna casa firme y de duración, deben empezar por las 
piezas más necesarias sobre el plano de una casa gran- 
de y llena de comodidades. Si no pueden de un golpe 
hacer más que una sala, un dormitorio y una cocina^ 
no hagan más que eso; porque sería una locura inten- 
n provi- ^ emprender más de lo que se puede; pero esas 
pcia. piezas que se determinan y pueden hacer, háganlas 
sobre el supuesto de que ellos mismos o sus hijos ma- 
ñana u otro día podrán continuar la obra y hacer al- 
guna cosa más sobre el plano ya empezado* Esta pre- 
visión ¿qué gastos les acarrea? Claro está que ningu- 
nos. Porque yo convengo en que por lo pronto no ha- 
gan más edificio que el que intentan y pueden hacer; 
sólo digo y repito que lo que van a hacer lo ha- 
gan siempre sobre un plano de una casa cabal: de 
suerte que si quieren hacer otro día alguna cosa más^ 
no tengan que tocar ni deshacer nada de lo que ya 
hicieron. Y véase aquí un ahorro por la previsión que 
se tuvo al principio. Si en su casa no pueden hacer 
aljibe, yo nunca les aconsejaré que lo hagan; pero sí 
les aconsejaré que a las aguas de las piezas que van 
a hacer, les den la salida conveniente para que mañana 
u otro día en que puedan y quieran hacer aljibe, lo 
hagan sin alterar en nada los techos que ya hicieron, 
¿Qué gasto se Ies aumenta por eso? ¿No es evidente 
la utilidad que les resulta? Y vean aquí cómo los con- 
sejos muchas veces ayudan a pagar; porque ayudan 
a gastar bien» y a no gastar más que una sola vez; 

[108] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



cuando de lo contrario se pasa la vida del hombre, 
que es activo, en hacer y en deshacer, porque al prin- 
cipio no se hizo lo que se debía* 

527. — Supongamos que ya está elegido el sitio con 
meditación; que yo no puedo hacer más que tres pie- 
zas, y que las más urgentes son una sala, un dormito- 
rio y la cocina. Supongamos también que tengo plano 
de una caaa completa. Veo pues en el plano el lugar 
que ocupan la cocina, el dormitorio y la sala, y arre- 
glado al pitipié o escala del plano hago abrir los ci- 
mientos a esas tres piezas en el lugar que el plano me 
designa: los lleno y levanto las paredes hasta llegar cimiento 
con ellas a seis u ocho pulgadas más arriba del terre- gún el p 
no más alto que me ciñe por fuera la casa; porque esa 

altura de piso es indispensable para libertar las piezas 
de una humedad que el terreno exterior inmediato la 
haría eterna si en alguna parte quedase superior a su 
piso. Hallándose las paredes en ese estado, pongo los 
marcos de las puertas en el lugar que señala el plano; 
pero si no los tengo hechos, o si los quiero colocar 
al fin de la obra, dejo para ellos abierta en la pared 
la cavidad, medida y justa en que se deben poner: sigo 
la pared y cuando llega a la altura en que deben le- 
vaiitarse los marcos de las ventanas hago lo mismo 
que para los de las puertas: se concluyen las paredes y 
se techan las piezas del modo que se sabe. Ahora me 
parece importante hacer algunas advertencias sobre lo 
que en este punto me ha enseñado una larga experien- 
cia por si algunos quieren seguirlas* 

528. — Primera — que las puertas se hagan a la 
portuguesa, y que se hagan de tabla de cedro o de 
alguna otra madera de duración que no sea pesada. 
Llamo puertas a la portuguesa las que ae hacen con 



[109] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



tablas machihembradas unas en otras, y aseguradas por 
la parte interior con tres barrotes de la misma madera, 
dos en los extremos y uno en el medio, que se atravie- 
san y meten por las tablas haciendo en ellas una mor- 
taja, por la que entran los barrotes, dándoles con la 
maceta, como los buenos carpinteros saben hacerlo. Las 
hojas de puerta hechas de- ese modo son más sencillas, 
menos costosas y más livianas que las que comúnmen- 
te se hacen y se llaman de tablero: siendo más ligeras 
no quebrantan ni rinden con su peso las alcayatas, 
como las rinden las otras que en lo general son muy 
pesadas. Segunda — que fuera de la puerta principal 
de la sala, que puede ser de do& hojas, las interiores 
y de las piezas menos principales, conviene que sean 
dé una sola, y que éstas no tengan más ancho que una 
vara y dos pulgadas, y de altura el duplo de su ancho ; 
porque siendo de una sola hoja llevan menos obras de 
hierro, que en el campo se pierden pronto, no habiendo 
quien les dé aceite, como es necesario darlo con fre- 
cuencia en especial a los pasadores que tienen muelle* 
De este modo también se ahorra gasto en las puertas, 
y son menos expuestas a empeñarse y perderse. Ter- 
cera — > que a las puertas se les dé pintura, a lo menos 
a las que ae hallan expuestas a las aguas* 

529. Cuarta — que cuando las paredes no se ha- 
cen con cal, con la que pueden pocos, se hagan con 
tierra negra de la vegetal que hay en la superücie: y 
si por no echar a perder el terreno que une las inme* 
diaciones de la casa, no se quiere tocar en la tierra 
negra de sus cercanías, se traiga aunque sea de alguna 
mayor distancia, para lo que no se necesita mucho 
gasto, pues con im solo carruaje ae pueden arrimar a 
la obra diez o doco carradas en un día. £1 barro que 



[110] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICUX.TURA 



se hace con esa tierra negra es tan excelente que no 
lo hienden los soles ni lo deslían las aguas. A mí me 
ha sucedido tener que revocar o enlucir una pared, 
que tenía veinte años de hecha y expuesta a las incle- 
mencias, y con todo, tuve necesidad de sacar con un 
hierra corvo alguna parte del barro que había entre 
loa ladrillos a fin de que la mezcla de la cal con que 
se iba a enlucir, se agarrase mejor a la pared y no se 
aventase. Así se pueden hacer seguramente con ese 
barro los arcos no sólo interiores, sino también exte- 
riores que rematan la cavidad de puertas y ventanas, 
y conviene que sean de barro los arcos cuando la pa- 
red se ha hecho con barro, A esa tierra negra vegetal 
se le cuentan muchas buenas propiedades que la ha- 
cen excelente para la labranza, según se dijo en los 
números 295 y 296; y las mismas buenas propieda- 
des pudiera yo contarle para la arquitectura si mis 
observaciones tuviesen en ella su causa motiva y final 
como la tienen en la labranza. Por estas propiedades 
buenas para los edificios comunes se puede llamar a la 
tierra negra, cal de pobres; lo que no se puede de la 
tierra que llamamos greda colorada, y es muy ruin 
para hacer barro ; porque se hiende y desgrana cuando 
está seco, y cuando llueve se deslía y corre por la pared 
abajo, quedándose en poco tiempo llena de socavones 
y sin barro la pared que está expuesta, a las aguas. 

630» ^ Quinta — cuando en las cercanías de la casa 
hay algún lugar desnudo de esa tierra negra, que es 
la que por lo común cubre la superficie, y es consis- 
tente y firme para hacer suelo ; se viste el terreno des- 
nudo con una capa de tierra negra que se trae de otra 
parte, o con huesos quemados si los hay a mano» Lioa 
hueso» cakínados por su propiedad absorbente se pe* 



[111] 



JOSE MAimEXi PER£Z CASTELLANO 



gan mucho a la superficie, y no pasan de ella por la 
ligereza que les da el fuego, ni se precipitan abajo como 
le sucede al pedregulla, y aun a los cascotes de ladri- 
llo, cuando se compone un suelo con estos materiales. 
Por e&o reputo al hueso calcinado por lo mejor que 
hueso puede emplearse en la composición de los caminos, o 
de algún suelo que en las cercanías de la casa interese 
mantenerlo en buen estado y sin lodo» Cerca de un 
horno de quemar ladrillo vi un jagüey, hecho en lugar 
muy desnivelado; al dueño del homo le ocurrió ir 
echando en el borde inferior del jagüey todo el hueso 
calcinado que sacaba de la bornalla en que hacia fuego 
al horno, y dentro de algún tiempo no sólo levantó el 
borde inferior para que el jagüey pudiese contener más 
agua, sino que también consiguió hacer un hormigón 
conglutinado y tan firme, que podían cómodamente 
bajar pot él los caballos al agua sin que tuviesen cómo 
resbalar ni hacer barro; porque con el mismo hueso 
había hecho un descenso suave que bajaba hasta el 
fondo del jagüey. 

531 . ^ Por lo que mira a techos parece que la opi- 
nión general se ha fijado ya a favor de las azoteas, 
pues hay muchos años que no se hacen tejas en parte 
^ ninguna: y así aunque tengo buenas razones para re- 
^ comendar los de teja, nada haría en exponerlas, cuan- 
do ya las tejas se hallan olvidadas, y son pocas las 
casas que subsisten con ellas. Yo tengo tanto en la 
ciudad como en mi chácara techos de teja. Los de la 
ciudad tienen cumplidos treinta y seig años; y treinta 
y tres los de la chácara» En ambas partea están senta- 
das las tejas sobre tejuela, y el todo sobre buenas ma^ 
deras, y se conservan ambos sin lloverse como cuando 
ae acabaron de hacer. En la chácara habito bajo de 



[112] 



OBSERVACZONSS SOBRB AGRICULTURA 



tejas, y en la ciudad, cuando en ella estoy, bajo da 
azotea; y iin embargo de que laa pieza» en que vivo 
y duenao en la ciudad tienen cielos ra»o& de madera 
y que entre el cielo raso que está un pie separado del 
teciio y el mismo techo hay respiraderos suficientes, 
ni son tan frescas aquellas piezas en el verana, ni tan 
abrigadas en el invierno, como lo son las cubiertas con 
teja aquí en la chácara. Por esta expenencxa y por 
otras muchas razones que omito, dije que las tenía 
buenas para recomendar los techos de teja. Pero como 
los de azotea tienen también sus ventajas, y sobre todo 
como la opinión general se ha fijado a su favor, es 
menester por ahora no pensar en otros techos, y sólo 
voy a hacer sobre los de azotea algunas advertencias 
que pueden ser de alguna utilidad para los que de ellos 
no tienen experiencia. 

532. — Primera — que los techos tengan desde el 
piso cuatro y media varas de altura cuando menos; 
porque si se hacen bajos san intolerables en cualquiera 
estación: en ei invierno fríos y húmedos; y en el estío 
húmedos y calientes: y hallándose bajos los techos el 
frío» el calor y la humedad, que de ellos desciende, se 
hace más sensible, que cuando son altos, a los que ha* 
hitan las piezas por hallarse más cercanos ai contacto 
de esas cuahdades perniciosas y al hogar de donde 
proceden. Para hbertar las piezas en que ae vive de 
esas incomodidades lo seguro es hacer altos sobre ellas; 
pues entonces el techo superior no da lugar a que so- 
bre el de abajo obren las estaciones con el rigor que 
cuando se halla al descubierto. £n ese caso las piezas 
inferiores serán cómodas y sanas para vivir; y las at 
tas se podrán destinar en el campo para guardar fru- 
tos; pero para que éstos se conserven en ellas, es ne- 



8* 



[113] 



JOSE MAKUEL PEREZ CASTELLANO 



cesario dejarlas con mechinales abiertos a todos rum- 
bos a fin de que por ellos se mantengan las piezas ven- 
tiladas, y no den lugar a que la humedad pierda los 
frutos, como me sucedió a mí con los que tuve ence- 
rrados en una pieza de azotea, que se hallaba sin esos 
respiraderos; pues todos los frutos que tocaba el am- 
biente interior de la pieza, cubriéndose de moho, se 
perdieron miserablemente. 

533. ^ Como el hacer altos sobre las piezas bajas 

es para pocos, voy a proponer lo que se halla al alcan- 
ce de algunos más, y es — que a las piezas que se han 
de habitar se les pongan cielos rasos de madera, y que 
se pongan distantes del techo una tercia o dos cuartas, 
dejando entre el techo y el cielo raso respiraderos de 
dos o tres pulgadas de diámetro, y que en una pieza de 
seis varas, por ejemplo, haya dos de cada lado a fin 
de que con la correspondencia entre bastante aire que 
corte y disipe la humedad que desciende del techo. Asi 
lo practiqué yo en las piezas que tengo en la ciudad: 
y siendo antes de esa diligencia para mí casi inhabi- 
tables, quedaron después tan mejoradas que se vive 
y duerme en ellas sin la incomodidad que se expe- 
rimentaba cuando no tenían cielos rasos. Es verdad 
que aquellas piezas, según se dijo arriba, ni son tan 
abrigadas en el invierna, ni tan frescas en el estío como 
lo son las de teja en que vivo en la chácara; pero de 
ser antes casi inhabitables a habitarse con gusto des* 
pués que se les pusieron los cielos rasos del modo ex.- 
plicado, hay mucha diferencia. Los respiraderos que di- 
sipan la humedad conducen también a la conservación 
de las maderas, que se saben podrir con una humedad 
fija y encarcelada. No son tan costosos los cielos rasos 
de madera como ks parece a algunos, y más si se 



[114] 



OBSERVACIONES S03RB AGBICULTUHA 



compran tablones grandes de pino cuando se hallan 
baratos: ee les dan después los hilos necesarios; por- 
que con una pulgada que les quede a las tablas tienen 
grueso sobrado para el cielo raso. Las tablas se ponen 
cargadas las orillas de dos sobre las orillas de una, y 
de ese modo aunque se recojan algo con el tiempo seco, 
nunca se ve falla en el cielo raso. 

534« — Los que no tengan ni aun para cielo raso 
de madera, pueden preservar la casa de mucha parte 
de la humedad que desciende del techo, y es más per- 
judicial a la salud que el frío y el calor, dándole a 
la argamasa que cubre el techo con aceite, sebo o 
grasa bien caliente; pero para eso hago la advertencia 
segunda — ^ que después de las dos hiladas de tejuela, 
con que se cubre, se echa un argamasado de una parte ^^^^ ^ _ 
de cal de piedra mármol o jaspe, que es la que ahora ei f¿ 
se usa, una de polvo de ladrillo, y de otra de arena bueno, 
terciada, todas iguales. La argamasa se pone con tiem- 
po fresco, y mucho mejor en el invierno: después de 
puesta se aprieta y une mucho con la cuchara, no sólo 
cuando se pone, sino también en algunos días de loa 
inmediatos a la postura, para lo cual se aprovechan 
los rocíos de la mañana. Después que la argamasa se 
halla bien unida y seca se espera un día de sol fuerte 
de los del verano, y en él se le da a la azotea con grasa, 
aceite o sebo hirviendo, usando para eso de pinceles 
grandes como los de blanquear las casas» Esta opera> 
ción del sebo endurece mucho a la argamasa y obstruye 
todos sus poros, de suerte que no da lugar a que la 
penetren ni las lluvias, ni las nieblas,. ni los rocíos, y 
evita el que la humedad impregne la azotea y descienda 
después al ambiente interior de la pieza, como bajaría 
si de tiempo en tiempo no se le diese a la azotea con 
esa untura. 



[115] 



JOSE MANUBL PXRSZ CASTELLANO 



535. — Yo puse al sol sobre una azotea unas bote- 
llas de aceite, y se reventó una que estaba muy cerra- 
da con la expansión que la fuerza del sol hizo tomar 
al aire que en ella se contenia. £1 aceite que corrió por 
lo de su alguna parte de la azotea se penetró en ella todo» y 
ndad. resultó una mancha grande que duró algunos años. 

Después observé constantemente que cuando llovía el 
lugar de la mancha quedaba enjuto al momento; por- 
que el aceite no daba lugar a que se detuviese el agua» 
como se detenía en todo lo demás de la azotea. Por el 
contrario cuando caían rociadas se veía que el rocío 
no penetraba el lugar de la mancha, sino que se dete- 
nía sobre él» reducido a partecitas orbiculares o re- 
dondas» como se ve cuando cae sobre las hierbas; en 
vez de que en todo lo demás de la azotea no se veía 
gota ninguna, sino sólo una humedad que denotaba 
haberse tragado la azotea todo el rocío. Esta observa* 
ción constante y de mucho tiempo sobre aquella man- 
cha me hizo concebir lo ventajoso que era para los 
techos de azotea una untura penetrante de cualquiera 
cosa oleosa, y desde entonces he recurrido a ella en 
mil ocasiones con muy buen efecto. 

53Ó. ^ Si en la casa hay aljibe, se elige para dar 
sebo o aceite alguno de los días de diciembre o enero; 
porque conviniendo no dar al aljibe las aguas calien- 
te loi °* estío, tienen éstas tiempo de quitar a la azotea 
algún olor o gusto ingrato, que pudiera esa untura 
darle al agua. La untura, según se ha dicho, preserva 
a las piezas de mucha parte de la humedad» que sin 
ella tendrían» lo que es un bien no pequeño; porque 
yo considero que la humedad que de las azoteas baja 
a las piezas es cualidad más nociva que el calor y el 
írio, de los que no puede preservarlas el aceite: poi lo 



[116] 



OBSERVACIONES SOBHE AGRICULTURA 



que ju2go también, pues así lo acredita la experiencia, 
que lae piezas de azotea sin el resguardo de los techos 
altos y superiores, o por lo menos de loa cielos rasos, 
serán siempre una nevera en el invierno, y una ver- 
dadera sartén en el verano. 

537, — Alguno deseará saber por que de los techos 
de teja que son más sencillos, o por lo menos no son 
tan sólidos como los de azotea, no baja a las piezas ni 
tanto frío ni tanto calor como se experimenta que baja 
de las azoteas, A que satisfago — que por lo mismo; 
pues siendo más sólidos, más imidos y compactos los 
techos de azotea, el frío y el calor que los afecta por 
la parte de afuera, no hallando en ellos aire bastante 

que intercepte el calor y el frío, se comunica sin obs- Roió 
táculo así el calor como el frío a la parte de adentro^ 
del mismo modo que en una pieza de metal que se 
pone por un extremo al fuego, se siente el calor en el 
otro extremo que está fuera de él por la solidez y unión 
íntima de sus partes. Pero en los techos de teja, en 
que tienen menos solidez y unión las partes que los 
componen, tiene también el aire más acción para cor- 
tar el calor y el frío, del mismo modo que en un pe- 
dazo de madera que se pone al fuego por un extremo, 
no se siente en el extremo opuesto calor notable por 
la desunión de las partes que la componen. Si mi razón 
no satisface, a mí no me ocurre otra para explicar la 
causa de unos efectos que se experimentan constante- 
mente. 

538. — Por último hago las advertencias siguientes 
que en todas las paredes en que descansen maderas, 
se pongan pretiles de diez o doce hiladas de ladrillo a 
fin de que con su peso carguen y sujeten las cabezas 



E117] 



JOSE MANÜKL PEREZ CASTELLANO 



de los tirantes; porque si no se les pone esa carga 
cualquiera leve movimiento que les obligue a hacer des* 
de el medio el peso de la azotea, les obliga también a 
levantar las cabezas, la azotea se hiende y da entrada 
a las aguas por donde ellas están y tocándolas una hu- 
medad encerrada dentro de la pared, en pocos años 
se pudren las cabezas, que por necesidad se hallan en- 
carceladas donde tiene asiento la humedad. El lapacho, 
el incienso y el viraré^ que son las maderas que más 
comúnmente se ponen en los techos, no pueden resistir 
muchos años a esa "humedad encerrada, porque las 
abochorna, las escalda y las pudre, según se ha expe- 
rimentado por esa íalta en muchos techos nuevos como 
lo son todos los que hay en la ciudad. Por esta misma 
razón si se hacen corredores no se pongan de ningún 
modo pilares de las maderas nombradas^ que vayan 
enterrados por el pie; pues lo que se les entierra se 
pudre en pocos años. l*a única madera que se puede 
enterrar sin peligro de las que vienen del Paraguay o 
de Corrientes, es el urunday enteramente rojo y sin 
vetas blancas, de lo cual tengo experiencia. Pero ha- 
biendo palos de ñandubay de largo suficiente para lo 
que se desea, yo la preferiría a cualquiera otra, pues 
la reputo incorruptible en cualquiera parte en que se 
halle. Si a los pilares se les ponen pedestales de piedra 
labrada puede servir el lapacho^ el viraró y el alga- 
rrobo negro; pero conviene que a la piedra en el con- 
tacto del pilar no se le deje resalto ninguno que pueda 
detener el agua y hacerla colar a la mortaja de la pie- 
dra en que entra la espiga corta que al pilar se le hace; 
porque la espiga podría con el tiempo podrirse. Ad- 
vierto también que cuando se pongan las alfajías que 
cruzan los tirantes^ se claven en todos los que cruzan; 



[118] 



OBSERVACIONES SOBRE AGBICUI.TURA 



pues de ese cuidado pende que el enmaderado queda 
más ligado, más firme y bien unido, formando un solo 
cuerpo. Con esta advertencia se da por supuesto que 
nunca se deben sentar las tejuelas inmediatamente so- 
bre los tirantes; porque por unidos que estén, sin las 
alfajias que los unen unos a otros, tienen movimiento 
que desune y hiende la azotea. 

Así mismo advierto que si se quiere lograr con ar- 
gamasa un piso fínne y unido, se enladrille primero 
la pieza, empleando en eso los ladrillos bastos y sin 
raspar según salen del homo; y se enladrilla o bien 
con los ladrillos pequeños, que se suelen emplear en 
bóvedas, y son de los que se habla en el número 542, o 
bien con los grandes comunes, con que regularmente 
se hacen las paredes* Para enladrillado reputo mejores 
los pequeños por ser más gruesos; pero sean los que 
fueren se sientan en el suelo, o con cal, y es lo mejor, 
o con barro. Si se sientan con barro, se tiene cuidado 
cuando se enladrilla de que el barro no suba arriba 
por entre los ladrillos, sino quede todo abaj'o, y que si 
algo se insinúa por entre los ladrillos, sea sólo lo su-* 
ficiente a que los ladrillos queden bien calzados, de- 
jando limpios de barro los intersticios en su mayor 
parte a fin de que la argamasa tenga lugar de insinuar- 
se por ellos y haoer clavo, lo que en esos ladrillos se 
consigue fácilmente por el mucho grueso que tienen^ 
Después que el enladrillado se ha puesto se echa enci- 
ma la argamasa con las #ismas precauciones y cui- 
dado con que se pone sobre los techos, pues la arga» 
masa debe hacerse del mismo modo y según se dijo 
en el número 534 Cuando la argamasa tiene algunos 
meses de puesta, y mucho más si sobre ella caen rocíos 
y hielos queda tan üime que no se hiende ni desmo- 



[1191 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



roña. De lo que tengo experiencia en pisos de arga- 
masa propios, puestos de ese modo: porque los tengo 
en la ciudad en piezas altas, que después de muchos 

años de uso se conservan tan firmes como al princi- 
pio, y son tan unidos que ha sucedido ya anegarse el 
suelo con agua de lluvia fuerte, que ha entrado por las 
ventanas, sin que a las piezas bajas haya pasado iti 
una sola gota. También he visto, que dos balas de a 24 
de las que los ingleses arrojaron a la plaza en el año 
de siete, rompiendo una pared de las de una de esas 
piezas, cayeron desde bastante altura sobre el suelo 
de ella, en el que se quedaron; y después de quitados 
los escombros que las balas despidieron de la pared; 
no se halló en el suelo rastro ni mella que le hubiesen 
hecho las dos balas. Estas dos experiencias dan una 
suficiente prueba de la firmeza y unión del piso hecho 
con argamasa del modo que se ha dicho. 

Un argamasado semejante haría un excelente suelo 
para un granero de trigo. Pero ya he dicho que la ar- 
gamasa se debe echar sobre un enladrillado ; porque si 
se echa sobre cascotes, aunque estén bien pisados, el 
suelo se asolapa y queda flojo: de lo que también ten- 
go experiencia. Repito lo que ya he dicho alguna vez, 
que para que la argamasa salga buena se debe hacer 
con una parte de la buena cal que aquí usamos: otra 
igual de ladrillo molido según sale de la zaranda, sin 
quitarle los granujillos gordos que salen por su criba; 
y la tercera de arena terciada, o de grano algo grueso, 
que en el Miguelele se halla en el paraje indicado en 
el número 55. 

A primera vista parece que la argamasa que se hi- 
ciese con una tercera parte de cal, otra de ladrillo bien 
pulverizado y cernido» y con la última de arena fina, 



[120] 



OBSESRVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



saldría mejor y más fuerte que si la cal se mezclase 
con arena terciada» y con ladrillo molido, pasado sólo 
por la zaranda; pero la experiencia enseña lo contra- 
rio, esto es que la masa sale más fuerte cuando una 
tercera parte de cal se mezcla con otras dos iguales 
de arena y ladrillo en los términos que se han dicho, 
sin que sea necesario detenemos en dar la razón de un 
efecto que se experimenta constantemente; porque tal 
vez la que se diera no satisfaría a todos, cuando sólo 
nos basta saber lo que sucede, sin meternos en investi- 
gar la causa. EQo es cierto que la mezcla de cal y are- 
na para levantar paredes, se procura hacer con arena 
gruesa; porque la cal con ella admite más arena y sale 
más fuerte, que si se le mezcla arena fina; pues en- 
tonces se gasta más cal y la mezcla no es tan fuerte: 
y es cierto también que cuando para enlucir las pare» 
des y principalmente las cornisas hay necesidad de 
usar arena fina, la hay también de gastar de cal, parte 
mucho mayor. 

CHIMINEAS 

539. — No quiero pasar adelante sin hablar de las 

chimineas, que pongo en artículo separado por no ha- 
cer más largo el anterior, y hablo de ellas antes que 
de otras dependencias de la habitación por lo necesa- 
ria que es la chiminea en una casa. Yo en la mía de 
la ciudad tengo seis, algunas grandes y otras más pe- 
queñas, y todas las que tengo son buenas. Para hacer 
la primera, que es la más grande que tengo en mi co* 
ciña, le pregunté al albañil que me trabajaba, si sabía 
hacer chimineas de cajas como las que ya se usaban 
con aceptación en la ciudad. Me dijo que sí, y que 
él era de los primeros que laa había trabajado; por- 



[121] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO' 



que en Aragón, su país, no se usaban otras; pero que 

si yo quería prueba real de que las sabía hacer bue- 
nas, fuese a ver la que le había hecho a don Juan Fer- 
nández, vecino del pueblo. Electivamente fui a verla, 
y me dijo su dueño que no se sentía humo ninguno en 
la cocina o bien se encendiese fuego solo para guisar, 
o bien se encendiese también el horno para cocer pan. 
Con lo que me dijo, y con lo que yo mismo vi, no 
tuve ya que dudar, y me resolví a hacer mi chiminea, 
arreglado a las dimensiones de la que había visto: y 
-así voy a describir la que hice para si alguno quiere 
seguirla; pues aunque ahora no la tengo presente, me 
parece que no me equivocaré más que en pulgadas, o 
en alguna otra cosa que sea de poca importancia. 

540. — Si la pieza tiene cuatro y media- varas de 
ancho, se busca un madero de ocho o nueve pulgadas 
de tabla, y que tenga lo mismo o poco menos de grue- 
so: que sea largo cinco varas o poco más; porque so- 
bre este madero debe cargar la chiminea. El madero 
descansa por los dos extremos en las dos paredes maes- 
tras, sentándolo a la altura de dos varas cabales desde 
el piso de la cocina, de modo que los «que guisan o 
hacen otra cosa en el fogón no den con la cabeza en 
el madero, el cual desde la orilla interior debe estar 
distante del mojinete una vara cumplida, y más que 
menos: de suerte que entre la pared y la parte interior 
de la base de la chiminea haya una vara clara de an- 
cho. Cuando se empieza a trabajar la chiminea es des- 
pués que se ha enmaderado el techo, y el tirante últi- 
mo, con consideración: á la chiminea, se ha puesto dis- 
tante de la pared dos y media cuartas, las alfajíaa 
que cruzan y se clavan sobre los tirantes, llegan y dea- 
cansan sus puntas sobre las dos paredes que no son 



[122] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



maestras ; pera no pasan del tirante en el claro de dos 
varas largas por donde debe salir el cañón de la chi- 
minea ; de suerte que ese claro viene a ser un cuadri- 
longo de algo más de dos varas de largo y dos y me- 
dia cuartas de ancho luz. 

541. — Puesto el enmaderado en esa disposición, se 
empieza la campana de la ohiminea echando cuatro 
hilos desde los ángulos del claro cuadrilongo de arriba 
hasta los de la base de la campana, cuyo tabique prin- 
cipal tiene su estribo y cimiento, digámoslo asi, en el 
madero atravesado distante de la pared una vara; y los 
dos tabiques laterales, que son de poco ancho, lo tie- Campana 
nen en las paredes maestras, en las que se les abre con ehímmi 
una hachuela, hacienda descansar los primeros ladri- 
llos que se ponen sobre las hiladas que cuadren al ni- 
vel de la parte superior del madero: con la misma ha- 
chuela se abren regolas o canales en la pared, que lla- 
mo de mojinete^ siguiendo por la parte de afuera de 
la campana la dirección de los dos hilos, que desde 
loa dos ángulos del cimiento de la campana más inme- 
diatos a la pared, suben arrimados a ella hasta los dos 
correspondientes ángulos del claro cuadrilongo. Abier- 
tos los cimientos o estribos en las dos paredes maestras, 
y las dos regolas o canales por la dirección de los dos 
hilos, se empieza a sentar á. ladrillo de canto con una 
mezcla fuerte, esto es — hecha con una parte de cal, 
y otra parle o algo más de buena arena. El que trabaja 
la campana se pone de la parte de adentro, y para lle- 
var las hiladas derechas y con la dirección que debe 
tener U campana, tira hilos horizontales desde un hilo 
vertical a otro vertical, que desde los cuatro ángulos 
del claro cuadrilongo bajan hasta los otros cuatro del 
cimieuto de la campana, que supongo clavados y bien 



[123] 



JOSE MAIVUEL PEREZ CASTEIXANO 



tirantes: puesta la primera hilada por los tres lados, 
pues el cuarto lo da hecho la pared en que se practi- 
caron las regolas para encajar en ellas las puntas de 
los ladrillos de los tabiques laterales; sigue con la se- 
gunda, subiendo un poco más arriba los hilos horizon- 
tales que deben dirigirla: y de este modo va siguiendo 
las demás hiladas hasta que se tropieza con las made- 
ras, que quedan haciendo frente unida con el tabique 
por la parle de adentro, y fuera del tabique por la ex- 
terior en vista de que la tabla de las maderas tiene más 
ancho que el grueso del tabique. 

542. ^ Hecha la campana se cubren las maderas de 
la cocina echando la azotea del modo que se acostum- 
bra, dejando sólo descubierto el cuadrilongo claro que 
debe servir para el cañón de la chiminea. Después que 
se ha echado la azotea se sigue sobre el cañón, que 
desde ese punto sube a plomo por los cuatro lados, y 
se sigue de tabique con ladrillos puestos de canto, para 
el cual y el de la campana son excelentes unos ladrillos 
de un pie de largo, y de dos y media a tres pulgadas 
de grueso, que en la ciudad llaman ladrillos de bóve- 
da; porque con ellos se cerraron algunas de la Matriz. 
El albañil trabaja el cañón de la parte de afuera, y a 
la par que va subiendo, lo va enluciendo o revocando 
por dentro; pues si se concluye sin ese enlucimiento 
interior, es muy difícü echarlo después por la estre- 
chez que lleva el cañón. En llegando a dos y media 
varas de altura se dejan las aberturas, en que se de- 
ben formar las cajas: conviene que cada abertura tenga 
doce pulgadas de ancho, y catorce de alto: se dejan 
bien compartidas y unas enfrente de otras; tres en el 
lado más largo y otras tantas en el opuesto: una en 
el lado corto, y otra en su opuesto. Después de cerradas 



[1243 



OBSaRVAClQygS iOBRK AGRICULTURA 



las aberturas por encima se aube el cañón como tres 
cuartas más, y se le echa un filete con un ladrilio sen- 
tado de plano por el medio, de suerte que resalte por 
la parte de afuera un par de pulgadas, sui cuidar mu- 
cho de lo que resalte por la de adentro, pues desde el 
filete se cierra el cañón con una bovedilla que también 
se hace con ladrillos puestos de canto; pero descansan- 
do sobre una cimbria de tabiitas delgadas, táciles de 
quitar. Cerrada la bovedilla sin que en ella quede aber* 
tura ninguna^ se dej a que la cal tome cuerpo secándose 
y después de seca se hacen las cajas. Para hacerlas se 
toman tejuelas de las que tienen dieciséis pulgadas de 
largo y ocho de ancho, que ^eon derechas y de buena 
masa para cortar. 

543. — A una tejuela que señalo al margen con el 
número 1 se le haca el corte y después el corte d b, 
y poniendo un poco de cal iuerte bien amasada y sin 
piedra no sólo encima del tabique que está contra ia 
parte inlerior de la mocheta de la aJjertura sino tam- 
bién en la nusma mocheta, se pone la tejuela 1 sentada 
en a encima del tabique, y pegada también por su 
costado c-o contra la cal que se ha puesto 'en la mo- 
oheta. Se toma otra tejuela recortada del mismo modo 
que la i, y 86 sienta también sobre el tabique y contra 
la mocheta que está enfrente en ia misma abertura, 
i'uestas esas dos tejuelas y bien pegadas una a un lado 
y otra al otro, se pone una tejuela sin recortar encima 
de la que ya esta puesta, pegándola con cal por su 
canto encuna de c y por su costado en la mocheta» 
debiendo esta tejuela hacer un frente a plomo con el 
frente ií 6 de la i. No habiéndose recortado esta te- 
juela que va encima^ resalta de la parte de adentro un 
par de pulgadas más que la de abajo; pero no se hace 



[123] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELXJ^O 



caso de eso, pues en nada perjudica, antes bien sirve 
para balancear de algún modo el peso mayor que las 
tejuelas tienen en lo que exceden por la parte de afue* 
ra: puesta la tejuela sin recortar se acuña y se ajusta 
bien contra el tabique horizontal que está sobre la 
abertura y contra el que sirve de mocheta. Se pone 
después enfrente otra tejuela sin recortar encima de 
la recortada, que ya suponemos puesta, y se pone del 
mismo modo que se ha puesto la sin recortar en el lado 
de enfrente: con lo que quedan hechas las dos paredes 
o tabiques de la caja. Hechos los dos tabiques con 
frentes a plomo, se toma una tejuela recortada del mo- 
do que se ve al margen la del número 2 y se monta en 
a y e sobre los resaltos b de las dos tejuelas inferiores 
que se hallan en los dos tabiques, arrimándola bien 
con cal al frente a plomo de ellos: se toma después la 
última tejuela, y sin recortarla se sienta de canto con 
cal encima del canto o u de la 2, pegándola también 
con cal por su costado al frente a plomo de los tabi- 
ques: con lo que queda concluida la caja. 

544, — ' Del modo que se ha hecho y cerrado esta 
caja se hacen y cierran las siete restantes. Después que 
se han afirmado bien secándose la cal» se acrecientan 
los tabiques de las cajas y sus tapas con cal y casco- 
titos dos o tres pulgadas hacia arriba, y otras tantas 
hacia abajo a fin de que se liberten mejor las abertu- 
ras que tiene el cañón de las lluvias que sm ese au- 
mento embocaría por ellas el viento, y del viento mis- 
mo que soplando honzontalmente abatiría el humo sin 
dejarlo salir con libertad; digo que añadido ese au- 
mento que nunca peca por exceso, se enlucen o revo- 
can todas las cajas con buena y fuerte mezcla fina, 
sin ponerles otra cosa que lo que se ha dicho, so pena 



[126] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



de que si Be les pone alguna cubierta, como he TÍsto 
en algunas chimineas, es para echarlas a perder^^ pue» 
conviene o es necesario que queden desahogadas, 

545. ^ Para hacer la campana, cañón y cajas de 
la chiminea he propuesto sólo mezcla fuerte de buena 
cal; porque la he experimentado suliciente; y para el 
cañón y cajas, que están siempre expuestas al agua, 
mucho mejor que el ye&o; pues las cajas hechas con 
yeso por ^len i evocadas y enlucidas que estén, suele 
penetrarlas la humea4d9 con que ei yeso se ablanda, y ^ 
entonces se cae alguna parte de ias cajas, como me ha ^^^^^ ^ h 
sucedido con mucnas, que He tenido que componer con 
cal después que lie vibto esa laíta del yeso, üigünas ve- 
ces por la urgencia ias he compuesto con en a a os míos 
que jio eran alDaniies, y para componerlas no se lia 
íiecno otra cosa que arrimar laa tapab a los taniquiiios» 
en que se poni4 nuena mezcla, y arrimarías bin encaje 
alguno que ias sostuvicbe, purque no lo teman; pero 
para que no se cayesen mientras ia cal se manteaia 
liesca, lie recobtado contra las tapas pegadas un puntal 
de madera» y manteniéndolo recostado hasta que con- 
sideraba que la cal estaría bien seca y que ya habría 
hecho clavo, ha sido eso sutíciente para que jamas ae 
me haya caído tapa alguna de las que he pegado sólo 
de ese modo. Es verdad tjue el, yeso se cuaja pronto, y 
por lo mismo se hace con él en más breve tiempo el 
trabajo de la chiminea; pero si se ailoja con la hu^ 
medad que percibe, vale más emplear en la obra más 
tiempo, y un poco más de prohjidad, como quede iir- 
me, que no vivir después con la zozobra de que puede 
faltar el yeso a la hora meaos pensada. 



JOSX MAirUSL PBBSZ CASTELLANO 



54Ó. He dado mucha salida fuera del tabique del 
cañón a los tabiquillos de las cajas, tal vez de siete o 
más pulgadas; porque conviene en ellas ese desahogo 
a fin de que salga el humo con franqueza. Por la mis- 
ma razón he descrito las aberturas para las cajas^ 
grandes y multiplicadas en una chiminea grande de 
una cocina, de suerte que después de puestos los tabi- 
quillos vienen a quedar en ocho pulgadas de ancho, y 
•tinda la catorce de alto o largo; porque así es como se deben 
idtvría. hacer. >:o he visto chimineas, pulidas por fuera con 
cajas pocas y muy pequeñas, siendo de cocina princi- 
pal» en que comúnmenle se hacía fuego bastante con 
leña, y no con carbón: y sin más antecedente que ver 
pequeñas las cajas sin hallarse ahumadas, fallaba que 
aquellas chimineas venían propiamente a ser candil 
de la calle y oscuridad de la casa ; y después he cabido 
que mi juicio no fue errado. Por la misma razón el 
cañón debe hacerse desahogado y tan alto, que salga 
desembarazado de techos mmediatos. Ninguna chimi- 
nea peca por tener el cañón alto, y pecan muchas por 
tenerlo muy bajo, y otras por tenerlo muy estrecho 
para el humo que debe encaminarse por él. A algunos 
Ies parece que el humo por no ser más que un vapor, 
es cuerpo fácil de comprimirse y salir todo por lugares 
estrechos, y se equivocan; porque la experiencia enseña 
lo contrario. 

547. — Para que la chiminea sea buena, a más de 
los requisitos ya indicados, no debe tener su campana 
más aire libre que el del frente: por esta razón si se 
hace chiminea pequeña en algún ángulo o en medio 
de la pieza es menester cerrar con tabiques los lados 
que no estén cerrados con pared; porque no haciéndose 
así| el aire que entra por los lados saca el humo fuera 

[128] 



OBSERVACIONES SOBBE AGRICULTURA 



de la campana y lo descamina. Esta es la razón por- 
que en el campo no ha probado bien alguna otra chi- 
minea que se ha hecho en medio de la pieza con el 
objeto de que pudiesen en el invierno arrimarse mu- 
chos al contorno del fuego. A uno le ocurrió el hacer gi air« 
una chiminea en medio de la cocina con total indepen- entrar tól 
dencia de sus paredes. Para hacerla puso cuatro pila- 
res de madera formando un cuadro de tres varas o 
poco menos por cada lado: en las cabezas de los pila- 
res a las dos varas de altura sentó cuatro soleras, y so- 
bre ellas levantó los tabiques que debían formar y for- 
maron la campana, cuyo cañón salía fuera por medio 
del techo: a la raíz de los pilares puso cuatro palos 
labrados que fonnaban un asiento bastante cómodo 
para que quince o veinte hombres pudiesen en el in- 
vierno calentarse descansadamente mientras que el fue- 
go, que estaba en medio del cuadro y en el lugar más 
bajo, les sazonaba la cena. Nada hubiera habido más 
cómodo, para que la gente de trabajo se estuviese en 
el invierno contando cuentos al lado del fuego, que 
una chiminea en esa disposición, si el humo no hu- 
biese entrado a hacer de las suyas contra las buenas 
intenciones del del proyecto; porque como el aire 
entraba por los cuatro lados que le franqueaban abier- 
tos los cuatro pilares, el humo lejos de encaminarse al 
cañón de la chiminea, se desparramaba por toda la co- 
cina, y no había quien parase en ella. Por cuya faha 
se quitó de allí la chiminea según me dijo uno de la 
misma chácara. 

548. — Fuera de esa chiminea grande, cuya descrip- 
ción se acaba de hacer, tengo otras más medianas, 
que también son buenas; pues aunque de diferentes 
figuras todas guardan en lo sustancial y están sujetas 

9* 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELI^NO 



a las leyes o reglas que se han sentado por necesarias. 
En la pieza en que se cotne tengo una pequeña que sir* 
ve para hacer fuego en los días fríos de invierno, en 

que no hay sol, y hay nieblas o mucha humedad en el 
piso, sea de las caUes o del campo. £n semejantes días 
como no se puede salir a caminar fuera para que el 
cuerpo entre en calor, conviene en casa una chíniinea 
como esa; y voy a describirla por si alguno en el cam- 
po quiere hacerla semejante o tal vez mejor. Para 
hacerla señalé en la pared con un carbón el lugar de 
la homalla dándole la figura de la campana de un 
homo de cocer pan ; pero algo más prolongada a pro- 
porción de ancho; porque tendrá como una vara de al- 
tura desde el suelo, y sólo como dos y media cuartas 
de ancho en su base, que está al nivel del piso de la 
pieza. Hecho ese diseño hice que con una hachuela se 
cortase en la pared el ladrillo, dándole a la cavidad 
que se hacía la figura de un homo que se cortase do 
alto a abajo por el medio de su campana. Después que 
se hizo la cavidad; que en la parte más baja<« que es la 
más profunda, tendrá sólo media vara y va disminu- 
yendo de profundidad a proporción que sube, hice 
sentar en el suelo unos ladrillos, dejando en el medio 
un mechinal de cinco a seis pulgadas de ancho, cuatro 
pulgadas de alto, y de profundidad como doce pulga- 
das: después hice sentar encima una loza de piedra, 
labrada a propósito con un agujero en el medio como 
de seis pulgadas de diámetro para poner dentro de él 
el fuego con que se había de encender la leña; pero 
antes hice acomodar unas varitas de hierro que sirvie- 
sen de rejilla a fin de que el fuego no pudiese caer 
dcutro del mechinal, y sólo cayese la ceniza. Después 
que se colocó y afirmó bien la piedra, se enlució toda 



EISO] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 
f — 



la media campana con buena argamaBa hecha del mo- 
do que se dijo en el número 534. 

549. ^ Hecha y enlucida la inedia campana, que 
era lo que yo consideraba más difícil, desde lo más 

alto de la pared, y por el claro de dos alfajías, hice 
echar un plomo que cayese sobre el vértice o punto 
más alto de la campana y se señaló con un carbón el 
viaje del hilo en la pared: a las cinco pulgadas de dis- 
tancia de este primer hilo se echó un segundo^ y se 
señaló su viaje: se echó por úllimo un tercer hilo al 
otro lado del primero, y también se señaló su viaje a 
otras cinco pulgadas distante del del medio. Después 
de señalados los tres hilos se hizo con la hachuela una 
regola de diez pulgadas de ancho, pues se le dio el 
ancho que señalaba los dos hilos de afuera, y ocho 
pulgadas de profundidad. Hecha la regola se enlució 
bien con argamasa, y enlucida se fue cubriendo con 
un tabique de tejuelas delgadas: cubierta la regola o 
conducto del humo, se enlució la parte exterior con 
mezcla de cal y arena como lo estaba la pared de la 
pieza: se siguió el cañón a plomo de la regola desde 
encima del techo de la pieza, y cuando tenía seis cuar- 
tas de altura se le hicieron dos cajas en dos lados 
opuestos: se echó sobre las cajas un filete para adorno 
y se cerró el cañón con tejuelas atravesadas, pues eso 
era bastante para cerrar un cañón estrecho, A la te- 
juela que cuadraba en el medio se le hizo un agujero 
redondo de tres pulgadas de diámetro enluciendo el 
todo con mezcla buena de cal, sin haber gastado en 
este cañón que fue hecho de tabique con tejuelas, ni 
en BUS cajas otra cosa que buena mezcla de caL El 
agujero de tres pulgadas que quedó sobre la cubierta 
del cañón se mantiene siempre tapado, y sólo se des- 



JOSE UAmiBL PEREZ CASTELLANO 



tapa para deshollinar el cañón y conducto, o limpiarlo 
de las telas de araña. Cuaodo pasadas las estaciones 
benignas, se quiere en algún día frío encender fuego, 
y se tiene por conveniente darle al conducto un lim- 
pión, no hay más que subir al techo con un hilo de 
siete u ocho varas de largo, en que se ensarte un plu- 
merillo, y poniendo en la punta del hilo inmediata al 
plumerillo un plomo, se mete el plomo y plumerillo 
por el agujero redondo que tiene la cubierta del cañón 
en el medio, y dándole hilo al plomo para que descien- 
da hasta abajo, arrastre consigo al plumerillo, que con 
sola esa acción deja limpio al cañón y al conducto de 
todo cuerpo que pudiera embarazar la salida libre del 
humo. Por supuesto cae en la hornallita toda la broza 
que puede arrastrar el plumero, el que se saca vol- 
viendo a recoger arriba todo el hilo que se hizo 
descender hasta abajo. Se vuelve a tapar el agujero 
como estaba; pues no se necesita de él sino para lim- 
piar el cañón y conducto según se ha dicho. 

550. — Para tener oculta la chiminea mandé hacer 
un marco llano de poco cuerpo, en el que puse una 
puertecilla llana de dos hojas. El marco que tendrá 
como una vara de alto y tres cuartas de ancho lo 
ajusté al nivel de la pared, clavándole primero en el 
medio de la parte superior que cae adentro, un pe- 
dazo de hoja de lata para libertarlo de un calor exce- 
sivo, y tanto al marco como a la puerta, que no tiene 
resalto alguno sobre el marco, los hice pintar de blan- 
co, que se confunde con el de la pared lo bastante, 
para que no se haga notable la chiminea a los que 
entran al cuarto* Cuando vienen los días, en que se 
quiere encender la chiminea se abren las dos hojas y 
se arriman a la pared: encendida la cluminea no se 



[132] 



OBSERVACIONES SOBRE ACRXCULTURA 



siente en ella humo ninguno, y mientras arde se puede 
leer á su lado y calentándose, sin la menor incomodi» 
dad, de lo que son testigos muchos que lo han visto^ 
y pueden serlo cuantos quieran verlo Cuando arde 
la chiminea con cualquiera leña aunque medio verde, 
se tiene el gusto de ver cómo por la presión del aire 
exterior, qué se halla con más fuerza que el del con* 
ducto» ya enrarecido por el humo y el ftiégo, tiran 
estos dos compañeros para arriba sin inclinarse ja- 
más hacia fuera» Por esto la pieza después de muchos 
días de fuego que se le ha dado a la chiminea, no 
tiene cosa que denote que en aquel cachivache se hace 
fuego. Alguna vez he tenido la humorada que en ella 
se me hiciese algo de comer, y se ha hecho con mu- 
cha comodidad. Una chiminea como ésta sería muy 
apreciable en el campo, en donde sin dispendio alguno 
se podía usar de ella con más frecuencia por ser el 
campo más socorrido de ramas, de charamuscas y de 
otros combustibles que el poblado. Si alguno me re- 
conviene que por qué no la tengo en el campo, diré 
que muchas veces tuve intención de hacerla, princi» 
pálmente después que experimenté la bondad de la 
del pueblo; no obstante que en la chácara tengo dos, 
que no son malas; porque también son de cajas, pero 
que una pequeña aún no la he hecho, o por las cir- 
cunstancias de disgustos continuos en que nos halla- 
mos va corriendo a cuatro años, o porque non omnia 
possumus omnes, pues ocho chimineas prueban bien 
de que no las miro con indiferencia. 

551. — Me he detenido en hablar de ellas con al- 
guna prolijidad deseando que todos hagan buena la 
que necesiten; porque una chiminea mala- en una casa 
es lo mismo que tener un infierno en ella. Habrá ocho 



[133] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



meses que se me ofreció ir a casa de un labrador aco- 
modado, y llegué a ella en ocasión que tenían encen- 
dido el horno para cocer pan: la casa es grande y 
tiene corredores. En uno de ellos hallé a la familia, y 
en él me recibió; porque no tenían pieza que no estu- 
viese infestada de humo. En el corredor molestaba 
también mucho, y no me fue posible detenerme, dán- 
doles a los dueños por razón que el humo despedía a 
tnw mala huéspedes de casa; pero antes de montar a caba- 
Infierno. lio quise ver la chirainea por si acertaba a dar a los 
dueños un remedio fácil; y no me fue posible dar un 
paso dentro de la cocina, ni hubiera visto nada aun- 
que hubiese entrado; porque el humo espeso con que 
estaba anegada, lo impedía» Sólo la vi por fuera, y 
noté la falta de que el cañón era bajo, y de que tenía 
sus aberturas expuestas a todos los vientos: y así le 
dije al dueño que cuando pudiese, levantase más el 
cañón y pusiese cajas a las aberturas, para lo que po- 
dían servirle de modelo muchas chimineas buenas que 
había en la ciudad. No hablo de las chimineas ya de 
hoja de lata, ya de cobre, que sobre una espiga de 
hierro gira con el viento, presentándole siempre la es- 
palda para que por la boca salga el humo sin emba- 
razo; porque necesitan reparos continuos, y están ex^ 
puestos los que las usan a que falte la chiminea cuan^ 
do más se ha menester. 

AUIBES 

552. — Una de las dependencias más importantes, 
por no decir necesarias, que puede tener una casa de 
campo en el Miguelete, es el aljibe; porque el Migue- 
lete y sus vertientes todas son de agua gruesa que cor- 



[134] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



ta cl jabón para lavar, y aunque dulce, es pesada para 
beber. Sólo cerca de su desagüe tiene la fuente que 
llaman de la Teja, cuya agua es buena para beber y 
lavar; pero a más de que cuadra muy lejos del co- 
mún de los habitantes del Miguelete, con las grandes 
secas suele escasear el agua de modo que ni para los Aljlb© es 
vecinos inmediatos presta la que ban menester. Por sane 
esto he dldio que para los labradores del Miguelete 
es casi necesario un aljibe en su casa: y por esta con- 
sideración propuse también en el número 526 que los 
que se determinen a edificar casas firmes, las edifi- 
quen dándoles a las aguas la salida conveniente para 
hacer en ellas aljibe cuando puedan. Aun cuando fue- 
ra delgada el agua del arroyo, sería de mucho alivio 
el tenerla en aljibe dentro de casa; porque el consu- 
mo que hay de agua en una casa de campo para gui- 
sar y para otros menesteres de la cocina, para beber 
los hombres y las aves domésticas, es tan considerable 
en el estío que el irla a buscar con frecuencia al arro- 
yo fatiga mucho; pues siempre hay que subir con el 
peso del agua por un repecho arriba, que sólo pueden 
decir lo que cuesta los que se emplean en ese trabajo. 
Es pues la utilidad del aljibe en casa tan manifiesta, 
que no hay para qué detenerse en probarla; y mucho 
menos si a la utilidad se le junta la necesidad de tener 
en casa agua buena por no hallarse en otra parte. 

553. — Habiéndose de hacer aljibe, se hace prime- 
mero la excavación o cuadrilonga o circular; porque 
éstas son las figuras que más comúnmente se dan a g„pj*J!J¡^ 
los aljibes* Para hacerla cuadrilonga y que salga exac- " ^ ' 
ta a la luz que se quiere dar al aljibe, después de de- 
ducido el terreno que llenan u ocupan las cuatro pa- 
redes, se usa de escuadra para delinear la excavación 



[135] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



en ángulos rectos, y al paso que se va cavando y sa- 
cando fuera la tierra, se usa también del plomo para 
llevar a nivel las tapias de la excavación; porque si 
después de haberla hecho, y cuando se entra a la obra 
de trabajar las paredes con la cal y el ladrillo, se halla 
que las tapias de la excavación tienen senos o socavo- 
nes, sobre detenerse mucho la obra en rellenarlos con 
remiendos de tierra, nunca queda ni puede quedar tan 
firme ese terreno remendado contra el que se apoyan 
las paredes de la bóveda, como uno compactp por na- 
turaleza. Si la excavación se dejó sin plomo, y tiene 
convexidades o jorobas, cuando se trabaja con el la- 
drillo, el plomo que éste lleva va descubriendo las 
convexidades de la excavación, y hay que irlas corri- 
giendo en lo que también se gasta tiempo, y se em- 
puerca el ladrillo y la cal con la tierra que le cae en- 
cima: y entonces las convexidades son jorobas en todos 
sentidos. Por evitar estos inconvenientes y ahorrar gas- 
tos con el albafíil importa que desde el principio se 
lleve la excavación en escuadra, y se vaya dejando a 
plomo. 

554. — En cualquiera excavación que se haga con- 
viene, si se puede, llegar al suelo muy firme de cas- 
quijo o pedregullo, a fin de que las dos hiladas de la- 
de poner drillo que lleva el asiento del agua, lo tengan sobre 
al aliibe. suelo que no pueda ceder a su peso. Algunos hacen el 
suelo del aljibe antes de las paredes; pero común* 
mente se hace después que la bóveda se ha cerrado. 
Hágase antes o después, conviene darle al asiento in- 
clinación de todos lados hacia el medio, dejándolo no 
horizontal sino cóncavo donde trabaja el balde; lo 
que se practica poniendo el terreno en esa disposición, 
y sentando después el ladrillo sin cuidado. A mi me 

[136] 



OBfflítVACIOtnSS SQBRB AGRICtniTORA 



parece que lo más seguro es hacer primero el asiento 
que llegue con sus dos hiladas hasta las tapias del al* 
jibe, y empezar después las paredes sobre las orillas 
del asiento dejando volada sobre él como tres pulga- 
das la primera hilada, que llaman zabaleta, y en la 
segunda recoger la pared al ancho en que debe quedar. 
En todo lo demás no tengo que advertir porque por lo 
común lo saben los albañiles, a no ser que se tropiece 
en el campo con algún chapucero que por no hallar 
trabajo en la ciudad^ busque fuera a quien vendérselo 
caro. Para loa aljibes por regla general se hace la 
mezcla con dos partes de la buena cal que tenemos, y 
cinco iguales de arena terciada. Se llama arena ter- 
ciada la que ni es muy fina ni muy gruesa y tiene el 
grano bastante igual. En la playa de la boca del Mi- 
guelete por donde baja el camino del rincón de Jesús 
Marfa he visto a la izquierda de ese camino sobre lo 
alto de la misma playa de esa buena arena, que suele 
preaentarae jaspeada de rojo; porque tiene muchos 
granos de ese color* Al tacto se conoce también por^ 
que es más áspera que la fina, que se escabulle entre 
los dedos» Es arena excelente para techos y para toda 
obra de ladrillo, En los aljibes conviene sentar los la- 
drillos muy anegados de cal a fin de que con ella se 
cierren todos los intersticios, que sin eso quedarían 
abiertos en muchas partea. 

555- — Antea que se me oMde voy a hacer una ad- 
vertencia que puede importar algo, y es que algunos 
hacen la mezcla de cal y arena con anticipación de 
muchos meaes antes de meterla en obra; y aunque a 
mf siempre me pareció que una mezcla, hecha con esa 
larga antícipaci6n de tiempo debía perder mucho resé* 
cándose; con todo como lo vda practicar asi por per- 



[1371 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



sonas que me parecían inteligentes, y lo vi practicar 
hasta en la obra de la Iglesia, me conformé alguna 
vez con esa práctica contra lo que yo juzgaba: y por 
mi experiencia conocí que era muy perjudicial al vigor 
que debe tenejr la mezcla cuando se usa; porque ha- 
biendo mezclado y amontonado una porción conside- 
rable de cal, cuando fui a usar de ella, que fue a los 
dos años de hallarse mezclada y amontonada contra 
tres paredes de una pieza, se halló difícil de suavizar, 
y se halló también muy desvirtuada; por cuyo motivo, 
después del mucho trabajo que se impendió en irla 
batiendo para hacerla manejable, fue necesario irle 
añadiendo cal para volverle el vigor que ya había per- 
dido. Por esta experiencia^ y por las que después he 
tenido, juzgo que la mezcla no se debe hacer sino 
quince o veinte días antes de ponerla en obra; porque 
ése es un tiempo suficiente para que se ablanden y 
puedan deshacerse can facilidad las piedrecillas calci- 
nadas: y no lo es para que la mezcla pueda desvir- 
tuarse. Si la mezcla de cal y arena no debe hacerse 
con mucha anticipación; menos anticipación debe te- 
ner la argamasa que lleva una parle de polvo de la- 
drillo ; porque siendo este polvo un secante de los más 
activos, se pone la argamasa muy endurecida y difícil 
de suavizarse cuando se deja mezclada por muchos 
días: y así juzgo conveniente que se haga cuando se 
va a poner^ o un día antes cuando más anticipada; pero 
conviene también que el que la dispone en el batidero, 
la vaya batiendo bien por partes según se va poniendo 
en el techo, o cuando con eUa se enluce por dentro un 
aljibe; pues para enlucir aljibes se debe preferir siem- 
pre la argamasa a la mezcla sólo de cal y arena. Hecha 
de paso esta advertencia sigo con los aljibes. 



[138] 



OBSERVACIONES SQBBE AGRICUIíTUBA 



556* — Cuando la excavación para el aljibe es 

circular o redonda, se clava en medio del terreno una 
estaca cilindrica, que tenga como tres cuartas de largo, 
que sea derecha y de buena madera, y se clava a plo- 
mo y muy perpendicular: se le hace a un hilo de acá* 
rreto una enlazada o anillo en uno de sus extremos, 
y so mete el anillo en la estaca de modo que gire con 
libertad en contorno. Sí yo quiero dar al aljibe seis 
varas luz de diámetro por ejemplo* mido desde el ani- 
llo tres varas y media, las tres que corresponden al 
radio o mitad del diámetro luz en que debe quedar, y 
la media que debe llenar después la pared de cal y la- Excavacíór 
driUo. En la punta del hilo, o a las tres varas y media ""^^ 
desde la estaca, pongo un clavo, y dando vuelta con el 
hilo tirante sobre la estaca señalo un círculo dentro del 
cual se empieza la excavación. Cuando ya se ha cavado 
y extraído la tierra media vara de fondo por ejemplo, 
bajo la estaca al nuevo piso, que se ha hecho y la clavo 
perpendicular como la vez primera; pero para que la 
estaca no varíe de perpendicular y siga siempre la di- 
rección de la primera, se atraviesa un tirante bien de- 
recho, que tenga ocho o nueve varas de largo, y se 
atraviesa desde un borde al otro de la excavación, po- 
niéndolo a nivel horizontalmeute y cubriendo el ma- 
dero uno de los diámetros que pasan por el centro del 
círculo: en esa disposición y asegurado por los extre- 
mos de modo que no se mueva, se le pone al madero 
en el medio y en el mismo centro del círculo, un anillo 
de piola que caiga en la parte inferior del madero mi- 
rando al fondo de la excavación^ de suerte que por el 
anillo se pueda dejar correr un plomo que caiga sobre 
la cabeza de la estaca* Cuando ésta se baja, a fin de 
que no varíe de peipendícular» se deja caer el plomo 



[139] 



JOSE MANUEL "PEREZ CASTELLANO 



por el anillo del tirante, y el plomo indica cómo debe 

quedar la estaca. Se sigue la excavación y ge sigue ba- 
jando la estaca, la que siempre sirve y debe servir de 
apoyo al cintrel que gira a su rededor y dirige la exea* 
vación en contorno. Para cintrel en vez de hilo, que 
ya se estira, ya se encoge, tengo por mejor una caña, 
en uno de cuyos extremos se pone el anillo que gire 
alrededor de la estaca, 

557. — Para sacar la tierra cuando ya está profunda 
y no se puede arrojar arriba con la pala, he visto que 
algunos tienen la providencia de ir dejando^ desde que 
se empieza la excavación, gradas de tierra sin cavar 
en alguno de los lados de las tapias, dándoles como 
media vara de ancho, por las que suben y bajan con 
tipas medianas los que sacan la tierra; y cuando se 
llega al íondo en que se debe poner el asiento del al* 
jibe deshacen las gradas, y la tierra que de eUas sale, 
que no ea poca, la sacan o por escaleras largas de ma- 
no, o tirando con cuerdas las tipas. Esta providencia 
me parece buena en terrenos estrechados con edificios, 
en que no se puede poner un cigoñal; pero en el cam- 
po, en que por lo común se puede éste poner con des- 
ahogo, juzgo que no hay cosa mejor y que más facilite 
eae trabajo, que el cigoñal del modo que para extraer 
agua se explicó en el número 481 y siguientes, sin más 
diferencia que en vez de balde o cubo, colgar tipa en 
el gancho de la caña, y llenándola de tierra dos hom- 
bres que estén abajo con palas, subirla con el auxilio 
del contrapeso el que maneja el cigoñal, y desengan- 
charla, poniendo en su lugar otra vacía, los hombres 
destinados a llevar la tierra donde se va poniendo. 
Con este sencillo instrumento del cigoñal, y con seis u 
ocho tipas» que en sus dos asas a orejas tengan una 



[140] 



OBSEEVACIONES SOBRE AGRICX7LTUBA 



guasca p^ra engancharlas, se puede sacar en un día 
fácilmente un mundo de lien a. 

SSS^ — Cuando la excavación está ya concluida, ex- 
traída toda la tierra^ y dispuesto el piso o asiento del 
agua con la inclinación hacia el medioy de que se ha- 
bló en el núnlero 554, se baja el ladrillo o en tipas por 
medio del cigoñal, o por un tablón largo y ancho, que 
se pone diagonalmente haciendo pie por un extremo en 
la raíz de la tapia de la excavación, y descansando el 
otro extremo en lo alto de la tapia de enfrente. Para ba- 
jarlo no hay más que hacer que ir poniendo encima del 
extremo que está recostado arriba ladrillo por ladrillo, 
el que por su propio peso se resbala por el tablón in- 
clinado hasta abajo sin estropearse ladrillo ninguno, 
de lo que tengo experiencia* Para bajar la mezcla en 
cubos se usa del cigoñal con más facilidad que para 
subir la tierra, siendo cierto que un peso dado se baja 
con más facilidad que se sube. Los dos aljibes que yo 
he hecho, uno en la ciudad y otro en la chácara sou 
circulares; porque el círculo y el cuadro perfecto son 
las figuras que más me gustan entre cuantas veo es- 
tampadas en los libros que tratan de matemática. La 
figura cuadrada la he preferido para el cerco de la 
tierra que se labra, y mis lectores dirán si tengo razón 
cuando lean con algún cuidado en el titulo Cerco el 
número 22 y los siguientes. Para los aljibes he prete- 
rido la figura circular por lo que presto diré; pero 
antes de pasar adelante debo explicar la figura del la- 
drillo que mandé hacer para uno y otro aljibe* 

559. — Para hacer el molde del ladrillo, empleado 
en el aljibe de mi chácara por ejemplo, que tiene seis 
varas luz de diámetro; clavé en el suelo una estaquita, 
y haciéndole una enlazada o anillo a un hilo de tres 



[141] 



JOSS MANUEL PEREZ CASTELLANO 



varas y media de largo, puse el anillo en la estaquita, 
y tirando por el hilo eché a su lado una raya hacia el 
extremo que yo tenía: mudé el hilo nueve pulgadas dis* 
tanta del extremo del primero, y eché por su lado se- 
gunda raya hasta el extremo en que lo tenía: medí 
después media vara en los extremos de cada hilo, más 
distantes de la estaca, y señalé en cada uno el punto al 
que alcanzaba la medía vara: desde un punto a otro 
eché con una regla una raya, y hallé que ese lado más 
corto, que era el más cercano a la estaca, tenía poco 
más de siete pulgadas, siendo así que el lado de afuera 
tenía nueve cabales. De esta medida me resultó una 
figura de cuatro ángulos, dos agudos en la cabeza de 
nueve pulgadas, y dos obtusos en el extremo de siete 
pulgadas y tres líneas, siendo sus lados de media vara 
cada uno. Con este resultado mandé hacer un molde 
de dos ladrillos a la par, que tuviesen fuera de molde 
media vara de largo, una cuarta de ancho en la cabeza, 
y en el otro extremo siete pulgadas y tres líneas. Así 
ge hizo el molde, y se hicieron por él los ladrillos con 
la dimensión que ae ha dicho. 

560. — Los ladrillos con esa figura en una excava- 
ción circular, que tiene de diámetro siete varas, y de 
semidiámetro o radio tres varas y media, tienen la 
ventaja de que cada hilada en contomo es un arco 
que no puede escapar para adelante o para el medio 
del aljibe por la figura de cuña que tiene cada ladri" 
lio; y para atrás tampoco por la tapia de la excava- 
ción que lo impide. Tienen a más la ventaja de que no 
hay que rellenar huecos que es necesario dejen en una 
pared circular los ladrillos cuadrilongos, cortados en 
ángulos rectos^ que son los que comúnmente se usan. 
Estas ventajas que son palpables me parecieron sufi- 



[142] 



r 



OBSERVACIONES SOBHE AGRICUL.TUHA 



cientes para el corlo gasto que hice en mandar hacer 
los moldes, tanto para el aljibe del pueblo que tiene 
cinco varas y inedia luz de diámetro, como para el de 
la chácara que tiene seis. En resumidas cuentas tanto 
para los moldes del aljibe del pueblo, como para los 
del de la chácara, yo no tuve que costear nada, por- 
que los mismos horneros que me hicieron el ladrillo 
me abonaron su 'costo, pareciéndoles bien la idea, y 
que podrían necesitarlos alguna vez: y asi se queda- 
ron con ellos. 

561. — Preparados los materiales, se echa primero 

el asiento o piso del agua, si se quiere, del raodo que 
se dijo en el número 554, y se echa o con ladrillo del 
común, o con el de la figura que se acaba de explicar. 
Si se echa con ésta es menester llevar las hiladas en 
rueda porque a eso obliga la figura que tiene el ladri- 
llo: se empieza la primera hilada circular tocando con 
la cabeza más ancha en la tapia; se hace después la 
segunda tocando con la c¡Bbeza más ancha en la más 
angosta de la primera^ y como ésta se pone en todo el 
contorno, y en la misma forma se van poniendo las 
demás hasta el centro: se echa segmido enladrillado 
al asiento; pero empezando la primera hilada en con- 
tomo no arrimando las cabézas a la tapia sino cortan- 
do con la primera hilada del segundo enladrillado la 
mitad de los ladrillos de la primera hilada del primero 
a fin de que los ladrillos se crucen, como saben y acos- 
tumbran hacer los albañiles, y se rellena con medios 
ladrillos y cascotes el hueco que esta hilada deja entre 
la tapia y las cabezas de los ladrillos: se sigue después 
segunda en contomo, sin dejar hueco alguno, y de este 
modo se siguen las demás hasta el centro. Después se 
entra con la pared que debe subir a plomo, menos la 



[143] 



JOSE MANtnCL PKRXZ CASTELLANO 



primera hilada que se debe hacer algo más ancha, para 
que vuelen sus ladrillos dos o tres pulgadas sobre los 
del asiento, que se dijo en el número 554 se llamaba 
zavaleta, cosa que se acostumbra dejar no sólo en los 
pisos de los aljibes, sino también en los techos, cuan- 
do sobre ellos se echan pretiles. Si esta zavaleta con« 
duce a algo que sea mejor no es de mi instituto el 
examinarlo, sólo digo lo que comúnmente se usa; por- 
que si no aprovecha, ciertamente no daña* La segunda 
hilada se recoge contra la tapia, y a su plomo, y sin 
darle más ancho que el largo del ladrillo, se llevan 
para arriba todas las demás hiladas. 

562. — Si la excavación se hizo con el cuidado de 
dirigirla por el cintrel de caña que se prescribió, no 
hay que usar de cintrel ni de plomo en esta pared; por- 
que si las tapias se hicieron con su arreglo» como los 
ladrillos son todos iguales» se sientan y se arriman las 
cabezas anchas contra la tapia con la segundad de 
que el resultado ha de ser bueno. Si las tapias de la 
excavación tienen seis varas de altura, como las tienen 
mis dos aljibes, cuando la pared circular sube tres 
varas, se atraviesa una tacuara derecha por el diámetro 
del aljibe, que suponemos ser de seis varas, y entrando 
sus dos extremos pulgada y media por cada lado en la 
pared, se asegura de modo que no se mueva, pero se 
le deja en un extremo una mortaja holgada algo más 
larga que tres pulgadas para hacer correr por ella a la 
tacuara y sacarla cuando ya no se necesite. Asegurada 
esta caña del modo dicho, se fija en eu medio un cin- 
trel de una caña delgada que tenga tres varas, que son 
las del semidiámetro, la que, aunque fija en el medio 
de la tacuara por algún hilo de acarreto, debe tener 
juego libre a todos lados* Desde aquí para arriba todas 



[144] 



OBSgRVACIQNES SOBRE AGEICULTURA 

las hiladas que se pongan en contorno deben arreglarse 
por el cintrel, que supongo fijo en un lugar; pues si se 
mueve se echa a perder la obra, como le sucedió a un 
amigo que por el embarazo del andamio mudó el cin- 
trel de lugar subiéndolo para arriba^ y le resulto que 
la bóveda se salió íuera de la excavación, como era 
necesario que sucediese con el aditamento de que la 
mudada del cintrel le crió a la bóveda una cintura tan 
fea que bóIo el verla causaba compasión. Así no tuvo 
más remedio para quitar de la vista cosa tan chocante 
que deshacer todo lo que había hecho, y había dirigido 
el cintrel variado. No variándolo dirige la bóveda has- 
ta el punto en que no le queda más que un pequeño 
circulo vacio de poco más de cinco cuartas de diámetro 
en su parte interior^ suficiente para echar el anillo, en 
que debe sentarse el brocal del aljibe. 

563, — Por lo dicho ae viene en conocimiento que 
para esta bóveda no se necesita cimbria, y ésta es otra 
ventaja de los aljibes que se hacen en forma circular; 
pues aunque en Montevideo se han hecho muchas bó- 
vedas sin cimbria sobre paredes de plano cuadrilongo, 
se han hecho más por ostentación de que se pueden 
hacer, que por utilidad verdadera que de su práctica 
resulte; porque cada bóveda de ésas, que se empieza 
a formar por los ángulos, pide tanto cuidado y proli- 
jidad, que seguramente lleva cuatro veces más tiempo 
que las de igual tamaño que se hacen con cimbria, aun 
incluso el tiempo que se impende en armar la cimbria 
con maderas, las que se vuelven a sacar sin menoscabo. 
Sea de esto lo que fuere en la bóveda de un aljibe 
circular no &e necesita cimbria; pues se cierra lo mis- 
mo que la campana de un homo, en que se cuece pan, 
y para día es de mucha seguridad el ladrillo en forma 



[145] 



itt* 



JOSB MANUBL PERES CASTELLANO 



de cuña, pues por lo que antes se dijo cdda hilada, ea 
un arco o por mejor decir son muchos arcos, que uni- 
dos forman un círculo^ en que los ladrillos por su fi- 
gura no pueden correrse hacia abajo, y por su peso 
no pueden escapar hacia arriba, 

564. — Cuando se ha llegado con la bóveda al punto 
en que debe ponerse el anillo, que es, según se ha di- 
cho, cuando no queda claro más que un circulo de poco 
más de cinco cuartas de diámetro, se hace por dentro 
sobre algunos palos, que se atraviesan desde un punto 
de la bóveda 3. otro punto de enfrente, un sostén en que 
puedan descansar sin caerse los ladrillos que se ponen 
de punta para formar el aniUo. Para formarlo se pone 
el albaníl de la parle de afuera y va poniendo con cal 
lo» ladrillos perpendicularmente y de modo que sólo 
toquen con un canto en la orilla inferior del círculo 
claro, y los acuña alguna cosa con cal y cascotes hacia 
la raíz del anillo. Después de concluido todo el anillo, 
para el cual se emplean ladrillos comunes, cortados en 
ángulos rectos, se acuña bien todo el hueco que ha que- 
dado entre el anillo y la última hilada de la bóveda* . 

565. — Cuando se ha acuñado el anillo que debe 
formar una entrada para el balde de tres y media 
cuartas de diámetro, pulgada más o menos, se forma 
sobre él y parte de la bóveda un brocal, que puede ha- 
cerse también en círculo, pero cortado por un seg- 
mento, que presente por donde se maneja el balde una 
pared plana a plomo de una vara o poco más de an- 
cho, y en llegando a la altura de tres cuartas, se pone 
un marco para una puerta, cuyo umbral sea ancho de 
siete a ocho pulgadas y de buena madera; porque sue- 
le en él descansar el balde, y cuando no descanse, se 
moja continuamente, y se podriría pronto, sí no fuese 



[146] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



de urunday, ñandubay o de otra madera de las proba- 
das para el agua. El marco, que debe tener cinco cuar- 
tas de alto y tres de ancho luz, se pone vertical y con 
el rebajo en solos sus batientes para fuera, y se sigue 
el brocal sujetando el marco con los mismos pedazos 
de ladrillo, con que la obra se trabaja, A la vara y tres 
cuartas de altura desde el suelo se le hacen a la obra 
en la parte en que no lleva puerta, dos o tres tragalu- 
ces de un pie- de alto y tres pulgadas de ancho con el 
objeto de que, aun estando cerrada la puerta, entre 
aire en el aljibe y disipe el vaho que del agua sube 
arriba en todas las estaciones. Cuando la obra ha re- 
basado como una cuarta del cabezal del marco, se pone 
atravesado un madero que lleve clavado en medio un 
anillo firme de hierro, en que se debe enganchar el 
carrillo: se cierra después la obra con una bovedilla, 
haciéndole el adorno que sepa el albañil y guste el 
dueño» en vista de que ese adorno no toca en lo ne- 
cesario y esencial 

566. --^Alguno leyendo esto y otras cosas que se 
han dicho, me aplicará tal vez la fábula de Iriarte del 
cochino, del gallo y del cordero, censurándome de que 
yo doy por regla de lo que han de hacer otros aquello 
que yo hago, o a que me inclino. A que respondo — - 
que a lo menos no se me aplicará lo que se suele decir ttifMho 
del cangrejo — que aconseja a sus hijos que caminen * 
hacia adelante, cuando él camina siempre para atrás, 
o hacia los lados. Respondo también, que lo que yo he 
hecho en este punto lo he fundado en las razones, que 
dejo al juicio de los lectores el que las califiquen, y 
que después las sigan si quieren, o no las sigan. Yo 
vi en un aljibe que había en casa de mis padres un 
brocal bajo como los que comúnmente uaaui que 



[147] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELXJ^O 



tenía para el carrillo un arco de hierro; puerta hori- 
zontal guarnecida con bisagras de hierro, y sentada 
sobie un marco de madera que cubría el brocal, y era 
un poligono de cinco o seis ángulos, que eran los mis* 
mos que el brocal tenía: Vi también que la puerta del 
aljibe se entumecía con los rocíos y lluvias que le 
caían por arriba, y con el vaho que subía del aljibe y 
la humedecía por dentro, y se entumecía hasta el punto 
de no poderse abrir ni cerrar: Vi que en pocos años 
se pudrió puerta y marco, y que en menos tiempo se 
podrían cuerdas y baldes; porque no había cómo de- 
fenderlos de las inclemencias: Vi asimismo que la 
segunda puerta y* marco que al aljibe se le puso se 
pudrió del mismo modo; porque aunque la madera de 
puerta y marco era de las que aquí regularmente se 
usan en puertas, no podía menos de podrirse cuando 
obraban unidos contra ella dos agentes poderosos, cua> 
les son el sol y la humedad: Va en fin que la puerta, 
la soga y el balde en la disposición en que aquel aljibe 
los tenía, eran un censo continuo que contra sí tenía 
la casa, y formé desde entonces la resolución de no 
hacer nunca en casa mía, brocal en que se pusiese la 
puerta horizontalmente, y en que los baldes y la soga 
estuviesen siempre expuestos a las inclemencias del 
tiempo* 

567, — Así lo ejecuté, y me han resultado ventajas 
palpables. Las puertas que puse verticales en los dog 
aljibes que tengo se conservan tan buenas como cuan- 
do las puse; y la del aljibe del pueblo tiene ya diecio- 
cho años de uso. En el de la chácara que ya tiene siete 
años se conserva aún el primer balde, y en vez de 
cuerda de cáñamo se usa en él, de un lazo grueso de 
cuero crudo con una cadenilla en la punta para que 



ri4g] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



el lazo no toque en el agua. Como el lazo y balde, 
cuando no se extrae agua, se cuelgan a cubierto en 
el mismo carrillo no tienen cómo deteriorarse tan pron- 
to. Me parece que los dos brocales juntos, cerrados en 
forma de garita con sus puertas verticales, armados de 
carrillo y de lo necesario para sacar agua, me habrán Vertlcgl bus 
costado los dos setenta pesos cuando más, esto es trein- 
ta y cinco pesos cada uno, y hay arco de hierro de 
ésos que se ponen a log aljibes de puerta horizontal, 
que por sí solo cuesta cien pesos: y el mucho costo 
que tienen no log redime de que la humedad los cubra 
de orín en la raíz de sus dos pilares, y loa carcoma en 
pocos años. En los brocales que están cerrados y tienen 
las puertas verticales no es fácil que caiga al aljibe, 
aunque la puerta esté abierta, gato, ave ni otro animal; 
y se concibe fácil y peligroso de que caigan en los al- 
jibes que tienen puerta horizontal cuando se halla 
abierta. Después de mis razones siga el lector el par- 
tido que guste. Advierto — que el carrillo, que en mi 
casa es también de poco costo; porque la ruedilla es 
de madera de ñandubay sin guarnición ninguna de 
hierro más que la precisa para que gire unida de firme 
a su eje; se haga con el diámetro de una tercia; porque 
con ese diámetro auxilia más al que tira el balde, que 
cuando el diámetro es más pequeño. 

568. — Antes de cerrar este artículo de aljibes me 
ocurre decir algo sobre el modo que yo tengo de re- 
ducir a varas cúbicas la bodega de un aljibe redondo ¡^^^^ ^| 
como el que hay en mi chácara, que es de seis varas 
de profundidad y de otras seis cabales de diámetro 
según se ha dicho. Aunque reducir el círculo a medida 
cuadrada con la última ezactitad se reputa por impo- 
sible; con todo 63 posible y muy hacedero reducirlo a 



E149I 



JOSE MANUEL PERES CASTELLANO 



esa medida por aproximación, en que para el uso ca 
de chico momento la falta leve que haya. Para medir 
paes un aljibe redoudo de seis varas de diámetro re- 
duzco a triángulos de base pequeña toda la circunfe- 
rencia. Siendo el aljibe de seis varas de diámetro, su 
circunferencia de tres diámetros y una sexta parte de 
otro tiene 19 varas; porque las 18 resultan de los tres 
diámetros de a 6 varas cada uno, y la sexta parte de 
otro es cabal una vara: así es claro que la circunfe- 
rencia tiene 19 varas una vez que tiene tres diámetroa 
y una sexta parte de otro. Supuesto eso reduzco a cuar- 
tas las 19 varas, y me dan multiplicadas por 4 — 76 
cuartas. Las 76 cuartas sirven de base a 76 triángidos 
agudos, cuyo vértice está en el centro, y sus lados que 
son rectos, pues los radios de ese círculo, son de tres 
varas; porque en un circulo de seis varas de diámetro 
el radio que e» el semidiámetro es de tres varas caba- 
les. El radio de tres varas lo reduzco a cuartas, y me 
da 3 por 4 — 12. Tengo, pues, en la superficie de egte 
' círculo 76 triángulos, cuyos lados tienen 12 cuartas. 

569, — Ahora — para reducir a su medida justa los 
76 triángulos, cuya ba&e en cada uno es de una cuarta, 
y sus lados de 12, multiplico los 76 por 12, y me dan 
912 cuartas. Pero como los triángulos, que desde su 
base van hasta su vértice en disminución, no tienen 
Sfgvs la valor que la mitad de lo que resulta de su multi- 

materia. plicación, diremos que las 912 cuartas se deben redu- 
cir a su mitad, y que sólo tiene la superficie del círculo 
supuesto 456 cuartas. Desde el punto en que se fija el 
cintrel para tornear la bóveda he dicho que tiene el 
aljibe hacia abajo las mismas tres varas a plomo, que 
tiene de alto la bóveda desde el cintrel hasta el vértice 
de ella: y esas tres varas multiplicadas por cuatro me 

[150] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



dan 12 cuartas de profundidad. Estaa 12 cuartas las 

multiplico por las 456 de la superficie, y me resultan 
desde donde se fijó el cintrel para abajo 5472 cuartas 
cúbicas. 

570. ^ Desde el cintrel para arriba es algo más di- 
fícil aproximarse a las cuartas cúbicas^ que compren<* 
de la concavidad de la bóveda; porque esto pide ope« 
ración más detenida; pero yo sin detenerme en ope- 
raciones prolijas, con que se cansaría la atención^ voy Mtdir \a 
sólo a hacer una muy sencilla^ por la que se puede «Jad d- 
formar concepto cercano a lo justo que se desea. Desde 
los extremos de la tacuara, que es desde donde empezó 
a voltear la bóveda, tiro dos cuerdas al vértice de la 
misma, y estas dos cuerdas, que son iguales, forman 
los lados de un triangulo, cuya base es la tacuara o 
diámetro del aljibe. Este triángulo tiene la mitad del 
valor de lo que ya se redujo a cuartas cúbicas desde 
donde se fijó el cintrel para abajo: por consiguiente 
en ese triángulo se comprenden 2736 cuartas. Pero las * 
dos cuerdas lo son de dos arcos considerables, que for- 
ma la concavidad de la bóveda sobre las dos cuerdas. 
Los llamo considerables; porque si desde d medio de 
la cuerda mido la distancia que hay al medio del arco, 
la hallo que es de algo más de tres cuartas: y como esos 
arcos, esos senos y concavidades se presentan en cuan- 
tas cuerdas se echen desde cualesquiera puntos de la 
circunferencia, en que empieza a voltear la bóveda, 
hasta su vértice; no se tirará larga la barra si le doy 
O esa concavidad la mitad del valor del triángulo: y 
así añado a las partidas anteriores esa mitad, que es 
de 1368: junto ahora estas tres partidas anteriores 
para sumarlas en la fonna siguiente: 



[181] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



1» 5472 

2^ 2736 

3^ 1368 



9576 



Todas tres me dan nueve mil quinientas setenta y 
seis cuartas cúbicas. Reduzco ahora esa cantidad de 
cuartas a varas cúbicas, partiendo las 9576 cuartas en- 
tre 64, que son las que contiene una vara cúbica, y me 
resulta un cociente de 149 ***/64- Por esta operación 
sencilla se viene en conocimiento que un aljibe redondo 
de seis varas de profundidad y otras tantas de diáme- 
tro es una bodega que, sin hacer caso del quebrado» 
contiene 149 varas cubicas» 

571. — Porque a alguno le parecerá tal vez que doy 
voluntariamente y sin fundamento la mitad del valor 
del triángulo a los senos que hay enlre los arcos de la 
bóveda y las cuerdas tiradas desde el arranque de ella 
hasta su vértice, formo la siguiente figura: 




En esta figura se ve lo primero que la capacidad que 
hay entre el diámetro a a, y el fondo del aljibe b b 
es igual a la que se comprende entre el mismo diáme- 



[152] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



tro, las paredes ai — a o, que por claridad se suponen 
levantadas hasta la superíicie de la tierra, y la misma 
superficie ico; pues esas dos partes son iguales en 
latitud, altura y longitud, 2° se ve que el triángulo 
acá tiene la mitad de la capacidad que hay desde el 
diámetro a a hasta el fondo del aljibe; porque tiene 
la mitad de la que hay desde el mismo hasta la super- 
ficie ico que por la razón dicha se dan por iguales. 
Que el triángulo acá tenga la mitad del valor de la 
parte que está sobre el diámetro se prueba; porque si 
corto ese triángulo con el cintrel c n hago dos triángu- 
los, el de la izquierda c n a igual a — cía; porque 
ambos tienen una base común y lados iguales; y el de 
la derecha c n a, que por la misma razón es igual a — 
c o o. Se ve en fin lo 3^ que los arcos que forma la 
bóveda comprenden con sus cuerdas c a una capacidad 
igual circuncirca a la que se ve sobre su convexidad 
y el resto de* la figura, de lo que no doy más prueba 
que los ojos. 

572. — Como la vara cúbica es una medida, que no 
la usamos ni para granos ni para licores, me ocurrió 
reducir las varas cúbicas a pipas y a barriles de carga, 
de los que vienen de España con licores. Para esto vara cúbi 
mandé hacer un tarro de hoja de lata, que tuviese en ducida □ 
el fondo y cuatro lados interiores 4 pulgadas y media 
y que medidas desde el fondo las 4 pulgadas y media, 
se señalasen con rayas a donde llegaban en la parte 
interior del tarro. Así se hizo, y hallándome provisto 
de ese tarro, y señaladas en él las 4 pulgadas y media 
cúbicas, tomé un barril de carga que no tenía más 
que un fondo: lo preparé con un torzal para colgarlo, 
y lo colgué por él en el gancho de la romana: el barril 
vacío junto con el torzal pesó una arroba: hice sacar 



C153] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



agua del aljibe y se llenó con ella hasta tocar en la 
orilla inferior de la mortaja, en que se calza el fondo, 
y pesó siete arrobas: de suerte que rebajada la que 
pesó el barril y el torzal, quedaron de agua seis arro- 
bas netas. 

573, — A la misma hora pesé en unas balanzas fi« 

ñas el tarro de hoja de lata y pesó once onzas: le puse 
después agua del mismo barril y cuando tocó a las 
rayas que marcaban las 4 ^2 pulgadas, lo metí 
en la balanza y pesó con el agua cincuenta y seis onzas; 
rebajé las once del tarro, y le quedaron netas al agua 
45, ó 2 libras y 13 onzas. En una cuarta cúbica entran 
ocho veces 4 pulgadas cúbicas; de lo que se de- 
duce que si 4 ^2 pulgadas cúbicas pesan 2 libras 
13 onzas, una cuarta cúbica debe pesar 22 libras* 
En la vara cúbica de la medida que usamos en 
Montevideo entran 64 cuartas cúbicas de la misma: de 
que se deduce que si una cuarta cúbica tiene del agua 
del aljibe, pesada en la tarde de 22 de diciembre de 
1805j 22 libras de peso, la vara cúbica debe 
pesar 57 arrobas 15 libras netas, según se demues- 
tra aritméticamente multiplicando 22 ^2 hbras por 
64. De esta operación se debe concluir que una vara 
cúbica de agua tiene algo más de 9 barriles de 
carga de 6 arrobas cada uno: por consiguiente que lo 
menos que tiene de agua una vara cúbica es pipa y 
media; pues a una pipa se le regulan seis barriles, y 
la vara tiene nueve, y a más un sobrante de 3 arrobas 
15 libras. En la medida de hoja de lata que usé para 
pesar el agua, aunque se hizo arreglada a la medida 
de madera que di con ese objeto, como un pelo que 
tuviese el tarro a fin de que la madera entrase y sa- 
liese sin violencia, seria bastante para darle capacidad 



[154] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTUBA 



tal vez de un par de onzaa^ que en 512 medidas, que 
entran en una vara cúbica, aumentaría un peso de 
muy cerca de tres arrobas; no hago caso del exceso 
de 3 arrobas 15 libras, que por la cuenta que se acaba 
de bacer, tiene la vara cúbica sobre los nueve barriles: 
sin hacer caso del exceso parece que con seguridad se 
le pueden dar a la vara cúbica los nueve bañiles, o la 
pipa y media que se ha dicho, 

574. — Sólo la curiosidad en lá presente materia es 
propia de un hombre; porque sólo el hombre entre 
los animales es capaz de cálculo y de hacer dedúcelo* 

nes; pero a más de ese ejercicio propio de un racional, 
tengo para mí que el calcular la capacidad de un alji- utilidad 
be, y lo que contiene una vara cúbica, puede traer a bor la 
quien lo sabe una utilidad verdadera. Si yo en el alji- , 
be, que actualmente tengo en mi chácara de seis varas ' 
de diámetro, tengo viva, y fuera de lo que es necesa- 
rio para que el balde se Uene, una vara de agua, puedo 
contar con seguridad que tengo una tercera parte de 
5472 cuartas cúbicas, que en el número 569 se dijo 
tenía del cintrel para abajo. La 3^ parte de 5472 es de 
1824^ y 1824 cuartas repartidas entre 64 me dan 30 ^/e* 
varas cubicas. Sabiendo eso sé que tengo en mi aljibe 
45 pipas de agua, y puedo con ese conocimiento arre< 
glar el gasto de ella: cosa que no es de poca utilidad 
para el gobierno de una casa. A más de esto sabiendo 
la capacidad que tiene el aljibe, y el valor de ella por 
medida conocida, tengo un hidrómetro para saber qué 
agua es la que nos ha dado el cielo en tal o tal ocasión: 
y esto me conduce a formar un cálculo sobre la por- 
tentosa copia de agua que ha caído, por ejemplo, den- 
tro de mi cercado, y aun fuera de él en los contomos. 
Antes de la noche del día 3 de enero del presente año 

[155] 



I 



JOSE MANUEL PBREZ CASTELLANO 



yo no tenía en mi aljibe más agua que de la za válela 
para abajo: llovió la noche del día tres, y fue tan co- 
piosa el agua que trescientas varas de superficie, que 
son, y no cabales, las que dan agua al aljibe, le dieron 
una vara sobre la zavaleta, esto es 45 pipas más que 
menos. 

575» — Algunos gustan en el eslío tomar el agua re- 
cién sacada del aljibe por la frescura que tiene; pero 
yo hallo en esa agua, que no se ha ventilado fuera, 
una crudeza displicente que la conozco aunque me la 
d»1 aljz- den sin decirme que es recién extraída. Yo tengo tanto 
: d«be en la chácara como en la ciudad tinaja en que deposi- 
tar el agua colándola por un lienzo, y ha sucedido más 
de una vez que por descuido ha faltado agua a la tina- 
ja, y me la han traído del aljibe^ y lo he conocido al 
instante por el gusto. Así reputo ventajoso extraer el 
agua con alguna anticipación; porque con un par de 
horas que esté fuera se mejora notablemente. Había 
algunos años que en la casa de mis padres se usaba 
agua del aljibe, y yo no la había probado por la fuerte 
aprehensión que tenía contra ella, y no la había pro- 
bado a pesar de lo que sobre ese punto me habían es- 
crito dos o tres sujetos desde Italia, en donde, según 
me decían, las aguas de cañerías y fuentes, que usaba 
el público en muchas ciudades, eran delgadas y bue- 
nas; y con todo los que podían tener aljibe en su casa 
no dejaban de hacerlo; porque generalmente se pre- 
fería en aquel país el agua de los aljibes a la de las 
fuetes. D^pués la necesidad me obligó a tomarla, y 
conocí la razón que tenían; pero como digo conviene 
ventilar el agua un par de horas y tomarla después. 
Si la quieren tomar fresca no hay más que bajar un 
cántaro lleno dentro del balde, y tenerlo suspenso algún 



[156] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



rato en la parte del aljibe, en que haya írescura. Tam- 
bién conviene no darle agua al aljibe; sino desde abril 
hasta octabre inclusive; pero muchas veces la necesi- 
dad obliga a darla en todas las estaciones, y en cual- 
quiera que sea se deja que la primera lluvia limpie y 
refresque el techo, j después se abren los caños al 
agua. 

ANIMALES DE SERVICIO, O DE UTILIDAD 

576. — Llamo animales de servicio a los bueyes y a 
los caballos que necesiUi una chácara, o para hacer 
alguna diligencia a caballo, o para cargar a lomo, o 
para arar y acarreos. Me parece que con seis bueyes 
y otros tantos caballos tendrá una chácara los nece- 
sarios; pero para mantenerlos gordos y de buen ser- 
vicio así en los tiempos benignos como en el invierno, 
es menester caballeriza para los caballos, y pesebre 
para los bueyes; y esas dos piezas deben entrar en el 
plano de la casa como dependencias importantes de 
ella. Yo hasta ahora no tengo techo ninguno para esos 
animales; porque aunque muchas veces pensé en ello, 
principalmente cuando los inviernos duros me lo ha- 
cían acordar, mil obstáculos me han impedido su eje- 
cución. No obstante diré sobre la materia lo que pen- 
saba hacer» y tal vez haré algún día si vivo, y Dios 
mejora los tiempos. Me parece suficiente que el pese- 
bre para seis bueyes tenga diez varas de largo, cuatro 
y media de ancho y otro tanto de alto: que lleve no 
en las paredes maestras; sino en las que no lo son, en 
la una, una puerta de cinco cuartas de ancho y otro 
tanto de alto, y en la opuesta una ventanilla alta no 
sólo para que dé luz al tablado que luego se dirá; sino 



tl57] 



JOSS MANUaL PBRBJE CASTELLANO 



también para que la pieza se ventile, a la cual se le pue- 
den dejar abiertos para el mismo fin algunos mechi- 
nales, si la experiencia indica necesarios^ de los que 
en la obra sirvieron para andamios. A las once cuar- 
tas de altura se sientan y atraviesan en las paredes 
maestras unos tirantUlos claros con el objeto de que 
sobre ellos se ponga un tablado» en que poder acomo- 
dar el pasto seco necesario para los bueyes en el in- 
vierno; pues se haría muy poco en hacer jaula para 
los pájaros, y no tener alpiste con que mantenerlos, 

577. — Para el suelo de la pesebrera ju:zgo impor» 
tante que se ponga tablado; porque los bueyes se 
echan a menudo para descansar, rumiar lo que han 
comido y dormir, y buscan para eso un suelo unido 
o bueno q^^ í^o sea frío ni húmedo, y para dárselos así, ya 
bueyes, que ellos no lo pueden buscar en su cautiverio, nada 
me parece mejor ni más fácil de limpiar que un ta- 
blado. Para hacerlo, después de haberle dado al suelo 
una inclinación de cinco o seis pulgadas desde la pa- 
red testera hacia la puerta, se ponen cinco durmientes 
de urunday rojo, que es madera probada en la hume- 
dad, según ae dijo en el número 538, y se ponen a lo 
largo de la pieza, sin hacerles perder la inclinación del 
terreno, para lo que conviene que estando llano el sue- 
lo se pongan los durmientes, que basta tengan cuatro 
pulgadas de altura y poco más de tabla, según hayan 
salido del aserradero. Los dos primeros se ponen con- 
tra las dos paredes maestras y siguiendo su largo, y 
los otros tres se comparten en el claro que dejaron los 
dos primeros. Puestos los cinco durmientes a lo largo 
del pesebre, se atraviesan sobre ellos tablones de pino 
de poco más de cuatro y una tercia varas de largo a 
fin de que las paredes, diatantes una de otra cuatro 



OBSB2iVACIONEa SOBBB AGRICULTUJIA 



y media varas, no estorben el ponerlas y quitarlas con 
franqueza cuando se quiera; pues muchas veces ee 
ofrecerá quitarlas o para que se oree el suelo de la 
humedad, causada por los orines de los bueyes, por 
cuya causa se dio al terreno inclinación para que sa- 
liesen fuera por entre los durmientes, o para matar al- 
gunas rataS) que pueden guarecerse debajo del tablado. 
Con 2 % pulgadas de grueso que tengan los ta- 
blones me parece suficiente para que el peso de los 
bueyes no los haga cimbrar en el corto claro de me- 
nos de una vara que dejan los cinco durmientes; pues 
su grueso debe ocupar más de media vara. Los tablo- 
nes se sientan sobre ellos sin clavos a fin de sacarlos 
fácilmente cuando se ofrezca ; ni hay para que hacerles 
agujeros, porque los orines se escurrirán por entre sus 
junturasi no habiendo de ponerse sino arrimados unos 
a otros, 

578. — Todos los días después que ha salido el sol, 
y cuando en el invierno ha desaparecido el hielo de las 
hierbas, se echan fuera los bueyes a pacer cuando no 
llueve, o no hace algún temporal de viento que pueda 
descaminarlos, y entonces se limpia el pesebre quitan- 
do el estiércol que han dejado, el- que en carretillas de 
mano se amontona donde convenga para usar de él umpiexo día 
cuando se necesite. Para los bueyes se hace contra una d<l pe&ebr 
de las paredes maestras un comedero sobre carien que 
deben tener vivo fuera de la pared 23 pulgadas: deben 
sentarse a la altura conveniente que es la de cinco 
cuartas desde el piso de los bueyes, y se sientan de 
modo que sus costados caigan a plomo con el de los 
tirantillos de la pajera que Ies corresponden por el 
motivo que se dirá. Encima de los canes se sienta de 
plano una tabla de poco más de una tercia de ancho 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



arrimándola contra la pared: después se presenta otra 
tabla algo más ancha que toque con un canto sobre los 
canes, pero que por el canto superior tenga alguna in- 
clinación hacia afuera. Para que esta tabla de canto 
se sostenga se clavan unos largueros o puntales de 
urunday de 4 ^2 a 5 pulgadas de grueso, y de 
algo más de tres varas de largo, se clavan como una 
tercia en el suelo y de modo que queden perpendicu- 
lares y tocando cada uno en la orilla o costado de un 
can hacia su punta. Como se ha dicho que los canes 
se ponen a plomo con los tirantillos de la pajera, está 
claro que si un puntal derecho toca por un costado en 
el de un can debe también tocar por el mismo hacia 
su punta en el de un tirantillo, cuyo costado está a pío» 
mo con el del can. Tocando el puntal en el costado del 
can hacia su punta se ata en ella con una huasca mo- 
jada, que sea fuerte; y tocando con el costado de su 
extremo en el tirantiUo que cuadra a plomo con el can, 
se ata también contra el tirantillo con una huasca 
fuerte. 

579, — Estos puntales así puestos y atados quedan 
muy firmes; porque a más de que la punta inferior 
va clavada en el suelo, quedan atados por el medio en 
el can, y por el eiitremo superior en el tirantillo; y en 
ese estado ofrecen muchos servicios en el pesebre. El 
ñ.edero se. primero es — que contra los puntales se asegura la 
guro para tabla que en el comedero se pone de canto, para que no 
bueyes caiga la paja; pues a la tabla, que debe ser de cuerpo, 
se le hacen con una barrena gruesa agujeros tres pul- 
gadas más abajo de su orilla superior, que toca en los 
puntales, y pasando por los agujeros huascas propor- 
cionadas, se ata en todos los puntales, en que toca, — 
y debe tocar en todos. 2'*' que asegurados los puntales 



[1601 



OBSERVAdONES SOBBE AGRICUXíTDRA 



del modo que se ha dicho, la tabla que de canto se ata 
en todos ellos queda también muy asegurada, 3^ — 
que lo9 bueyes tienen donde atarse cómodamente ; por< 
que se atan en los puntales, y de modo, que puedan 
echarse y lamerse. Aunque las partes de que se com- 
pone el comedero^ cada una de por bí no es de mucha 
resistencia; pero todas bien ligadas y unidas la tienen; 
y asi pueden los bueyes sin miedo rascarse contra los 
puntales, cosa que no dejarán de hacer con frecuen- 
cia, siendo muy inclinados a eso, y tanto que sólo por 
la comodidad de rascarse contra las esquinas de los 
puntales, se vendrán por ^si mismos del campo al pese- 
bre, aunque no los llamara el pasto y el abrigo que en 
él se les proporciona. Dándole a la puerta la altura 
de diez cuartas que se ha dicho, se pueden meter y 
conservar en el pesebre un par de ruedas de carreta, 
recostándolas contra las paredes en el lugar que menos 
estorben: y éste es un servicio no pequeño que puede 
hacer a la chácara el pesebre de los bueyes. 

580« — Para el de los caballos que tengo por con- 
veniente sea distinto del de los bueyes, no hay que 
hacer tanto gasto; porque pudiendo los caballos des- 
cansar de pie, que por esta propiedad algunos del 
tiempo de la baja latinidad les llaman somnipetas, 
esto es que duermen de pie, no hay para qué ponerles 
piso de tablas. Basta para el de los caballos poner a 
la caballeriza, que puede tener el mismo largo, ancho 
y alto que el pesebre de los bueyes; un enladrillado, 
no con los ladrillos de plano, como se usa en las casas ; 
sino de canto, para lo cual son excelentes esos ladrillos 
de bóveda, de que se habló en el número 542; por- 
que tienen de grueso de 2 V2 a 3 pulgadas, y con 
dos mil de ellos hay para enladrillar de ese modo hasta 



JOSE UANUBL PEREZ CASTEUJVNO 



seis varas a lo largo de la caballeriza, que es lugar muy 
suficiente para seis caballos. Para colocar los ladrillos 

se dispone el suelo con inclinación de dos pulgadas 
desde las paredes maestras al medio, y después que el 
suelo se ha dispuesto así con el fin de que los orines 
se encañen y tiren afuera, y se ha hecho en la orilla 
de afuera un cordón de los mismos ladrillos bien co- 
cidos y clavados de punta hasta su mitad, se estiban de 
costado los ladrillos en se^co, como quien los pone sólo 
para apilarlos, entre la pared testera, el cordón y las 
dos paredes maestras. Después que la área del piso de 
los caballos de 4> y^. varas de ancho, que es el 
de la pieza, y seis de largo, que es lo que hay desde la 
pared testera hasta el cordón, se ha enladrillado del 
modo dicho, se llenan los resquicios del enladrillado 
con arena fina muy suelta, y quedan los ladrillos tan 
estibados y firmes que no hay cómo desquiciar nin« 
guno. 

-581. — Esta pieza debe también llevar como la de 
los bueyes un tablado sobre tiran tillos. atravesados en 
las paredes maestras a las once cuartas de su piso; 
porque esos sobrados son importantes así para el abri- 
go de las piezas en el invierno y frescura en el verano, 
como para almacenar buen forraje, con que poder 
mantener los animales en la estación rigurosa, en que 
faltan pastos. En lo alto de la pared testera de la ca- 
balleriza se pone tanabién como en la del pesebre una 
ventanilla no sólo para ventilación de la pieza, sino 
también para que dé luz al sobrado. El forraje que 
se almacena en haces puede ser de alfalfa, cortada por 
noviembre o diciembre: de algunas plantas gramíneas 
que se crían viciosas en la primavera, como son el aec- 
hen o cola de zorro, y el que aquí llaman balango, las 

[162] 



ado para 
orrtife. 



OBSBSlVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



que se Cortan antes que el grano les caiga y las de- 
terioren las aguas; y la chala de maíz, que puede cor- 
tarse para ese efecto, después que la mazorca ha lle- 
nado, desde la mazorca.para airíba; pues esa parte de 
la cana del maíz es la que he observado comen con más 
gusto que lo restante de ella así bueyes como caballos 
según se dijo en el número 395. Cuando el maíz está 
crecido y antes que espigue se suelen y deben cortar 
para darles fuerza a las cañas principales, las subal- 
ternas que se criaron después de la carpida. Estas ca- 
ñas, que suelen cortarse por enero, son en el todo un 
excelente forraje para guardar en haces después de 
secas^ para lo cual bastan dos días. No hago mención 
de la paja de trigo después que se trilla; porque aun- 
que yo la he guardado muy sana y buena, he experi- 
mentado que los bueyes no la tocan, y que raro es el 
, caballo que la come, obligado de la mucha necesidad, 
y sólo faltándole otra cosa. No obstante para las mu- 
las, que tienen mejor dient6| se experimenta ser buen 
forraje. 

582. — El comedero de los caballos tampoco es de 

tanto costo como el de los bue^-es; porque el de los ca- 
ballos no debe ser de tabla, que roerían; sino de la- 
drillo en esta forma. Después o anteg de echar el en- Comedero 
ladrillado de canto que se dijo, se toman cuatro clavos, «^all 
y midiendo ocho pulgadas desde la raíz de la pared 
testera contra la de la pared maestra de la derecha, se 
clava en la raíz de la pared un clavo liaala la mitad: 
se miden sobre este clavo cuatro tercias en la misma 
pared maestra, y a esa altura se fija en ella un segundo 
clavo, no perpendicular al primero; sino separado de 
la pared testera tres cuartas cabales. Los otros dos 
clavo» se fijan en la pared maestra de la izquierda a 



1163 3 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLAKO 



k misma altura y diatancia de la pared testera que los 
dos clavados en la de la derecha. Puestos los cuatro 
clavos en esa disposición, se toman dos hilos fuertes, 
y haciendo a los hilos un anillo en una punta se enla- 
za con el del uno el clavo inferior, y tirando para el 
clavo de arriba se envuelve en él el hilo bien tirante. 
Lo mismo se hace con el destinado a los clavos de la 
otra pared, y de este modo se tiran dos hilos, que los 
albañiles llaman maestras, y son los directores de las 
hiladas que se van a echar. Para la primera se pone 
un tercer hilo atado corredizamente por una punta en 
el director de la derecha, y poniéndolo tirante se ase- 
gura en el de la izquierda, y con arreglo a ese hilo se 
echa la primera hilada. Para la segunda se levanta por 
uno y otro lado ese hilo ambulante, en que bezan las 
hiladas, y se echa la segunda, y de ese modo se va su- 
biendo el hilo y echando las que se siguen, que pue- 
den todas sentarse con barro negro, menos las dos úl- 
timas, que conviene echarlas con cal. 

583. — Cuando el macizo ha llegado a las cuatro 
tercias de altura, se echa un cordón perpendicular a 
la última hilada. Para hacerlo con firmeza se toman 
de esos ladrillos de bóveda, con que se hizo el enla- 
drillado, los suficientes y dándoles por el medio un 
golpe con la cuchara de canto, se quiebran por la mi- 
tad, y con esos medios ladrillos se hace el cordón sen- 
tándolos de canto con cal y con el frente no quebrado 
hacia afuera, desde una pared maestra a la otra; pero 
dividiendo el tramo en cuatro cajas, lo que se hace del 
modo siguiente: Cuando el cordón ha llegado a una 
vara por ejemplo, se echa desde la testera una hilada 
de esc mismo ladrillo, que vaya de plano y de soga 
atravesando el comedero hasta ponerse al hilo del cor- 



[164] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



don: sobre esa hilada se echa segunda, y con ella que- 
da hecha la primera caja. Se sigue el cordón como al 
principio, y a la vara se vuelven a atravesar otros la- 
drillos de soga corno los primeros, y de ese modo se 
van siguiendo el cordón y las cajas hasta que se con- 
cluye. Concluido se revoca o enluce el cordón por den- 
tro, que es por donde se han presentado todas las fases 
partidas del ladrillo, y con sólo ese trabajo, que lo 
concluye un hombre en medio día. y con dejar que la 
cal haga clavo y se seque bien, queda un comedero tan 
firme para los caballos, que no mueven ningún ladrillo, 
aunque se den vuelta, y se rasquen la raíz de la cola 
contra el cordón^ de lo que tengo experiencia en un 
comedero que hice en esa forma en la caballeriza de 
mi casa en el pueblo. 

584. — En la caballeriza designada, que tiene má^ 
largo que el que absolutamente necesitan seis caballos, 
se pueden también acomodar algunas ruedas, lecho de 
carruaje, arados o algunos otros traslones de los que 
suele haber en una chácara, sufriendo sin necesidad ccbori: 
las inclemencias de todos los tiempos. Los caballos se ¿til p 
pueden atar en una pahna atravesada de pared a pared 
en la dirección del comedero. Del mismo modo que el 
pesebre se debe limpiar la caballeriza, llevando en ca- 
rretillas de mano el estiércol a un montón, en que se 
tenga a mano para cuando haya que echarlo en la tie- 
rra. Las carretillas de mano, ya que se ha hablado de 
ellas, son muebles muy útiles en una chácara; pero 
para que sean ligeras debe tener la rueda de 16 a 18 
pulgadas de diámetro. El lapacho que llaman crespo» 
es excelente para la tabla de que se hacen: la rueda 
voltea no sobre su eje; sino junta y unida de firme 
coi él, y el eje gira en imas mortajas redondas que 



[165] 



JOSE MANUEL FERSZ CASTELLANO 



se practican en los tojinos, clavados en la parte inte- 
rior de las tablas de los dos brazos; pero una de las 
mortajas tiene una salida para abajo a fin de poder 
sacar el eje por ella con facilidad: y para que por la 
salida no caiga el eje, se fija un clavo en la parte ex- 
llas da terior de la tabla, que tiene la mortaja del eje con sa- 
úfil9s lida, y atando en el clavo la punta de una huasquilla 
se enlaza el eje con ella, y poniendo la enlazada un 
poco tirante, se ata en el migmo clavo la punta pasada 
por debajo del eje, y de este modo el eje gira sin pe- 
ligro de escaparse por la salida de la mortaja. Esta 
idea sencilla y de ningún costo ofrece la ventaja de 
que se saca la rueda y el eje para mudarlo o compo- 
nerlo, sin alterar en nada la principal armazón de la 
carretilla, 

585. Los animales que yo llamo útiles en una 
chácara son los cerdos ; porque aprovechando mil des- 
perdicios, que en ella suele haber de comida y de fru- 
tas, dan después la utilidad que todos saben ; pero para 
que sean sólo útiles, y no perjudiciales, es necesario 
s enra- tenerlos encerrados en chiquero o pocilga, sin dejarlos 
- útilti. salir jamás; porque si alguna vez se salen, hacen en 
los sembrados el estrago que el jabalí en los campos 
de Tesalia, con que según la fábula castigó Diana a 
sus habitantes por haberse olvidado de su culto, Teseo 
fue el héroe, que con otros compañeros salió a la ex- 
pedición gloriosa de matar al jabalí, que ya con su 
colmillo exterminador había hecho desaparecer de la 
arena a otros héroes, que le habían precedido. A esta 
expedición de Teseo, y a otras propias de su heroísmo, 
aludían las gacetas de Buenos Aires cuando nos anun- 
ciaban que sus expediciones al Perú, al "Paraguay y a 
esta banda oriental, las llamarían de Teseo. No hay- 



tl66] 



OBSiaiVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



duda que ha salido el vaticinio cierto, sin más dife- 
rencia que haberse convertido en jabalíes los Téseos. 
Una transformación tan prodigiosa la atestiguan todos 
los países que han pisado; porque por todas partes de- 
jaron el rastro de la desolación y exterminio. Sólo en 
el Paraguay no les dieron lugar a ejecutar sus proe> 
zas; porque cuando empezaron a talar los maizales y 
sembrados, acudieron los paraguayos en puertas, y Ies 
dieron con ellas en la cara^ como merecían. Y si el 
Teseo de aquella expedición no echa mano del hilo de 
oro de Ariadna, con que satisfizo, si no todos los da- 
ños, los que pudo; no sale del laberinto en que lo ha- 
bía metido su ambición y petulancia. Aquí tuvimos la 
infelicidad de que hubo un conde don Julián que los 
llamó, les abrió de par en par las puertas y los auxilió 
en sus empresas. Estos días se ha desaparecido [Don 
José Artigas], sin duda porque no pudo tolerar que 
unos facinerosos a las claras y sin disimulo, lo llamen 
facineroso a boca llena: que unos públicos traidores 
y públicos perjuros, que escandalosamente han violado 
el juramento más solemne que jamás se le hizo a Dios 
a favor de su Rey, le llaman traidor y perjuro. El ha 
creído que no debía fiarse jamás en un gobierno, que 
no conoce palabra que lo contenga., ni juramento que 
lo ligue, ¡Quiera Dios que su arrepentimiento, aun- 
que tardío, se encamine a libertamos de la vergonzosa 
esclavitud en que gemimos, y de la tiranía larga y 
atroz que nos oprime! Por ella nos vemos despojados 
de nuestras propiedades y de todos los medios de sub- 
sistir; por ella ni aun tenemos la libertad de quejar- 
nos: por ella a sus violencias, consentidas, imperadas 
y nunca interrumpidas^ debemos manifestar un sem- 
blante risueño: por ella. . . pero ¿a donde? ¿a dónde 



[187] 



JOSE MANUSL FBBSZ CASTELLANO 



me arrebata el justo dolor de los males sin cuento que 
nos aflijen? 

586. ~ Iba diciendo que era preciso tener siempre 
encerrados a los cerdos, Pero para que el encierro no 

les haga perder el provecho de lo que comen, deben 
tener una zahúrda abrigada, en que puedan dormir 
cómodamente. Voy a describir la que yo hice no unida 
a la casa; sino bien separada de ella por más de cua- 
renta varas. Para hacerla seguí las reglas que me dio 
un extremeño, que en su país había sido porquerizo, 
y aquí siguió en ese ejercicio humilde. Este me dijo 
que la zahúrda en que dormían, se les debía hacer eS' 
trecha y sólo lo suficiente para que se pudiesen tender 
a la larga, y dormir hacinados unos contra otros; por- 
que haciéndola así no se orinaban en ella; sino que 
salían fuera a hacer las necesidades que se les ofrecían; 
y la zahúrda se conservaba enjuta; porque me añadió 
que esos animalitos (así se explicaba) nunca se orina- 
ban sobre los compañeros. Otras muchas cosas me dijo 
el porquerizo de las excelencias de esos animales, que 
serían de mucho entretenimiento si yo las fuese a refe- 
rir; sólo digo que para sus ojos no había animales más 
nobles sobre la tierra: hasta sus hálitos me decía que 
eran un antídoto eficaz contra la peste. 

587, — Con los documentos que me dio, hice un 
corral de ladrillo de seis varas en cuadro y seis cuartas 
de alto en la forma que se ve en el margen. En la parte 
más alta del corral, pues lo puse en terreno inclinado, 
hice un cuadro de dos varas levantando las paredes 
que le correspondían a poco más de dos varas de al- 
tura, dejando en las tres paredes en que no había puer- 
ta un mechinal en cada una para la ventilación, y so- 
bre sus cuatro paredes puse techo de azotea. A fin de 



[168] 



OBSEKVAaONXS SOBRE AGRICULTURA 



que los cerdos no hozasen el piso de la zahúrda puse 
el suelo horizontal» y habiendo puesto en el umbral de 
la entrada p un cordón de ladrillos, clavadas de punta 
sus dos terceras partes, enladrillé la zahúrda con ladri* 
Uoa apilados de canto del modo que se dijo de la caba- 
lleriza en el número 580. También enladrillé el corral 
con ladrillos de canto sin más diferencia que haber 
primero dispuesto su suelo en forma de encañado a fin 
de que todas las aguas se encaminasen con ligereza a 
la salida o albañal que estaba en a, Cnando estuvo todo 
enladrillado puse un dornajo pesado, hecho en una 
pieza de lapacho de cinco cuartas de largo, en un cos^ 
tado del corral para que en él se les echase agua y 
comida a los cerdos, y a fin de que no lo moviesen 
clavé contra los costados, que no estaban defendidos 
de la pared, unas estacas proporcionadas de buena ma- 
dera. Dispuesto todo en esa forma, y sentadas con cal 
las dos últimas hiladas del corral para darle más fir- 
meza a sus paredes, compré unos cerdos nuevos capo- 
nes, y sin cortarles lo alto de la tropa, loa eché al co- 
rral; porque supuse que no tenían cómo mover los la- 
drillos. EÍLCtivamente asi sucedió, y probó tan bien la 
zahúrda según el plano que me dio el porquerizo, que 
mientras mantuve cerdos en casa, que fue por muchos 
años, no me sacaron ladrillo ninguno, y dormían en la 
zahúrda cómodamente; y aunque después quité los cer- 
dos y deshice el chiquero, no fue tanto por el cuidado 
que había que tener en mantenerlos, como por el mal 
olor que con el viento solía llegar a la casa, cuando 
soplaba de la parte del chiquero. Por esta experiencia 
advierto ahora que el que quiera hacer zahúrda, la pon- 
ga cercana al agua; pero distante de la casa, como 
ochenta o cien varas. 



[169] 



JOSE MANUEL PEBEZ CASTELLANO 



AVES DOMESTICAS 

588. — Entre las aves domcslicas ningunas deben 
obtener con más razón el primero, o tal vez el único 
lugar que las gallinas: y entre las dependencias de la 
casa el gallinero o pieza donde se recogen a dormir, es 
una de las que deben tener lugar en el plano; porque 
las gallinas son aves que no pueden vivir aisladas ni 
muy distantes de la casa por el peligro que corren de 
ser la presa de las diferentes especies de raposas y de 
raposos* que las atisban y persiguen; pero para que 
la pieza sea como debe ser, y llene el objeto a que se 
destina, debe hacerse con meditación. Después de ha- 
ber yo experimentado llenos de faltas los gallineros 
que he tenido de paja, pensé muchas veces en uno que 
fuese menos malo, el que hice por fin el año de 12 ; y 
voy a hacer su descripción, pues me parece que salió 
bueno, a io menos yo lo experimento así. Hice una 
pieza de ocho varas de largo y cuatro de ancho luz, y 
la hice contra otra pieza, que está en lo más bajo del 
terreno en que se haDa la casa : por consiguiente el ga- 
llinero cuadra en el terreno más bajo de todos. Para 
que la puerta que debía llevar cayese debajo de un 
corredor, que se halla en lugar más elevado, levanté 
de cal y ladrillo las paredes hasta que llegaron al nivel 
del corredor. En ese estado llené de tierra la caja que 
formaron las paredes, y cuando quedó al nivel de ©fias 
que era el del piso del gallinero y del corredor, seguí 
de cal las paredes, dejando ocho respiraderos de un 
pie de alto, y cinco pulgadas de ancho: en cada uno de 
ellos puse en el medio de alto a abajo un tíradlUo de 
hierro de más de una pulgada de grueso, para que 
cerrase la- entrada a las comadrejas y a otros bichos 



tl70] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



dañinos que matan las gallinas. Estos respiraderos, 
puestos inmediatamente sobre el nivel del piso, hacen 
en el gallinero el servicio de que entrando por ellos 
el viento con fuerza, barre o mata los piojillos que 
apestan los gallineros cuando se hallan sin esa venti- 
lación. 

589. — Cubiertos los respiraderos con una hilada 
sentada en cal, seguí con barro negro las paredes, y 
_a las dos y media varas de altura desde el piso inte- 
rior, puse en las paredes maestras unos canecí tos, sa- 
lientes una cuarta de la pared con un seno en la parte 
superior para colocar sobre ellos palmas, arrimadas a 
lo largo de las dos paredes: sobre estas palmas, que $rgu» «I 
alli vienen a ser como las soleras en un techo^ se celo* oalUnero 
carón cañas de tacuara distantes unas de otras media 
vara, y atadas en los extremos contra las palmas en 
que sentaban. Sobre estas cañas, que son de bastante 
firmeza, se atraviesan varas derechas de dos a dos y 
media pulgadas de diámetro, y se atraviesan distantes 
un pie unas de otras, ligándolas en el contacto con las 
cañas< Estas varas sirven para que en ellas duerman 
las gallinas; porque no siendo ni muy delgadas ni muy 
gruesas, se agarran en ellas mejor y duermen con más 
comodidad: debe haber un pie claro de una vara a 
otra para que las gallinas estén con desahogo, y el es- 
tiércol caiga todo al suelo. Al andar de las gallinas, 
puestas sobre el sarzo en que duermen dejé cuatro ven- 
tanillas de un pie de ancho, y quince o dieciséis pulga- 
das de alto no sólo para la ventilación moderada, que 
acomoda a esas aves; sino también para que por ellas 
salten fuera a comer por las mañanas las que no quie- 
ran salir por la puerta, que se les abre todas las ma- 
ñanas como se Ies cierra con llave a la oración después 



[1711 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELIiANO 



que se han recogido. El que tiene el cuidado de abrirla 
y cerrarla me asegura que todas las gallinas saltan por 
las ventanillas, menos los pollos chicos que son los 
únicos que salen por la puerta. 

590» — A una vara o poco más de altura sobre el 
sarzo en que duermen las gallinas se sentaron y toma- 
ron con cal las maderas para el techo. Como yo sé que 
los techos de azotea se caldean extremadamente, y que 
desde fines de noviembre hasta principios de abril des- 
ciende de ellos un calor grande; concebí desde luego 
que un techo semejante tan cercano a las aves debía 
serles perjudicial, si ese primer techo, que era el del 
igua la gallinero, no se cubría con otro lecho superior que lo 
naterla. libertase de que lo hiriese el sol: en este concepto 
desde el principio formé el plan de que el techo del 
gallinero sirviese de piso a otra pieza alta que me 
sirviese de caramanchel para guardar algunos fru- 
tos. Sobre ese plan los tiran tillos que puse en el 
techo del gallinero fueron de sauce, cortados por 
junio en el Miguelete según se dijo en el número 322, 
los que para ese fin me parecieron suficientes en vista 
de que no siendo ese techo destinado a recibir y dea* 
pedir las aguas del cielo, aunque sus maderas tuviesen 
algún movimiento, que es el vicio que por lo común 
tiene el sauce, no podía de él resultar inconveniente en 
una pieza, en que el techo puesto sobre los sauces sólo 
se destinaba a servir de piso interior. Asi se hizo, y 
continuando en levantar las paredes puse sobre ellas 
un techo con maderas de lapacho y urunday, que son 
más firmes y mejores para despedir las aguas. Esa 
pieza que puse sobre el gallinero y dejé sin enlucir por 
dentro y con algunos mechinales abiertos, a más de dos 
ventanillas con puertas para que en ella hubiese ma- 

[172] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICtTLTCmA 



cha ventilación, me sirve como he dicho, para guardar 
y conservar muchos frutos* 

591. — El gallinero con esa pieza alta encima: con 
las cuatro ventanillas abiertas casi al nivel de donde 
duermen y por las que saltan fuera las gallinas, y con 
los ocho respiraderos inferiores que bañan el piso en 

que caen los excrementos; ha probado tan bien desde Ventaja 
que duermen en él las gaUinas hay más de un año, " "^"'^ ' 
que no he visto ninguna enferma: no son perseguidas 
de noche de las comadrejas; pues no tienen cómo en- 
trarles, y de día en los grandes calores ellas mismas 
se suben al sarzo en que duermen, y pasan en él la 
siesta disfrutando de la sombra y frescura, que no pue- 
den lograr mejor en otra parte» Algunos que han visto 
el gallinero no han podido menos que aprobarlo, y sólo 
le han puesto la falta de que es costoso. He respondido 
que puede haber costado cuatrocientos pesos; pero que 
he visto aquí muchos palomares más costosos, sin ser 
ni de lejos tan útiles las palomas como las gallinas: 
también he respondido que el gallinero no sólo sirve a 
su principal objeto; sino para acomodar muchas cosas, 
que conviene tenerlas resguardadas y cubiertas. 

592. Ahora me ocurre decir — que aunque mi 
pensamiento fue hacer el sarzo con varas derechas de 
álamo o de sauce, que tuviesen de dos a dos y media 
pulgadas de diámetro, cuando fui a ponerlas me hallé 
sin vara ninguna; porque los soldados arrasaron con 
todo lo que había en mi chácara de bueno: y asi tuve 
necesidad de recurrir a las cañas de Castilla, que hay 
en las cercanias de mi casa a la orilla de un charco. 
Para esto hice cortar todas las que me parecieron sazo- 
nadas, y me parecieron tales todas las que eran cre- 
cidas, y las que en la mayor parte de la caña estaban 



[W3I 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



desnudas de una especie de camisa que las cubre por 
encima cuando son nuevas: y no sólo corté las que ne- 
cesitaba para el gallinero; sino muchas más para lo 
que se me pudiera ofrecer en la cas_a. Como las cañas 
no tienen el grueso de las varas que había meditadcí 
poner, suplí esa falta uniendo dos o tres cañas, y atán- 
dolas unidas en las tacuaras a la distancia de un pie 
unas de otras: y de ese modo me están haciendo el ser- 
vicio que yo esperaba de las varas, 

593. A los pocos días de haber&e cortado y pelado 
las cañas llegó a mi casa un soldado, que era natural 
de Mendoza, a pedirme unas cañas para pescar, y le 
dije que escogiese entre más de doscientas que había 
cortadas y peladas, todas las que gustase: y él reco- 
n quo de- nocíéndolas me dijo que en todo aquel cúmulo de ca* 
n tener ñas, no había ninguna que tuviese sazón: que si yo 
era gustoso cortaría las que necesitaba y tuviesen sa- 
zón en el cañaveral: se lo concedí de buena gana, y lo 
acompañé para imponerme de las cañas que él tenía 
por sazonadas. Luego que llegamos al cañaveral me 
dijo — aquí hay muchas que tienen sazón perfecta, 
y son las que no sólo están desnudas en su mayor 
parte de la camisa que las cubre cuando son nuevas; 
sino que también tienen cañitas delgadas subalternas, 
que han echado y criado sobre el nudo de los canutos. 
Efectivamente cortó cuatro de ellas, con las que se fue 
contento, y yo lo quedé también de haberme impuesto 
por la primera vez, después de treinta años que tengo 
cañas en mi chácara, de las condiciones que deben te- 
ner para que se reputen, y estén verdaderamente sazo- 
nadas. Lo que me dijo el mendocmo lo confirmé por 
cierto algunos días después cuando vi que las cañas, 
que ae habían cortado y pelado en casa, sd fueron 

[174] 



añas de 
Castilla 
Ctílei. 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICUI.TURA - 



casi todas quedando con arrugas y de un color blan- 
quecino en el cutis, al paso que se fueron secando. 
Tan importante como esto es el saber con certeza lo 
que concierne a la agricultura. Mil veces ke pregun* 
tado a muchos ~ que cuándo se hallaban las cañas 
en sazón para cortarse : y unos me respondían cesta y 
otros ballesta, hasta que por último al fin de mis días 
he venido a saber por casualidad el punió en que de- 
ben hallarse las cañas de Castilla para hacer de ellas 
una buena cosecha. Al leer esto no dejará de decir al- 
guno — y eso ¿quién no lo sabía? Pero estas salidas 
frías y despreciativas, semejantes a las de la pulga de 
la fábula de Iriarte, que son hijas o de la necedad o de 
la ingratitud, no deben extrañarse,- cuando se sabe que 
stultorum infinitus est numerus. 

594. — £1 nombre que damos a estas cañas acredita 

que vinieron de España; pues con el nombre diferen- 
cial de Castilla las contradistin güimos de otras mucbaa 
de especie diferente, que son indígenas de la América, 
y se crían en los bosques de los arroyos y ríos ver- El nombre 
tientes al de la Plata. Como estas cañas de Castilla 
sirven para muchos usos se deben tener a las orillas 
de algún charco, que conviene haya cercano a la casa 
y como una dependencia suya; porque las cañas a su 
orilla se crían grandes, y ellas a su vez hacen con la 
sombra que el agua se conserve clara, fresca y por 
más tiempo que se conservaría sin su auxilio; pues 
con esa sombra que le hacen el agua cría un camalo- 
tillo verde, que sólo se cría en aguas frescas y delga- 
daS) impidiendo la sombra de las cañas y el camalo- 
tillo, que echa sus raíces sobre el agua, que el sol la 
caldee y la exhale. En el charco y en las cañas fuera 
de otros servicias que halla la casa, tienen las galli- 



[175] 



TOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



nas el recurso del agua para beber, y el de laa cañas 
no BÓlo para libertarse de las aves de rapiña; sino 
también para estar al fresco en el verano, y para abri* 

garse a su socaire en el invierno. 

595, — No hablo de palomas, sino para decir que 
su utilidad es cortísima con respecto al daño grande 
que bacen en los sembrados* Si siempre hubiera en los 
campos semilla de cardo como la hay en el mes de 
febrero hasta abril, entonces se podrían tener sin que 
se experimentase daño; porque el cardo tiene para 
ellas un atractivo tan grande que las hace olvidar de 
todo otro alimento; aunque siempre lo harían en una 
lomat y casa que tuviese aljibe por lo mucho que estercolan 
os av«t. sobre los techos; a no ser que el palomar se pusiese 
distante de ellos ciento o doscientas varas. Tampoco 
hablo de patos, ni de los que llamamos caseros, ni de 
los marruecos, por puercos o por gritones, o por uno 
y otro. Además de esa incomodidad que causan, hacen 
el daño de echar a perder el charco que haya en la 
casa, picando continuamente y desmoronando su ori- 
lla interior por sacar gusarapos o lombrices. Alguno 
dirá que también las gallinas son molestas. Convengo 
en eso; pero a más de no serlo tanto, es tan grande 
su utilidad por los huevos, por los pollos y por las 
mismas gallinas, que se puede perdonar el bollo por 
el coscorrón, y sufrirles sus impertinencias por el re- 
curso frecuente que en ellas tenemos. En una chácara 
no se deben tener tampoco pavos; porque un buen 
bocado que nos ofrecen de tarde en tarde, no es bas- 
tante para soportar sus pesadeces. Cuando un pavo 
se empeña en que ha de matar a un gallo o a una ga- 
llina no desiste de su encalabrinamiento hasta que no 
lo consigue. No obstante si algimo es tan su apasio- 

[176] 



OBSERVACIONES SOBBS AGBICULTURA 



nado que quiera criarlos, puede hacerlo sin tener de 
ellos cuidado; porque se crían mejor dejándolos andar 
lejos de casa a su albedrio, que teniendo de ellos el 
cuidado que se debe tener con los pollos. 

CORRAL 

596. — El corral para caballos y bueyes en una chá- 
cara se puede considerar como una dependencia de la 
casa, Y como una cosa necesaria en sus cercanías para 
encerrar bueyes y caballos en todos tiempos ; pero prin- 
cipalmente en los benignos; en que duermen con más corral 
comodidad y desahogo en el corral, que en el pesebre nec«s 
o caballeriza; pues en el corral duermen sueltos y con 
tal gusto que cuando las noches son cortas» es necesa- 
rio, abierta la puerta, hacerlos salir fuera; porque 
ellos por si mismos, particularmente los bueyes, se 
emperezan tanto que muchas veces tardan horas en 
salir, si no se los echa fuera. Cuando no fuese abso* 
lulamente necesario el corral en una chácara, sería 
conveniente por el estiércol que de él se saca, no sólo 
de los animales del servicio de la misma chácara, que 
en él se encierran; sino también de los que encierran 
algunos viajeros que lo piden emprestado para asegu- 
rar alguna noche los bueyes y caballos con que via- 
jan: y aunque por sólo ese beneficio de asegurar los 
animales de un viajero no debe hacerse el gasto del 
corral en una chácara, si ésta no lo necesita; digo que 
cuando no lo necesite siempre^ lo necesita muchas veces 
en el año; porque no siempre han de vivir los bueyes 
y caballos en la caballeriza y pesebre, o aunque vivan 
y hagan noche algunos; como esos techos sólo son 
para pocos animales, y puede la chácara necesitar de 
mayor número, es entonces el corral necesario* 



[177] 



JOSE MANU£L PEREZ CASTELLANO 



597. — Siendo pues el corral útil, conveniente y mu- 
chas veces necesario, se debe hacer, y debe hacerse a 
distancia de cincuenta o sesenta varas de la casa, para 
que nunca le alcance el polvo que en él suele levan- 
tarse. Debe ser cuadrado, y que el lienzo que esté más 
bajo cerque parte de la tierra que se trabaja a fin de 
que las aguas del corral depositen en las tierras de 
cuadra- abono quc consigo arrastran. Si al corral se 

condlcio. 1^ poiie manguera para facilitar el encierro de anima- 
les ariscos, ésta se debe poner sin dejar seno o rincón 
considerable entre la manguera y el lienzo del corral 
mismo; antes se debe arrimar cuanto sea posible al 
lado de la puerta- Hago esta advertencia después que 
la experiencia repelida me ha enseñado lo perjudicia- 
les que son esos senos o rincones grandes entre la 
manguera y el corral; porque cuando los animales son 
ariscos, y se ensenan en esos rincones, más bien que 
buscar la puerta del corral y entrar por ella cuando 
los oprimen y estrechan, revuelven para atrás y dispa- 
ran sin detenerse en barras, atropellando jinetes y 
abriéndose campo. Pero si la puerta cuadra en el mis- 
mo ángulo, que forma con el corral la manguera, se 
desfila el ganado y entra todo de chorro sin trabajo 
alguno. Si el terreno en que se pone el corral tiene 
declive, como regularmente lo tienen aquí los terrenos 
en que los corrales se -poneni no conviene dejar la 
puerta en la parte más alta del terreno ; sino en terreno 
medio entre el bajo y alto; porque los animales aris- 
cos más bien, tiran de abajo para arriba, que de arri- 
ba para abajo; y así más fácilmente se les hace entrar 
por una puerta, desde la cual se les presente terreno 
elevado en lo interior del corral, que cuando hallán- 
dose la puerta en lo más elevado del terreno, sólo se 

[178] 



OBSBR VACIOHES SOBRB AGRICULTUBA 



Ies presenta dentro uno, al que desde ella tienen que 

ir descendiendo. 

598^ — El que pueda hacer su corral con postes de 
ñandubay puede contar en que no tendrá nunca que 
mudar o reparar poste ninguno; pero como el hacerlo 
con esa madera es dado a pocos, los que no pueden 
costearla se contentan en las chácaras con postes de 
sauce ain descortezar, de durazno o de higuera, que 
aon mejores; y clavando los postes de cualquiera ma- 
dera que sean, tan cercanos unos a otros que no pue- 
dan los animales meter la cabeza entre poste y poste, 
hasta ponerles por la parte de afuera una cinta, con 
que se ciñen todos como a dos varas de altura, para 
que quede el corral con la firmeza que no puedan 
contrastarla los animales. En las estancias en que en 
los corrales hay que hacer trabajos de capa y hierra, 
se ponen las cintas de la parte de adentro, y se suelen 
poner dos, aun en corrales de palo a pique, no tanto 
para darles firmeza, cuanto porque esas cintas sirven 
a los que trabajan a pie para poder treparse a lo más 
alto del corral cuando algún animal vacuno embrave- 
cido con el calor del fuego y con la injuria de la capa 
los embiste. Pero como en las chácaras no hay que 
hacer esos trabajos basta que en el corral se ponga 
una cinta alta de la parte de afuera; porque fuera per- 
manece más que dentro, en que los animales con el 
contmuo rascarse, o con el continuo pugnar por sa- 
lirse, rompen más fácilmente las ligaduras. 

LA AGRICULTURA IMPLORA PROTECCION 
DE LA JUSTICIA 

599- — Al fin del número 231 prometí que tal vea 
sin salir de mis observaciones expondría el &ifasis de 

[179] 



JOSE MANUSL FXSEZ CASTELLANO 



la proposición que allí hice de que para fomento de la 

agricultura no se necesitaba en Montevideo de otra 
cosa, sino de que a loa labradores no se les hiciese 
daño. Llegó el caso de cumplir mi promesa, y voy a 
exponer sencillamente los graves daños que se les ha- 
cen violando de un modo escandaloso su derecho de 
propiedad, y causándoles con ellos un atraso, que pre- 
Agrlculivra cisauiente redunda en el de la agricultura que ellos 
perjudicadQ. ejercen. Espera que con sólo manifestarlos conocerá 
cualquiera la verdad de mi proposición, y se debe tam- 
bién esperar que conocidos los daños injustos se re- 
medien, siendo muy fácil, como lo es, el repararlos. 
Porque ¿qué menos se puede pedir a favor de la agri- 
cultura, de este ejercicio noble altamente elogiado, y 
recomendado con tanta frecuencia de todos los políti- 
cos y estadistas, que el que a los labradores no se les 
viole su derecho de propiedad? Si yo pidiera que a 
los que eran pobres, se les hiciesen anticipaciones de 
dinero para fomento de un trabajo tan necesario a la 
sociedad, con la condición de que con el fruto de su 
trabajo satisfarían el dinero, adelantado para sus la- 
bores; aunque no sería mucho pedir, se pediría siem- 
pre una cosa que no les era debida. Pero ceñirme a 
pedir que a los labradores no se les hagan daños in- 
justos, y que no se les viole su derecho de propiedad, 
es pedir sólo que para con eUos se haga la justicia que 
es debida, y que tiene derecho a pedir cualquiera indi- 
viduo de la sociedad por oscura y miserable que sea 
su condición. ¿Y cuáles son estos daños? Voy a de- 
cirlos. 

600, — En Montevideo se repartieron las chácaras 
del Miguelete, por ejemplo, no para cria de ganados, 
sino para aementeraa y para todo aquello que se com- 

[180] 



I 



OBSERVACIONES SOBRE A6RICDLTÜHA 



prende con el nombre de agricultura» Véase el padrón 
de los primeros repartimientos, que fueron los del Mi- 
guelete, y se verá que en ellos las chácaras se repartie- 
ron con sólo ese objeto. Por esto cuando algunos veci- 
nos propietarios de las mismas chácaras, olvidándose 
de su destino, y llevados de algún particular interés, chácaras, 
se desmandaban a mantener en ellas o alguna manada ^ ob¡etc. 
de yeguas, o algún rodeito de ganado; no faltaba el 
cabildo, celoso del bien común, de irles a la mano, y 
de mandarles que sacasen de las chácaras todos los ani- 
males que no eran de los necesarios para su servicio. 
Si se demoraban en e|ecutarlo, se celebraba cabildo 
abierto, y en él se determinaba lo que se había de ha- 
cer para corlar el abuso. Así se hizo en el año de 1732, 
o en alguno de los dos siguientes, pues no me acuerdo 
con puntualidad el año en que se celebró ese cabildo; 
pero 9Í me acuerdo que por él se comisionó al alcalde 
provincial para que hiciese recoger todos los animales 
que había en las chácaras, y no eran de su servicio, y 
trayéndolos al portón se les diese el destino que consta 
del mismo acuerdo, según puede verse del primer libro 
de acuerdos que hay en sn archivo. Con el transcurso 
de muchos años se volvió a renovar el abuso, y se 
volvió a aplicar el mismo remedio en el año de 1763 
a 64: y los animales que por ese cabildo abierto se 
mandaron recoger se llevaron a la estancia que la ciu- 
dad tenia en Pintado según puede verse en el acuerdo 
de ese cabildo^ que se celebró con ese motivo. 

601. — > Este celo a favor de la agricultura lo tenían 

entonces los Padres de la Patria sin más objeto que 
el del bien común, y el de que de las chácaras, desti- 
nadas para la labranza, no se hiciesen estanzuelas en 
perjuicio de ella: y lo tenían en tiempos en que las 



[181] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



chácaras estaban menos pobladas, y en que era meno» 
extendida la labor de las tierras. Si los que tomaron 
entonces tan justas y arregladas providencias desper- 
taran ahora del sueño de la muerte, y viesen el cúmulo 
de injusticias, que en estos tiempos ha cargado contra 
la propiedad de los labradores y contra su labranza 
¿no exclamarían llenos de asombro? — ¡O témpora! 
¡O mores! ¡O miseras hominum mentes! ¡O pectora 
casca! Sin duda que exclamarían llenos de admiración 
irio'a la*" ^ ^® sentimiento cuando viesen que el interés de cua- 
ricultura. particulares había desterrado de todo punto la jus- 

ticia y la protección, que fundados en ella habían pro- 
curado sostener con empeño a favor de la agricultura* 
Porque ellos verían, que un particular sin tener más 
que una corta porción de tierra para la labor, se toma- 
ba la licencia de establecer en ella saladero de carnes, 
- en que habilualmente mantiene más de mil animales 
a costa de sus vecinos que no hacen más que callar y 
sufrir; porque basta ese número puede ascender el 
ganado que mantiene cada saladero, si se hace la cuen- 
ta no sólo de los trozos gruesos de ganado, que traen 
para las matanzas, sino también de los bueyes para los 
acarreos, y de los c^allos para los j metes que se em- 
plean en esas faenas. Como si esto fuera poco, no con- 
tentos los dueños de los saladeros con los muchos cen- 
tenares de bueyes, caballos y novillos, con que apuran 
los pastos de todas las chácaras de su inmediación, ne- 
cesarios en ellas para pacer los bueyes y caballos del 
servicio de las mismas chácaras; cada uno mantiene en 
su saladero una cria grande de quinientos hasta mil 
cerdos, y estas crías o grandes piaras las mantienen 
sueltas, desolando los campos, afeándolos con el hozar 
GontinuOp y empuercando las aguadas, de las que no 
hacen más que lodazales en que revolcarse. 

[182] 



OBSERVACIONES SOBHE AGBICULTUHA 



602. ^ Vemn» que los que mantienen tambos en 
los propios de la ciudad echaban a pacer mil o dos 
mil vacas a las chácaras del Míguelete con la misma 
satisfacción que si fuesen las chácaias una estancia de 
su propiedad, y que las echaban a pacer a Dios y a 
la buena ventura, hagan o no hagan daños en log sem- 
brados y huertas. Verían, que los alquiladores de ca- 
ballos, sin más que pedir licencia a un propietario 
para plantar un rancho y un corral encima de una sigu» h i 
loma, mantiene cada uno cincuenta o sesenta caballos «icf6n d 
a costa de la propiedad de otros muchos, que no dan. ^mtúñ 
ni quieren dar esa licencia; porque saben meditar el 
perjuicio que eso trae a los labradores sus convecinos, 
no sólo porque consumen el pasto que necesitan lo» 
animales de labor; sino también porque mezclados en 
los caballos que alquilan muchos de la propiedad de 
los labradores, los saben alquilar asimismo, y en poco 
tiempo los destruyen; pues bien sabido es lo poco que 
duran los caballog que se alquilan a gentes que desde 
que montan no hacen otra cosa que correr y más correr 
hasta que o revientan el caballo, o lo dejan en un esta- 
do tan lastimoso que queda más bien muerto que vivo. 
Verían, que los que tienen hornos o de pan, o de la- 
drillo, o todo junto echan a pacer diariamente en las 
chácaras del Miguelete cuarenta a cincuenta muías sin 
más facultad o licencia que las que ellos se toman, Ue- 
vados sólo de la elación que dan a los míseros mortales 
el poder y las riquezas que acumulan con su lucrativo 
ejercicio* Como si esto fuera poco, después que sus 
muías y caballos han convertido en estiércol el pasto 
que comieron en la heredad ajena, mandan escuadro- 
nes de esclavos, que con carretillas de mano lo recojan, 
pareciéndole» lastmio&o que quede en el campo que su^ 



[1B3] 



JOSE MANUEL PSREZ CASTELLANO 



bestias esqmlmaron un abono que les interesa en su 
casa. Todo esto verían nuestros mayores y exclama- 
rían — ¡Oh tiempos! ¡Oh costumbres! ¡Oh limitados 
hombres! ¡Oh ciegos de vuestra codicia, que no alcan- 
záis a ver, o que despreciáis el daño injusto que hacéis 
a vuestros prójimos! 

603, — Alguno tal vez me dirá: si son reales y ver- 
daderos los daños que sufren en su propiedad los la- 
bradores ¿cómo no se quejan a los tribunales de jus* 
tícia? ¿Cómo no elevan sus clamores a quienes pue- 
dan remediar lo que padecen? Respondo — que a fines 
del siglo pasado veinticinco o treinta vecinos propieta- 
rios del Miguelete hicieron una representación por es- 
crito exponiendo loa daños y perjuicios que les causa- 
ban en sus propiedades los que empezaban entonces a 
establecer saladeros sobre sus chácaras, y todos los de- 
más que de diversos modos los atrasaban en su labran- 
za, quitándoles con multitud de animales que echaban a 
pacer en ellas, el pasto necesario para los bueyes y 
caballos del servicio de las mismas chácaras. Esta re- 
presentación la dirigieron al cabildo junto con su pre- 
sidente con la idea, de que emanando el decreto por 
un cuerpo legal que reuniese la jurisdicción militar y 
política, no pudiese eludirlo ninguno de los que los 
agraviaban, entre los cuales había algunos que enton* 
ees gozaban fuero militar. El gobernador, cuyo nom- 
bre callo, aunque actualmente viven muchos que lo 
conocieron y saben de quien hablo; prevenido por uno 
de los interesados a favor de los saladeros contra la 
justicia manifiesta de los labradores, pasó oficio al ca- 
bildo previniéndole se abstuviese de admitir escrito al- 
guno con quejas de esa naturaleza. El cabildo que des- 
de su creación estaba en posesión tranquila de conocer 



[184] 



OBSERVACIONES SOBBE AGBICULTÜRA 



y proveer sobre ellas, según se evidencia de los acuer- 
dos citados, le contestó con la firmeza que debía: se 
siguieron otros oficios recíprocos^ y resultó un choque 
tan ardiente de la fuerza contra la razón, que ésta que- 
dó oprimida, y un regidor, de quien el gobernador sos- 
pechaba que era el que dirigía la pluma del cabildo, 
sepultado por mucho tiempo sin comunicación en un 
calabozo. El gobernador tuvo a su vez sentimientos 
muy graves, que se hubieran evitado fácilmente, si 
dando lugar sólo a la justicia, no hubieran ocupado 
su asiento las pasiones y parcialidades. 

Ó04, — En fin estos debates que duraron mucho 
tiempo, y obligaron a largos recursos ya a la audiencia 
del distrito, ya a la corte, hicieron olvidar el asunto, 
con cuya ocasión se suscitaron: y en esta parte se 
puede decir que el gobernador obtuvo una victoria pQ^^t com> 
completa contra la agricultora. Después se siguieron a caminan 
novedades tan ruidosas tanto en esta provincia como 
en el resto de la monarquía, que casi no se ha tratado 
de otra cosa que de las armas y de la defensa común. 
Pero supongamos que los labradores siempre hubiesen 
sido apáticos e insensibles a la violación de su dere- 
cho. ¿Sería eso bastante para graduar que no se les 
hacia ninguna? ¿Sería bastante ese sufrimiento para 
que se les continuase en hacerla? Bien notorio es que 
los hombres naturalmente tranquilos y sólo aplicados 
al cultivo de la tierra^ cuales son los labradores, tienen 
por lo común una repugnancia mortal a dejar su tra- 
bajo por entregarse a litigios, máxime contra podero- 
sos protegidos, ¿Será por eso justo que los gobiernos, 
que los tribunales, que ven y palpan sus continuos 
agravios y sufrimientos, los abandonen a su desgra- 
ciada suerte? Si esto fuera^ o debiera ser as!, sería 



[185] 



JOSE MANUEL P2SREZ CASTELLANO 



excusado el investigar los medios de dar fomento a la 
agricultura^ o por mejor decir, sería un insulto, con 
que a la aflicción del labrador agraviado, se le añadiese 
la de escarnecerlo y burlarse de él; porque ¿qué ío- 
mentó podrá el labrador esperar de quien se complace 
en despojarlo del libre uso de su propiedad, o por lo 
menos mira con indiferencia que se le despoje? Se 
dirá que los pastos son comunes. Sí: son comunes; 
pero lo son para los caminantes que van y vienen, los 
que pueden mientras viajan echar a pacer sus bueyes 
y caballos sobre los pastos de heredad ajena con tal 
que no hagan daño en las huertas y sembrados; pero 
no son comunes para que se tome nadie la facultad de 
echar a pacer en heredad que no es suya, diaria y ha- 
bitualmente manadas de muías, piaras de puercos, ni 
otros animales de cualquiera especie que sean; porque 
si por ser los pastos comunes en el primer sentido me 
fuese a mí licito echar a pacer diaria y habitualmcnte 
mis ganados en la heredad de otro, podía contarme 
facultado para mantenerlos en cualquiera estancia o 
propiedad ajena que a mí se me antojase: lo que sería 
un absurdo que traería a la sociedad un desorden y 
una confusión mayor que la del primer caos que hubo 
en el mundo^ según los poetas. 

605. — ¿Pero qué? ¿No ha de haber saladeros? 
¿No ha de haber panaderías? ¿No ha de haber tam- 
bos para proveer a la ciudad del renglón saludable de 
la leche? Yo no digo que no haya todo eso y cuanto 
se quiera. Sólo digo que lo haya dentro de la esfera 
en que se puede: sólo digo que no debe haber nada de 
eso a costa de la labranza ni de la propiedad de los 
labradores: y si no pregunto: ¿no ha de haber labran- 
za? Me dirán todos que sí, y que la labranza es lo pri- 

[1861 



grícuítura 
^ igual 
deracíón. 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



mtro qm debe haber, no sólo poique ese ejercicio es 
el primer destino del hombre, sino porque es el más 
necesario para vivir. Bien — ¿y porque la labranza sea 
tan necesaria, será justo que se fomente a costa de los 
otros ejercicios, y mucho menos a costa de las propie- 
dades ajenas? Con esta satisfacción está visto que yo 
no pretendo privilegio exclusivo ninguno a favor de la 
labranza; sólo pretendo que con el labrador se tenga 
la misma consideración que se tiene con otros propie- 
tarios, y con la profesión o ejercicio en que se em- 
plean. La esfera a que se debe ceñir nuestro poder es 
sólo la de lo lícito^ sin tocar en lo ajeno; porque si 
usurpamos o violamos el derecho ajeno, ya entonces 
salimos de la esfera de nuestro poder legítimo, y hace- 
mos lo que no nos es licito; pues solúm possumus 
quod de jure possumuSf esto es — que sólo podemos 
lo que podemos hacer con derecho; todo lo demás es 
abuso del poder contrario al bien común de la socie- 
dad» 

606. — Si ha de haber panaderías ¿dónde se echa- 
rán a pacer las muías y caballos de su servicio? Esta 
cuestión la deben resolver los panaderos; porque siendo 
cierto que ellos no tienen derecho a echarlos a pacer a Temperar 
heredad ajena, deben saber dónde los mantendrán sm para que 
perjuicio del derecho de otros. Pero si no tienen campo 
propio, y no Ies ocurre modo de darles verde dentro 
de sus casas, les indicaré el arbitrio de que siembren 
alfalfares, y con la alfalfa pueden darles verde de día 
como de noche Ies dan el pasto seco. Y los saladeros 
¿dónde se pondrán? Respondo — que los que haya 
establecidos, particularmente si tienen edificios firmes 
y costosos, se dejen estar, ya que se permitieron mala- 
mente al principio, sin permitir en adelante que se es- 



[1»] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



tablezcan otros nuevos: que a los dueños de los ya es- 
tablecidos se les intime que dentro de un corto plazo, 
que se Ies señalará, hagan corrales o chiqueros, en que 
recoger sus piaraa de cerdos a encierro perpetuo, pues 
no deben salir nunca sino para matarlos. Me parece 
que no se puede tener mayor indulgencia con los due* 
ños de esos establecimientos, que es preciso que co- 
nozcan y palpen los graves perjuicios que sólo con los 
bueyes, caballos y novillos o vacas hacen en loa pastos 
a todas las chácaras de su vecindad, para que no reci- 
ban con mucho gusto un mandato que tira a evitar el 
daño gravísimo que con los animales de cerda se ha- 
cen a loa campos y a las aguadas. — También se les 
mandará que semanalmente hagan en sus saladeros ma- 
tanzas de ratas; porque de otra suerte se inundan de 
esa plaga las chácaras haciendo mucho daño en granos 
y sembrados. 

607« — Este mismo mandato sobre el encierro per- 
petuo de las piaras y sobre la matanza de ratas sema- 
^^^^ nalmente, parece propio de una buena policía, que sea 
• lala- trascendental a todos los saladeros que hay en los pro- 
n pro- pios y cercanías de la ciudad; porque no hay razón 
ninguna para que por el interés de algunos particu- 
lares esté la ciudad privada de unas salidas alegres y 
hermosas, como eran las que tenía antes de haberse 
introducido esas inmundicias en sus cercanías. Por este 
motivo, y de que ese perjuicio no se aumente, juzgo 
que no conviene permitir nuevos saladeros en los pro- 
pios de la ciudad. Si desde el principio se hubiesen 
previsto los perjuicios que tanto a la ciudad como a 
las chácaras habían de acarrear esos saladeros, y no 
se hubiese permitido, la agricultura en los propios 
hubiera tenido más aumento y lo hubiera tenido tam- 

[188] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



bién en las chácaras, sin que por eso se hubieran de- 
jado de establecer saladeros en donde sólo debían es- 
tablecerse, que eia en laa estancias. La conducción de 
cueros, carnes y otros efectos hubiera costado más; 
pero se hubieran acostumbrado a ella todos^ como lo 
hacen ahora los dueños de las estancias con los mismos 
productos que sacan de ellas, sin traer el ganado en pie 
para matarlo en estas cercanías. En recompensa hu- 
bieran tenido en el ganado que matasen donde había 
pastos, algunas otras ventajas que no tienen aquí, y 
es fácil considerarlaa. 

608- — ¿Dónde colocaremos los caballos de alquiler 
para que no hagan daño a las chácaras? ¿Dónde pon- 
dremos los tambos de las vacas lecheras? Por lo que 
mira a los caballos de alquiler creo que sería mejor, 
asi para los caballos como para los hombres, que no 
los hubiese, a lo menos en abundancia. Lo sería para 
los caballos, por los muchos que matan, estropean e cabaK 
inutilizan los que los reciben alquilados; porque regu- quiler 
larmente son marineros, que con el ansia que tienen <■ 
de montar a caballo, se llevan corriendo todo el día, 
mientras el caballo puede, hasta que lo dejan en el mi- 
serable estado que se dijo: y esos animales, útiles en 
otro servicio, se acaban en ése de pura diversión. Tam- 
bién son perjudiciales a los que los montan; porque 
muchos con el continuo loquear a caballo ruedan, caen, 
se maltratan y mueren muchos, de que hay repetidos 
ejemplares. Se suele decir que a caballo no hay hom- 
bre cuerdo, y ésos que regularmente montan caballos 
de alquiler, no sólo no son cuerdos a caballo; sino 
locos, y locos furiosos; y en esto no hay que dar otra 
prueba que verlos. Para hombres que son de juicio a 
caballo hay quienes mantienen caballos de alquiler a 



[169] 



JOSS MANtJEL mUEZ CASTELLANO 



pesebre, y esos caballos con algunos más que se pu* 
sieran, me parece que serían suficientes para aquéllos 
a quienes se Ies ofreciese hacer alguna diligencia, o 
quisiesen salir al campo a divertirse racionalmente. Por 
esto me parece que el ramo de los caballos de alquiler 
no me debe detener mucho para decir qu« se deben 
echar fuera de las chácaras por el perjuicio general 
que se Ies hace defraudándolas de loa pastos, y por el 
particular que se dijo arriba. 

609. — Por lo que mira a las vacas lecheras, es me- 
nester otra consideración; y voy a proponer el lugar 
que puede dárseles, exponiendo primero lo que muchas 
veces he meditado sobre la estancia del Cerro. En ella 
hay un campo que puede mantener con desahogo diez 
o doce mU cabezas de ganado, y regularmente las man- 
tiene; porque yo he conocido en esa estancia rodeoa 
considerables de ganado, que no eran del Rey : he co- 
nocido piaras grandes de cerdos, que no eran del Rey: 
he conocido boyadas y manadas de caballos muchas, 
muchas, que tampoco eran del Rey. Sólo ha habido en 
ella habitualmenle de ciento a ciento y cincuenta bue- 
yes que eran del Rey: ha habido también del Rey ca- 
ballos de su servicio, que me parece no quedarme cor- 
to si digo que las más veces no pasaban de mil caba- 
Jlos. También ha habido del Rey muchas manadas de 
yeguas, que para su servicio nunca han sido de utili- 
dad alguna; porque todo el servicio que esas yeguoa 
han hecho aquí, no ha sido otro que trillar parvas de 
trigo en tiempo de las cosechas, para lo cual se lleva- 
ban a las eras mezcladas con algunos reyunos: en los 
caballos montaban los trilladores para arrear las ye- 
guas, de cuyas faenas quedaban tanto las yeguas como 
los caballos estropeados por mucho tiempo. Si de eses 



E190] 



OBSERVACIONXS SOBRE AGRICULTURA 



yeguas trilladoras sacaba el Rey utilidad para su era- 
rio, lo han de decir los libros de caja; porque si en 
ellos no se encuentra partida alguna de entrada, según 
creo que no la habrá, por el servicio de trillar, se debe 
concluir que sus alquileres sólo eran gajes de capa- 
taces o peones. Esto sentado como cierto^ todo lo que 
el Rey venía a tener en la estancia, útil para su servi- 
cio, sólo eran 150 bueyes, y mil caballos cuando más. 
Para el cuidado de esos anímales mantenía ei Rey un 
capataz mayor, algunos subalternos, y peones corres- 
pondientes, de cuyo número y de lo que ganaban no 
puedo hablar con certeza, porque lo ignoro; pero es 
muy fácil averiguarlo por los libros de caja. 

610. — Ahora digo yo — ¿^I^é necesidad tiene el 
Rey para el cuidado de 150 bueyes, y de mil caballos 
cuando más, de mantener en ella capataces y peones? 
Arriéndese la estancia a algún particular con la obli- 
gación de cuidar en ella 200 bueyes y rail y quinientos 
caballos, que el Rey ponga, y que sea de la obligación Convíen 
del arrendatario el üevar diariamente a la plaza los orrendari' 
bueyes y caballos» que sean necesarios para el servicio: 
y que sea también de su obligación dejar que se esta* 
blezcan media docena de tambos de vacas lecheras so- 
bre la ribera del Pantanoso, sin más libertad en este 
punto que tener la de poder echar« o no admitir a al- 
guno, de quien tenga queja, o racional y fundado te- 
mor de que es o puede ser perjudicial a la estancia. 
Aquí pues se nos presenta un lugar muy bueno, en que 
sin perjuicio del arrendatario proporcione a doscientas 
lecheras campo bastante sobre esa ribera, que es la de 
menor interés para la estancia y la más cercana a la 
ciudad. Esos tambos en ese lugar pueden servirle al 
arrendatario como de puestos» que el Rey solía tener 



[191] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



sobre ella, para celar que nadie entre a hacer daño en 
la estancia, siendo del interés de los dueños de tambos 
que nadie lo haga, aunque no sea sino porque no se 
les atribuya el daño que otros hicieron, A éstos por la 
ventaja de hallar en esa estancia lugar seguro y de bue- 
nos pastos para sus vacas se les puede imponer la pen- 
sión de que den a los hospitales diariamente cierta me- 
dida de leche, proporcionada a sus vacas, la que creo 
darán con mucho gusto. Puede ser que se nos presente 
luego algún otro lugar en que poder tener también va- 
cas lecheras. 

61 K — La estancia del Cerro por su capacidadi por 

su cercanía y por mil circunstancias ventajosas que 
tiene, es tan apreciable y de tan grande interés o para 
Condicione» algún establecimiento de salazones, o para mantener 
■«I arrendó- noviUos en depósito, con que atender a la provisión de 
miento. la Plaza en el invierno, o en algún tiempo de aguas 
muy seguidas; que no dudo habrá muchos que a porfía 
quieran entrar en su arrendamiento con las condicio- 
nes expresadas» Pero en caso que el arrendatario quie- 
ra establecer salazón, se le debe prohibir que manten* 
ga sueltas piaras de cerdos; porque estos animales son 
tan perniciosos pera lo3 campos y aguadas que muchos 
dueños de estancias grandes, que entienden su interés 
verdadero, no quieren tener en ellas semejantes crías. 
Añado también que se le imponga que no pueda man- 
tener en la estancia cuantos animales quiera; sino sólo 
el número compatible con la primera obligación de 
mantener por su parte en buen estado los 2O0 bueyes 
y los 1500 caballos del servicio de la Plaza. Por do 
contado deben sacarse de la estancia las muchas yeguas 
que sin utilidad alguna del servicio se mantienen en 
día, dejando sólo las madrinas precisas para la que- 

[182] 



OBSEBVACIONICS SOBRB AGRICULTURA 



rencia y reunión de loa caballos. Alguno dirá tal vez 
¿y dónde pondrá el gobiemo los caballos que se le 
ofrezca comprar? Respondo que si la compra es para 
reparar los que se mueren de los 1500, que se han di* 
cho, está claro que deben ponerse en la misma están* 
cia; pero si la compra es de mayor número para algu- 
na expedición militar, como ése es un caso extraordi- 
nario que acontece pocas veces en muchos años, y esos 
caballos se comprarán para marchar muy breve^ se 
puede tomar con el arrendatario algún temperamento, 
en que sin faltar a la contrata y sin que quede perju- 
dicado, puedan mantenerse en la misma estancia por 
algunos días. 

612. Con lo dicho parece quedan resueltas todas 
las dificultades que se pueden presentar contra la pro- 
tección que la agricultura pide a la justicia; porque de 
justicia es, y de una justicia notoria a todos, que a 
cada uno se le dé lo que es suyo, y que el prójimo no 
haga a su prójimo el daño que él no quiere que se le 
haga a si mismo. Los labradores no piden a su favor 
más que la observancia de esos primeros principios 
del derecho natural. Con esto sólo se dan por contentos, 
y la agricultura quedará fomentada. ¿Pero qué? ¿No 
se siembra en el Miguelete? ¿No hay en sus chácaras 
agricultura? Sí la hay; pero es redoblando los labra- 
dores el trabajo que no tendrían tan grande si contra 
sus chácaras no hubiese los abusos que se han mani- 
festado; porque todas sus sementeras tienen que ha- 
cerlas debajo de vallados, que nunca son bastantes pa- 
ra defenderse de tanta multitud de animales hambrien- 
tos que los acometen, los vencen rompiéndolos, y en- 
tran a hacerles daño. Hay agricultura; pero no con la 
extffiisión que la habría si no los obligaran a ceñirse 

13 • 



JOSS UANVML PIREe CASTELLANO 



a menos campo los mismos abusos; de que se quejan» 
En fin — si sólo piden lo que se les debe, parece que 
deben ceder cuantas objeciones se finjan a su justicia 
manifiesta, cuya protección imploran. 

MODO INDIRECTO DE PROTEGER 
LA AGRICULTURA 

613. — Con el modo indirecto, de que voy a ha- 
blar, no sólo se protege la agricultura; sino también 
el pastoreo, o cria de ganados, y se protegen asimismo 
todos los ejercicios, artefactos y laboreos que se prac- 
tican extramuros de la ciudad. ¿De qué ha provenido 
en la triste pieaente época en que nos hallamos el atra- 
so, o por mejor decir, la ruina total de todos esos 
ejercicios de nuestra industria? Sin duda del ejército 
exterminad or, que se ha mantenido, van ya a cumplir- 
se dieciséis meses, cerca de la Plaza. ¿Y de dónde 
le vino en mientes al gobierno de Buenos Aires man- 
dar ese ejército a sitiarla? De que creyó que arroján- 
dole bombas, tendría que rendirse sin remedio. Pues 
este pensamiento no le hubiera ocurrido, 51 no hubiese 
considerado que le era fácil ponerlo en ejecución, se- 
gún lo hizo: luego si se halla un medio de que ese 
pensamiento no le ocurra a nadie, haciendo si no im- 
posible, por lo menos muy dificultoso el acercarse a 
la ciudad para poderle arrojar bombas, se evitarían 
todos los males que al presente experimentamos; y 
por consiguiente quedarían con sólo ese medio prote- 
gida la agricultura, la cria de ganados, y todos los 
demás ejercicios de nuestra industria ruraL 

614. — El medio que voy a proponer ni es mío, ni 
es nuevo en la idea. No es nuevo, porque tiene de fe^ 

[194] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTUItA 



cha el tiempo en que se hizo la delineación de la Cin- 
dadela que iiay en la Plaza, que ea de 1740; y no es 
mío por lo mismo, pues esa fecha es anterior a mi 
existencia; pero cuando yo era niño oía hablar con 
sentimiento a cuantos de eso hablaban, de que la Ciu- 
dadde no se hubiese situado en la altura que hay en- 
tre el horno de los herederos de don Melchor de Viana 
y la casa de los de Bermúdez. Esta opinión general Fortalezq en 
tomó cuerpo y se afirmó más con los años, y mucho altura, 
más cuando las razones que se alegaban a favor de la 
fortaleza en aquel lugar las ha calificado de harto 
fundadas la experiencia desde el sitio de los inglese». 
En el día esa opinión no se tiene por opinión, sino 
por cosa cierta, y esta certeza nos obliga a que allí 
se haga una fortaleza en toda forma; porque ella pro- 
tege la Aguada y domina todas las alturas inmedia- 
tas, en que se puede colocar batería contra ella. Esa 
fortaleza incomoda las embarcaciones que pueden 
abrigarse en la ensenada, que se halla de este lado de 
Punta de Carretas, y llaman de la Estanzuela« Con la 
fortaleza en esa altura no hubieran los ingleses des- 
embarcado con sosiego la artillería y municiones para 
batir la Plaza, como lo hicieron por esa playa sin la 
menor incomodidad. Al presente nadie se hubiera atre- 
vido con una fortaleza allí a establecer batería de 
morteros contra la ciudad; porque no queda lugar li- 
bre de sus fuegos, donde establecerla impunemente. 

615, — Así parece absolutamente necesario para la 
defensa de la Plaza por tierra, que sin abandonar la 
Ciudadela, que siempre debe conservarse para cuarte- 
les, para almacenes de víveres y también para defensa 
de la misma Plaza, reparando o renovando el baluarte 
que tiene arruinado; se trate eficaz y prontamente de 



[195 1 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



construir en la aUura que se ha dicho, una fortaleza 
en toda f orma^ y con las obras exteriores de {oso» con- 
traescarpa y revestimientos que prescribe la arquitec- 
tura militar, A una fortaleza en aquel lugar, como que 
cuadra distante de la Cindadela un buen tiro de ca- 
9 la mai8- g¿jj^ gg necesario darle comunicación con ella por un 
camino cubierto ancho de ocho o diez varas, guarne- 
cido por sus costados interiores de contraescarpas, y 
éstas cubiertas por su exterior de terraplén en los pa- 
rajes, en que el terreno natural no alcance a cubrirlas. 
Yo tengo por muy importante que los cimientos de la 
fortaleza y de las contraescarpas arranquen desde la 
piedra viva, y que el suelo de los fosos quede encima 
de la piedra descubierta a fin de que contra la forta- 
leza no pueda practicarse mina. Allí la piedra debe 
estar profunda; pero es tan importante d que los ci* 
ndentos lleguen a ella que no se debe perdonar trabajo 
por descubrirla. 

61 6» ^ Puesta la fortaleza en la altura que se ha 
dicho, claro está, que se deben retirar de ella todas 
las casas y edificios, aun los que al presente no están 
arruinados, hasta la distancia, que se gradúe conve- 
niente. £1 terreno limpio y desembarazado que en este 
Ejido. ^®so va a quedar en todas las direcciones de la forta- 
leza, puede destinarse para ejido, en que puedan pas- 
tar los animales del servicio de la plaza, convirtiendo 
en propios de la ciudad lo que al presente es ejido. En 
ese nuevo ejido que lo será tal y sin edificio ninguno, 
se nos presenta ahora un campo muy a propósito pa- 
ra que en él puedan ponerse algunos tambos de leche- 
ras; porque como esos tambos no necesitan más que 
de una choza, que en un momento se hace desapare- 
cer cuando la necesidad lo exija, no traen el grave 



OBSERVACXONKB fiOBRS AORICUX.TUHA 



inconveniente de los edificiofi firmes que se hacen de 
ladrillo, 

617. — Segiin lo que he oído, pues yo no lo he 
visto, ni pienso verlo por ahora; están por tierra casi 
todo8 los vallados de las huertas y mucha parte de los 
edificios que había en los propios de la ciudad. De 
esta desolación y mal consiguiente a la guerra más 
bárbara que hemos sufrido y estamos sufriendo se 
puede sacar algún bienj y es que se rectifiquen y arre- 
glen las calles que en lo suc^ivo debe haber, no de^ 
jándolas sólo con doce varas de ancho, que son las 
que tienen las de la ciudad; sino con dieciséis por lo 
menos, aun las menos principales ; porque en el cam- 
po es más difícil que en la ciudad componer las calles 
que se descomponen: y cuando son anchas si se des- 
componen por un lado hallan los pasajeros cómo pasar 
por el otro; lo que no sucede cuando son estrechas. 
He dicho que aun las menos principales deben tener 
por lo menos 16 varas; porque las más principales, o 
las que se dejan sobre caminos reales de mucho tra- 
jín, deben tener un duplo más de la anchura señalada 
para las otras: y en esas calles anchas tenemos tam- 
bién algún desahogo para que las vacas lecheras y 
ctros animales de servicio hallen algún pasto, que 
siempre se cría en sus orillas. Para los vallados que 
se pongan sobre esas calles, me parece que se debe te- 
ner presente lo que se dijo sobre cercos desde el nú- 
mero 4 hasta el 15 inclusive, y también lo que se dijo 
en el número 30. 

61 B. — Retirando de esa fortaleza los edificios que 
embaracen sus fuegos y puedan proteger a los enemi- 
gos, de camino se hace un gran servicio a la Aguada; 
porque se quitarán de sus alrededores los que hay ac- 



[197] 



JOSE MAPÍTJEL PEREZ CASTELLANO 



tualmente, de que proviene que el agua que muchos de 
los que viven conocieron de excelente calidad, haya 
perdido en el día muchos grados de ella; porque de 
ificios perju- esos edificios inmediatos, en particular de los que se 
icioies a la hallan en altura sobre la misma arena, es preciso que 
Aguado. trasminen por ella haata el agua que se bebe, aguas 

que van viciadas de las inmundicias que se arrojan de 
las casas. De paso advierto que la prohibición que se 
ha hecho repetidas veces de que no se saque arena 
ninguna para las obras del cúmulo, que de ella hay cu 
la Aguada, se renueve y se vele que no haya contra- 
ventores, por Ler muy interesante a la copia y a la 
bondad del agua que la arena en aquel lugar viene a 
ser como una esponja que recibe las aguas del cielo, 
y las va sudando poco a poco: y cuanto más grande 
sea la esponja que contiene al agua, tanto más abun- 
dante será ésta. Lo es también a su bondad; porque 
debajo de la arena hay un asiento de barro negro glu- 
tinoso^ que vicia al agua cuando el fondo de las que 
llaman cachingas, en que los aguadores reúnen el agua, 
toca en ese barro, sin hallarse bien cubierto de arena. 

619. — Volviendo a la fortaleza, parece que los ge- 
nerales ingleses de mar y tierra que en la madrugada 
del día 3 de febrero de ISO'T, tomaron por asalto la 
OI 06nerolet Plaza, eran de la opinión de que debía haberla para su 
ingbiM defensa por el lugar indicado, cuando en el artículo 4 
de la proclama que dirigieron al pueblo aquel mismo 
día, dicen lo que se sigue: "todas las propiedades co- 
rrespondientes a iglesias, colegios, conventos y otras 
públicas instituciones de igual naturaleza, quedan li- 
bres, exceptuando sólo aquélla, o aquéllas, cuyos te- 
rrenos se necesitasen en lo sucesivo para levantar forta- 
lezas para la defensa y segundad de la Plaza'^ En cuyo 

[198] 



OBSERVACIONES SOBIUS AGRICULTURA 



artículo parece que aluden a la vice parroquia del Car- 
men, que se halla medio tiro más adelante de la altura 
señalada. Así esta vice parroquia como todos los edifi* 
cios inmediatos les sirvieron de abrigo a sus tropas y 
a establecer cómodamente tres o cuatro baterías contra 
la Plaza, dominándola con ellas de tal modo que no 
había un lugar cubierto de sus tiros. Esta experiencia 
que entonces, tuvieron a su favor les hizo seguramente 
conocer lo perjudiciales que eran esos edificios a la 
Plaza, y la importancia de una fortaleza en sus inme- 
diaciones a fin de que quedase defendida por tierra: y 
por eso cediendo generosamente en todos los demás 
artículos a favor del pueblo el derecho que pudiera 
darles el haberlo tomado por asalto con pérdida de 
mucha gente^ sólo pusieron esa limitación en el cuarto 
que se ha citado. 

620. — Sea de esto lo que fuere; en lo que estoy 
cierto es — que el voto general del pueblo de Monte- 
video, cuando se empezó a delinear la Ciudadela, fue 
de que se hiciese en la loma indicada; y estoy también 
seguro de que después de las tristes experiencias que 
hemos tenido, éste debe ser el voto general de sus ac- 
tuales vecinos: y parece justo que después de tan largos 
sacrificios y padecimientos se contemporice alguna vez 
con loa deseos vivos de un pueblo benemérito que ha 
sufrido los males de la guerra por tan largo tiempo por 
conservarle a la heroica nación española, y a su amado 
Rey Fernando esta preciosa parte de su monarquía. 
Construida la fortaleza como se debe en el lugar in- 
dicado, y añadida a las demás obras de fortificación 
que actualmente se siguen, quedará la plaza bien de- 
fendida por tierra, y protegida de un modo indirecto 
la agricultura. 



[1»3 



JOSE MANUEL PSSBZ CASTELLANO 



SUPLEMENTO 

Tomado del curso compléio de agricultura, escrito en 
francés por una sociedad de agrónomos, ordenado por 
el abate Rozier, y traducido al castellano por don Juan 
Alvarez Guerra. 



ACEITUNA 

Ó27. — Este artículo, según dice el traductor inme- 
diatamente después de la advertencia que hizo al prin- 
cipio de la obra de Rozier, es de una señora que no lia 
permitido se exprese su nombre, Pero a mí me parece 
tan útil y conforme a la verdad, que lo juzgo bastante 
para que con arreglo a él se adoben las aceitunas de 
muchos modos, y puedan comerse: y así lo copio al pie 
de la letra del tomo 1, pág. 348, y es como se sigue: 

622, — ^'Manera de preparar las aceitunas macha- 
cadas. Se cogen éel árbol cuando principian a hin- 
charse para mudar en morado su color verde, y ma- 
durar: se machacan y se echan en una vasija con agua, 
que se renueva una vez al día o dos si se emplea ca- 
liente, hasta que salga clara y sin sabor amargo* Luego 
que están dulces, se les echa pimentón, o pimientos co- 
lorados machacados con ajos y orégano basta sazonar- 
. las, y a las veinticuatro' horas podrán usarse. Si se han 
de gastar pronto, se les añade un poco de vinagre, y 
naranjas o limones agrios hechos pedazos; pero el 
agrio las ablanda, y sólo podrán durar con este adobo 
veinte o treinta días; sin él se conservan algo más« 



[200] 



OBSraVACIONES 60BB& AGRICULTUHA 



623. — Aceitunas rajadas. Se cogen en el mismo 
estado que las anteriores: se les hacen a cada una tres 
o cuatro rajaduras de arriba abajo^ y se observa lo 
mismo para endukarlas* Se adoban después con sal; 
tomillo salsero, hinojo, naranjas o limones agrios, y se 
les añaden, si se quiere, unas hojas de laurel; pero 
éste las pone de un verde desagradable, y por esta ran- 
zón lo omiten en algunas partes. Las aceitunas prepa- 
radas de este modo se pueden comer al segundo día de 
adobadas, y se conservan por tres meses, 

624. — Aceitunas enteras. Se cogen en el estado 
que las anteriores, y se lavan si están sucias. Se pone 
en el fondo de la vasija una muñeca con espliego (al* 
hucema) y unas hojas de limonero agrio, y se echan 
encima aceitunas hasta mediar la tinaja. Se coloca otra 
muñeca y otra capa de hojas. En este estado se deslíe 
en agua media libra de sal o poco más para cada 
celemín (duodécima parte de una fanega) de aceitu* 
ñas, y se echa esta salmuera en la tinaja, de modo que 
las aceitunas queden enteramente cubiertas. En algu- 
nas partes conocen que la salmuera está buena para 
emplearse, en que poniendo dentro un huevo de galli- 
na, sobrenada. Se tapan las aceitunas con un poco de 
estopa escardada, que sólo sirve para que no Ies caiga 
porquería, y se dejan en ese egtaao cuatro, seis u ocho 
meses; pasados los cuales ya se pueden comer. Las 
aceitunas compuestas de este modo se conservan uno, 
dos y tres años sin deteriorarse* 

625, — Aceitunas secas o de cera. Se cogen cuan- 
do están perfectamente madures, y se colocan por ca- 
pas en una vasija, poniendo entre una y otra una capa 
de sal y orégano. Luego que está U^a se les echa, en 



1201] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



yez de agua, una pequeña porción de aceite. Se tapa 
perfectamente la boca con un pellejo humedecido para 
que no íje salga el aceite, y se hace rodar en todos sen- 
tidos para que se extienda igualmente y bañe todas 
las aceitunas. Se repite esta operación de rodar la ti- 
naja dos veces al día, y al cabo de quince x>odrán co- 
merse. 

626, — AceítiiTuis de la reina. Se cogen éstas cuan- 
do aún están verdes; pero prontas a querer mudar de 
color: se separan las magulladas y las picadas de in- 
sectos, que no sirven para este uso. Las que están sa- 
nas se echan en la lejía que se prepara para hacer el 
jabón blanco, de manera que queden bien sumergidas, 
sujetándolas en el fondo de la vasija por medio de una 
tapa de tabla o de otro cualquier modo, que no las las- 
time; porque si sobrenadasen, la parte que permane- 
ciese fuera de la lejía no llegaría a endurarse: y se 
dejan en ese estado de doce a veinticuatro horas según 
la fuerza de la lejía. Pasado este tiempo se mudan a 
otra vasija, donde se les echa de tiempo en tiempo 
agua hasta que la sueltan dulce y clara: entonces se 
les echa el adobo, que dijimos para las rajadas, y a 
las veinticuatro horas están en disposición de comerse. 
Este método tiene la ventaja de acelerar la operación; 
pues a las treinta y seis o cuarenta y ocho horas de 
haber cogido las aceitunas se pueden córner^ y de con- 
serv^arles el verde hermoso que tienen en el árbol; pero 
no duran tanto como las enteras de que hemos hablado: 
es necesario gastarlas en tres o cuatro meses. Algunos 
acostumbran dejar a las aceitunas alguna otra hoja de 
las que sacan pegadas al pezón al cogerlas, las cuales 
sin comunicarles ningún mal guato, les dan mejor vista. 
Los sevillanos hacen un secreto de esta preparación, y 



[202] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



emplean en ella bus mejore» aceitunas» que por uno y 
otro son muy apreciables en todo el reino. D. A. G.". 

627. — Por lo que se ha copiado se viene en cono- 
cimiento que para adobar lag aceitunas de cualquiera 
de los modos explicados, se deben tornar a mano sin 
estropearlas a varazos, y que se deben separar las vi- 
ciadas de algima enfermedad, o las picadas de insec- 
tos; porque éstas llevan en sí un principio de corrup* 
ción que echaría a perder las demás: y cuando no las 
perdiese del todo, siempre es una gran falta en las 
aceitunas, que se componen para comer, tropezar con 
algunas de gusto desagradable, que harían perder el 
mérito, y desacreditarían a todas las de una partida. 

TIEMPO Y MODO DE RECOGER LAS ACEITUNAS 
PARA EL ACEITE 

628. ^ En el tomo 1, pág. 280 se dice, que las acei- 
tunas poco antes de madurar tienen un color rojo vi- 
noso: que cuando están maduras adquieren el de rojo 
negro, y que éste es el punto de su perfecta madurez 
para el aceite; porque en el primer estado se hallan ^"^^^ 
aún verdes, y darían un aceite de un gusto acre y de 

un olor fuerte, como extraído de un fruto que todavía 
no estaba en sazón; y que lo tendría rancio si las acei- 
tunas se dejasen pasar hasta que tomasen un color muy 
renegrido; porque entonces, como que ya se han pa- 
sado, se han arranciado en el árbol, y el aceite saldría 
con la misma falta, £1 punto, pues, en que se deben 
tomar para el aceite es cuando su color es de un rojo 
negro; porque entonces se hallan llenas de jugo, y 
ceden fácihnente al dedo que las aprieta; en vez que 



[203] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTEI^LANO 



6i se dejan pasar, el pellejo se Ies amiga, y se destri- 
pan las aceitunas por poco que se aprieten con el dedo. 

629, — Dice también, que antes de entrar a recoger 
las aceitunas de un árbol, ee recojan cuidadosamente 
las caidas o por sí mismas, o por la íuerza de los vien* 
tos; que estas aceitunas viciadas ya o lastimadas, se 
pongan aparte para hacer de ellas un aceite de infe- 
rior calidad, que se emplea en las jabonerías, en las 
fábricas de lana y. en las luces. Después de recogidas 
las caidas, enfermas o lastimadas, y puestas con se* 
paración, se entra a tomar de los árboles las sazonadas 
para el buen aceite: que se deben tomar siempre a 
mano, subiéndose a los árboles, o con escalera cuando 
son altos: que se deben recoger con el mismo cuidado, 
con que se recogen las guindas, las ciruelas y otras fru- 
tas, separando siempre al montón de las caídas o ma- 
gulladas, las enfermas o que estén picadas de insectos. 
Condena altamente el sacudir las aceitunas con varas, 
no sólo porque con ellas se lastiman los árboles, ha- 
ciéndoles perder mucho fruto para los años venideros, 
aino también porque se lastiman y estropean las aceitu- 
nas^ que en ese estado llevan en sí un fermento de ran> 
cidez y corrupción, que debe viciar el aceite que de 
ellas se extraiga: que las aceitunas se recojan cuando 
están libres ya del rocío o de la humedad extrínseca de 
las lluvias, para lo que conviene tomarlas en días claros 
y serenos. 

630. — Antes de pasar adelante se me ofrece decir, 
que dos escaleras de madera liviana y correosa, en todo 
iguales, unidas con dos bisagras en las extremidades 
de arriba, me parecen para el efecto de recoger frutas 
un mueble incomparablemente mejor que la escalera 
sencilla que aquí usamos; pero con un pie unido a los 



[2t)4] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



brazos de la escalera por un atravesaño que gira en 
dos agajeios redondos, practicados en dos tojinos qae 
se clavan pareados en los dos bra2os y a los dos ter- 
cios del alto de la escalera; porque ese pie la hace 
pesada y no sirve de otra cosa que de apoyo para arri- 
mar a él la escalera donde se ha menester; en lugar de 
que en la escala doble se apoya una parte de ella con- 
tra la otra, y ofrece a más la comodidad de que pue- 
den subir dos a tomar la fruta, uno por una parte de 
la escala, y otro por la otra: y yendo preparados los 
dos cada uno con su gancho^ como el que describí en 
el número 80 para doblar con él las ramas altas y sacar 
los bichos que perjudican a los árboles* Estos ganchos 
se cuelgan en las ramas inmediatas cuando no hay de 
ellos necesidad, y se echa de ellos mano cuando la hay* 
Concibo que el uso de los ganchos para doblar las ra* 
mas altas de los olivos y acercar su fruto a la mano, 
debe ser excelente, por ser las ramas de los olivos muy 
doblegables sin peligro de que se rompan. La escala 
doble se puede hacer de pino de buena hebra y sin 
nudo, pues la he experimentado para ese efecto mu- 
cho mejor que el cedro del Paraguay, el que, aunque 
mucho mejor que el pino para puertas, mesas y otros 
utensilios de las casas; no es tan buena madera para 
escala como lo es el pino, no sólo por ser más pesado 
el cedro ; sino también porque es más frágil y vidrioso, 
según lo he experimentado en escaleras de mano, que 
he tenido y tengo de una y otra madera, 

631. — Para recoger la aceituna no es necesario que 
los que suben se embaracen con canastos en el brazo, 
pues tendiendo en el suelo y en lugar a propósito, una 
o dos mantas, o frezadas, van dejando caer suavemen* 
te a plomo sobre ellas las aceitunas que artancan. Dea- 



[208] 



JOSE MANUEL FERE2 CASTELLANO 



pués que bajan, sólo con doblar las puntas de la fre- 
zada en que han caido, se reconcentran y enseñan las 
aceitunas, que se echan, ain darles golpe, en una tipa 
para llevarlas a donde se deben beneficiar. Cuando las 
an lobre aceitunas se hallen hacia el medio de la copa, y no 
puedan tomarse con la escala ni con el auxilio del gan- 
cho, es necesario subirse al árbol; pero en este caso 
yo soy de opinión que los que suban, a más de ser de 
los mozos más livianos que haya en la casa, suban sin 
zapatos ni otro calzado para evitar que maltraten los 
olivos. Estos son unos árboles que aquí vegetan aun 
en el invierno, según lo acabo de experimentar; por- 
que los nuevos que tengo han crecido sin interrupción 
y sin hacer parada desde abril del año 1813 hasta fi- 
nes de marzo del presente 14, en que esto escribo. En 
el invierno inmediato pasado, a pesar de algunos hie- 
los moderados, no cortaron su vegetación. Si hallán- 
dose pues con ella los olivos, se suben a ellos con los 
pies calzados, es necesario que se les magulle y arrolle 
la corteza, y queden muy perjudicados según dije en 
el número 224 sucedía a los naranjos, cuando a ellos 
subían hombres calzados, máxime con tamangos o bo- 
tas fuertes. 

632. — Vuelvo ahora al extracto de Rozier, Des- 
pués de los requisitos que exige para recoger las acei- 
tunas, que a mi parecer son fundados y muy raciona- 
les, pregunta: ¿Cuál es el tiempo más oportuno para 
meter las aceitunas en el molino? Refiere lo que se 
practica en algunos países, concluyendo que el tiempo 
mejor es cuando se toman del árbol; pero añade, que 
si algunas circunstancias obligan a detenerlas, jamás 
se amontonen, sino que se pongan, lo más extendidas 
que se pueda, en suelo de piedra^ o mejor sobre un 

[206] 



OBaSBVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



narit. 



tablado que esté acribillado de agujeríllos para que 
por ellos pueda el aire penetrar y refrescarlas: que la 
pieza en que se pongan sea grande, fresca* seca y ven- 
tilada; pues se debe huir mucho de que las aceitunas Actítunos 
fenuenten, calentándose unas con otras; porque esa ^•*>*¡»^ 
fennentación daña al aceite, que con ella principia a 
ponerse rancio en el mismo fruto: que antes de me* 
terlas al molino se tenga cuidado de que esté muy lim- 
pio de los residuo» de moliendas anteriores; pues el 
aceite que queda pegado en la máquina, siendo de 
días, se debe considerar ya rancio^ y como un fermento 
que viciaría las aceitunas que sé van a moler. Después 
que éstas se han molido y triturado bien hasta desme- 
nuzar los huesos; se lleva la masa en capachos de es- 
parto a la prensa* Tanto los capachos como la prensa, 
las vasijas y todos los utensilios, que se emplean en 
esta manipulación, quiere que estén bien limpios y bri- 
llantes; para lo que propone un lavatorio de lejía fuer- 
te a fin de que se puedan desembarazar de la roña, de 
que suelen por lo común estar cubiertos. Los cucharo- 
nes de cobre» y vasijas de lo mismo, por bien estaña- 
das que estén, o de otrod metales perniciosos, abomina, 
y con mucha razón, que metan cucharada en el aceite. 

633, ^ Para que éste salga con más facilidad de la 
pasta, particularmente en los últimos apretones, dice 
que se suelen bañar los capachos con agua hirviendo, 
y aunque abiertamente no condena esta práctica, tal 
vez porque será necesaria para hacer desprender el 
aceite tanto de las pastas como de los intersticios de los 
capachos en que se detiene; se manifiesta inclinado a 
que la operación se haga sólo con agua del tiempo, 
que no esté muy fría. Concluida la extracción del acei- 
te, se deja reposar en las vasijas en que se recibe a fin 



[207] 



JOSE BCAlfUlBIt PBBB2 CASTELLANO 



de que las heces y lo máft grosero se precipiten incor- 
porándose con el agua, que debe haber en cantidad 
proporcionada en el fondo de eUas. Precipitadas todas 
las heces, se extrae con cucharones limpios de hierro 
o de hoja de lata el aceite superior, que se envasija 
aparte; porque es aceite virgen más claro y más fácil 
de conservar con buen gusto, que el que se halla in- 
mediato al agua, el que se puede envasijar por sepa- 
rado para gastarlo más pronto ; pues siendo menos lim- 
pio está más expuesto a arranciarse, o para otros usos 
que el de la comida, si llega a ponerse de mal gusto. 
Para los mismos se destina el aceite, que por últímo 
se extrae de las aceitunas separadas, porque se pasa- 
ron en el árbol, las picaron los insectos, ae cayeron 
antes de sazón, o se lastimaron dando golpe violento 
en el suelo, 

634. Se inclina mucho a que sería más ventajoso 
para sacar un aceite de superior calidad, que la acei- 
tuna buena se descamase de los huesos sin triturarlos, 

y que en la prensa para el buen aceite entrase sólo la 
carne, y dice "hasta ahora me he abstenido de hablar 
de las diferentes naturalezas de los aceites contenidos 
en la aceituna, y de la acción de unos sobre otros, cuan- 
do se mezclan por medio de la trituración y presión 
con el objeto de referir los experimentos de Sieuve. 
Este es el que va a hablar". 

635. - «A 22 de noviembre (dice Sieuve) de 1762 

cogí cincuenta libras de aceitunas bien sanas, y que 
habían llegado al verdadero punto de madurez. Mi 
primera precaución fue desprender desde luego la car- 
ne de los huesos, y pesarlo todo con separación. Las 
carnes produjeron 38 libras y 1 onza: los huesos once, 
y las quince onzas que faltaban para completar las cin- 



/•nfajo dtl 
•It» d* tola 
pulpa. 



xperímento. 



[208] 



OBSERVACIONXS SOBRE AGRICULTURA 



cuenta libras de aceitunas, se perdieron en el curso de 
la operación. — Puse bajo la prensa las 38 libras y 

1 onza de carne de aceitunas, y me dieron en ]impio 
diez libras y diez onzas de aceite de un color de limón 
muy limpio, dulce y agradable al gusto* 

636. — Dos días después hice quebrantar las once li- 
bras de huesos para sacar las almendras, que pesadas 
produjeron tres libras y siete onzas; y la madera siete 
libras y dos onzas. Estos dos últimos pesos se diferen- 
ciaban del primero en siete onzas, que se perdieron 
igualmente en el curso de la operación. — Puse bajo srgu: 
la prensa las tres libras siete onzas de almendras, y 

me dieron una libra y catorce onzas de aceite de una 
calidad tan hermosa, y casi tan claro como el primero, 
que se extrajo de la carne de las aceitunas, pero de un 
olor más fuerte, y de un sabor más acre, — Puse des- 
pués bajo la muela las siete libras y dos onzas de la 
madera de los huesos: y esta materia reducida a pasta, 
y puesta en la prensa, me dio aún tres libras y catorce 
onzas de aceite, que no era ni tan hermoso ni tan claro 
como los dos primeros. Su color era oscuro, y estaba 
cargado de partes viscosas, fétidas y sulfúreas, 

637, — Para conocer distintamente las propieda- 
des y calidades particulares de estos tres diferentes 
aceites, tomé cinco botellas: puse en la primera cinco 
libras y cinco onzas del aceite que se extrajo única- 
mente de la carne. — Eji la 2\ quince onzas de aceite jj^u 
de la almendra, en la 3^, una libra y quince onzas del 

aceite que se había sacado de la madera de los huesos. 
En la 4^, la misma cantidad de estos tres aceites mez- 
clados: y en la 5^, aceite bueno extraído según el mé- 
todo antiguo. — Tapé exactamente las cinco botellas, 
y después de haberlas numerado, las coloqué en mi 

[ 209 ] - 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



ventana & la exposición del mediodía, y las dejé en 
ella durante tres años, para que la fermentación tu* 

viese tiempo de obrar y poder conocer por sus efectos 
las diversas mutaciones de que podían ser susceptibles 
todas estas calidades de aceites» 

638. — Pasado este tiempo, ine pareció que debía 
ya examinar mis cinco botellas y loa aceites que con- 
tenían. Comencé por la que encerraba las cinco libras 
y cinco onzas del- aceite que se había extraído de la 
carne de las aceitunas, y lo hallé intacto, de color de 
limón, de un olor suave, agradable al gusto, y tal como 
lo había puesto en la botella sm haber formado nin- 
gunas heces. — Pasé a la 2^ botella, que contenía las 
15 onzas del aceite, que se había extraído de las al- 
mendras, y no estaba ni tan hermoso, ni tan limpio; 
se había puesto amarillento, y de un sabor tan picante 
y corrosivo, que al gustarlo me levantó ampollas en la 
boca. — Después vine a la 3^ botella, que contenía 
una libra y quince onzas del aceite que se había ex- 
traído de la madera de los huesos, y lo hallé entera- 
mente desnaturalizado: su materia viscosa se había 
puesto espesa, y su color moreno se había vuelto casi 
negro» Al abrir la botella exhaló un olor tan fuerte, 
que no pude sufrirlo. — Las mutaciones que habían 
experimentado estas dos últimas calidades de los acei- 
tes sacados de las almendras y de la madera de los 
huesos, me anunciaban bastante bien la suerte de mi 
cuarta botella, que contenía la mezcla que había hecho 
de todas tres. No me engañó mi esperanza: hice el 
rxamen, y encontré este aceite oscuro, de un olor fuer^ 
te, rancio y desagradable, y había formado un asiento 
o poso considerable. 



£210] 



OBSERVACIONES SOBRA A6RICULTUBA 



639. ^ Ahora supuesto que el aceite extraído úni- 
camente de la carne de las aceitunas, y colocado apar- 
te en raí primera botella, no había sufrido alteración 
alguna, ni había perdido nada de sus calidades, resul- 
ta que el aceite de mi 4^ botella aunque extraído igual- 
mente de la carne de las aceitunas, solamente se había 
corrompido por haberlo mezclado con los aceites, ex- 
traídos de las almendras y de la madera de los hue- * 
sos. — Examiné en fin mi quinta botella, que contenía 

el aceite extraído según el método antiguo, y lo encon- 
tré tan corrompido como el de la cuarta, que contenía 
la mezcla de las tres calidades dichas arriba. — Esta 
experiencia nos da a conocer que nuestros aceites sa- 
can en general sus defectos de la almendra y de la 
madera de los huesos. La he repetido muchas veces 
sobre diferentes calidades de aceite, y he encontrado 
en todas los mismos productos, y los mismos efectos 
según sus proporciones." 

640. — Hallándose Sieuve persuadido, como pare- 
ce lo está también el autor de la obra, de que la ran- 
cidez pronta del aceite proviene no sólo de la mezcla 
de las aceitunas enfermas, picadas, poco maduras, o 
pasadas del punto necesario a su madurez perfecta, 

que se hace con las buenas; sino mucho más de que ^áquín 
en los molinos comunes se tritura la aceituna junta- socar 1 
mente con la almendra y el hueso, cuya mezcla vicia 
generalmente el* aceite bueno que daría la carne por sí 
sola; inventó, para evitar esa mezcla una máquina de 
madera, en que descarnar las aceitunas de su pulpa, y 
poderla meter por separado en la prensa. Esta máquina 
con su explicación puede verse representada en dos 
láminas en la pág« 312 del primer tomo, de donde he 
sacado en copia y en extracto lo que acabo de decir 
sobre el aceite. 



[2113 



JOSE MANUXL PCREZ CASTELLANO 



641 . — En esta máquina y su explicación echo me- 
nos el que el inventor no dice quién es el que mueve, 
ni cómo, al que llama triturador; porque en la máqui- 
na no se ve más que una especie de polea para levan- 
tar él triturador y poder limpiar el asiento sobre que 
trabaja del orujo y los huesos. Así se deja entender 
que al triturador lo deben mover dos hombres, pues- 
tos, uno en el extremo en que cuadra la tolva, y otro 
en el opuesto en que se halla el torno: que puestos 
allí den di triturador sobre las aceitunas un movi- 
miento semejante al que dos aserradores le dan hori- 
zontabnente a una sierra, con que pretenden trozar un 
palo. Pero para este caso echo menos al triturador un 
agarradero por la parte de la tolva; y aunque lo tiene 
por la parte del torno, no indica el inventor que sea 
para el vaivén o movimiento necesario a descarnar la 
aceituna; sino para sacar y meter el triturador en su 
caja» También echo menos entre una punta del tritu- 
rador Y la de la caja un espacio suficiente que dé lu- 
gar a que el triturador vaya y venga de una punta 
para la otra, como parece necesario debe haberlo a 
fin de poder descamar las aceitunas con ese movimien- 
to horizontal, que es el único que se presenta condu- 
cente al fin según la disposición en que se hallan las 
estrias, tanto del triturador; como de la superficie de 
la caja en que descansa y sobre que trabaja cuando se 
ofrece. Por lo demás me parece bien pensado ese tri- 
turador, y que no debe ser de mucho costo el hacer 
aquí uno semejante: y siendo muy fácil añadir algo 
a lo que se inventa, podría suplirse en el que se hi- 
ciese, lo que, si yo no lo he entendido mal, juzgo le 
falta al de Sieuve. 



[212] 



OBSERVACIONllS SOBRE AGRICUXíTURA 



642. » Entre tanto que aquí se hace esa máquina, 
otra equivalente o tal vez mejon que podría mandarse 
a hacer en España o en Inglaterra: y en vista de que 

por ahora las olivos no nos ejecutan con mucho fruto, 
pues recién empiezan a cultivarse, ¿no podríamos ser- 
virnos para las pocas aceitunas que podemos reducir 
a aceite, de un mortero grande y profundo de piedra, 
eu que dos hombres, cada uno mano, que podría 
ser de madera de ñandubay, trabajasen en descarnar 
las aceitunas del mismo modo con que quitamos al 
maíz la película que lo cubre? A mí me parece que sí. 
Este método tal vez no sería bastante para descamar 
una gruesa cosecha de aceitunas; pero lo sería para la 
que por ahora podemos recoger, debiéndonos contentar 
a los principios con los instrumentos sencillos, con 
que regularmente comienzan a hacerse todos los arte- 
factos, que sir\Tn al hombre, y lograríamos con el 
mortero un aceite no sólo bueno, sino también exqui- 
sito* 

643. — No es necesario que el mortero tenga su 
base de la misma piedra ; porque entonces pesaría mu- 
cho, y sería más difícil hallar una piedra de buen 
grano que tuviese cuerpo bástanle, sin viento y sin 
veta, para el mortero y su base: así juzgo por más 
c3nveniente que sólo se haga en una buena piedra de 
las blancas que hay en abundancia ^^n canteras a la 
falda occidental del Cerro, la cavidad cónica, que sue- 
len tener los morteros, y que la de éste sea bastante 
profunda, dejándole a la piedra el cuerpo suficiente 
para que no se hienda o quebrante. Me parece que 
dándole a la parte superior de la cavidad diez pulgadas 
de diámetro y catorce dí -profundidad, sería lo bas- 
tante para un buen mortero: que sus paredes tuviesen 



[213] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



hacia arriba tres pulgadas de grueso, y algo más ha- 
cia abajo, dejándole en el labio de la parte de afuera 
un reborde en contomo, saliente una o dos pulgadas. 

644. — Para usar del mortero hecho en esa forma, 
se debe hacer un armazón fuerte de buena madera 
que tenga cuatro pies, afirmados con cuatro atravesar 
ños en su parte inferior, y otros- cuatro iguales en la 
superior: que la armazón tenga una vara de altura o 
poco más^ y que el hueco entre los atravesaños superio- 
res sea correspondiente al cuerpo del mortero; pues 
éste debe meterse entre ellos, y quedar pendiente de 
ellos descansando sobre su reborde, a fin de que sen- 
tado el mortero se pueda cómodamente trabajar en él. 
Si se experimenta que al pisar saltan fuera aceitunas, 
puede hacerse un aro de hoja de lata, que tenga de 
diámetro diez y media a once pulgadas, y ocho a nue- 
ve de elevación; el que se pone sentado sobre el borde 
del mortero con el objeto de que ayude a sujetarlas 
para que no salten. 

645. — Estoy persuadido que con un mortero en 
esa forma, y con dos o tres trabajadores, provistos 
cada uno con su mano de buena madera, se puede pi* 
sar en pocos minutos mucha aceituna» alternando los 
golpes, que pienso no deben ser muy fuertes, de la 
misma manera que alternan los suyos a compás los 
herreros cuando machacan el hierro sobre el ayunque, 
y que puede quedar la pulpa tan desunida de los hue- 
sos que no haya que echar menos otra máquma, que 
siempre debe ser más costosa y difícil de limpiar que 
un mortero de piedra. Descarnada la aceituna de algu- 
nas morteradas, se puede poner mezclada la pulpa con 
los huesos, si éstos no se pueden separar cómodamente, 
en los capachos de esparto, si los hay, o del junco que 



[214] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



luego se dirá. Llenos los capachos^ se pueden dejar 
escurrir alguna cosa sobre la vasija que ha de recibir 
el aceite, la que para ese efecto puede cubrirse con al- 
gún tejido de cerdas, si es que los capachos no son 
suficientes para no dejar pasar el orujo. Escurridos 
los capachos del liquido que espontáneamente sal^a de 
ellos, se puede poner en la prensa inmediata para ex- 
primir en ella el resto que se pueda. Si esta operación 
sencilla no apura el orujo hasta el último grado, tam- 
poco quebranta los huesos, y se conseguirá a costa 
de perder algo, que siempre se aprovecha en cerdos, 
en gallinas o en abono; un aceite virgen, delicado y 
sin las faltas que Sieuve tiró a evitar por medio de su 
máquina, que es incomparablemente más costosa que 
un mortero de piedra, cual me ha ocurrido, y habrá 
ocurrido a otros innumerables antes que a mí, que con 
su armazón se trasporta fácilmente donde se quiere, y 
se emplea en otros usos, que a cada paso se ofrecen en 
una casa. 

646. — Para exprimir esa pasta me parece suficien- 
te por ahora una prensa como, las que se usan para 
exprimir el chicharrón del sebo teniendo la precaución 
de que la prensa esté muy limpia, y que tenga' los res- 
guardos necesarios para que el aceite no se descamine, 
sino que todo salga por el conducto que lo debe dirigir 
a la vasija preparada a recibirlo. En vez de la tabla 
sobre que carga la prensa podía ponerse una piedra 
fina, bien bruñida de las que aquí se hallan labradas 
naturalmente entre los bancales de pizarras: y el que 
quisiera mayor puliraiento y pulcritud, podía acudir a 
las canteras de jaspe y de mármol, que hay abundantes 
en la sierra. Aunque aquí no tenemos esparto del que 
Be hacen los capachos en España, tenemos un junco 



[215] 



JOSE MAMtnX PEREZ CASTELLANO 



suave y bastante largo que se cría encima de los méda- 
nos de arena hacía la boca del Miguelete, y en otras 
muchas partes. Con este junco oreado y marchito, me 
parece que podían tejerse capachos para meter en ellos 
la pasta que debe sujetarse a la prensa: y aunque este 
jujicó no es tan delgado, ni tan fuerte como el es>parto 
de España; pero creo que es más suave, y que por lo 
menos no despide un olor tan fuerte, como el que sen- 
tiraos en el esparto, con que vienen tejidos los felpudos 
y las esteras, que usamos en el invierno para los pies. 
Circunstancia, que a mi parecer, debe hacer preferible 
nuestro junco al esparto de España para la faena del 
aceite, Pero si se cree que el junco nuestro no eg de 
bastante fuerza para ese efecto, pueden mandarse ve- 
nir de España los capachos de espaito que se necesiten 
sobre el seguro que cuando los conierciantes adviertan 
que aquí se usan, ellos mismos-, sin encargo nuestro^ 
los traerán por su interés. 

647. — No hablo aquí ni de los molinos de repeti- 
ción, ni de los que usan los holandeses para moler y 
exprimir el aceite de I05 granos pequeños, que llama 
granas el traductor, cuales son las de col, nabo, mos- 
taza, lino, cáñamo y adormidera: ni de las prensas 
destmadas a su extracción; porque por ahora no es 
fácil que aquí nadie intente batar aceite de ellas: y 
puede verlos el que guste en dicha obra en las palabras 
aceite, molino, prensa. Sólo me ceñiré a copiar o ex- 
tractar brevemente lo que en dicha obra se prescribe 
para que el aceite no se vuelva rancio en poco tiempo. 

648. — Después de haberse extraído del modo que 
de purífí, se ha dicho, prescribe el autor que el aceite se man- 

separar tenga CD UHE picza templada quince días por lo menos 
antes de trasegarse, ''a fin de que las partes heterogé- 



E216] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



neas tengan tiempo de precipitarse. Si se quiere acele- 
rar esta operación será necesario echarle un poco de 
agua en la que se haya hecho disolver alumbre, y agi- 
tarla bien con el aceite. Como esta sal no es miscible 
o soluble con el aceite^ lo abandona, se une al mucí- 
lago, lo hace específicamente más pesado que el acei- 
te; y por consiguiente lo precipita con más prontitud 
que lo hubiera sido por el iepo3o''\ Añade^ que para 
hacer esta operación con facilidad, conviene poner el 
aceite en vasijas de madera de encina con preferencia 
a otras: poner a las vasijas diferentes bitoques, unos 
más altos que otros: que cuando el aceite se haya dea- 
prendido del mucílago o heces sobreabundantes, ee 
pase a otras vasijas (que aquí por la corta abundan- 
cia de aceite creo pueden ser botellas) destapando pri- 
mero la primera o más alta espita o bitoque, que dará 
el aceite más fino de primera suerte: algunos días des- 
pués, se abre el bitoque de abajo más inmediato, que 
lo dará de segunda suerte: y asi de los demás hasta 
las heces o asientos. Estos no son de desperdiciar; 
porque dejando asentar el aceite que hay en ellos, sir- 
ve para las luces; y el resto se echa a las gallinas y 
a los cerdos mezclado con afrecho. En fin quiere que 
el aceite para su conservación se mantenga en pieza 
fresca, y tapadas exactamente las vasijas que lo con- 
tengan. 

649. — Después trata de los modos de evitar la ran- 
cidez del aceite ya trasegado; y aun de corregir la ran- 
cidez manifiesta. Pero los omito, porque o me parecen 
costosos, o por lo menos fuera del alcance o inteligen- 
cia de los que no son químicos, £1 que quiera puede 
verlos en el artículo aceite de la obra citada. Por lo 
que a mí toca, me parece hacedero precaver que el 



[217] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



aceite se arrancie, como lo es preservar con la sal que 
las carnes se corrompan. Pero que después de rancio 
vuelva el aceite a su primer estado, y se ponga bueno; 
téngolo por tan imposible, como poner buenas las car- 
nes que ya se corrompieron, o como a un difunto vol- 
verlo de la muerte a la vida, 

VID, VINO, VINAGRE 

650. — En el tomo 16 se trata largamente de la vid, 
su cultivo, su fruto, elaboración del vino, vinagre, etc. 
Todo lo que he leído en este punto me confirma en lo 
que por discurso natural escribí en artículo de uvas 
número 302 y siguientes. No obstante añadiré en ex- 
tracto sobre el cultivo de la vid, y sobre sus produc- 
tos, algunas cosas que me parecen muy fundadas, y es 
útil, o tal vez necesario, el saberlas, y son las siguien- 
tes: Que cuando se planten viñedos no se confundan 
en un Tuismo cuadro diferentes especies de uva; sino 
que cada clase o especie se ponga en cuadro separado 
por muchas razones buenas que alK se dan, y son fáci- 
les de adivinarse. 

651, — En la página 230 se dice, que a la tierra en 
que está puesta la viña se le hagan tres labores. La 
primera inmediatamente después de la poda, en que 
la cava no debe exceder de cuatro pulgadas de profun- 
didad por no cortar ni descubrir con ella las raíces: 
que se use de azada común en tierras sueltas sin pie- 
dra: de la triangular en las que tengan pedregullo me- 
nudo, y de la de tres dientes en las que abunden de 
guijarros» Que la segunda labor, llamada bina^ se haga 
cuando el fruto ha cuajado ya. Esta se empieza por 
donde acabó la primera, y en sentido contrario; pero 



[218] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



una y otra cuando la viña está en pendiente, no se hace 
ni de abajo para arriba, ni de arriba para abajo; por- 
que el primer modo arrollaría el terreno hacia el bajo 
y dejaría descarnado el alto; y el segundo fatigaría 
mucho a los trabajadores: así en esas pendientes sólo 
se debe cavar de un costado para el otro. Cuando la 
uva comienza a engruesar se le da la tercera, que más 
bien que cava debe llamarse carpidura, con que se 
matan las malas hierbas que han nacido en la prima- 
vera, y se iguala y une la tierra a fin de que contra 
los rigores del estío conserve el jugo, que en ella para 
el fruto depositan las lluvias. Para todas las labores 
supone que la tierra ni esté muy seca ni muy húmeda, 
sino en buena sazón, i2omo la que adquiere cuando des- 
pués de alguna lluvia se ha oreado suficientemente. 

Ó52. — En la página 251 dice al pie de la letra — 

"el arte de injertar la vid es antiguo, aunque muchos 
periódicos nos le hayan anunciado como un descubri- 
miento nuevo. Consiste en cortar la cepa a dos pulga- 
das de la superficie, cuando la savia principia a po- injerto de 1 
nerse en movimiento, y en abrir una hendidura en me- vid. 
dio en el espacio en que no haya nudos. Se introdu- 
cen en esta hendidura dos púas, cortadas en forma 
de cuña por el extremo inferior, y más gruesas por un 
lado que por el otro. El lado mis grueso quedará 
guarnecido de su piel exterior, y se adaptará de modo 
que su líber ^ coincida con el del patrón o tronco. Des- 
pués de haber atado el injerto con un mimbre se cu- 

<1) Se llama hher la corteza o cubierta blanca que está 
después de la parda exterior, por estar unidas esas capas en 
el árbol unas sobre otras a la manera que io están las hoias 
en un libro cerrado Antiguamente se escribía en Jas cortezas 
que daba un árbol de Egipto, llamado papims, cuyo nombre 
se transfirió al papel, que se mventó después de trapos, que 
ha hecho ventajGSam.ente las veces del papirus de los egipcios 



[219] 



JOSE BfAKUEL PEREZ CASTELLANO 



bre con tierra para libertarle de la acción del sol. Si 
esta operación se hace como es debido, y si el patrón 
es bueno, arroja tallos vigorosos, que se pueden podar 
desde el segundo año. El injerto no prueba bien en las 
videSj que están en terrenos muy guijarrosos y áridos; 
porque el sol le seca antes de prender; y por la misma 
razón prende con mucha dificultad en un suelo que 
no tiene fondo. Exceptuando estos dos casos, prueba 
igualmente en todas las tierras, con tal que se haga 
bien la operación, en estación proporcionada, en buen 
tiempo, sobre patronos o troncos vigorosos, con sar- 
mientos conservados cuidadosamente, y escogiendo es- 
pecies análogas". 

653. — '*Para que el injerto salga cual conviene, es 
necesario que el patrón esté sano, que no haya nudos 
en la parte en que se hace la hendidura, que ésta sea 
igual, limpia y profunda, y que la púa no tenga más 

ondídones yemas. La primera debe tocar en el patrón, 

dal fnierto. la segunda estará a la flor de la tierra, y la tercera 
fuera de ella. Es necesario también que la púa esté cor- 
tada en forma de cuña, comenzando desde la yema 
más baja hasta una pulgada o pulgada y media, des- 
cendiendo y disminuyendo de grueso: que la piel o 
corteza del injerto toque en la del patrón por cuantos 
puntos sea posible: y en fin que el tronco esté apre- 
tado con un mimbre delgado y flexible para asegurar 
la púa. La estación más a propósito para injertar la 
vid es cuando el calor ha puesto en movimiento la sa- 
via, es decir desde abril hasta junio inclusive, según 
el clima," 

654. — Por las últimas palabras según el climas in- 
dica el autor que no en todos los países es uno mismo 
el tiempo de hacer esos injertos, y tiene razón; porque 

[220] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



si aquí hiciéramos injertos de púa desde octubre hasta 
diciembre inclusive, que son los meses correspondien- 
tes en nuestro hemisferio del sur a los de abril y junio 
en el del norte, se perderían todos o casi todos. Por esto 
juzgo, que el tiempo oportimo de hacer a la flor de la 
tierra los injertos de la vid, es poco antes que brote. Tiempo d 
esto es desde principios hasta íines de setiembre. Ha- ^^^^^ 
ciéndolos en ese tiempo y con las más de las condicio- 
nes que prescribe, creo que se perdería muy raro in- 
jerto por aridez en la tierra, ni por la acción del sol; 
pues en el mes de setiembre no son aquí loa soles 
fuertes, y la tierra por miserable que sea, se conserva 
fresca todavía, como se halle limpia de hierbas que la 
desubstancian. Si be dicho que observando las más 
de las condiciones que prescribe conviene hacer ese in- 
jerto, es porque no reputo necesario ligarlo, cuando 
la estaca o patrón aprieta suficientemente las púas; 
antes en el caso de apretarlas lo bastante, tal vez el 
apretarlas más con ligadura, podría perjudicarles, por- 
que entonces las púas se estrujarían. Este injerto a la 
flor de la tierra lo he experimentado exííelenle en man- 
zanos y otros árboles, cuando el patrón es de dos a 
tres pulgadas de diámetro según puede verse en el nú- 
mero 139 y siguientes, y creo desde luego que para la 
vid es el mejor injerto que puede hacerse. 

655. ^ En la página' 309 hablando del tiempo fa- 
vorable para vendimiar dice: "lodo el mundo conviene 
en que el momento más favorable para vendimiar es 
el de la madurez de la uva, y esta madurez se conoce 
en la reunión de las señales siguientes: 1^ £1 pedúnculo 
o -pezón verde del racimo se vuelve moreno. 29 El ra- 
cimo está como colgado de él. 3^ El grano pierde su 
dureza, el hollejo se vuelve delgado y transparente. 



1221] 



JOSE MANtJEL PEREZ CASTELLANO 



4^ El racimo y los granos se desprenden con facilidad. 
5^ El jugo del grano es sabroso, dulce, espeso y gluti- 
noso. 6^ Las pepitas de los granos están vacías de 
sustancia glutinosa". Añade: "que hay climas en que 
jamás llega la uva a madurar; por lo cual es necesario 
vendimiarla verde para que no se pudra en la cepa; 
pues el otoño húmedo y lluvioso- empeora la calidad 
del mosto' \ — Esta advertencia conviene tenerla aquí 
presente, en que por lo común las uvas sazonan mal, y 
más bien se pudren que maduran, a no ser que sobre- 
venga un otoño muy seco, y las cepas se hallen pues- 
tas en terrenos altos o laderas con buen aspecto al sol, 
según se dijo en el número 310. 

656, — Prosigue: que cuando se reconoce la nece- 
sidad de vendimia se tomen muchas precauciones an- 
tes de principiarla, y generalmente no se recogen las 
uvas sino con tiempo claro y sereno, y después que el 
sol ha hecho desaparecer el rocío; pero añade, que 
esto en algunos países tiene excepción, como en la 
Champaña, en que las uvas se lecogen con rocío antes 
de salir el soL y se suspende la vendimia cuando el sol 
ha subido* a no ser que haya niebla, y por este medio 
los vinos salen blancos, espumosos y más en abundan* 
cía: concluyendo en que por lo general se deben reco- 
ger enjutas, arrojando los racimos podridos, y dejando 
los verdes en las cepas. 

657. — "En algunos países, temiendo que el vino 
sea demasiado dulce, cuando hay mucha uva madura 
perfectamente, acostumbran mezclar con ella otros ra- 
cimos algo verdes. En lo general el vino no sale espu- 
moso ni picante, a no provenir de uvas que no madu- 
ren enteramente: y esto es lo que se acostumbra hacer 
en Champaña y otras partes. Hay países donde jamás 



[222] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



llega a madurar la uva perfectamente, y no pudiendo 
por consecuencia desenvolver la porción de principio 
azucarado, necesaria para la formación del alcohol» ae 
vendimia antes que sobrevengan las escarchas; porque 
la uva tiene todavía un principio acerbo, que da una 
calidad muy particular al vino. Han observado en to- 
dos estos países que un grado más de madurez produce 
un vino de calidad muy inferior." 

658. — En fin de todo lo que sobre esta materia se 
habla difusamente en ese articulo, se saca por conclu- 
sión y último resultado — que los vinos mejores y 
más generosos son los que se hacen con uvas perfecta- 
mente maduras y bien sazonadas en los países meri- 
dionales de la Europa: que se hacen también vinos 
buenos, aunque no tan generosos, con uvas en la ma- vfno do 
yor parte sazonad as^ que llevan mezcladas muchas que tuertes le 
no lo están: y que por último se hacen también vinos 
pasaderos y buenos para el pais en que se cogen, con 
uvas que en la mayor parte no han llegado a sazón, 
por oponerse a ella el clima o el temperamento. Esta 
variedad debe animar a los labradores de Montevideo 
a poner viñedos en los lugares, que se han indicado 
tanto en este suplemento, como en el opúsculo cuando 
se trató de uvas desde el número 302: y a ponerlos 
con la esperanza de que si no se llegan a cosechar vi- 
nos de primera clase, pueden cosecharlos de segunda, 
o cuando más mal les vaya los cosecharán de tercera, 
que siempre pagarán el gasto y algo más de lo que se 
emplee en el cultivo de las viñas. Yo a lo menos puedo 
asegurar que el vino de mi abuelo, de que hice men- 
ción en el número 310, sin embargo de hallarse plan- 
tada la viña en terreno muy desventajoso para el buen 
vino; era incomparablemente mejor y de gusto más 



[223] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



grato que cualquiera de las sidras que nos vienen de 
Europa, y pagamos sin dificultad medio peso por bo- 
tella. 

659. — En lapág. 314 se trata del.modo de disponer 
las uvas para la fermentación, y dice — "una cuestión 
grande ha dividido a los labradores mucho tiempo, y 
es la de saber si conviene o no desgranar la uva. Am- 
bas opiniones tienen sus partidarios, y cada cual puede 
citar autores de mérito en favor de la suya. La expe- 
riencia más bien que el capricho o el hábito, ha sido la 
.a uva. maestra que ha guiado al labrador para desgranar o no 
las uvas en los diferentes países; pues el quererlo re- 
ducir todo a un solo método, es desconocer a im mis- 
mo tiempo el efecto del escobajo en la fermentación, 
y la diferencia que existe en las diversas clases de uvas. 
En el Mediodía donde el vino es naturalmente gene- 
roso, sólo podría servir el escobajo para dar una as- 
pereza desagradable a una bebida ya demasiado fuerte 
por su naturaleza; así toda la uva destinada a beber 
se de&grana ; y al contrario si el vino se ha de quemar. 
Pero lo extraño es que en una misma comarca de va- 
rios puntos de Francia^ hay agrónomos que desgranan, 
y se lisonjean de su método; y al lado suyo otros ins- 
truidos también, que lo desprecian, y procuran como 
los otros apoyar su método en el resultado de sus ex- 
perimentos. El uno saca un vino delicado ; el otro más 
fuerte, y ambos encuentran partidarios. Estas opinio- 
nes dependen del gusto, y no contradicen los princi- 
pios que hemos sentado". 

Ó60. — ^Tara desgranar la uva se usa generalmente 
do d« dei' horca de tres dientes o púas, agitándola circu- 

nor la uva. lamiente en la vasija, en que está la uva. Por medio de 
este movimiento rápido se desgrana, y viniendo el es- 

[224] 



OBSERVACIONES SOBAS AGRICULTUBA 



cobajd a la superficie le sacan con la mano. Se puede 
también desgranar en una zaranda de mimbres, sepa- 
rados entre sí como cuatro líneas, con un borde tam- 
bién de mimbre más tupido de tres pulgadas y media a 
cuatro de altura." 

661. — "Es indispensable pisar la uva, esté o no 
esté desgranada, para facilitar la fermentación, lo que 
se ejecuta por lo común a medida que va llegando de 
la viña. El modo de pisarla es uno mismo con corta 
diferencia en todas partes. Por lo regular se hace en 

un cajón cuadrado de la anchura de cuatro pies y me- ta uva se p 
dio^ cuyos lados están compuestos de unas rejillas de y modo, 
listones, por cuyos intervalos no pueden salir los gra- 
iios. Este cajón se coloca encima del lagar sobre dos 
maderos que descansan en sus bordes. En él se echa la 
uva conforme va llegando de la viña, e inmediatamen- 
te la pisan con igualdad y fuerza, calzándose el traba- 
jador para esta operación unas almadreñas, o zapatos 
gruesos, y apoyándose con las manos en los bordes del 
cajón, pisa con rapidez. El mosto que sale cae en la 
cuba por entre los intersticios de los listones, y el ollejo 
se queda en el cajón. Inmediatamente que el trabaja- 
dor conoce, que no hay ya ningún grano entero, le- 
vanta una tabla, que compone una parte de los lados 
del cajón, y echa con el pie en el lagar el orujo o casca 
que hay en él. Esta tabla o puerta corre entre dos mor- 
tajas formadas por dos listones, aplicados perpendicu- 
larmente sobre una de las superficies laterales. Luego 
que el trabajador desocupa el cajón • repite la misma 
operación hasta que llena el lagar, o acaba la ven- 
dimia." 

662. — Después dice que en algunos viñedos pisan 
U uva en cubos de madera; pero que para dar a esta 

[225] 



JOSg MANUEL PERE2 CASTELLANO 

parte de la vendimia el grado de perfección de que es 
susceptible, convendría oprimir en prensa las uvas a 
fin de que se estrujasen más pronto y por igual, y de 
que la fermentación principiase a un mismo tiempo en 
o qu9 %9 toda la vendimia. Yo juzgo que siendo los lagares de 
«xcuiar y ladrillo, bien argamasados, y que cada uno fuese 
prtnia. ^^j^ cap Ez de llenar im tonel de un par de pipas de vino 
cuando más, se podría lograr en cada uno sin la prensa 
el que la fermentación de toda la uva puesta en éL em- 
pezase al mismo tiempo con muy corta diferencia, pa- 
sando este mosto al tonel a que se destinaba* y con él 
quedaría lleno; pues se supone que el lagar debe ser 
sólo capaz de llenar el tonel. Si la viña da uva para 
llenar otro, u otros toneles iguales al primero, con mul- 
tiplicar los lagares a proporción de la uva, la fermen- 
tación en cada uno, y después en cada tonel, se esta- 
blecería y continuaría igual. Digo, que se multiplicasen 
los lagares, en caso que hubiese necesidad de dejar en 
ellos el mosto por un tiempo considerable; porque si 
sólo ge mantiene por algunas horas, me parece que 
desembaiazado el lagar, podía el mismo servir para la 
uva que se trajese de nuevo; pues siendo la viña gran- 
de se deja entender que serán necesarios algunos días 
para vendimiarla toda. 

663. — El pisar la uva con los pies, tal vez prepara 
su fermentación mejor que estrujándola con prensa; 
porque puede el mosto necesitar del contacto inmedia- 
to de los pies para recibir por ellos un~ grado de calor, 
conveniente a la fermentación que se desea: a la mane- 
ra que la masa para el pan lo recibe en las panaderías, 
a fin de que se leude, no sólo de la levadura que le 
mezclan en cantidad proporcionada; sino también de 
los pies cuando lo amasan, de las manos cuando con 

[226] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICUIjTITKA 



ellas se toma la levadura, se deshace mezclándola con 
la harina, y cuando se apuña y se soba bien la masa 
antes de formar el pan. Por esta razón creo que debe 
ser más conducente a la fermentación del mosto, pisar 
la uva con los pies antes que estrujarla con la prensa, 
y que debe ser mejor pisarla con los pies desnudos que 
calzados, no sólo por el calor que los pies desnudos 
pueden comunicarle al mosto, y se lo comunicarán sin 
duda; como porque los pies desnudos sienten mejor 
que los calzados cuando la uva está ya bien pisada, o 
si todavía quedan granos enteros que pisar. 

Aquí, o tu Lenéo, aquí te aplica, 
Y conmigo, y desnudos del calzado 
Los pies tiñe en el mosto, ansí pisado, 

664. — En la pág. 331 dice — ^''La fennentación no 
necesita de auxilios ni de remedios cuando la uva tiene 
un grado de madurez conveniente: cuando la atmósfera 
no está demasiado fría« y cuando hay una cantidad 
conveniente de mosto. Pero como estas condiciones no 
se reúnen siempre, y como sin ellas no habría buenos Mediot 
resultados, es necesario valerse del arte para aproxi- P'"' ' 
mar las circunstancias favorables, y alejar todo lo " 
que puede perjudicar a una buena fermentación. La 
uva puede carecer del azúcar necesario, o bien que 
por la naturaleza del clima no pueda manifestarse sufi- 
cientemente. En estos dos casos hay dos medios de co- 
rregir el vicio, que existe en la naturaleza misma de la 
uva. El primero consiste en darle al mosto el principio 
que le falta, añadiéndole una porción suficiente de azú- 
car. Parece que ios antiguos conocídn e-ta operación, 
pues echaban miel al mosto, que hacían fermentar. 
£&te medio es tanto más fácil de ejecutar, cuanto no 



[227] 



JOS& MANUEL PEREZ CASTELLANO 



es absolutamente preciso el azúcar para producir este 
efecto, sino la mieU el melazo, o cualquiera otra mate- 
ria sacarina más barata^ con tal que no tenga algún 
sabor desagradable, que la buena fermentación no pue- 
da destruir. Rozier propuso, hace mucho tiempo, 
facilitar la fermentación del mosto, y mejorar los vi- 
nos echando una libra de miel por doscientas de mos- 
to. El mismo Rozier ha hecho ver que el valor del 
producto de la fermentación es muy superior al costo 
de las materias que se emplean r de modo que se pueden 
presentar estos dos datos como objetos de economía/' 

665. — Cuando por la frialdad de la atmósfera se 
retarda la fermentación, propone los medios siguientes 
para excitarla. *'Primero, se introduce mosto hirviendo 
en el lagar cun un embudo de hoja de lata de cañón 
largo, que baje hasta cuatro pulgadas del suelo; la 
cantidad de mosto hirviendo puede ser de dos cubos 
para trescientas botellas del otro. Segmido, se remueve 
y agita la uva de cuando en cuando ; porque el movi- 
miento tiene la ventaja de restablecer la fermentación 
si se ha suspendido o retardado, y de hacerla igual en 
lodos puntos. Tercero, se tapa el mosto con mantas etc., 
y lo mismo el lagar. Cuarto, se calienta la atmósfera 
del lagar/' 

666, — Después de sentar principios generales para 
la trasiega, diversos en diferentes países, en la página 
353 saca las consecuencias siguientes — ' 'Primera — 
el mosto debe permanecer en el lagar tanto menos 
tiempo, cuanto es menos azucarado. Los vinos flojos 
o tempranos no pueden estar en el lagar más que de 
seis a doce horas. Segunda, el mosto debe estar en el 
lagar menos tiempo cuando se trata de retener el gas 
ácido, y formar vinos espumosos: en este caóo se debe 



[228] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



pisar la uva^ y llevar el mosto a las cubas, después de 
haberle dejado en el lagar, algunas veces veiutícuatro 
hora», y muchas sólo el tiempo necesario para acabar 
de pisar la uva. De este modo no es tan tumultuosa 
la fermentación, y el gas tiene menos facilidad para 
volatilizarse, lo cual contribuye a retener esta sustan- 
cia volátiL haciendo de ella uno de log principios de 
la bebida ► Tercera, cuando se de&ea que el vino tenga 
menos color, no debe permanecer el mosto en el lagar 
tanto tiempo* Esta condición es sobre todo de mucha 
consideración para los vinos blancos, porque una de 
sus cualidades más apreciables es el que estén claros. 
Cuarta, el mosto debe existir tanto menos tiempo en 
el lagar cuanto más cálida es la temperatura, y la masa 
de más volumen, etc., porque en este caso la viveza 
de la fermentación suple por el tiempo. Quinta, el 
mosto debe permanecer tanto menos tiempo en el la- 
gar^ cuanto más agradable se quiere que sea el aroma 
del vino. Sexta» la fermentación será al contrario tanto 
más larga, cuanto más abundante sea el principio azu- 
carado, y el mosto más es|3eso. Séptima, y lo mismo 
cuando, haciéndose el vino para quemar, se sacrifica 
todo a la formación del alcohol. Octava, la fermenta- 
ción será respectivamente más larga, si la temperatura 
es más fría al tiempo de la vendimia. Novena., y lo pro- 
pio cuando se desea un vino de más color. De esto se 
podrá concebir por qué en un país se termina la fer- 
mentación en el lagar en veinticuatro horas., y en otros 
dura doce o quince días". 

667. — ^Xos métodos más usados para preparar los 
toneles son los siguientes: Primero, se lava el tonel con 

agua fría: se le echa después media azumbre de sal- 
muera hirviendo, se lapa y se mueve hacia todos lados: 



[229] 



JOSE MANX7EI. PEREZ CASTELLANO 

— i ' — ■ 

se vierte el agua^ y luego que se ha escurrido bien, se 
toma media o una azumbre de mosto, que esté fermen- 
tando, se pone a hervir, se espuma, y se echa hirviendo 
en el tonel, se tapa, se menea y después se vierte. Se- 
gundo, en vez de las preparaciones anteriores se pue- 
de emplear vino. Tercero, y también^, una infusión de 
flores y ho j as de pérsico." 

668. — '*Los toneles preparados como conviene, se 
sujetan sobre los combos» cuidando de que estén le- 
vantados del suelo algo más. de media vara para impe- 
dir la acción de una humedad pútrida, y facilitar la 
extracción del vino. Se colocan en líneas paralelas en 
la misma bodega, dejando el intervalo suficiente para 
poder pasar y reconocer si alguno se sale o traspira. 
Dispuestos los toneles en esta forma, se echa el mosto 
en ellos cuando se cree que ha estado en el lagar el 
tiempo necesario. A este efecto se abie la espita del la- 
gar, que estará algunas pulgadas más. alta que el suelo 
del mismo, y el mosto caerá en un pocilio, construido 
debajo del nivel del suelo del lagar, o en una tina pe- 
queña de madera, de donde se sacará y llevará a los to- 
neles> echándolo en ellos con un embudo. El licor que 
nada sobre el pozo del lagar se echa en tonel separado 
y proporcionado al licor. Este mosto da el vino más 
delicado, más ligero y de menos color." 

669. — ^^Después de sacado todo el vino del lagar, 
sólo queda la costra o casca, que se ha asentado casi 
sobre el pozo. Esta casca queda aún con bastante can- 
tidad de vino, que se saca en la prensa. Pero como la 
costra adquiere, estando en contacto con el aire atmos- 
férico, un poco de ácido, especialmente cuando per- 
manece mucho tiempo la uva en el lagar, se tiene gran 
cuidado de sacarla sola y exprimirla sin otra mezcla: 



[230] 



OB6SRVACIONES SOBRS AGRICULTURA. 



y así da un vinagre de muy buena calidad. La casca 
que queda en el lagar se lleva a la prensa, y el vino 
primero que arroja se mezcla con el de los toneles: se 
afloja la prensa, se descarga el pie, y con una pala 
cortante se da un corte a la casca de tres o cuatro de- 
dos de espesor en todo su contorno: se echa encima del 
pie lo que se ha cortado, y se vuelve a cargar y apretar, 
repitiendo la misma operación por tercera vez. El vino 
que sale del primer corle es el más fuerte, y el del se- 
gundo más seco, más áspero y de más color. Algunas 
veces se limitan a un corte único, especialmente cuando 
destinan la casca para hacer vinagre; otras mezclan el 
producto de estos cortes en toneles separados para ha- 
cer vino de bastante duración y de más color, y otras 
le revuelven con el mosto que sacan del lagar, sí de- 
sean darle color, fuerza j una ligera astricción/' 

670. — "En los contomos de Montpellier meten la 
casca en toneles, la pisan bien y la conservan para 

hacer cardenillo. En otras partes la agrian aireándola Oruí© paro c 

bien, y extraen después el vinagre por medio de una «íenillo y 

presión vigorosa, que se puede facilitar humedeciendo Potasa, 

la pasta con agua. La. casca se puede quemar para 

sacar álcali: cuatro mil libras de éstas dan quinientas 

de ceniza, de las que se sacan ciento diez de álcali 

seco." 

671. — En la pág. 359 dice, que las vasijas se azu- 
fran de diversos modos, y el más sencillo es el que 
observan algunos sujetando una pajuela a la punta de Azufror v0ii|< 

un alambre, la que encienden y meten dentro de la 
vasija vacía, ponen el tapón y la dejan arder: el aire 
interior se dilata y se ve arrojado por el gas sulfúreo, 
y de este modo queman dos, tres o más pajuelas $egún 



t 231] 



JOSE liiANUSlIi PEREZ CASTELLANO 



la necesidad. Terminada la combustión, apenas están 
acidas las paredes de la vasija le echan el vino. "El 
vino que se echa no ha sufrido aún el último grado 
de elaboración: está turbio y todavía fermentando; 
pero como el naovimiento es más pausado, llaman a 
este periodo de la fermentación , fennentcsción insen-- 

672. — ^'Recién echado el vino en los toneles se oye 
un ligero silbido, que proviene del continuo despren- 
dimiento .de las burbujitas de gas ácido carbónico, 

rmentfldón que parten de todos los puntos del líquido: se forma 
nsjble qtiB üna espuma en la superficie, que rebosa por la boca 
purilica. Q agujero, y hay el cuidado de tener siempre lleno el 
tonel para que salga la espuma, y el vino se limpie. En 
los primeros instantes basta poner una teja sobre el 
agujero. A medida que disminuye la fermentación se 
asienta el líquido. Este momento se aprovecha con cui- 
dado para rellenar el tonel con vino nuevo a fin de que 
no esté en vacío. Hay países, en que rellenan todos los 
días durante el primer mes: cada cuatro durante el 
segundo^ y cada ocho hasta trasegar.'^ 

673. ~ Para trasegar el vino, dice en la pág. 361, 
que se elige tiempo seco y frío: que &ólo se trasiega 
cuando el vino está bien hecho: que la operación se eje- 

paraciónpa- ^^^^ P*^^ medio de un sifón, que penetra hasta donde 
- trasegar. se quiere sin agitar las heces; porque su movimiento 
es suave: que para clarificar el vino se toman claras 
de huevo, sal común y salmuera, y junto todo en una 
vasija le quitan la espuma que se forma, y esta compo- 
sición se echa en el tonel del vino, al que se ha sacada 
alguna porción. Al cabo de dos o tres días se aclara, 
se hace agradable al paladar el líquido, y después que 
reposa ocho días lo trasiegan. 

[ 282 ] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



674* — Otros varios modos se prescriben usados «n 
distintos países para todas las operaciones, que se ha- 
cen en el trabajo del vino; pero sólo he copiado a la 
letra ; o he extractado lo que me ha parecido más sus- 
tancial y suficiente a fin de que el labrador tenga aquí 
una idea de lo máa preciso para su gobierno; porque 
algunas otras menudencias^ que se omiten se las ense- 
ñará la práctica, su experiencia y {propio discerni- 
miento. 

675. — Después que sobre la manipulación del vi- 
no copié y extracté lo que antecede, leí en el tomo 7, 
pág. 224 la memoria de Segentil sobre el trasiego de 
los vinos, que Rozier colma de elogios, como lo mejor 

y más sencillo que en la materia se ha escrito; y así Gusto > 
voy a copiar parte de ella por la luz que ofrece, y por ¡ueees 
su claridad tan necesaria en este asunto. Dice pues Se- 
gentil — "El sabor es una calidad objeto del gusto, 
y este sentido no puede engañarse entre el sabor vi- 
noso y el sabor dulce; y como el olor vinoso acom- 
paña siempre al sabor vinoso, es imposible errar en 
ateniéndose al testimonio de ambos sentidos reunidos", 

676. — *'No hay para qué suponer muy delicados es- 
tos sentidos, ni es necesario tampoco tener mucho ta- 
lento, ni un gran discernimiento para hacer aquella 
distinción: cualquiera hombre regularmente organiza- ^uand 
do distinguirá el sabor vinoso del sabor dulce con apar 
tanta facilidad como puede distinguir el color encar- dul 
nado del verde. . . La señal segura e infalible, que 
indica de un modo invariable el momento en que la 
fermentación en la cuba ha llegado a aquel grado, de 

que depende la perfección del vino, y en el que, sin 
embargo de no estar todavía hecho, si lo dejan más 
tiempo en la cuba, se pone áspero, grosero y sabe al 



[233 ] 



JOSE MAIiUJCL. PEREZ CASTELLANO 



orujo, es el momento en que, después de probarlo mu- 
chas veces sucesivamente y de haber advertido la dis- 
minución del sabor azucarado, llegue a desaparecer 
enteramente. Este sabor, después de irse debilitando 
por grados, desaparece de repente: y esta disposición 
es una señal verdadera, fija y segura de cuándo se 
debe trasegar el vino: ésta es una orden irrevocable 
que la naturaleza prescribe al arte, y que señala el 
momento en que consiste la perfección de e^te licor". . . 

677. — 'Tara hacer las varias pruebas del vino, se 
sacará por una espita o llave que se haya colocado a 
la mitad de la altura que tenga el mosto en la cuba 
antes de la fermentación; de forma que si en una cuba 

5 sQca que tenga ocho pies de alto, tiene el mosto seis pies 
ítoque ¿Q altura, se barrena la cuba a los tres -pies del fondo, 
' y por una espita se saca el vino para probarlo. La 
primera prueba debe hacerse cuando sea sensible la 
efervescencia; y luego que se comience a notar una 
disminución considerable en el gusto azur arado, y un 
aumento en el vinoso, que son inseparables entonces, 
no nos debemos apartar del lado de la cuba mucho 
tiempo; debemos probar con frecuencia el licor* y te- 
ner prontas todas las vasijas para trasegarlo; de modo 
que si la señal apareciese de noche, será lo mejor no 
diferir la operación hasta el día, en la inteligencia de 
que este cuidado nos asegura una recompensa, que 
debe hacernos olvidar la incomodidad que nos haya 
causado."^ 

678. — "Esta señal está, como se ve al alcance de 
todos los cosecheros, y es idéntica e invariable en el 

nm\ Kiosto de superior calidad y en el mediano, para hacer 

un vino delicado y para los ordinarios, para una gran 
cantidad y para una pequeña, para el mosto puro y 

[234 ] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTX7RA 



para el mezclado con el orujo^^.* Cualesquiera que 
sean los fenómenos de la fermentación; que sea viva, 
fuerte, tumultuosa, pronta, débil, lenta, etc.: que el 
mucílago experimente el mayor grado de calor que sea 
capaz de recibir: que su movimiento sea pronto y rá- 
pido; o que el calor y este movimiento sean casi in- 
sensibles, nada de esto me inquieta. Si algunas veces 
voy a ver mis cubas y a observar la fermentación, no 
es porque tema que se haya disipado demasiada canti- 
dad de gas y de espíritu por defecto de la lentitud y 
larga duraeión de una efervescencia débil, o del calor 
y movimiento rápido de una efervescencia pronta y 
ardiente; sino más bien por la razón dt> que la señal 
que busco y estoy aguardando, debe aparecer mucho 
antes» cuando la efervescencia ha sido viva, que cuan- 
do ha sido débil: y esta efervescencia me indica, casi 
con exactitud, si puedo alejarme de la cuba, y por 
cuanto tiempo/' 

679. — "Es inútil probar que esta señal no puede 
faltar, y que es imposible que deje de aparecer. Esto 
se puede mirar como un axioma, que no necesita de 
prueba alguna . • « También sería superfluo probar que 
no puede aparecer antes del máximum de la fermen- 
tación, es decir, ni cuando va ésta aumentando, ni 
cuando está en su máximum^ a no ser que hava efecto 
sin causa, y que pueda verificarse fermentación espi- 
rituosa sin mosto o sin alguna sustancia azucarada; 
lo cual es imposible." 

680» — **A1 principio de la fermentación se siente 
el sabor azucarado; pero va continuamente disminu- 
yendo hasta el máximum^ en que todavía se hace sen- 
tir, aunque con debilidad. Este máximum, este gran 
calor» esta viva efervescencia es efecto de una gran 



-1:235 ] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



masa de mucílago que se convierte en vino: en este 
momento el sabor azucarado es todavía sensible; pero 
luego que se verifica aquella trasmutación, se debilita 
la efervescencia, cesa el máximum, y la disminución 
de la fermentación anuncia que ya no se convierte en 
vino tanta cantidad de mucílago, y muchas veces es 
tan corta que no se distingue su sabor, como lo prueba 
claramente la experiencia. De cualquier modo que sea, 
podemos estar seguros de que después del máximum 
ha de aparecer la señal, más o menos tarde en razón 
del más alto grado de calor que el licor haya tenido. 
Si la efervescencia ha sido grande, y si el calor ha lle- 
gado hasta veinticuatro grados, aparecerá antes que 
si no hubiera subido más que basta veinte, y asi rela- 
tivamente.'* 

681. — "Jamás ha esperado esta señal a muchas ho- 
ras después tlel máximum^ cuando se ha llenado la cuba 
de üvds estrujadas, que hayan sido pasadas muchas 
veces debde la circunferencia al centro de la cuba en 
el principio de la fermentación, y que por esta causa 
haya sido mayor el aumento del calor y de la fermen- 
tación; de suerte cjue no puedo dejar de recomendar 
estas dos operaciones a los cosecheros de los países 
septentrionales, y de todos aquellos climas en que el 
hollejo de la uva da naturalmente poco color, así como 
en todos los años en que la uva negra no ha podido 
llegar al estado de perfecta madurez, y para las cubas 
en que se han echado muchas uvas blancas. En los 
países meridionales del Reino, y en aquellos climas y 
terrenos en que el pellejo de la uva es muy grueso y 
produce naturalmente un color muy subido, no son 
necesarias? estas dos operaciones para dar color al vi- 
no; pero son indispensables, especialmente la primera 



[236] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



para que la fermentación tenga todas las cualidades, 
de que acabamos de hablar." 

682. — "No será fuera del caso advertir aquí, que 
los que se valen de una larga fermentación, y de dejar 
mucho tiempo el mosto en la cuba para dar al vino un 
color más intenso, emplean el medio más pernicios.o 
que pudieran imaginar; porque así lo privan de gran 
cantidad de espíritu y de gas, y hacen que se cargue 
de materias ácidas, austeras, astringentes, gomosas, 
etc.; en vez de que pudieran emplear un medio bien 
sencillo, indicado por el conocimiento de la materia 
colorante. Es bien sabido que ésta reside en el hollejo 
de la uva: también lo es que mientras las uvas perma- 
necen enteras no pueden sufrir la fermentación, ni dar 
color al líquido; y no lo es menos que luego que las 
estrujan y maceran, producen en la fermentación el 
color. Ahora bien, si la mitad de las uvas están esliu- 
jadas, y producen un color la inilad menos intenso de 
lo que se desea, parece que la razón está dictando que 
si la otra mitad se hubiera también estrujado, hubiera 
resultado el color con toda la intención que se quiere. 
No se debe pues recurrir a un medio perjudicial, que 
priva al vino de sus más preciosas cualidades/' 

683. — "La señal, esto es la perfecta conveisión de 
la parte azucarada en vino aparece indefectiblemente 
en todas las cubas, sean las que fueren las circuns- 
tancias -que la aceleren o retarden. Se manifestará con 
más o menos prontitud en razón de la di&pobición de 
los terrenos o su diferencia, de la tempera Ln ra, de los 
años, de la masa y del estado de las u\as. Estas causas 
influyen solamente en la fermentación; porque las 
uvas pueden ser más o menos dulces, más o menos 



[237] 



JOSE BfANUfiL F£R££ CASTELLANO 



?cidas^ y el aire de la atmósfera puede estar más o 

menos caliente en tiempo de la vendimia, y en el de la 
fermentación, etc.; pero no alteran ni disminuyen la 
esencia de la »eñaL*' 

684. — "Sobre ésta podemos contar siempre con 
guridad, bien que será más o menos sensible en razón 
del sabor que tenga el mosto. Si no tenemos esto pre- 
sente, podremos caer en error. Tomemos, por ejemplo, 
un mosto ácido, en que apenas se distingue lo dulce; 
y otro azucarado que no dé indicios de acidez» Es 
claro que en este último no desaparecerá el dulce hasta 
que se haya convertido en vino una gran cantidad de 
azúcar, y que mezclado el sabor vinoso con el dulce, 
no deje sobresalir este último. Por el contrario en el 
primer mosto, como el dulce es menos sensible por 
causa de la acidez, no será necesario que se convierta 
en vino una cantidad tan grande de azúcar para hacer 
desaparecer enteramente aquel sabor. No es pues en 
tudos los montos igual la cantidad de vino que hace 
desaparecer el sabor de azúcar/^ 

685. — "En sabiendo que un vino ácido no puede 
sufrir pérdida alguna, por pequeña que sea, sin dete« 
riorarse considerablemente, y que cuanto mayor es su 
acidez, tanto más necesarios son el espíritu y el gas 
para dulcificarlo y conservarlo, se conocerá la nece- 
sidad que hay de no dejar fermentar un vino de esta 
clase más tiempo del que indica la señal; porque de lo 
contrario perdería mayor cantidad de aquellos dos 
principios, tendría menos mucílago al tiempo del tra- 
siego, estaría más expuesto a la acción del aire exte- 
rior, se formaría menos espíritu y gas en el tonel, y 
resultaría al cabo un vino ácido y desagradable: por 

[238] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



consiguiente para que no pierda gran parte del espí- 
ritu, se debe trasegar en el xaomento indicado por la 
señal. Ella nos avisa siempre a tiempo oportuno de 
que no queda más que cierta cantidad de azúcar, in- 
determinada a la verdad; pero que tampoco es nece- 
sario conocerla con exactitud. En el primer ejemplo 
citado se sacaría de todos modos un vino ácido, ya 
sea que lo trasegasen tarde o temprano; pero en tra- 
segándolo en el momento de )a indicación, el único 
defecto que tendrá, será la acidez; en lugar de que si 
el trasiego se ejecuta en una época más o menos dis- 
tante de aquel momento, resultará un vino de menos 
cuerpo, más ácido, más desagradable y más expuesto 
a torcerse y avinagrarse» En el segundo ejemplo, si se 
trasiega el vino en el momento de la indicación, tendrá 
todo el grado de bondad^ que puede adquirir un vino 
hecho con semejante mosto; y en no ejecutándolo asi 
perderá mucho de £>u calidad.'* 

686, — Omito lo demás de la memoria que se copia 
en la obra de Rozier; porque se reduce en suma a dar 
razón por principios facultativos del buen efecto que 
causa en el vino el trasegarlo de la cuba a los toneles 
a tiempo oportuno; y del malo, si se pierde el mo- 
mento perentorio y preciso, que indica la señal que 
ha dado para la trasiega, que es cuando después de la 
más grande fermentación, el mosto adquiere un gusto 
y un olor vinoso, no dejando pasar ese momento; por- 
que todo lo que pase de él, pierde el vino mucho de 
su espíritu y buena calidad. 

687. — Pero no omitiré lo que dice, que* *'entre las 
especies de vinos tintos es donde se encuentran los más 



[239] . 



JOS£ MANUEL PEREZ CASTELU^NO 



ásperos; porque fermentan eji la cuba con los hollejos, 
con las pepitas de las uvas, y aun muchas veces con 
los cscobaj os ; y por lo común son más ásperos loa que 
tienen el color más oscuro y subido. Un vino con de- 

0 da as- masiado color no puede ser fino y delicado. Los terre- 

01 Vino. j^Qg producen las uvas con un pellejo demasiado 

grueso y carnoso, y las que naturalmente lo tienen así, 
y padecen una fermentación larga y violenta, dan un 
vino de inudio color: éste adquiere mayor mtensi- 
dad. . . cuando no se desecha el escobajOj cuyo ácido 
austero contribuye a oscurecerlo. La finura y delica- 
deza del color y del sabor son incompatibles con estas 
materias y con el tártaro grosero de que abundan estos 
vinos/' 

688. — Por toda la exposición de Legentil se viene 
en conocimiento^ que la uva toda se debe pisar, y 
que echada en el lagar se saca el mosto de él pronta- 
mente, y se pasa a la cuba, o bien mezclado con el 
orujo, o bien puro y sin orujo., según lo supone en la 
cláusula que subrayé en el numero 678: que en la 
cuba se establece su primera fermentación, que es la 
fuerte y tumultuosa: que cun ella pierde el mosto el 
gusto dulce que sacó de la uva, y adquiere el vinoso 
que junto con el olor indica el momento en que se debe - 
trasegar a las vasijas, que deben estar prontas y pre- 
paradas para ese fin. Todo en esa memoria está claro 
y con amplificación prolija. Con ella y con lo demás 
que he copiado o extractado de la misma obra puede 
manejarse cualquier labrador que en el Miguelete ten- 
ga alguna viña y quiera hacer vino, según puede dar- 
lo la temperatura benigna del país, y la calidad del 
terreno en que la ponga« 

[2401 



OBSSRVACIOKES SOBRE AGRICULTORA 



VINAGRE 

Y DIVERSOS METODOS DE HACERLO 

PRIMER METODO 

689. — En la pág, 274 tomo 16 se dice — '^Cuando 
se establece un vinagrero en Orleans se procura hacer 
de toneles que hayan servido ya para hacer vinagre. 
Estos toneles colocadog unos sobre otros forman ordi^ Primer m 
nanamente tres filas: la parte superior del fondo está hacw 
taladrada a dos ijedos de la tapa, y la abertura es de 
dos pulgadas de diámetro: se deja siempre abierta a 
fin de que pueda entrar con libertad el aire, y en caso 
necesario el cañón de un embudo encorvado, que sirve 
para echar el vino en la madre del vinagre. Muchos 
vinagieros^ no ponen canilla a estos toneles, sino que 
se sirven de la abertura para vaciarlo» cuando están 
llenos por medio de un sifón de hoja de lata* Ordena- 
das estas tres filas de toneles procede el vinagrero a la 
preparación del vinagre: comienza por empapar los 
toneles en la levadura o fermento que debe excitar en 
el vino la fermentación acetosa* Para este efecto echa 
en cada madre cincuenta azumbres de vinagre bueno 
hirviendo, y le deja quieto por ocho días* Pasado este 
tiempo añade a cada madre cinco azumbres de vino, 
y continúa así echando de ocho en ocho días la misma 
cantidad hasta que llena la vasija. El vinagrero deja 
entonces pasar quince días ante» de vender el vinagre, 
y tiene cuidado de no vaciar enteramente las vasijas, 
sino que las deja a medias a fin de que llenándolas su- 
cesivamente puedan ejecutar la conversión de nuevo 
vino en vinagre. Como la bodega de un vinagrero 
está ordinariamente colocada en un paraje muy venti- 
ladop el calor «ólo de la atmósfera es suÉciento «n vo- 

[241] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



rano para convertir el vino en vinagre; pero en el in- 
vierno tiene el vinagrero cuidado de mantener una tem- 
peratura de dieciocho grados por lo menos por medio 
de una estufa colocada en el centro de la bodega/' 

690. — 2^ "Se compra un tonel de vinagre de la 
mejor calidad, y se le sacan algunos cuartillos para el 
uso doméstico, reemplazándolos con otra cantidad igual 

gundo de vino bueno y claro: se tapa simplemente el tonel 
éiodo. gQjj ^j^^ tabla o lienzo puesto encima: ¿e mantiene en 
un paraje templado, y lodos los meses se extrae una 
cantidad de vinagre igual a la anterior, reemplazán- 
dola con vino como la vez primera. Estando el tonel 
siempre Heno suministra durante mucho tiempo un vi- 
nagre excelente, sin formar heces ni poso sensible; de 
manera que en muchas casas hay vinagre, cuya madre 
pasa de cincuenta años, y son exquisitos.*' 

691. — 39 "Antes de echar las uvas en el lagar, se 
desgrana una parte de ellas a proporción del vinagre 
que se quiere hacer. Se echan los granos y el jugo en 
el lagar de vino, y los escobajos en otra vasija, en la 
cual se calientan y agrian mientras se hace el vmo» 
De cuando en cuando se da vuelta a los escobajos, para 

método, que la parte superior no se enmohezca. Cuando el vino 
del lagar está ya hecho, se saca, y en vez de echar una 
parte sobre el orujo como hacen en algunos países, 
se cubre el orujo con los escobajos agrios, y se echa 
sobre todo un poco de vino a proporción del vinagre 
que se quiere hacer. Se mezcla bien el orujo con los 
escobajos, sirviéndose de garfios de hierro, o de otra 
cualquiera manera; porque así el agrio de los escoba- 
jos se comunica a todo el liquido. La fermentación se 
establece muy pronto, y el vinagre es tanto más fuerte. 



[242] 



OBSffiVACIONES SOBHE AGRICULTURA 



cuanto más eapiritoso es el orujo. Mientras más orujo 
hay a proporción del vinagre, más fuerza saca éste/' 

692. — '^Vinagre de sidra — Loa habitantes de los 
países, en que se fabrica sidra hacen vinagre con este 
liquido. Basta para ello desleír en un tonel, que haga . 
cuatrocientos azumbres, cosa de seis libras de levadura 

agria de trigo, desleída en agua caliente, que se le ^'"^"j™ 
echa por la boca: después de haberlo removido todo * ^' 
con un palo, y se deja asentar, y rara vez dejará de 
encontrarse al cabo de seis u ocho días un vinagre de 
sidra bastante fuerte. Es menester trasegarle después 
de hecho; porque está más expuesto a corromperse que 
el vinagre de vino.'' 

693. — '^Vinagre de perada — Lo que acabamos de 
decir del vinagre de sidra se aplica tanto más natural* 
mente a la perada, cuanto este líquido vinoso es toda- 
vía más fuerte que la sidra ; pero se hacer por diversos 
métodos. El vinagre de perada se fabrica principal- 
mente en Holanda: escogen para ello las peras que se vinagro 
caen de los árboles, y que comienzan a podrirse: las perad. 
hacen tajadas, y las ponen en uno o muchos toneles, 

les echan encima agua y las exponen al sol. Para faci- 
litar la fermentación les añaden levadura, o todavía 
mejor un poco de ácido tartaroso, que vale bastante 
barato en Batavia. Cuando el vinagre está ya bastante 
ácido se cuela por un lienzo, y se deja reposar por al- 
gunos días, en los cuales forma un poso más o menos 
consideráble: se vierte por inclinación el vinagre, o se 
trasiega con el sifón, y se guarda para irle gastando." 

694. — Propone después varios modos o medios de 
conservar el vinagre; pero él mismo desconfía de al- 
gunos que propone o por perniciosos o porque son de 



[243 1 



JOSg MAHÜBL PHIUfiZ CASTBLIiANO 



mucho costo; y yo desconfío de los otros, porque no 
se conforman con lo que aquí experimentamoSi y por 
esto los omito. Los hombres que se gobiernan por prin- 
cipios de química regularmente se confunden, y aun 
se contradicen en muchas cosas; porque reduciéndolo 
todo a los principios, de que están persuadidos, o tal 
vez preocupados, que las cosas se componen; hacen 
sus químicas resoluciones, y vuelven después a hacer 
combinaciones, que muchas veces no tienen el resultado 
que se proponen, y se ve constantemente en los com- 
puestos naturales, necesarios para el uso humano. A 
éstos ¿no se Ies podría aplicar el consejo de San Pablo 
a los romanos: non plus sapere quám opoTtet sopere^ 
sed sapere ad sohrietatem? Que lo que nos conviene 
no es enredamos en el conocimiento o investigación 
de los primeros principios que componen las cosas; 
pues en ese análisis es verosímil que pierdan las cali- 
dades esenciales que tenían, cuando se hallaban natu- 
ralmente combinados; sino sólo en conocer las cosas 
como Dios las hace, y sabernos aprovechar de ellas 
para nuestros usos» Sea lo que fuere de mi conjetura^ 
pues no pretendo que salga de la clase de tal; voy a 
decir lo que se ha experimentado con el vinagre, que 
se ha hecho en mi casa o bien de manzana, o bien de 
jugo de duraznos dulces. 

695, — Cuando la sidra se me ha torcido, lo que 
sucede con frecuencia, se llena, abriendo el bitoque 
a la pipa, una botijilla del licor que ya está acedo, 
la que se pone en un patio al resistidero del sol, y 
allí se deja noche y día. Cuando se necesita sacar 
vinagre, que a la inclemencia se fortifica, se echa 
por decantación en una botella, de la que se saca el 
DOG«sario pan e! gasto. Cuando el vinagre de la bo- 



[2441 



OBSBRVACIC»9ES SOBRE AGRICULTURA 



tella se apura, se vuelve a llenar con el de la botijilla. 
Hallándose ésta vacía hasta más de la mitad, se re- 
llena con el licor ácido de la pipa, y se vuelve al re- 
sistidero. De este modo tengo constantemente en mi 
casa un vinagre regular, claro y sano. Por esta expe- 
riencia creo que el que lograse tener en su chácara Wodo de 
dos o tres docenas de botijas, de las que en otro tiem- ^'"^•^ 
po venían con vino de Mendoza, y llevaba cada una 
de veintiocho a treinta frascos: las clavase hasta me* 
nos de la paitad en un patio cerrado, expuestas al 
resistidero del sol y a todas las inclemencias del tiem- 
po, y la llenase ^el liquido de sidra de manzana, o 
de durazno dulce^ después que se ha fermentado en 
las pipas; lograría en ellas un almacén de buen vi- 
nagre, no sólo para el gasto de su casa, pues para 
eso no se necesita tanta cantidad; sino también para 
venderlo, sacando el vinagre de las botijas, sin mo- 
verlas de su lugar, por medio del sifón de hoja de 
lata, con que se suelen trasegar los vinos. Las botijas 
se podían después henchir de nuevo, y habría en la 
casa un almacén de vinagre sin necesidad de ence-< 
rrarlo en bodega, ni de cubrir las botijas más que 
con una tablita sobre un corcho flojo, que a cada una 
se le pusiese en la boca, pues la tienen pequeña y 
poco mayor que la de las botijillaa que de España 
vienen con aceite. 

SIDRA DE MANZANA 

696. — De la sidra de manzana no me acuerdo ha- 
ber hablado en el cuerpo de mi opúsculo, sino por 
incidencia en el número 56. Pero habiendo leído en 
la obra de Roxier ese articulo tengo por conveniente 



[24S] 



JOSE UANÜIEL PBRKZ CASTELLANO 



añadir en este suplemento lo que me parece mejor y 
más adaptable a nuestra manzana, que según colijo 
es semejante en lo general a la buena que se coge en 
el Principado de Asturias, y de la que, según dice 
don José Antonio Caunedo en una memoria, que en 
1793 dirigió a don José Cavanilles; se hace en el 
Principado la mejor sidra, de que tiene noticia. Como 
todo lo que dice de la manzana de Villaviciosa y del 
modo de hacer allí la sidra, me parece que se puede 
adoptar aquí; corrijo en parte lo que dije en el citado 
número 56, si no se conforma con lo que Caunedo dice 
en su memoria; pues creo que debemos seguirlo para 
la manipulación de nuestra sidra, arreglándonos en 
lo posible al método que propone, y que ai nos arre- 
glamos a él llegaremos a hacer una sidra tan buena 
como la mejor que se hace en Europa» La memoria 
de dicho Caunedo, que me parece escrita con verdad 
y con mucho juicio, se copla por el traductor más a 
la larga en el tomo 15 desde la página 166; y yo sólo 
copio lo siguiente; 

697. — "La manzana en todo este Principado de 
Asturias, para sacar sidra se maja o machaca con 
unos mazos de madera en el mismo lagar, o masera 
que llaman, donde ae exprime. Para esto se buscan 
cuatro y seis mozos según lo que hay que trabajar, 
y la capacidad de la masera; y éstos puestos en ella 
descalzos y en pie con su maza o pisón cada uno en 
la mano, la van quebrando, moliendo y ablandándola 
para que se pueda estrujar en el lagar, lo que no 
puede verificar sin esta diligencia." 

698. — Conviene para que la sidra sea buena, que 
las manzanas estén bien sazonadas, lo cual no se ve- 
rifica en este país generalmente basta el mes de no- 



[246] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRZCUIjTXmA 



yiembre (aquí abril). En las pumaradas (manzanares) 

grandes y bien cercadas, donde no entran las gentes 
ni los animales^ se dejan estar hasta que ellas mismas 
se vayan cayendo y madurando en el campo; pero 
cuando los árboles están en campos abiertos y ex- 
puestos al robo, por cuya causa tienen los dueños que Manzana 
recogerlas algo intempestivamente, se dejan estar 
amontonadas unas sobre otras en algún cuarto, te- 
rreno o bodega por seis u ocho días hasta que se 
empiezan a podrir algunas, lo cual indica que se 
ablandaron ya y maduraron; pues de otro modo si 
las majan en verdes, quedaría la sidra con el mismo 
resabio desagradable al gusto, y de muy mal color. 
Después de majadas suelen, y conviene^ tener aquel 
material amontonado en la masera, cosa de un día o 
de una noche, para que fermentando uno con otro 
tome mejor color la sidra, y se saque más fácilmente. 
Pero en países ardientes, o cuando hace calor, no con- 
viene detenerlo asi mucho, porque calienta y arde, y 
de aquí resulta un resabio y gusto desabrido en el 
licor. 

699. — Luego se baja la viga, y se comienza a ex- 
primir» Se suelen tardar ocho o diez días en sacar la 
sidra principal y buena de una lagarada grande de 
trescientas cántaras^ o algo más. Pero después de esto ^on la 
todavía da otra sidra con un dejo amargo, que llaman le saca 
aquí torcipie^ la cual no se mezcla ni pone en los to- •"«''t«i d 
neles para guardar, porque echaría a perder la buena; 
sino que procuran venderla al instante, y la gastan 
los jornaleros y otras varias personas que concurren 
a semejantes sitios, sin que los dueños pongan en ello 
mucho reparo por ser cosa de poco valor. La causa 
de esta amargura es, que apurando y apretando el 



[347] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



lagar hasta lo último, se llegan a exprimir también 
las pepitas y otras partes internas de la manzana, de 
suyo ásperas y picantes. Este es el común concepto 
de las gentes; aunque bien puede acontecer que pro- 
ceda de otras causas. — No se añade, ni conviene aña- 
dir ni mezclar agua ninguna a la sidra en ningún 
tiempo; porque la debililaría y privaría del espíritu 
y fortaleza que tiene, y necesita para ser de buena 
caUdad/' 

700- — "AI mismo tiempo que se está majando la 
manzana en la masera, principia a destilar y correr 
la sidra hacia una tina grande de madera, u otra va- 
sija capaz que se pone delante para que caiga en ella, 
y no se pierda ni derrame. De aquí se procura luego 
pasar a otras vasijas cerradas, que llaman pipas, sin 
dejarla mucho tiempo, ni aun una noche en la tina; 
porque se enfría y desvanece notablemente con el am- 
biente, que es lo que más ofende a este licor. Pero 
en las pipas que no tienen sino un agujero chico por 
donde se envasa, y que se tapa con una manzana o 
cosa semejante, no importa que esté algunos días, 
como a veces sucede. Pero tampoco importa, antes 
es mucho mejor que desde estas pipas, o desde la pila 
se lleve luego a los toneles grandes, en que se suela 
envasar y guardar mucho mejor que en vasijas chicas 
o pequeñas. Estos toneles son muy diferentes en la 
figura y uso de las cubas en que se guarda el vino en 
Castilla, y no son tampoco tan grandes. Haylos de 
trescientas cántaras, y de ciento los menores. Sobre 
su construcción y figura ocurre la misma dificultad 
y reparo que dijimos de los lagares, que no se pueden 
explicar de modo que lo entienda bien el que no los 
haya visto. Una porción de ingleses, que a principios 



[2«] 



OBSEAVACIONES SOBUE AGRICULTURA 



de este siglo vinieron prisioneros a esta tierra, ense- 
ñaron el arte y modo de construirlos. Tienen una puer- 
ta en una de las cabezas, por donde entra un muchacho 
para lavarlos antes de echar en eQos la sidra^ y des- 
pués se cierra y ajusta de modo que no se rezuma 
nada. Estando el tonel tendido a la larga encima de 
unos maderos, que le sirven de combos, sólo tiene un 
agujero en lo alto por donde se envasa la sidra con 
un embudo. No se llena del todo por de pronto, pues 
de otro modo cuando hierve arroja mucha espuma y 
sidra por allí. Déjasele cosa de medio palmo de va- 
cío, tapando el agujero ligeramente con una manzana 
o tapón de madera poco ajustado^ hasta que hierva 
cosa de un mes o poco más, y después se pone un ta- 
pón de corcho o de madera bien apretado en el agu- 
jero, y éste se cubre todo y se tapa bien con alguna 
masa de cal y arena a fin de que por ninguna parte 
pueda respirar: así se deja hasta qiie el dueño quiere 
vender la sidra.'^ 

701, — *TLa que se haya de embotellar debe ser 

buena y escogida, y habrá hervido en alguna pipa o 
barril del modo dicho, algo tnás tiempo que el refe- 
rido para los toneles. Mes y medio poco más o menos 
suele ser bastante para que le quede suficiente dul- 
zura, y cese el peligro de romperse las botellas, como 
suele acontecer cuando se embotella antes de tiempo, 
porque hierve muy recio en los principios. Las bote- 
llas ae deben tapar con corchos medianamente ajus- 
tadoSf de modo que no puedan respirar. Conviene 
también que los corchos sean sanos, y no estén daña* 
dos y podridos, como hay algunos." 

702. — "La sidra varía mucho en el gusto, sustan- 
cia y espíritu confoime a la calidad de la manzana. 



[249 1 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



y a los diversos terrenos que la producen. Así lo 
acredita la experiencia* Es común sentir de todos que 
a es bu>> Concej o de Villaviciosa es preferible a la 

« duka de todo el Principado, y aun podemos decir que ape- 
.anzana. j^gg toda Europa se encontrará de igual bondad. 

La manzana es muy dulce, suave y fina, y lo mismo 
la sidra que de ella se hace. El citado autor del Espec- 
táculo de la Naturaleza se engaña cuando dice, que 
la sidra no se debe hacer de la manzana más fina, 
como la camuesa, albilla y de reina^ sino de otra 
manzana más áspera y villana. ¡Rara paradoja! y 
máxime en un sujeto tan instruido," 

703. — La sidra en este país es mejor que en otros, 
digo si la benefician bien, porque la manzana es me- 

debs ha- jor, y no por otra causa. No se le mezcla, ni conviene 
nmeicla. mezclarle, miel, azúcar ni otro ingrediente extraño; 

porque la corrompería en vez de hacerle provecho. 
En este país por lo menos es inaudita semejante mez- 
cla." 

704, — "Tampoco se hace en esta tierra confitura 
ni conserva alguna de manzanas o de sidra; pero he 
oído decir que algunas señoras en Oviedo estimaban 
mucho las manzanas que llaman rapinaldos dulces 

ia cocí- de esta tierra para hacer almíbar o conserva. Nunca 
n ildra. la yjgjQ puedo decir cómo se hace. Aquí en el 
tiempo de la cosecha de manzanas, cuecen algunas 
en sidra dulce, partidas en cuatro pedazos cada una, 
mondadas y limpias de pepitas. Cocidas así por es- 
pacio de medio cuarto de hora, las comen con el caldo 
en que se cocieron, y pueden conservarse cosa de una 
■emana, aunque no se usa mucho." 



[250] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICXTLTUHA 



705, "De las heces o borras que llaman, que es 
lo que queda en el fondo del tonel después de ven- 
dida la sidra, se puede sacar y se saca aguardiente. 
Para esto hay algunos que tienen las vasijas compe- 
tentes, Y los inteligentes en esta bebida dicen que es Aguardi 
fino y bueno y de bastante espíritu. Otros varios por 

falta de dichos aparejos y de leña, arrojan a la calle 
las heces» como cosa que no puede tener otro apro- 
vechamiento. El orujo llamado aquí bujo, que son 
las cascaras de la manzana, las pepitas y todo lo de- 
más que queda, deapués de bien exprimido y seco, 
sirve para alimento de los ganados, y le comen con 
ansia y provecho los caballos, bueyes y otros anima- 
Ies, Algunos emplean este bu jo para abonar las tierras 
en vez de estiércol, y es bueno echado con moderación, 
y no de otro modo, porque tiene sales con exceso que 
dañan a los árboles y fruto, que se abonan con él, 
A este le solían comprar en Vizcaya, y daban dos 
reales por cada hanega en otro tiempo; en el día no 
s6 lo que aiicederá.^' 

706. — "En cuanto al tiempo que puede conservarse 
la sidra, hay mucha variedad, y no puede darse una 
regla general. En esta tierra lo más que se conserva 

son dos años, fabricada, envasada y entonelada con sidro d 
el modo y el cuidado que queda dicho^ y con tal que añ 
no sea manzana podrida, sino sana toda y bien sazo* 
nada. Para lograrlo, al tiempo de majarla se buscan 
algunas mujeres que la vayan escogiendo y separando. 
Tienen sus cuchillos o navajas para cortar la manzana 
que está podrida, y cuidar que ninguna de éstas vaya 
a la masera, por ser de tan mala condición y calidad lo 
malo, que aunque sea menos corrompe y daña la ma- 
Tor cantidad de lo bueno. No se pierde la manzana 



[251] 



JOSE MANUEL FERJSZ CASTELLANO 



podrida: Después de sacada y exprimida la sidra útil, 
se lleva a la masera y se mezcla con el orujo que está 
'e vina, allí, y como está así podrida y blanda, se estruja 
brevemente en nn día lo que tiene^ y se aplica para 
vinagre, que también vale dinero, y a veces poco me- 
nos que la misma sidra/' 

707* — "Otros que no cuidan mucho de la limpieza 

de los toneles y vasijas, no lavándolas o haciéndolo 
muy mal después que se desocuparon, y olra vez an- 
tes de llenarlos, y no cuidando tampoco de que la 
manzana sea toda limpia y sana, como queda dicho; 
no tapan loa toneles como corresponde, y después en 
"O debo el discurso del tiempo no cesan Je andar probando 
rieoire. la sidra para ver cómo está, taladrándolos con el ba- 
rreno chico, por donde sale la sidra que quieren, y 
entra al mismo tiempo alguna porción de aire, que 
es la cosa más contraria y nociva a este licor; éstos 
tales no la pueden guardar dos años, ni uno, ni me- 
dio, mediante a que ya desde sus principios va co- 
rrompida y maleada. Así se ve frecuentemente en las 
tabernas una sidra perdida, que ni tiene color, ni está 
clarificada, y de un gusto muy malo y desabrido, que 
no se puede beber ni la beben sino los borrachos y 
malvados. Cierto sujeto guardó su tonel hasta cerca 
de tres años, y la sidra estaba limpia, buena y de 
gusto razonable. En botellas se conserva igualmente 
muy bien más de dos años, acaso por estar allí apre- 
tada, sin tener lugar para hacer las evoluciones y 
espuma que hace cuando hierve, con lo cual se adel- 
gaza, arrojando de sí las heces y precipitándolas al 
fondo, con cuya operación de la naturaleza va perdien- 
do la dulzura, hasta llegar a su perfección. Estando en 
ésta, los toneles quietosi bien asentados y preparados 



[2S2] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



ellos y la sidra del modo dicho, se conserva ésta muy 
bien los referidos dos años. Mas después se va adel- 
gazando demasiado^ y aumentando el picante, y es 
regular que se volviese vinagre si la dejasen mucho 
tiempo. Bien que no es necesario ni tiene cuenta guar- 
darla más que dos años, por cuanto esta fruta de Embotell 
manzana, a lo menos en esta tierra, guarda una per- 
fecta alternativa, de modo que un año se hace una 
cosecha grande, y al siguiente no se coge nada o casi 
nada. Así es preciso desocupar los toneles para aquel 
tiempo por dos razones: la primera, porque faltarían 
vasijas para encerrar la nueva cosecha, teniéndolas 
ocupadas con la sidra añeja; y la otra, porque las 
gentes se inclinan más a la sidra nueva a causa de 
ser más dulce y agradable a la mayor parte: y así 
se quedaría sin vender la añeja/^ 

708. la manipulación y modo de fabricar la 
sidra y conservarla no hay más diferencia que la in- 
sinuada, y es: que unos la tratan y cuidan con aseo, 
esmero y curiosidad, según se ha dicho; otros por Convíe 
su desidia o por no tener buenos criados, fieles y 
curiosos; y otros en fin. por la codicia* de hacer mu- 
cha sidra, mezclan la mamsana buena con la mala, y 
nunca aciertan a hacer cosa de provecho.'^ 

709. — **Entre la sidra de Asturias y la de Vizcaya 
no hay diferencia sustancial; pero en bondad y ca- 
lidad es regular que la de aquí exceda mucho a la 
de aquella provincia^ por ser esta tierra mucho más 
fértil, amena y templada, de un clima y temperatura 
excelentes, y más abundante en este género, como 
en otro cualquiera ^ pero no puedo afirmarlo positi- 
Tamente^ pox no habar viita jamá» sidra de VÍ2caya, 



Diferen 
la de 
o la 

Vize_ 



[26»] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



medíante que nunca pasa de aquella tierra, ni viene 
aquí ninguna. Al contrario la sidra de Villaviciosa 
se embarca muchas veces en el puerto que llaman los 
Tasones, y se lleva a Santander y a Bilbao, donde es 
muy eslimada." 

710, — "Menos puedo hablar aún de la diferencia 
entre la sidra de Inglaterra y la de Asturias. Los que 

se pagan de las cosas extranjeras, y que vienen de 
d« In- jjjjjy lejos, darán desde luego la preferencia a la sidra 
de Inglaterra» Este parece es el concepto común de 
las gentes según las ponderaciones que frecuente- 
mente oyen de la sidra inglesa; pero tengo dos tes- 
timonios bien claros para persuadirme de lo contra- 
rio: el uno es haber probado en Gijón una que de- 
cían y ponderaban por muy exquisita; y realmente 
ni tenía color ni gusto a sidra: parecía un poco de 
d» %mr barro desleído en agua, y de un gusto tan feo y amargo 
iriai ^* podía llegar a los labios; no he visto una 

cosa más desabrida, sin embargo de las alabanzas del 
patrón de la nave que la traía, y de los marineros*" 

711, — '^El otro es, que pasando por aquí, pocos 
años hace, don José Antonio Colosia, comisario orde- 
nador de marina en la villa de Aviles^ con un inge- 
niero inglés, y algún otro de la misma nación, y otros 

iwa» varios españoles, quisieron beber de esta sidra de 
Villaviciosa para compararla con la de Inglaterra, 
que los ingleses venían ponderando; y todos ellos 
convinieron en dar la preferencia a la de aquí, con- 
fesando llanamente que no tenia que hacer una con 
otra, ni se podía llamar aquélla, sidra, comparada con 
ésta. Con razón lo decían, puesto que es opinión co- 
mún que la sidra de Inglaterra no es pura, liquida 
ni clarificada; sino mezclada y adobada no sé con 

1254] 



OBSraVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



qué ingredientes y drogas, que la sacan de su eafera 
propia y natural^ convirtiéndola en una especie de 
composición famiacéutica o de botica." 

712. — Así concluye la memoria, que acabo de co- 
piar con mucho gusto, persuadido que el labrador 
que con atención la lea, deducirá de ella,, que sólo 

con la manzana que se nos pierde aqui de la que Ha- f^^,esua ..i 
mamos blanca y de la camuesina, que en su ma- na análo 
durez concurre con el durazno, y le hace perder su ^ 
despacho como a las demás frutas^ y se dijo en el nú- 
mero 37; podemos hacer ana sidra muy semejante a 
la de Asturias, si observamos las reglas que prescribe 
para hacerla buena; pues por lo que dice de aquella 
manzana se colije claramente que la nuestra es aná' 
loga y muy semejante a la con que allá se hace la 
buena sidra. 

713. — Sólo nos faltan por ahora las prensas que 
allá se usan; pero mientras no tengamos alguna de 
la fuerza y poder de aquéllas para exprimir la man* 
zana después de haberla deshecho con los pisones se- 
gún a] presente lo practicamos; podemos valemos de 
la misma prensa que se usa aquí para el sebo, la que 
propuse en el número 646 como buena para exprimir 
la aceituna después de pisada en el mortero de piedra; 
sobre el supuesto de que así como por ahora no po- 
demos sacar mucho aceite por falta de fruto, tampoco 
podemos sacar tan grande copia de sidra como la que 
se extrae en Asturias eq vista del mucho consumo que 
nuestra manzana tiene en la plaza, sin otra elabora- 
ción que el presentarla madura a los compradores, 
y del que se hace extrayéndola en el mismo estado 
para Buenos Aires, y aun para el Brasil, tomándola 
sólo pintona. 



Prensa d* 
buena pa 
dra. 



[255] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



714. — Para certificaime de la fuerza de la pren- 
sa, que aquí se usa para exprimir el chicharrón del 
sebo, le pedí a un vecino del Miguelete me dejase ex- 
primir en una que tiene un par de tipas de manzana» 
Está armada de dos usillos que cargan sobre una ta- 
bla fuerte, que entra en un cajón destinado a recibir 
el sebo. En el cajón hay practicados en sus cuatro 
caras murhos agujerillos por los que sale el líquido 
que se exprime y cae en una canaleta que hay en con- 
torno del cajón por la parte de afuera. Como el ca- 
pción ds jón es demasiadamente grande para la poca manzana 
pnnio, que hice llevar, la metí después de pisada en una 
bolsa de lienzo grueso, bastante claro: la senté con 
la manzana en medio del cajón, y dándole vuelta a 
los husillos para que apretase la tabla sobre que car- 
gan, se reventó la bolsa, apenas con la presión se ex- 
tendió la manzana a los lados. Esto me ha hecho 
conocer que esa prensa puede servir no sólo para ex- 
primir manzana, sino también aceituna, y que por lo 
que toca a la manzana convendrá ponerla suelta en 
el cajón antes que meterla en otra cosa. Pero por lo 
que respecta a la aceituna, si no conviene ponerla 
suelta^ se puede meter en capachos de esparlo, que 
pueden hacerse venir con tiempo de España, o en los 
que se hagan del junco que aquí se cría y del que 
se dio noticia en el número 646. Si se hacen de nues- 
tro junco convendrá darles el tamaño y figura que 
tienen los de España^ cuyas dimensiones ignoro, pues 
no los he visto ni aun pintados. 

TRIGO DE BERBERIA 

715. — En el presente año de 1814 vieron los sega- 
dera, que trabajaban en el trigal do don Juan Camilo 



(256] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



Trápani, una macolla de trigo con muchos accidentes 
diversos de las especies de trigo que aquí conocemos. 
Cuando me mostró Trápana el manojo de espigas que 
tenía liadas, me ocurrió que los accidentes que diver- 
sificaban aquellas espigas de las otras, provenían de 
iin mero juego de la naturaleza, como vemos que una 
flor que nace sencilla, se dobla con los años y con di 
cultivo; pero un labrador que se hallaba presente me 
dijo, que aquella especie de trigo era ya aquí cono- 
cida por trigo de Berbería: que lo había traído a este 
país un canario panadero. Creí lo que este labrador 
me dijo, y después lo confirmé con lo que leí en el 
tomo 15 de Rozier, pág. 426^ en que se dice lo si- 
guiente: 

716. — "Linneo no ha hablado en la enumeración 
de las especies descriptas en la sección primera, del 
trigo conocido bajo el nombre de trigo de Berbería, 
de Esmirna, del milagro o de la abundancia, que Bau- 
hin ha designado por esta frase: triticum spica muir 
tipiici, y que se diferencia de los otros trigos en tener 
la caña más gruesa, las hojas más largas, y sobre 
todo, las espigas ramosas; es decir, que de la parte 
inferior de la espiga general salen otras nuevas en 
número de tres, cuatro, y algunas veces seis, lo cual 
forma, por decirlo así^ una especie de manojo, Olivier 
de Serres, a quien cito siempre con mucho gusto, dice 
que produce una espiga grande y llana, de cuyos la- 
dos salen tres o cuatro espigas pequeñas con un corto 
pedúnculo, que hacen juntas un ramillete grueso, sos- 
tenido por un solo pedúnculo; pero como es poco 
común, fi. colono no puede contar con él para sem- 
brarle, aunque le tendría mucha cuenta por lo mucho 
que produce. Este trigo me ha dado cuarenta por uno, 

17 • 



JOSE MAinJEL PEREZ CASTELLANO 



sembrado en una huerta; y en una tierra común de 
labor, de doce a quince. Da un pan bueno y muy sa- 
broso, aunque no tan blanco como el del otro trigo; 
porque siendo la corteza de su grano bastante gruesa 
y muy delicada, con dificultad se puede moler como 
se requiere para hacer que el pan sea muy blanco, y 
asi se convierte casi todo en harina con poco salvado; 
defecto que sin embaído cede en beneficio de la eco- 
nomía." 

717, — Esta descripción es en lo general tan ajus- 
tada a las espigas de Trápaní^ que no dudo corres- 
ponden al trigo de Berbería, de que se habla. Prime- 
ramente traje a mi casa dos espigas con parte de la 
caña, que los segadores habían cortado como a un pie 
de distancia de la espiga. £sta parte de la caña salió 
sin nudo alguno, y era maciza, a lo menos a la simple 
vista; porque con ella no se le advertía vacío ninguno, 
sino que toda la caña estaba llena de una sustancia 
o médula esponjosa, que tal vez brillaba en el corte 
que se le hacía, como si tuviera algo de azúcar. Sin 
contar las espiguillas subalternas, desgrané las dos 
primeras espigas que traje, y hallé en una 84 granos, 
y en la otra 83, todos muy llenos y hermosos. Después 
le pedí a Trápani otra espiga para contarle las subal- 
ternas, y tenía cinco espiguitas de cada lado, en todas, 
diez: y digo de cada lado, pues las subalternas, que 
están sentadas en el lugar, que en las de nuestro trigo 
común ocupan los casullos; forman con la principal, 
que desde su base hasta la punta es de tres y media 
pulgadas de largo, línea más, línea menos; una figura 
tableada de pulgada y media a dos pulgadas de an-» 
cho por todo el tramo en que las aubaltemag acompa- 
ñan a la prmcipal, que es desde su base hasta poco 



[258] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



más de la mitad de la espiga, la que desde ese punto 
camina sola basta su extremo. 

716, Esta tercera e&piga tenia 94 granos^ pero 
no tan llenos ni tan redondeados como los de las dos 
primeras; antes parecían por su flacura haber sido 
atacados de polvillo, o que la espiga se hubiese cor- 
tado antes de su perfecta sazón; pues los granos no 
eran de un rubio Jjlanquecino como los de las prime- 
ras, sino más oscuro y del color qu^ tiene el trigo 
chileno. Cuatro o seis granos de esta última espiga 
salieron de su casuUo picadost o por mejor decir co- parece 
midos en parte de algún insectillo, que ya en ellos rnáa exp 
no había cuando los desgrané. Esta última observa- ^' ^ 
ción da que sospechar que es trigo más expuesto que 
el nuestro a la voracidad de los insectos, en el que 
aquí nunca se ven atacados los granos en la espiga 
y dentro de su caauUo, Por lo demás es cierto que 
deba ser trigo muy xendidori pues en tres espigas, la 
que menos tenia 83 granos; y es cierto que nueAtraa 
espigas, o las del trigo común, no abundan tanto; 
pues yo he escogido una espiga de las mayores, que 
tenía cuatro órdenes de granos por cada lado, y lo 
más que le be contado han sido 84 granos; y en el 
de Berbería la últinm que traje tenía 94. Estas espi- 
gas, o no tienen barbas en los casuUos, o los tienen 
tan cortos que se representan chamorras y lampiñas; 
pero los capullos son más trancados, y mis dificile» 
a soltar el grano que los de nuestro trigo: y por eso 
creo que su trilla debe ser más trabajosa que la del 
común, si se va a hacer con las patas de los caballos 
según aquí se acostumbra. 

719. — Para desgranarlo tengo para mí que debe 
ser major el mallo que describí en el número 409, al 



JOSE BIANUEL PEREZ CASTELLANO 



que Rozier dibuja perfectamente en el tomo 3, lámina 
3, figuras 27, 28 y 29 cuando trata de los instrumen- 
tos de agricultura en la palabra instrumento. Yo no 
he leído a Rozier en su original: y así no sé cómo 
llama en francés a ese instrumento» £1 traductor unas 
veces le llama látigo, y otras azote, tal vez porque con 
ese nombre será conocido en algunas partes de Es- 
paña* Pero aunque en el francés se le llame jouet^ 
bueno nombre con que se significa el látigo de los cocheros, 
:udír el que aunquc tenga el mango o cabo de madera, sólo 
Berbt- hiere con una correa o de cáñamo o de cuero; parece 
muy impropio en el castellano el nombre de látigo 
o de azote para significar un instrumento, que es de 
madera aun la parte con que se sacude el grano* Un 
castellano bastante instruido me dijo que en Castilla 
U Vieja, íu país, se llamaba manal^ nombre que me 
parece sincopado de manual; porque es cierto que 
ese instrumento, según se dijo en el lugar citado, 
es muy manejable. Pero siendo ésta una cuestión pu- 
ramente de nombre, sólo digo, que con el mallo, ma- 
nal o látigo se puede desgranar cómodátnente ese 
trigo: y añado, que para desgranarlo con más facili- 
dad juzgo conveniente que la sementera de ese trigo 
se haga algo más temprana que la del común; por- 
que creo que ese trigo de Trápani no estaba perfec- 
tamente sazonado cuando ae segó, no sólo por la 
flacura de los granos de la última espiga, sino tam- 
bién porque la parte de la caña que vino con ella^ y 
aún con las pnmeras, estaba de alto a bajo llena de 
arrugas que la representaban estriada a la simple vista, 
y por consiguiente que se había cortado sin sazón, 

720. — Ro2Íer en la descripción de ese trigo dice 
que tiene la caña más gruesa que los demás, sin hacer 



[260] 



OBSERVACIONES SQBHE AGRICULTURA 



mención ninguna de que la caña es maciza. Las es- 
pigas que yo traje de lo de Trápani sobre ser de caña 
maciza, eran de caña notablemente más delgada que 
las del trigo común; cuya comparación pude hacer Antilogía 
sin salir de mi casa; pues tenía en ella las espií^ag 
antiguas, de que Mee relación en el número 363, Sos- 
pecho que la antilogía o contradicción que hay entre 
las espigas de Trápani y lo oue refiere Rozier. puede 
ser sólo aparente; porque Rozier hablará del trigo 
de Berbería perfectamente sazonado, y entonces su 
eafia puede no ser maciza, y ser más gruesa eme la 
del trigo común: y que el mismo triffo tomado sin 
sazón, se^ún rae parece que estaba el de Trápani, es- 
treche y adelsface la caña, represen lántl ola maciza y 
mucho más delgada. Esta diferencia entre el trisro de 
Berbería que describe Rozíer, y el crae vo he tenido 
en mi mano, es otro fundamento «obre loq ane antes 
insinué para sospechar que el trigo de Trápani se 
cortó sin perfecta sazón. 

721. — Por esto creo que el triírn dp BprbPTia se 
debe sembrar temprano, y que debe «íembrRr^e no 
BÓlo separado del común, sino bien di^tí»nte dp él: 
pues de lo contrario pudiera suceder aue por el de<íeo 
de tener muchas especies de trigo, llegásemos a no 
tener ninguna buena, o que a lo menos bastaTc7pa«;e 
el trigo común, que para pan es acruí excelente, sesvr) 
sospecho que ha sucedido con la lechuda blanca fla- 
menquilla, que se nos ha desaparecido por el luí o 
de tener en una misma huerta muchas especies de 
lechuga, de lo cual di el fundamento y razón en el 
número 477. 

722. *- Por lo demás estoy persuadido que ese 
grano de Berbería por la abundancia con que acude 

[26Í} 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



y por su tamaño, que me parece algo mayor que el 
del trigo común, sería muy útil, no tanto para hacer 
pan, como para alimentar con él las aves; pues ya 
dije hablando de ellae en el número 386 que importaba 
variarles el alimento, y que creía que el del trigo no 
ocasionaba a las gallinas la pepita, que sospecho se 
les cría con el maíz, cuando éste es continuado y 
pora galtf. siempre el mismo por la razón que allí se dio. El 
que las espigas de egte trigo den comúnmente más 
de 80 granos arguye un multiplico prodigioso; pues 
Rozier en la página 446 del tomo 15, dice en una 
nota, hablando del trigo común, que "cuando una es- 
piga se halla completamente desarrollada, en flor y 
sin haber padecido ningún daño, presenta veinte flores 
en cada orden o fila, y una en la cima, que hacen 
todas ochenta y una; pero la mayor parte de los gér- 
menes abortan^ durante la formación de la espiga, o 
al tiempo de au florescencia". Esto quiere decir que 
una espiga del trigo común tendría cuando más 81 
granos si lograse todas sus flores; y como yo he di- 
cho en el número 704, que yo en una espiga grandop 
escogida y que estaba a cuatro órdenes de cada lado, 
he contado 84 granos ; ' se compone esto bien con que 
Rozier habla de allá y de lo que comúnmente sucede 
en la florescencia de la espiga; y yo hablo de aquí 
y de lo que se ve en una tal cual; porque lo común 
es hallarse esas espigas a dos órdenes de cada lado, 
y así regularmente suelen tener sólo de treinta a cua- 
renta granos; en vez de que las de Berbería según 
lo visto en el presente año, en que el trigo común 
ha acudido poco, tienen por lo regular más de ochenta. 

723. — Cosechas de trigo común tan abundantes 
como las que el Inca Garcilaao, por relación de Garci 

[262] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



Vázquez y de Gonzalo Silvestre, refiere en el tomo 5 
de BU Historia del Perú capítulo 46, haberse cogido en 
el valle de Huarcu, en que el trigo acudió a trescien- ^^^^^ 
tas por una, y en la provincia de Chuquisaca sobre co 
el Pilcomayo, en que pcudió a cuatrocientas y a qui- 
nientas, son tan raras, extraordinarias y portentosas, 
que de ellas no pueden deducirse consecuencias ge- 
nerales, que sólo se deducen de lo que comúnmente 
sucede. 

724. — Por esto y por lo que antes se ha dicho, se 
debe concluir que el trigo de Berbería se debe esti- 
mar por su abundancia; que lo debemos, o nos con- Saco 
viene sembrarlo, aunque no sea más que para las aves : ^' ^'"^ 
que si por lo pronto no hay como trillarlo, me parece 

que se puede g;uardar en gavillas con la espida, e irse 
desgranando poco a poco según se haya nnenester, 
o sacudirlo todo cuando haya comodidad y buen tiem- 
po; pnes ya he dicho que el grano no salta del casuUo 
con la facilidad que el común. 

725. — Con motivo de hablar del trigo de Berbería, 

y de la comparación que hice de sus cañas con las 
de las cinco espigas antiguas que conservaba en la 
pequeña pieza en que escribo: me acordé que tenía 
que sembrar algunos granos de ellas el presente año sienV 
de catorce según prometí en el número 363: A cuyo no* 
fin llenó de buena tierra vegetal un cajón de tres 
cuartas de largo, media vara de ancho, y un pie de 
profundidad; y siguiendo la dirección de una regla 
íoimé con el dedo cinco surquitos a lo largo del ca* 
jón, y en cada uno puse a igual distancia seis granos, 
tomados con separación de cada espiga: de suerte que 
seis granos de la primera espiga los puse en el pri< 



C 263 ] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



mer surco: seis de la segunda en el se^ndo, y así 
de los demásj y los puse en 5 del presente abril. 
Cuando desgrané las espigas advertí que los granos 
estaban más llenos de lo que yo me temía por lo que 
había visto en algunos que tomé de los casullos in- 
feriores, y referí en el lugar citado. Me parece que 
en lo general los granos habrían mermado como una 
cuarta parte de su natural volumen; sólo los de una 
espiga eran más flacos y podrían haber mermado 
como hasta la mitad del peso o del volumen que te- 
nían cuando se recogieron. Por lo demás se hallaban 
perfectamente sanos y tan bien conservados, que dan 
esperanzas de que su sementera no será infructuosa 
para lo que se intenta saber. 

726. — Este número lo deje en blanco para dar ra- 
zón del resultado de los granos antiguos que sembré 
en 5 de abril: y digo que no correspondieron a la 
esperanza que tuve cuando antes de sembrarlos los 
vi en muy buen estado; porque en dos meses que es- 
tuvieron en la tierra con tiempo favorable para na- 
cer, no ha nacido ninguno hasta el presente cinco de 
junio; antes se han convertido en ella cuando al pre- 
sente no se ve en la tierra ningún grano ni lleno ni 
vacío. Después de esta experiencia se debe fallar que 
el trigo no conserva, ni puede conservar su virtud 
productiva por tan largo tiempo como el que tenían 
esos granos. La demasiada confianza que tuve en que 
guardado el trigo en su casuUo por largo tiempo, 
conservaría su germen vivo^ me hizo descuidar de 
sembrarlo antes del término que he dicho: y así no 
puedo decir a qué plazo podrá alcanzar sin que se 
desvirtúe; porque ni he hecho de ello experiencia, 
ni he leído, que yo me acuerde, cosa alguna sobre el 



[264] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



particular. Rozier, que en varios artículos de su obra 
trata largamente de la germinación de los granos, 
guarda un alto silencio sobre lo que parecía más im- 
portante que se supiese, a fin de que ningún labrador 
encomendase a la tierra un grano, incapaz de nacer 
cuando podía aprovecharlo en otros usos y hacer buen 
pan, que creo se puede hacer excelente con un trigo 
muy viejo^ si se ha conservado sano y enjuto» 

He sembrado a fines de mayo del presente año de 
catorce algunos granos del trigo que me dieron de 
Berbería, y a su tiempo, queriendo Dios, daré noti- 
cia del resultado, y si es fundada la sospecha que tengo 
vehemente de que es un trigo muy expuesto a cariarse 
según lo advertí en algunos granos picados cuando 
los saqué de la espiga, y mucho más cuando abriendo 
el papel en que los tenía envueltos, advertí algunos 
granos comidos, y en el fondo del papel un polvo 
blanquizco como el que despide el gorgojo cuando se 
apodera del trigo, aunque no pude ver, auxiliado de 
los anteojos con que leo, y de la luz viva del sol, 
insectillo ninguno; porque si es trigo que puede aca- 
rrearnos algún gusano pestilencial, debemos renunciar 
a su abundancia, como a la caja de Pandora. 

NOMENCLATURA 
DE LAS PARTES DE UNA FLOR 

727. — A fin de que los labradores, que lean esta 
colección de observaciones, no ignoren el significado 
de las voces con que tal cual vez se nombran en ella 
algunas partes de las que componen las flores de las 
plantas; me ha parecido conveniente añadir por úl- 
timo una explicación de las voces más comunes que 



[265] 



JOSE MAI^BL PEREZ CASTELLANO 



se suelen usar para significarlas; la qu© principal- 
mente he tomado de la página 293 del tomo 7 de la 
misma obra de Rozier, y es como se sigue: 

728. — Antera — es la parte sexual masculina, que 

se halla sobre los estambres, y contiene el polvo fe- 
cundante, que cae sobre el estigma, parte sexual fe- 
menina, que regularmente se halla sobre el estilo, y 
éste sobre el pistilo, que tiene su base en el ovario, 
en que está el fruto, 

729. — Cáliz — en la flor comúnmente se toma por 
las cubiertas de color verde, con que las partes más 
delicadas y vistosas de la flor están cubiertas y res- 
guardadas cuando se halla el botón cerrado, y les 
sirven de sostén a los pétalos u hojas de la flor cuando 
ésta se abre, y en muchas sirve para que las hojas 
puedan contornearse bien. 

730. — Corola — que a veces es de un solo pétalo, 

hoja o pieza, como en las campanillas^ y a veces de 
muchas como en la rosa; es la parte más brillante de 
la flor en la clase de tal, y es la que abriga más in- 
mediatamente que el cáliz las partes sexuales y el 
embrión o fruto. Se puede decir que los pétalos u 
hojas de la corola son los pañales, y que las del cáliz 
son las mantillas, con que se abrigan los tiernos fru- 
tos y las partes destinadas a su formación. 

731. Estambres — son comúnmente unos hilos 
largos iguales o desiguales, sobre los que se sostienen 
las anteras o parles sexuales masculinas, como se sos- 
tienen las más veces sobre los estilos los estigmas o 
parte sexuales femeninas. 

[266] 



OBSSlRVACtONES SOBRE AGRICULTURA 



732. Nectario — es aquel lugar en que las flores 
suelen tener un néctar o licor dulce, en que se ceban 
los picaflores» mariposas, abejas y avispas, haciendo 
de él su alimento. En las más ¿e las fibres se halla 
eü el fondo de la corola o del cáliz; pero en otras 
como en las alcachofas de los cardos, suele estar pe- 
gado a los estambres, estilos o filamentos, sean ma- 
chos o hembras» que forman lo más vistoso de la flor, 
y se colorean de blanco, inorado y azuL 

733. — Pistilo — se compone de tres partes, del 
ovario, del estilo y del estigma. El ovario es la base 
del pistilo, y contiene los embriones o gérmenes. El 
estilo es un cañondllo, casi siempre firtulado, que 
sabe más arriba del ovario, o tiene inserción muchas 
veces a su lado o en su base, y sostiene el estigma o 
parte superior del pistilo. 

734. * Estas partes son las más comunes en las 
flores, y digo más comunes; porque acontece que en 
ciertas especies faltan algunas de estas partes: unas 
veces el cáliz, otras la corola, en éstas los filamentos 
de los estambres, en aquéllas el estilo del pistilo; 
pero nunca la antera, ni el estigma, ni el ovario; por- 
que éstos son órganos absolutamente necesarios para 
la fecundación. Estas partes esenciales en la genera- 
ción de las plantas muchas veces se hallan reunidas 
en una flor, como ea las alcachofas, y entonces se 
llaman hermafroditas, porque reúnen las partes se- 
xuales masculina y femenina; pero si sólo tienen es- 
tambres sin pistilo se llaman machos; y al contrario 
se Uaman hembras cuando no tienen más que pistilo 
sin estambres, como acontece en los nogales. En éstos 
las flore$ machos, aunque separadas de las hembras 



[267] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



9© hallan sobre un mismo árbol; y en otros, como en 
los umbús y laureles, la? flores machos se hallan en 
árbol separado de aquél en que están las hembras. 

735. — Las flores que se hallan encadenadas y col- 
gantes en muchos árboles, como las flores machos del 
no^al, del sauce« del umbú^ se llaman de candelilla o 
de trama: las que están agrupadas unidas a un eje 
común por pedúnculos más o menos largos como las 
del mijo, del amaranto, que acpii llamamos penacho 
o yuvo colorado, las del trigo o maíz de Guinea, so 
llaman flores en panoja: se llaman flores en corimbo 
o en maceta cuando de diversos puntos de la planta 
salen a terminarse arriba casi con igualdad; pero dis- 
tribuidas pnr diversos puntos de un mismo plano; 
en cuya forma se ven aquí muchas flores en varias 
hierbazas, que se crían en valles y lugares frescos: 
cuando están sentadas las flores en una especie de 
marlo como en el Uantén y en las gramillas se llaman 
flores en espiga: en fin cuando las flores con diver- 
sos y largos pedúnculos forman una especie de para- 
sol como las viznagas, los hinojos, las chirivías, se 
llaman umbeladas o aparasoladas. 

736. — Omito otras científicas explicaciones^ que 
se pueden ver en el mismo tomo 7 y distribuidas en 
muchas partes de esa obra, porque no hay necesidad, 
ni creo que utilidad real, de que las sepan los labra- 
dores, y porque están en un idioma^ con que^ según 
dice don Vicente de los Ríos en su análisis del Qui- 
jote, se han querido oscurecer las artes. Cada vez 
que yo leo en Rozier las explicaciones de la anatomía 
de las plantas, las de química, medicina y otras fa- 
cultades; hallo que el ilustre defensor de la agricul- 



[268] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



tura de España don Gaspar Melchor de Jovellanos 
censura con razón en su informe al Concejo en nom** 
bre de la Sociedad Patriótica de Madrid, el fausto 
científico con que los sabios profesores tratan las fa- 
cultades útiles y prácticas; porque dice que **al con- 
siderar sus nomenclaturas, sus fórmulas y el aparato 
de su doctrina^ pudiera sospecharse que habían cons* 
pirado de propósito recomendarla con lo que más 
la desdora, esto es presentándola como una doctrina 
arcana, misteriosa e impenetrable a las comprensiones 
vulgares*** 



[260] 



INDICE ALFABETICO 

De las cosas notables que $e corttíenm m el opúsculo 
y mplemerOo 

A 

ABOLLADOS, duraznos buenos, pero dan poco, 120. 

ABRIDORES o priscos» duraznos blancos y amarülos 
son buenos» pero los blancos mejores; los logré fi- 
nos de hueso en el primer aknácigo, 112; en el se- 
gundo degeneraron, ibi; y en el tercero también, 
113; para lograrlos me acogí al injerto de púa con 
mal suceso; después al escuda dormido con bueno, 
ibi; engaño general que creo se padece en lograrlos 
por abnácigo, 114; desengaño no udmitido, 115; 
abridor peloncillo de S. José» bueno; para dulce^ 
mejor, 116, 

ACELGAS vivaces, modo con que se crían, 480. 

ACEITE, se hace con aceitunas maduras; cuál es su 
sazón, 628; se separan las caídas, las pasadas, las 
verdes, las picadas, y se toman a mano las maduras 
para el buen aceite, 629; se toman con escala, 631; 
se estrujan luego que se recogen, o se ponen tendidas 
y en lugar fresco para que no fermenten, 632; modo 
de separar las diferentes clases de aceite y su destino, 
633; el aceite superior se saca sólo de la pulpa, 634; 
pruebas de ello, 635 hasta 639; para el buen aceite 
convi^ie no triturar el hueso; modo de hacerlo, 640 
haata 646; para acelerar que las heces del aceite se 



[271] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



precipiten, se le echa agua en que se haya disuelto 
alumbre, 648. 

ACEITUNAS para adobar, su sazón — **machacadas'\ 
622; "rajadas", 623; ''enteras^', 624; "secas", 625; 
de la "reina'', 626; modo de tomarlas, 627* 

ADVERTENCIAS sólo para inexpertos, 181 y 182, 

AJENJO, planta vivaz, modo de tenerlo, 492. 

AGRICULTURA, implora protección de la justicia; 
modo directo de dársela, 599 hasta 612; modo indi- 
recto de protegerla, 613 hasta 620. 

AGUA, destieria las honuigas, 17 y 18. 

AGUADA, se debe en ella conservar la arena, y retirar 
los edificios, 618. 

AGUADAS empuercadas y perdidas por los cerdos, 
601. 

AJOS, tres especies; se cultiva la mejor; modo de po- 
nerlos, 448; senderos útiles entre los canteros, 449; 
se carpen oportunamente, 450; tiempo de sembrar* 
los y recogerlos, 451; modo de enristrarlos, 452. 

ALAMOS, quien los trajo, y modo de ponerlos, 324. 

ALVERJAS de flor blanca, buenas; de flor morada, 
malas, 413. 

ALFALFA, planta muy vivaz, aquí desconocida, 399; 
se recomienda por su utilidad; modo fácil de avi- 
varla; tiempo de sembrarla, 4^0 y 401; de traspo- 
nerla de raíz, 401; prueba geométrica de su ventaja, 
402; mayor que la de otro prado artificial, ibi; y 
mucho mayor que los naturales, 403 ; sirve de ador- 
no a la casa; de pasto y abrigo a las gallinas, 404. 

ALBARICOQUES, son de menor mérito que el da- 
masco que los faa sustituido, 173. 

ALCABUCILES, se ponen de semilla, traída de Espa- 
ña; la que ae recoge aqui bastardea; pero se multi- 



[272] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



pilcan sin degenerar de los retoños que echan al pie, 
506, 

ALJIBE, importante para el servicio de la casa, 552; 
6i es en escuadra^ se hace en escuadra y a plomo la 
excavación^ 553; se le echa suelo según el número 
554; se da modo de hacer la excavación para el re- 
dondo, 556; y de sacar la tierra, 557; de bajar el ma- 
terial; cuadro y círculo figuras predilectas, 558; mo- 
do de hacer ladrillo para el redondo, 559; ventaja de 
los ladrillos en cuña, 560; modo de echar el 'Suelo, 
561 ; pared a plomo sin cintrel; cintrel fijo, y por qué, 
562; bóveda sin cimbria, 563; anillo, 564; brocal, 
565; reparo satisfecho; puerta horizontal es mala, 
566; ^vertical buena, 567; modo.de medir un aljibe 
redondo, 568 y 569; de medir la cavidad de la bóve- 
da, 570; prueba ocular, 571; vara cúbica reducida a 
pipas, 572; utilidad de saber la capacidad de un 
aljibe, 574; peso de una vara cúbica de agua, 573; 
el agua del aljibe debe ventilarse, 575. 

ALHUCEMA, planta vivaz, modo de multiplicarla, 491. 

ALMACIGO de plantones, bueno, 37. 

ALMIAR, modo de formarlo provisionalmente para el 
maíz, 392; para la chala, 394; y para el maní, 419- 

ALMIBAR, modo de hacerlo y purificarlo, 257 y 258. 

ALOJA de membrillo y de manzana, 272 y 273. 

ALPISTE, grano tritíceo para paj arillos, 397, 

ANDAY, dos ^pecies de calabaza y analogía entre 
plantas y brutos, 440; son buenos para embarcar, 
441. 

ALMENDROS, aquí no han probado, 175; pueden 
probar en algún paraje de esta vasta campaña, 176. 
AÑO secular de la fundación de Montevideo, 262. 

[273] 



JOSE liffAMUlü, FEHEZ CASTBLLA2TO 



APIOS se siembran de semilla, su tiempo y cultivo, 
487. 

ARANDELA, su descripción y uso, 236; aquí necesa- 
rias, particularmente para estacas de olivo, 235 y 
281. 

ARBOLES silvestres, deben no cortarse fuera de su 
tiempo, 319. 

ARENA fma, recurso contra hormigas, 237; la tercia- 
da buena para mezcla donde se halla, 554. 

ARGAMASA, modo de hacerla; tiempo y modo de 
ponerla, 534; en tiempo de soles fuertes conviene 
darle con sebo, grasa o aceite de cualquier calidad 
que sea, 536; ejemplo de su utilidad, 535; la arga- 
masa con polvo de ladrillo conviene no hacerla con 
más anticipación que la de un día; y la que lleva 
sólo cal y arena importa que no se anticipe más de 
veinte, 555« 

AZOTEA, en los lechos tiene a su favor la opinión co- 
mún, 531 ; condicioneg que debe tener ese techo para 
que no sea malsano, 532, 533 y 534; razón porque 
en el invierno da frío a las piezas y calor en el vera- 
no« 537. 

ANTERA, parte de flor, 728. 

AZUCENA, vivaz, modo de tenerla, 513. 

AZUFííAR, vasijas para conservar el vino, 671, 

B 

BARRO negro, esto es el que se hace con la tierra 
vegetal negra de la superficie, es excelente para ar- 
cos cuando la obra se ha hecho con barro, que tam- 
bién debe hacerse de la misma tierra negra, la que 
por su buena calidad se puede llamar cal de po- 
bres, 529. 



[274] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



BATATAS, las hay aquí blancas y rojizas; se siem- 
bran por el equinoccio de setiembre, 424; se deben 
recoger antes de los hielos; duran poco, 425» 

BERENJENAS, su semilla viene de España; modo do 
sembrarla y cultivarla, 498. 

BISAGRAS, para escala doble de mano, con que poder 
tomar frutas^ y ésta es mejor que la que usamos de 
un pie, 630. 

BOVEDA, sin cimbria, 563. 

BOSQUES naturales, son comunes a todos, 315; abu- 
so y su remedio, 314^ 316 hasta 318. 

BREVAS negras, son excelentes, 185; blancas nuevas» 
187, 

BROCAL de aljibe, figura conveniente, 565. 

BROCULI, especie de col más fina que la coliflor; 
tiempo de sembrarla y recoger semilla, 470« 

BUEYES, conviene en las chacras tenerlos a pesebre; 
dimensiones que debe tener, 576; tablado para quo 
duerman, 577; limpieza diaria, 578; comedero y 
modo de asegurarlo, 579; en tiempos benignos pue- 
den dormir a corral, 596. 

BUGANGO, calabaza o zapallo de Guinea; modo de 
cultivarlo, 438; excelente. para embarcar a largas 
navegaciones, 439. 

C 

CABALLOS, se deben tener en caballeriza, 58; de 
alquiler, no mantenidos a pesebre, perjudiciales, 602 
y 608; cómo se cuidarán los del Rey, 610 y 611. 

CABALLERIZA, moda de hacerla, 580; debe llevar 
sobrado para el forraje, 581; manera del comedero, 
582; cordón que debe llevar, 583; puede servir paia 
algunos trastes, 584. 



JOSS MANUBL PZREZ CASTELLANO 



CALABAZOS, que no son de comer, 444 hasta 446. 

CALIZ de flor que viene a ser, 729. 

CALLES, en el campo deben ser más anchas que en 

la ciudad, y por qué, 617. 
CAÑA ahorquetada para matar gusanos, 69 y 81, 
CAÑAS, útiles «n ana casa de campo, 592; sazón en 
que se deben cortar, 593; nombre que Ies damos 
acredita que se trajeron de España; modo de criar- 
las, 594. 

CARDOS blancos, vinieron de España, modo de cul- 
tivarlos; aquí degeneran y se hacen bravos, 505; a 
éstos los llamamos de Castilla por su origen, 499. 

CARDILLOS o tagarninas, su cultivo, 507; su uso, 
508^ 

CARAGUATA-GUAZU llaman los guaraníes a la pita, 
20. 

CASA, sea choza, rancho de paja, o de materiales más 
fínnes debe ponerse en terreno elevado, preservado 
de humedades, 517; cuando es casa firme conviene 
hacer lo que se pueda sobre un plano, eligiendo el 
terreno con más meditación y abriendo cimientos de 
lo que se haga con arreglo al plano, 525 hasta 527. 

CARRETILLAS de mano, útiles y modo de hacerlas, 
662. 

CEBOLLA, su semilla, tiempo y modo de sembrarla, 
453; modo de trasplantarla, 454; sazón y modo de 
enristrarla, 455; remedio que se hace con la blanca, 
importante y digno de saberse, 456 hasta 458; modo 
de conservarlas y verdearlas, 459 hasta 462. 

CEBADA, buen grano para animales; tiempo de sem- 
brarla y recogerla, 398, 

CEÑIDOR útil en los umbús, 337. 

[276] 



OBS3&HVACIONES SOBBE AGRICULTURA 



CEPAS, modo de ponerlas para vino, 310; y de podar- 
las y limpiarlas, 308; de cavarlas y carpirlas, 651. 

CERCO, necesario en una chácara, 1; en otro tiempo 
era bueno con membrillos; al presente los aniquila 
la carcoma, 2; no se pueden curar, 3; de zanja per- 
judicial, 4; pierde los caminos, 5; zanjas sobre ca- 
lles debe prohibirlas el gobierno, 6; son abrigo de 
sabandijas, 7; guarnecidas eon tunas, peores, 8; de 
membriUa si no hay carcoma es bueno, 9; cerco 
de tala bueno, 10; modo de poner las talas^ 11; 
ejemplos de eu bondad, 12 y 13; con tunas y pitas 
en albardón pésimo, 19; puestas en llano no lo seria 
tanto, 20 y 21; cerco cuadrado ventajosoi 22 hasta 
29. 

CENIZA de umbú buena para jabón y modo de hacer'» 
la, 339; de quinua, yuyos penachos o amarantos lo 
es también, 340. 

CERDAS, defensiva dei hormigas; modo de ponerlas, 
235. 

CHALA, para animales, 394 y 395. 
CHICHARO, menestra buena para sopa, 414, 
CERDOS, útiles encerrados; suelto» perjudiciales, 585; 
modo de hacerles zahúrda o pocilga, 586; corral de- 
be llevar^ y modo de hacerlo con firmeza; todo dis- 
tante de la casa, 587; hozan y pierden los campos, 
601 y 611. 

CHARCO, útil en una chácara, y mucho más si se guar- 
nece con cañas, 594. 

CHIMINEA, necesaria, 539; de cajas buena, ibi; ma- 
dero para chiminea y modo de ponerlo, 540; modo 
de hacer la campana, 541; cañón, modo de hacerlo 
y enlucirlo, 542; cajas de chiminea, y su ejecución, 
543 y 544; razón de la mezcla para chiminea, 545 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



y 546; el aire debe entrar sólo por el frente, y 
ejemplo de esta verdad, 547;" modo de hacer las chi- 
mineas pequeñas, 548 y 549; excelencia de las pe- 
queñas, 550; chiminea mala es un infierno; ejemplo 
de eUoy e inconveniente de las chimineas volantes, 
551. 

CHINCHES, modo de exterminarlas, 684. 
CHIRIVIAS, qué son, 487, 

CHUPONES, en el membrillo buenos para sostener el 
injerto de púa, 89. 

CIELO ras o útil, y aun necesario en casas de azotea, 
y modo de ponerlo, 533. 

CIDRA árbol, 202; modo de criarlo, 253. 

CIDRA cayote, planta rastrera, 442» 

CIGOÑAL, instrumento sencillo para sacar agua, 481 ; 
condiciones que debe tener para que sea bueno, 
482; ventaja de la palanca larga, 483; conviene que 
el pilar sea de madera incorruptible, y modo de 
ponerlo, 484; advertencia útil sobre el cigoñal, 485; 
prueba, 486. 

CILANTRO, hortense y silvestre, 490. 

CIMARRON, voz, su origen, 501. 

CIRUELOS, en el Miguelete no prueban, y ahora se 
carcomen, 174. 

COLES, varias e^peciea, 463; lombarda tiene boga al 
presente; tiempo de semilla, precaución para ella, 
siembra y trasplanto, 465, 

COLIFLOR, aquí degenera; viene la semilla de Euro- 
pa, 467; modo de propagarla sin semilla, 468; otro 
modo de lograrla fina, y tiempo de sembrarla, 469. 

COLINABO, su descripción y poca utilidad, 466. 

CLARABOYA, en las cocmas de paja para el humo, 
524 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



CORRAL, para caballos y bueyes necesario^ 596; debe 
ser cuadrado, 597; modo de hacerlo, 598; para cer- 
dos^ véase esa palabra. 

COROLA, parle de flor, 730. 

CRISTEL, instrumento necesario para curar manzanos 

de la carcoma, 72 hasta 78. 
COSECHAS clasificadas, 363. 

CUADRO, esta figura es la más ventajosa para cercar, 
y el cuadrilongo, aunque nunca lo es tanto, será me- 
noá dispensioso cuanto más se acerque al cuadro» 
22 hasta 28. 

CURIS, especie de pino, 330; su descripción, 331; se 
dimatizany 332. 

D 

DAMASCOS, quién los tuvo primero én la provincia, 
164; exigen abrigo, 165; se injertan de púa y mejor 
de escudo, 166; prosperan mejor en la ciudad» 167, 
171 y 172; los ataca la carcoma, 169 y 170, 

DAÑOS que sufren los labradores, 601 y 602« 

DISTANCIA, que debe observarse entre los naranjos, 
218; y entre los olivos, 291 y 292. 

DORNAJO, pieza de madera para echar de comer y 
beber a los cerdos^ 587. 

DURAZNOS, de varias especies, 107 hasta 126. 

DULCE, de durazno, 118; de frutas citrinas, 256 has- 
ta 259; de cidra cayote, 443; rojo de membrillo, 
268; rubio de ídem, 269; dulce jalea, 271; de rosa 
y flor de durazno, 270; de tomate, 496. 

DULCE debe ser el durazno para los buenos orejo- 
nes, 162. 

DULCE debe ser la uva para el buen mosto, la buena 

fermentación y el buen vino, 664 y 658. 
DULCE debe ser la manzana para la buena sidra, 702. 



[279 ] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



E 

ENDIVIAS, especie de escarola, 478. 
ESCALERA de mano, para coger frutas, 630. 
ESCAROLAS, tiempo de sembrarlas, 478. 
ESCOBAJO} mezclado al mosto, da aspereza al vino, 
687. 

ESCUELA de dibujo, sería útilísima, 525. 

ESPAÑOLETO, especie de durazno bueno, 111. 

ESPARRAGOS, modo de ponerlos, 502. 

ESPECIES de una familia, pocas y buenas, 477- 

ESPIGAS antiguas, 363; se sembraron sus granos en 
5 de abril, 725. 

ESPIGAS de Berbería, acompañadas de otras peque* 
ñas, 716; de caña maciza, 717. 

ESPINACAS, modo de sembrarlas, 48ft 

ESTACA corta en los olivos, mejor que larga, 288; del- 
gada mejor que gruesa, 282; modo de hacerle corte, 
283; nueva mejor que vieja, 284. 

ESTAMBRES, parte de flor, 731, 

ESTIGMA, parte de flor, 733. 

ESTILO, parte de flor, 733. 

EJIDO, para la ciudad, lugar conveniente, 616. 

F 

FAUSTO científico, 736. 

FECUNDACION interna de las flores, 833; extema, 
834, 

FORRAJE para los bueyes, se acomoda en un tablado 

del pesebre, 576. 
FORTALEZA en altura, para la defensa de la Plaza, 

614 y 615; paracci que pensaron en ella los ingleses. 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



619; es del voto general del pueblo, 620; y lo fue 
desde el principio, 614. 

FERMENTACION, cuando llega en el mosto a la ma- 
yor altura, adquiere por ella poco después gusto y 
olor de vino, y se trasiga, 675 hasta 681; excesiva, 
esto es de mucho tiempo, siempre es mala, 685; modo 
de fomentarla, 664. 

FLOR, nomenclatura de las partes que la componen, 
727 hasta 736. 

FLORES de trama, en panoja, en cormibo y en espi- 
ga, 735. 

FRESAS o frutillas, modo de ponerlas, 510; un fruti- 
llar muy sucio no se puede limpiar, 511, 
FRISOLES o porotós, 420. 

FRUTO principal de la naturaleza; suele no serlo el 
de los hombres, 498. 

6 

GANADO vacuno, mocho o sin cuernos, 123 y 124. 

GALLINAS, molestas, pero útiles, 595. 

GALLINERO, modo de hacerlo, 588 hasta 590; venta- 
ja de otra pieza encima, 591. 

GANCHO, que debe llevar el que mata los gusanos do 
cesto, 80; y para tomar aceitunas a mano, 630» 

GAVIOTILLAS, muy útiles a loa campos, debía pro- 
hibirse el matarlas, 359. 

GARBANZOS, tiempo y modo de sembrarlos, 414. 

GRANEL trigo a, expuesto a perderse, 375 hasta 378. 

GRANEROS, o afanacenes para trigo aquí no los hay 
con las condiciones que deben tener, 373. 

GORGOJO, pica el grano sin calentarse; noticia ga- 
ceta! falsa, 379; mal de gorgojo incurable, 380; ori- 
gen dudoso del gorgojo, 381; dificultad contra el 



1281] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



huevo en el grano, 382; evidencia ocular de que no 
sale del grano, 383» 

GUINDO, una sola especie^ pero útil, 173. 

GUSANO carcoma^ peor que el de cesto; qué insectos 
ponen los huevos, 66 y 67; cómo los ponen, 68; 
modo de matarlo, 69 hasta 83, 

GUSANOS de ceslo, que infestan los mázanos, 60; 
se recogen y se queman, 61 ; recién salidos del casca- 
rón no son delicados, 62; todos los cestos deben 
quemarse, 63 hasta 65. 

H 

HABAS, se siembran a principios de mayo o junio; 
modo de sembrarias, 405; para las habas y otras 

semillas el estiércol es milagroso, 406; modo de 
cogerlas y trillarlas, 408. 

HAYAS, tienen las hojas pareadas en todos sentidos, y 
son árboles de buena carnadura, 334. 

HIERBA buena<, planta vivaz. 489. 

HIGOS, redondos morados delicados, 184; blancos re* 
dondos, y largos negros, buenos para pasas, 185. 

HIGUERAS, se injertan de púa tomada del extremo, 
sin corlarlo, 188; de escudo nunca he logrado injer- 
tos, 189; rara vez se injertan, 190; se ponen de plan- 
tas y buenas ramas, acodadas como los sarmientos, 
193; en buen terreno enjuto, pero jugoso, 191 y 192. 

HINOJO, fue hortense en el Miguclete; ahora se cría 
sin cultivo, 155. 

HOLLEJO en el mosto, materia colorante, 682. 

HORCON de ñandubay incorruptible; si es de sauce 
no se descorteza. 521, 

HORMIGAS ligeras, color de pulga deslucen los naran- 
jos, y remedio, 233. 

[282] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



HORMIGAS negras, color de pólvora, se puede pre- 
servar de ellas con cerdas los arbolitos algo crecidos, 
235; mejor con arandelas cuando pueden ponerse, 
236 y 237; modo de matar las hormigas, 239 hasta 
243; para las estacas de olivo son insuficientes y tal 
vez perjudiciales las cerdas, 280; necesarias las aran- 
delas^ 281. 

HORMIGUEROS en las eras, fatales, 365. 
HORNO ermitaño, malo, 523. 

HOYOS para los árboles conviene anticiparlos, y m¿É 

para los olivos, 290. 
HUASCA, cuerda o correa, 131« 

HUAMPAR, cuerno de vaca, de ciervo o de cualquier 
_ animal que los tiene, 444. 

HUERTA, tierra de; ventajosa para sembrar trigo, 358 

y 359. 

HUESOS calcinados, excelentes para componer cami- 
nos; con ellos se hacen hormigones muy fuertes, 530. 

I 

IDIOMA oscuro, 736. 

INCLINACION particular del maní, 415. 

INJERTOS, los dos más comunes y mejores son los de 
púa o cuña, y los de escudo, 139, 127 hasta 144; las 
púas deben tener los ojos cercanos y saltones; en los 
árboles de hueso pareados, 127; los de escudo sa 
hacen sólo cuando corren los árboles, 128; modo de 
hacerlos, 130 y 131; de atarlos, 132; el modo de 
Virgilio es difícil, 133; el de aquí, fácil, 134; dormi- 
dos y despiertos sólo difieren en el tiempo, 135; dor- 
midos preferibles en árboles de hueso, 136; tienen 



[283] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



contra si la estrechez de! tiempo, 139; sobre injertos 
advertencias, 140 basta el fin del artículo; en los 
árboles citrinos sólo se hace el de escudo, y que el 
ojo no tenga espina, 246* 

J 

JALEA de membrillo y otras fintas, 271. 
JABON, modo de hacerlo, 338 hasta 342 y 344 hasta 
349. 

JOYO, cizaña en los trigales, de que ge deben limpiar, 
363; aquí se llama cola de zorro a la planta gramí- 
nea, que echa ese grano perverso que inficiona el 
pan, y causa dolor de cabeza; también llaman cola 
de zorro al acebén; pero esta planta da el grano 
más pequeño y sale por el harnero máa fácilmente 
que el joyo, cuando antes no salió en la era por el 
traspaleo. Una y otra están reputadas por hierbas 
ruines para el trigo, aunque el joyo, por lo dicho, lo 
es más que el acebén. La planta gramínea que los 
labradores llaman aquí balango, y creo que es la 
que en Europa llaman avena, no está reputada por 
muy perjudicial; pues sobre soltar casi todo su grano 
antes de segarse el trigo ^ dicen que la harina del 
balango no vicia la del trigo. El balango crece aquí 
más que el trigo, y se conocen dos especies, uno que 
da la semilla negra, y otro que la da blanca; pero, 
si es la avena de Europa, aquí nunca se cultiva como 
allá. Para un índice parece larga la digresión; pero 
la letra jota escasea tanto de palabras sustantivas del 
caso, que ha sido casi necesario suplir su falta con 
plantas impertinentes. 

JUNCO, bueno para capachos, 646. 



[284] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



L 

LABRADORES perseguidos y máltratados en paz y en 
guerra, 231. 

LAPACHO y toda otra madera, que no sea ñandubay 
o urunday rójo, se pudre en poco tiempo, si se en- 
tierra o le toca humedad encarcelada, 538. 

LECHUGAS, aquí ha habido muchas especies: la fla- 
menquilla blanca, que se ha desaparecido, era la 
mejor, sustituida por la negra, 474; oreja de muía 
y blanca grande, 475; escarolada blanca y negra, 
476; convienen pocas y buenas especies, 477. 

LENTEJAS, tiempo y modo de sembrarlas, 414. 

LIMAS agrias y dulces se estiman poco, 254. 

LIMON «Util no viene sino de semilla, y no de injerto, 
232. 

LIMONES comunes, se crían aquí bien; injertos en 
naranjos agrios son un almacén perpetuo de fruta, 
250. 

LIMONES reales, vienen bien de semilla y su fruto un 
quid pro quo de la cidra para dulce, 251; si son pa- 
trones de naranjos chinos, salen éstos enanos, 249. 

LIRIOS grandes, blancos y morados; los morados de 
Florencia son más finos, 513. 

M 

MADERA, para techos de paja, buena es el sauce y el 
álamo, 520; de naranjo, a qué se puede aplicar, 260< 

MAIZ, indígena de la América, 384; aquí hay cuatro 
' especies, 385 hasta 387; el de Minas se estima más, 
y se prefiere para la mazamorra, 388; un modo de 
sembrado, 389; otro mejor, 390; modo de carpirlo 



[285] 



JOSE MAmJEI* PEREZ CASTELLANO 



y descriarlo, 391; de cortarlo, 392; de asolearlo, 
393; descornar sus cañas puede ser perjudicial, 395. 
MAIZ de Guinea, 396, 

MALLO, su descripción^ 409 hasta 412; bueno para 
sacudir el trigo de Berbería; en Castilla se llama 

manal, 719. 

MANI, indígena de la América; tiempo de sembrarlo, 
415; modo "singular de sembrarlo y arrimarle tierra, 
416; de carpirlo, 417; y de cosecharlo, 419. 

MANZANA, aquí buena, 31 ; el árbol se puede propa- 
gar de tres modos, 32 ; de semilla, que degenera, 33 ; 
de plantón, 34 y de estaca, 35; es mejor de planto- 
nes en almacigo y que se descuernen, 36 hasta 38; 
modo de injerir los plantones y trasponerlos, 39 has- 
ta 43; los silvestres son infecundos, 44 y 45. 

MANZANO, palmero chico^ bueno, 46; razón del nom- 
bre, 47. 

MANZANO blanco, mejor, 48; por si mismo es pe- 
queño, 49; enano, injerto en membrillo, 50; no lo 
persigue la carcoma, 51; razón del nombre, 52; 
modo de injertar en árboles grandes, 53; debe ser 
en mayor número, 54; manzana blanca de duración, 
57; chilena, buena para sidra, 56; semejante a la de 
Asturias, 696. 

MANZANILLA de Castilla, fina hortense, 492; silves- 
tre o cimarrona, indígena de U América, 499; ré- 
plica satisfecha, 500. 

MAQUINA para descarnar aceitunas, 640; reparo so- 
bre ella, 641. 

MARIA santa, hierba vivaz, 492. 

MASERA, el lugar en que de pisa la manzana, y se 
reduce a masa, 697 y 701. 

MELOCOTON, durazno de aceptación general, 108. 



[286] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



MELONES, aquí buenos; su origen, 428; tiempo y 
modo de sembrarlos, 429. 

MATE, razón del nombre, modo de sembrarlos, y uso 
que tienen, 445. 

MEMBRILLO, en otro tiempo bueno para cerco, 2; y 
al presente donde no hay carcoma, 9 ; fundador de 
otros árboles, 261; es bueno para glorietas, 266; 
pudo traerse del Real de Vera, 267; hay aquí dos 
especies, 268; se puede lograr sin carcoma en luga- 
res de mucha vegetación donde alcanzan las crecien- 
tes, 274; modo de plantarlos, 275. 

MEZCLA de cal y arena con anticipación de más de 
veinte días, es mala, 555. 

METODO diverso para países diversos, 418. 

MIJO hortense y silvestre, 397. 

MORTERO suplente, 642; modo de hacerlo, 643; de 
montarlo, 6M; de usar de él, 645. 

K 

NARANJA, grande eslabón de las frutas, 210 y 211; 
almácigo de sus semillas, 212; elección de ellas, 213; 
se deben regar, 214. 

NARANJO, origen del nombre citrino, 202; los prime- 
ros que hubo en el Míguelete, 203; origen de los 
buenos que hay actualmente, 204; corta duración 
de loa chinos, 205; cuando se enferman, perecen, 
206; causa de su enfermedad, 207; quien halle mo- 
do de alargarles la vida merece premio, 209; agrios, 
longevos, 208; plantación en enero peligrosa; en 
octubre buena, 215; exigen buena tierra y abrigo, 
216; de árboles mejor, 217; deben distar seis varas, 
218; modo de ponerlos, 219; ventaja de eia manera, 



[287] 



TOSE MANUlfilj PEREZ CASTELLANO 



220; conviene anticipar los hoyos. 221; no es me- 
nester obsen'ar rumbos, 222; el nabo es bueno y 
no es necesario, 223; método trascendental, 224; 
riego parcial malo. 225; modo de regarlos, 226; en- 
fermedad mal achacada al riego, 227; el tiempo la 
descubre, 228; regla» de la experiencia, 2B0; plan- 
tas que les son dañosas, 232 ; manchas en los naran- 
jos, 233; se podan poco a poco, 234; modo de subir 
a los naranjos, 244; se toma la fruta con escalera, 
245; el chino se injerta en agrio, 246; se cortan 
antes las espinas, 247; ee injertan en días frescos, 
248. 

NABOS, tiempo y modo de sembrarlos, 471. 
NECTARIO, parte de flor, 732. 

NOGALES-, se ponen de semilla, 176; se pueden tras- 
plantar al añOf 177; distancia que se Ies debe dar, 
178. 

NUEZ bien conservada dura años, 179; modo de reco- 
gerla y asolearla, 180. 

» 

ÑANDUBAY, madera del país incorruptible, 484, 521, 
538 y 59a 

O 

OREGANO, planta vivaz, modo de ponerlo, 489. 

OJITO negro, poroto blanco de cuarenta días, 421; 
se cultivaban ojitos negros de Misiones, 423» 

OLIVOS, no conozco más que una especie, que es 
buena; se han traído de Buenos Aires, 276; se tra- 
jeron de Sevilla al Perú, y de allí a Chile, 277 y 
278; los defendí mal con cerdas, 280; después bien 



[288] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



cdn arandelas, 281; las estacas nuevas y las de me- 
diano grueso son las mejores; corte que se les debe 
dar, 282 hasta 284; las plantitas con raíz, buenas; 
apoyo que se les debe poner; estaquitas a preven- 
ción, 285 hasta 287; olivo viene bien en alto y dis- 
tancia que debe tener, 289 hasta 291; los olivos se 
dan bien en tierra pobre y pedregosa, 292; confor- 
me en todo a la de Virgilio, 293; ventajas del oli- 
vo, 294. . 

OREJONES de durazno de homo; modo de hacerlos; 

son estomacalesj 146; pesados en secarse, 148 y 
149; modo de hacerlos a cuchillo, 147; el españólelo 
y blanco alimonado son excelentes para orejones, 
110 y 111; es trabajo de mujeres, 160; pueden ser 
renglón de comercio, 161 ; deben ser de buena ínita, 
162; orejones de pera común, 84; de membrillo y 
manzana, 273; de alcabucil, 506. 
OVARIO, parte de flor, 733. 

ORUJO, vino y vinagre del orujo, 669; para cardenillo 
y potasa, 670; el mosto se puede pasar a la cuba 
con orujo, y. sin él, 678 y 688. 

P 

PAJA para techos, buena la cortadora, la totora, la 
mansa y el espartillo, 519, 

PALOMAS, perniciosas en una chácara, 595. 

PARRAS de moscatel no han probado bien en mi chá- 
cara ni en bajo, 303, ni en alto, 304; probarán en 
lo futuro, y actualmente en terrenos más elevados, 
305; ensayo que puede hacerse, 306; poda de pa- 
rras, 307; en la ciudad, me han probado bien, y 
modo con que las podo, 304 y 309. 

[ 289 ] 

19* 



JOSE MANUEX. PEREZ CASTELLANO 



PAPAS, he visto aquí tres especies; las blancas eon 
los xnejoTes; quienes las trajeron, y su excelencia, 
426 y 427. 

PATOS puercos y gritones, 595» 

PAVOS pesados y dañinos, 595* 

PELON, durazno, 119; prisco, 118. 

PELONCILLO, de hermoso color, 120. 

PEPINOS, veneno por lo común, 413. 

PERALES comunes, únicos ahora cuarenta años, 84; 
se injertan en membrillo a un pie de altura porque 
no arraiguen y se hagan infecundos^ 85; los que 
arraigan sirven para injertar perales de otr^ especie, 
86; si los comunes se injertan a la superficie para 
que arraiguen^ y poder en ellos injertar perales de 
otra especie, se deben póner a ocho varas; porque la 
familia de los perales es gigantesca, 87; para comu- 
nes frutales basta la distancia de cinco varas, 88; al 
membrillo en que se injertan no se le quitan ios chu- 
pones, 89; basta descornarlos^ 90; perales bergamotes 
primeros, 91; injertos en alto sobre manzano per- 
didos, 92; bcrgamotos no echan sierpes, 93; los par- 
dos tampoco, 95 y 96; pera parda buena para arro- 
pe, 97; prueba de lo que se ha dicho, 98 y 99; se 
injertan generalmente en perales silvestres, 100 y 
101; peral camuesino prueba bien en silvestre; pero 
no el de buen cristiano, 102? peral real y de man- 
teca dan poco o nada, 103 y 104; de donguindo da 
poco; el peral vejiga acude más, y su fruta parece 
buena para arrope, 106* 

PEREJIL, se gasta mucho; modo de sembrarlo, 488. 

PESEBRE de bueyes, 576. 

PILARES de corredor; precaución que se debe tener 
cuando no son de madera incorruptible, 538. 



[290] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



PIMIENTOS, que del gueraní llamamos ají, de hocicó 
de buey vienen de Valencia; necesitan riego; modo 
de semhrarlos y espantar gorriones, 503 y 504. 

PINOS, tiempo en que los sembré, y modo con que 

los traspuse, 328 y 329. 
PISTILO, parte de flor, 733. 

PITAS, puestas en albaxdón, malaa para los valla- 
dos, 8. 

PODA, reglas generales, 194 hasta 201. 

PORONGOS, útiles en una chácara; tiempo y modo de 

sembrarlos. 446. 
POROTOS, razón del nombre; se cultivan ahora trea 

solas especies, tiempo y modo de sembrarlos y de 

recogerlos, 420 hasta 423, 
PLANTACION, segunda de talas, 30. 
PRENSA suplente para el aceite, 646; se puede excu- 
sar en las uvas, 662; y la misma puede suplir en la 

sidra, 713 y 714. 
PRETIL necesario en la azotea sobre la cabeza de las 

maderas^ 538. 
PUERTA horizontal mala, vertical buena en el aljibe* 

566 y 567. 

PUERTAS a la portuguesa y de una hoja para el cam- 
po son convenientes, 528- 

R 

RABANOS, tiempo y modo de cultivarlos, 472. 
RANCHO o casa de paja, a que rumbos conviene el 

techo, 518 y 519; que maderas son buenas, 520 y 

52L 

RAYO, hiere mis umbús, 338; razón de ser expues- 
tos a ese meteoro, 350; los juzgo por un conductor 
eléctrico y preservativo de las casas, 351. 



[291] 



JOSE MANUEL PEREZ CASTELLANO 



REMOLACHAS, su semilla viene de Europa; aquí bas^ 
tardean; tiempo y modo de sembrarlas, 479, 

REPARTIMIENTO de tierras en chácaras; del incon- 
veniente del modo que aquí se ha practicado, 25 
hasta 28. 

RIEGO parcial malo; por entero bueno, 225. 
ROBLES, terreno para ellos, 325 y 326; su utilidad, 
327. 

ROMERO vivaz, modo y tiempo de ponerlo, 490* 
RUDA, planta vivaz, 492. 

ROSAS, varias especiea todas vivaces, 514 y 515* 
RUEDAS» donde pueden guardarse, 584» 

Q 

QUINÜA, blanca y negra, dan buena ceniza; modo de 
hacerla, 340. 

S 

SACOS de cuero de toro ventajosos, 367; huascas para 
manejarlosj 668; para coserlos, 369; modo de ce- 
rrarlos, 370; son para dentro de casa, 371 ; aumenta 
el trigo en el saco, 372; condiciones para acomodar 
los sacos, 373; no debe bañarlos el sol, 374. 

SANDIAS, oriundas de la Jamaica, y tierras que les 
convienen, 430; circunstancias que deben concurrir 
para que sean buenas; las de Málaga en el Buceo 
degeneran, 431; del Río Grande buenas, 432; y de 
Ja Magdalena, 433; planta que les es útil, 434. 

SALADEROS perjudiciales en las chácaras, 601; y en 
los propios, 607» 

SALUTACION optativa, 473- 



[292] 



OBSERVACIONES SOBRE AGRICULTURA 



SAUCES blancos y colorados, 311; modo de ponerlos, 
312; sazón de cortarlos, 313; interesa a los duejoios 
del buen corte, 319; su madera se conserva por mu- 
chos años, 320; crecen aquí mucho, 321; ejemplo de 
su valor, 322* 

SAUCES llorones, 323. 

SIDRA de manzana, 56; modo con que se hace en. 
Villaviciosa del principado de Asturias, 696 hasta 
714, 

SEBO bueno, cuál y cómo se fríe, 341 y 342. 
SEBO verde, remedio, 433. 

Z 

ZANJAS perjudiciales a los propietarios y al público^ 
4 hasta 6; guarida de sabandijas, 7. 

ZAPALLOS de tronquito, buenos, 435; degeneran en 
grandes» que también lo son» 436;. en alto son siem- 
pre mejores, 437» 




[293] 



VOLUMENES PUBLICADOS 



1. — Carlos María Ramírez: AxTiCAa. 

2. — Carlos Vaz Ferreira, Fermentario, 

3. — Carlos Reyles. El Terhuño y PRiMiTira. 

4. — Eduardo Acevedo Díaz: Ismael. . 

5. — Carlos Vaz Ferreira: Sobre jjob problemas socialb*. 

6. — Carlos Vaz Ferreira, Sobre la propiedad de la tieeiha, 

7. — José María Reyes Descripción ceocráfica del terri- 

torio DB LA República 0« pel Uruguay, (Tomo I). 

J, — José María Reyes: Descripción geográfica pel terri- 
torio DE LA República O. del Uhuguat. (Tomo II). 

9« — Fraricisco Bauzá- Estudios literarios. 

10. — Sansón Carrasco: Artículos. 

11. — Francisco Bauza: Estudios coifsTiTuciOMALBS. 

12. — José Massera: Estudios filosóficos. 
15. — £J Viejo Pancho. Paja brata. 

14. » José Pedro Bellan. Doñarramoha. 

15. — Kduardo Acevedo Díaz: Soledad y El combate di 

la tapera. 

16. — Alvaro Armando Vassckr: Todos los cantos. 

17. — Manuel Bernárdez: Narraciones. 

18. — Juan Zorrilla de San Martin. Tabar£. 

19. — Javier de Viana: Gaucha. 

20. — María Eugenia Vaz Ferreira. La isla de los cánticos»